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Full text of "Palmas y Ombńes, poesías de Alejandro Magariños Cervantes"

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BIBLIOTECA DE AUTORES URUQUiVOS 




poesías 



Ai.iuM'Ko Magariñiis Cf,i<v.\nti;s 




MONTEVIDHO 

[iT\M.[ll!ll!Mll TIliajnrMIlITIlllUL III Ll'UlHIll.l SirlOSll 

l.r: A. ttAlíRFIlRü Y RAMOS 



a- •. 



•í^. 



HBUOnU DI IDTORB URD6DÍT0S 



PALMAS Y OMBÜES 

POESÍAS 

DE 

Alejandro Magariños Cervantes 



(lOIClON REVISADA, CORREGIDA Y ANOTADA POR EL AUTOR ) 




MONTEVIDEO 



ISTABUCINIIIITO TIPOGRÁnCHDITORUL DI U UBRIRU HiCIORAl 

DE A. BARREIRO Y RAMOS 
1884 



t 



v/1 



El autor se resen-a sus derechos de propiedad , 
y está dispuesto á ejercitarlos contra el que reim- 
prima cualquiera de las obras que le pertenecen , 
sin su permiso. 



1- -*-<o 



- *■ 



EL EDITOR 



Las dos cartas que mas abajo insertamos, instruyen 
de la causa y objeto que ha motivado la publicación de 
este libro. 

En cuanto al carácter de las poesías qué aparecen hoy, 
por primera vez coleccionadas con el titulo de Palmas y 
Ombúes, ha creído el Editor que el mejor discurso ó ex- 
plicación sería reproducir el prólogo de las Brisas del 
Plata, en que el doctor Magariños Cervantes, expone y 
desarrolla su pensamiento sobre la poesía americana. 

Agotada en pocos meses la primera y única edición 
que se hizo de aquel libro en 1864 por la imprenta de 
El Stglo, el autor no ha querido después reimprimirle 
por las razones que expresa en su carta, y de lo que por 
nuestra parte podemos dar fé , por haberle solicitado 
personalmente con ese objeto en distintas ocasiones, sin 
resultado. 

El prólogo de la referencia, que lleva por título Nuestro 
lábaro, no sólo puede servir de regla de criterio para 
apreciar hasta qué punto ha impreso su espíritu, su ori- 
ginalidad y tendencias, eminentemente americanas, á 
las producciones ulteriores del cantor de Celiar, sino que 



VI EL EDITOR 



constituye en cierto modo el programa más completo 
que conocemos, de la moderna escuela americana, ex- 
presión de la poesía verdaderamente nacional, que cuen- 
ta con legitimo orgullo al poeta de El precio de la glo- 
ria entre sus primeros adalides. 

« Al dar á la estampa por primera vez — decía él en la 
primera entrega de las Brisas— en forma de volumen, 
las poesías que contiene este libro, publicadas en perió- 
dicos políticos y literarios, desde 1844 hasta la fecha, he 
creído conveniente insertarlas en la colección, no por 
orden cronológico, sino en el que me ha parecido más 
arreglado al plan que me he trazado, al enlace y diversi- 
dad de las materias ; y aunque esta circunstancia haga 
resaltar más para los inteligentes la diferencia que exista 
entre ellas, también pondrá de relieve y se notará mejor 
el estrecho lazo que las une, puesto que todas, lo mismo 
las escritas antes del prólogo como en los años posterio- 
res, han sido concebidas y ejecutadas con arreglo á los 
principios allí expuestos, sea cual fiíere el tiempo, el país 
y las situaciones en que se haya encontrado el autor. » 

Esta advertencia, por más de un concepto es aplicable 
con doble motivo á Palmas y Ombúes, atentos los años 
trascurridos, y un juez literario tan competente como el 
doctor Gutiérrez, no ha desdeñado hacerla, en lo que 
se refiere al orden de las composiciones, respecto de 
su última colección de poetas americanos, publicada en 
Buenos Aires en 1866. 

« Una clasificación, dice, trazada á compás, es útil pa- 
ra el estudio de las flores de un herbario; pero inoportu- 
na y fastidiosa cuando se trata de flores poéticas, cuya 
lozanía se agosta y cuyo aroma se desvanece, desde que 
las palpa la mano pedantesca de la retórica. Las nues- 
tras aparecerán en desorden, como producen las suyas 
las márgenes de los ríos patrios : desiguales en el tama- 
ño, en el color, en la forma; humildes unas y melancóli- 



EL EDITOR VII 



cas como la flor del aire y la pasionaria, otras arrogantes, 
embriagadoras y voluptuosas como la rosa de todo el 
año, la diamela y las encendidas arirumas. » 

Todo lo que nosotros pudiéramos agregar, será susti- 
tuido con ventaja, por lo que han dicho autorizados es- 
critores del nuevo y viejo mundo, ya sobre obras del au- 
tor, ya sobre puntos relacionados con el tema de sus 
composiciones. Al efecto, el doctor Magariños, á nues- 
tro ruego -r- pues nos reconocemos incompetentes para 
esa tarea ~ utilizará al pié de sus poesias en forma de 
notas, alternando con las suyas, los interesantes datos 
de que nos habla en su carta. 

Por nuestra parte, en calidad de Editores, y como opi- 
nión general, que puede igualmente aplicarse á Palmas 
Y Ombúes, nos permitiremos trascribir por conclusión, 
un párrafo de un articulo literario, del aventajado escri- 
tor y poeta oriental, doctor don Fermin Ferreyra y Arti- 
gas, al aparecer en Buenos Aires en ¡8^8, la segunda 
edición de las Horas de melancolía. 

« ¡ Venid, almas bien formadas, corazones apasionados 
y sensibles, y recorred las páginas de ese libro I 

» En ellas encontrareis mas de una lágrima de fuego, 
mas de una vibración humanitaria, mas de un alto con- 
cepto filosófico, confundidos con las bellezas del arte, 
con las imágenes lozanas y bravamente dibujadas de 
nuestra fértil naturaleza americana. En ellas encontra- 
reis todas las inflexiones del sentimiento : el amor, la 
amistad, el entusiasmo ; todos los matices de esa paleta 
inagotable del poeta, llamada imaginación; todos los ful- 
gidos cambiantes de la verdadera poesía del corazón y 
del espíritu ; todas las notas, en fin, del melodioso ins- 
trumento rítmico. » 

He aquí, ahora, las dos cartas, á que nos referimos en 
el exordio : 



VIII EL EDITOR 



Montevideo, 22 de Diciembre de 1883. 

Sr. Dr. D. A. Magariños Cervantes. 

Presente. 

Mi distingmdo señor : 

Desde que he podido dar impulso, en una escala regu- 
lar, á mi negocio de librería, uniéndolo con el de im- 
prenta, he acariciado el proyecto de publicar una colec- 
ción de autores puramente uruguayos, mascón el interés 
de dar un ejemplo, con este primer paso, á otros que 
cuentan con mas recursos para esa clase de empresas, 
tan difíciles aún en este pais, que con el de lucrar en los 
resultados. 

Al dar principio á este trabajo, abrigo la convicción 
de que ninguno de los literatos uruguayos, tiene mas 
títulos que V., para ocupar el primer puesto en la colec- 
ción ; pues nadie puede negarle su constancia probada 
en pro del desarrollo de la literatura nacional, sus es- 
fuerzos repetidos para animar á la juventud en la carre- 
ra de las letras, y sobre todo, la popularidad que le han 
adquirido justamente sus inspiradas poesías, sus bellas 
novelas y notables artículos. 

Me permito, pues, acudir á su característica bondad, 
suplicándole me ayude en mi tarea, proporcionándome 
los materiales para poder publicar uno ó mas tomos de 
sus obras, que serán los primeros de la Biblioteca pro- 
yectada, y los cuales indudablemente le darán un verda 
dero mérito, preparando á su favor la aceptación públi- 
ca para las obras de otros autores. 

Esperando que V. accederá á mis deseos, me es grato 
saludarle con mi particular aprecio 

A. Barreiro y Ramos. 



EL EDITOR IX 



Señor D. A. Barreiro y Ramos, 

San Juan Bautista, Diciembre 26 de 1883. 
Estimado amigo : 

Su carta llegó á mis manos hace tres días, al caer la 
tarde, que por cierto era una de las hermosas tardes de 
verano que se disfrutan en este privilegiado pedazo del 
Departamento de Canelones. 

Me encontraba en la costa del arroyo cuando la recibí, 
recostado sobre la yerba, al pié de un viejo Arrayan en 
flor, procurando descifrar lo que en su misterioso len- 
guaje murmuraba, al deslizarse por entre las hojas, 
mansa y leda el aura. 

Esto quiere decir que andaba á monte, huyendo de 
los deliciosos centros consagrados á la severa Themis en 
la Plaza Independencia ed altri siiii, y en vez de engol- 
farme en la sabrosa lectura de los Códigos y la no me- 
nos interesante de los espedientes, victima inocente de 
las malas mañas adquiridas en el trato de las célebres 
doncellas de Helicón, incurría en el delito, próximo ya á 
los sesenta inviernos, de perder el tiempo (que es oro 
seg^n los ingleses ) borroneando renglones cortos, (que 
el vulgo llama versos ) ; y abandonándome á otros exce- 
sos de la gente vagamunda y fantaseadora, que se pasa 
las horas muertas mirando volar las nubes y los pájaros, 
oyendo murmurar el agua, y susurrar, gemir ó bramar 
los árboles, según el pentagrama de las notas diversas 
de los álamos, sauces y eucaliptos. . . . 

Usted conoce mi predilección por todo lo que perte- 
nece al suelo Americano, y tal vez profese como yo par- 
ticular cariño á ese arbusto indígena, de la familia de los 
mirtos, que en la región del Plata se eleva hasta la altu- 

p. Y o. 2 



EL BDITOR 



ra de tres ó cuatro varas. ¿ Quién no se ha detenido al 
guna vez embelesado ante sus ramas espesas y flexibles,- 
de hojas permanentes, argentadas por el dorso, verdi- 
oscuras y lustrosas por el lado opuesto ? . . . . 

En la estación de las flores cuando se cubre de globu- 
lillos blancos de un perfume suavísimo, menos penetran- 
te pero mas delicado que el del Aroma ó Espinülo, mu- 
chas veces en las márgenes del Santa Lucía y de otros 
grandes ríos nuestros, me he sentado á su sombra para 
admirar el paisaje, meditar, escribir en mi cartera, leer, 
ó tomar mate con los queme acompañaban. 

La sujetividad del espíritu, en el sentido que da Kant 
á la palabra, nos lleva á todos involuntariamente con 
más ó menos fuerza, según el poder de la imaginación y 
del sentimiento, á identificar nuestras impresiones y re- 
cuerdos con los objetos que los despertaron. 

Confieso á usted que el aspecto seductor que ofrecía 
aquel árbol carcomido en su tronco, roto en parte su 
ramaje por los vientos del otoño, pero erguido, lleno de 
savia y fuerza en su vejez, contribuyó no poco á que vol- 
viese á leer en la mas favorable disposición de ánimo su 
benévola carta, cuyos honrosos conceptos le agradezco 
sinceramente. 

Mas ay ! aquella impresión fascinadora, pasó como un 
relámpago; si mi cabeza conserva acaso todavía su vi- 
gor, no me sucede lo mismo con el cuerpo. 

Pasó para mí el tiempo en que podía trabajar cuando 
quería y como quería, durante catorce ó dieziseis horas 
diarias. Los años no trascurren impunemente, y además 
de los achaques propios de la edad, me asedian atencio- 
nes de las que no puedo ni debo prescindir. 

¿Imagínase usted, mi buen amigo, que es posible ju- 
gar con fuego y no quemarse!..,. 

Preparar un libro para la estampa, reunir los materia- 
les dispersos, corregirlos, adicionarlos ó sustituirlos por 



EL EDITOR XI 



otros nuevos, atender á la impresión, recorrer diaria- 
mente las pruebas, no es tarea tan fácil ni ligera como la 
generalidad cree. 

Usted me pide que le ayude en su propósito, facilitán- 
dole materiales para publicar uno ó más tomos de mis 
obras . 

Sobraríanme motivos para declinar su galante oferta; 
pero median, respecto de su empresa, consideraciones 
especiales, que me inducen á conceder á usted en parte, 
lo que antes de ahora he negado á otros, no por mala vo- 
luntad sino porque estaba con los señores Boix y Lapla- 
ce comprometido, hace años, á preparar una edición re- 
visada y corregida de lo mejor que he escrito. 

Ese compromiso hoy no existe, y me es grato satisfa- 
cer en lo posible su deseo. 

Pero entiéndase que la obligación que acepto para 
con el público y para con usted, se limita pura y simple- 
mente á un volumen de poesías (Palmas y Ombúes) que 
no han sido aún coleccionadas; y como el medio mas 
eficaz de protejer su empresa, le cedo gratuitamente la 
edición, sin más condiciones que hacerla en papel supe- 
rior y esmerada y correcta impresión, en el tipo y for- 
mato que le indique, y sin que me apure laimprenta. 

Desde luego renuncio al honor de iniciar la biblioteca 
proyectada, por mas lisonjera que para mi sea la suposi- 
ción que usted hace de que asi prepararía á su favor la 
aceptación pública para las obras de otros autores. Ten- 
go que pedir á su tierra algunas composiciones allí es- 
critas y publicadas; buscar aquí otras que no conservo, 
y que habrá que copiar de los diarios. En fin, cuente con 
que hasta dentro de seis meses, lo menos, no podré en- 
viarle originales para la impresión. 

Había pensado ofrecerle un tomo de Hojas Sueltas, 
porque con motivo de la publicación de mi último libro 
Violetas y Ortigas, reuní diversos materiales, entre los 



XU EL EDITOR 



que hay algunos interesantes artículos literarios de re- 
vistas y periódicos nacionales y extranjeros; pero ocu- 
rren dificultades de otro orden, en cuanto á la inmedia- 
ta entrega. Acaso lo que tengo disponible, pueda servirle 
para poner por vía de notas algunas lineas referentes ó 
relacionadas con el tema de algunas composiciones, ó 
formar con lo que le parezca mejor un Apéndice al fin del 
tomo, aunque tengo para mi que la mayor parte de los 
lectores no lee los apéndices, y cuando no encuentran las 
notas al pié de la estrofa, ó al doblar la página, las pa- 
san por alto para evitarse el trabajo de buscarlas. 

En el deseo de dar mayor interés á la publicación in- 
dico simplemente la idea. Dejo este* punto y todo lo que 
á él se refiere á su libre y completo albedrío. Usted co- 
mo editor hará lo que juzgue mas conveniente á sus in- 
tereses y al éxito del libro. 

La empresa que usted acomete, es altamente merito- 
ria y patriótica ; difundir el pensamiento americano ha 
sido también uno de los sueños mas queridos de mi ju- 
ventud y de mi edad viril, á cuyo servicio he puesto los 
mejores años de mi vida. Dan testimonio de ello, entre 
otros trabajos, la Revista Española de ambos mundos y la 
Biblioteca Americana iniciada en París y continuada en 
Buenos Aires. 

Usted tiene aptitudes y medios en su acreditado y sin 
rival establecimiento de librería en Montevideo, y en sus 
completos talleres tipográfico y de encuademación, para 
contribuir eficazmente á llevar á cabo ese propósito en 
esta zona de América. 

Cuenta usted con activos corresponsales en la Repú- 
blica y en el exterior. Cultiva relaciones con las princi- 
pales casas que se dedican al comercio de libros en la 
península y en nuestro continente, así en Méjico como 
en Nueva York ; en Paris y en Londres, como en Berlín 
y Viena. El canje solo con los Editores, de libros por 



EL EDITOR XIII 



libros, practicado en vasta escala, puede dar un resulta- 
do espléndido bajo el punto de vista intelectual y aun 
pecuniario. Ünicamente en lo que atañe á América y 
España, se trata, como ha dicho un eminente escritor, 
de cuarenta millones de seres humanos que hablan nues- 
tra lengua. 

Debe tenerse presente, además, el gran desarrollo 
que ha tomado en los países de la raza sajona el estudio 
del español y su literatura . Es ya muy considerable el 
número de libros en castellano que se venden en los 
Estados-Unidos y en Alemania . 

Por una feliz coincidencia el último paquete de Euro- 
pa nos trajo la noticia de los trabajos emprendidos en 
Madrid sobre La Federación literaria Hispano Americana, 
por el reputado escritor, y uno de los obreros de las le- 
tras americanas y del progreso mas meritorios, mi com- 
patriota y querido amigo Héctor F. Várela . Escuso agre- 
gar lo que ya usted habrá leido en el oportuno artículo 
que le consagró Albistur en El Siglo de la tarde . 

Las grandes ideas como los grandes propósitos me 
atraen con atracción irresistible, y mi mano siempre 
está pronta para arrojar en la balanza el grano de arena 
de que puede disponer . Si como no dudo, todos los que 
valen y pueden, hacen lo mismo en esta ribera del Plata, 
estoy persuadido que por mal que caigan los dados, sal- 
vara usted el costo de las ediciones y algo más . 

No se desaliente, pues, ni pierda tiempo. Antes que le 
barajen la idea, imprima dos ó tres volúmenes y lánce- 
los en todos los mercados á su alcance, como globos 
perdidos para explorar el estado de la atmósfera. 

No ha de faltar quien le objete que la época actual no 
es la mas aparente para empresas de este género ; pero 
permítame por conclusión recordar lo que dije ahora 
veinte años en las breves lineas que encabezan las Brisas 
del Plata : 



XIV EL EDITOR 



« Los tiempos que atravesamos no permiten razona- 
blemente contar con otro resultado (costear los gastos 
de la edición ) , pero si hubieran de esperar una época 
mejor, los que, apesar de la nieve que empieza á blan- 
quear sus cabellos, tienen todavía bastante fé para no 
desmayar ante el espectáculo que ofrecen nuestras eter- 
nas revueltas, sería preciso que cruzaran los brazos co- 
mo los musulmanes, y renunciaran á toda empresa y á 
toda idea de progreso . Es muy probable que la muerte 
les sorprendiera antes de poner manos á la obra. El des- 
arrollo de esta idea la encontrará el discreto lector en 
la composición que lleva por título : / Siempre lo mismo ! 

» Adelante ! pues, que la tormenta arrecia, y Dios sabe 
lo que nos reserva el huracán que brama de nuevo desen- 
cadenado en todos los ángulos de la República . » 

En la semana próxima voy á Montevideo, y hablare- 
mos mas despacio. Entre tanto quedo á sus órdenes y 
me repito su afectísimo amigo 



A. Magariños Cervantes. 



NUESTRO LÁBARO 

Cuenta la tradición que el emperador Constantino , 
marchando sobre Roma vio una noche una cruz de fuego 
en el aire con esta inscripción : In hoc signo vinces, (con 
esta insignia vencerás), y que aquella aparición produjo 
tal efecto en su ánimo que abjuró la idolatría y abrazó 
el cristianismo, sustituyendo en el lábaro romano al 
águila que antes lo decoraba , la cruz misteriosa . 

No de otro modo la generación que se levanta , ante la 
visión de la Patria transfigurada por la independencia y 



EL EDITOR XV 



la libertad , sacude las viejas creencias , (i) sustituye los 
colores delcoloniage por el azul y blanco de nuestra ban- 
dera , y proclama una nueva religión en el arte , como 
nuestros padres vencedores en los campos de batalla 
abrieron una nueva senda en la política , proclamando la 
República que simboliza el progreso y la realización de 
los altos dogmas del crucificado , aunque desgraciada- 
mente cuando no la acompañan la verdad* y la justicia 
sea un horrible sarcasmo y la más abominable de las ti- 
ranías . 

Digamos de paso que el despotismo como la anarquía 
son otras dos antiguallas de las que ya es tiempo de 
emanciparnos . 

Volviendo á la literatura , inútil parece añadir que to- 
dos sienten y comprenden hoy , que la poesía america- 
na, para merecer ese nombre, es preciso que ofrezca 
novedad en el fondo y en la forma , que sea la expresión 
de la naturaleza y de la sociedad americanas . 

Nos sentimos sofocados en el estrecho horizonte que 
nos rodea : hacemos un esfuerzo , y con la noble ambi- 
ción de Olmedo , también intentamos 

c Por no trillada senda, de la gloría 
t Volar al templo 

Aunque tal vez apenas nos sea permitido , no ya pene- 
trar en su sagrado recinto , pero ni siquiera pisar sus 
primeras gradas . Tatí alta idea nos hemos formado del 
arte y de lo que América tiene derecho á esperar de sus 
inspirados cantores! 

Para realizar nuestro pensamiento hemos buscado 



(i) Para que no se interpretara mal su pensamiento, al transcríbir este 
párrafo en Violetas t Ortigas, pág. 252, el autor agregó entre parénte- 
sis á las palabras ^'viejas creencias," estas otras: de lo$ viejos partidos. 



XVI EL EDITOR 



nuestras inspiraciones en todo lo que podía darles un 
colorido nuevo y responder á las necesidades de nuestra 
época. 

No participamos de la creencia vulgar y egoísta que 
no asigna otro rol á la poesía que el de una música más 
ó menos armoniosa , destinada únicamente á encantar el 
oído de las mujeres y de los hombres frivolos , sin con- 
mover el corazón ni la inteligencia . 

Creemos , por el contrario , que en la marcha del es- 
píritu humano , nunca la forma poética ha sido el órgano 
de tendencias más elevadas y generosas; y no obstante 
el prosaísmo y apego á los intereses materiales de que 
se acusa á nuestro siglo ; el sentimiento de lo bello y de 
lo bueno , el amor á la libertad , la redención de los opri- 
midos , la fé en la Providencia , el triunfo de la idea so- 
bre el hecho , y del espíritu sobre la materia , se levan- 
tan por todas partes como una elocuente protesta , y ba- 
jo la misteriosa ley del progreso, do quiera que volvamos 
los ojos , se cumple la gran palabra de Bossuet : el hom- 
bre se ajitay Dios lo lleva! 

Hijos de la revolución , hemos procurado penetrar en 
las entrañas de nuestra sociedad , buscando , sin más 
norte que la fé como Colon el nuevo mundo , la solución 
del problema político y social , cuyos misterios ha de 
revelarnos el triunfo definitivo de la democracia . 

Como faros luminosos que señalan el punto de parti- 
da y el arduo derrotero trazado delante de la nueva ge- 
neración , volvemos atrás la vista para cantar los días 
gloriosos de nuestra independencia , en esta época de 
lucha á muerte entre la barbarie y la civilización , como 
para ensalzar la inteligencia , el patriotismo , la virtud , 
buscamos sus más altas manifestaciones en los hombres 
que en el poder supremo , en los campos de batalla , en 
las luchas de la prensa , en los debates de la tribuna , 
ó en el noble cumplimiento de sus deberes como dignos 



EL EDITOR XVII 



ciudadanos , han merecido el aprecio de sus contempo- 
ráneos y las bendiciones de la patria . 

Para humedecer nuestra paleta hemos pedido á la 
naturaleza sin rival del Edén americano sus tintas mag- 
níficas, y en sus vírgenes selvas, en sus estraños 
animales , en sus inmensas cordilleras , en sus flores 
desconocidas , en sus nos gigantescos , en las escenas 
originales de la vida de nuestros campos , hemos tratado 
de sorprender el sello de grandeza y poesía con que 
las marcó la divina mano, al resbalar por la írente de 
América con el cariño de un padre á la hija predilecta de 
su corazón . . 

Suspensa en las alturas de la meditación y el recogi- 
miento , contemplando ese cuadro grandioso , ilumina- 
do por el sol que dora la sien del Chimborazo y las 
aguas del Uruguay y Paraná ; ora envuelta en el torbe- 
llino de nuestras interminables guerras é infortunios ; 
como el arpa eolia que vibraba á todos los vientos , nues- 
tra alma ha vibrado á todas las impresiones que venían 
á herirla, ensayando imitar y traducir en armoniosos 
acordes algunas de las notas de ese gran concierto , 
hosanna sublime á cuya magestad han de levantar su 
pensamiento y su voz los que aspiren á conquistar el 
título de bardos americanos^ como Heredia, Olmedo, Plá- 
cido , Bello , Figueroa , Echeverría , Gómez ( Don Juan 
Carlos), Mármol, Abigail Lozano, etc. 

Descendientes de un pueblo heroico , no hemos rene- 
gado sus bellas tradiciones , ni roto el eslabón que une 
nuestra vida á su vida . Solo en el profundo estudio de 
nuestro pasado , dice un recomendable escritor , apren- 
deremos á apreciar el presente , y descubrir la clave del 
porvenir . 

La sangre de los conquistadores, la de los indios, y 
aún de la infeliz raza africana hierve en las venas de la 
América libre , como fermentan en estado de fusión di- 

p. y o. 7 



XVIII EL EDITOR 



versos metales en el crisol, donde se condensan los 
elementos que más tarde han de formar una estatua 
colosal. 

Perdidos en las páginas de la historia del nuevo he- 
misferio , ó trasmitidas de padres á hijos por la tradi- 
ción popular, existen hechos, episodios, rasgos, que son 
verdaderos diamantes . Solo esperan la mano del lapi- 
dario que ha de pulimentarlos , para que deslumhren 
con sus resplandores é inunden con raudales de inspi- 
ración al poeta , al historiador , al dramaturgo , al pin- 
tor, al escultor, al músico, capaces de traducir sus 
bellezas con el metro , con la pluma , con el pincel , con 
el buril , con las melodías del arte que ha inmortalizado 
á Rossini y Verdi ; bellezas á que la imaginación presta 
el encanto del misterio y vaguedad que las envuelve , 
y que se revelan al inteligente como el diamante al tra- 
vés del pedernal que lo oculta á las miradas de los pro- 
fanos . 

No sabemos , en lo que á nosotros toca , si nos será 
dado llegar á la meta ; pero en ella tenemos clavados los 
ojos , y la fé y la esperanza nos acompañan , porque aún 
dado caso que cosechemos abrojos donde soñamos en- 
contrar laureles , participamos de las ideas emitidas por 
el Sr. Alberdi en la introducción al Certamen de Mayo 
de 1841. 

« Trabajen nuestros jóvenes talentos , dice aquel dis- 
tinguido escritor , llenos de confianza en sus fuerzas ; 
acumulen materiales para la obra venidera , esta hora 
es de creación ; ya vendrá el día del arte y de la critica: 
sea su Musa el genio de la democracia : su arte poético , 
la inspiración ; y su crítica los aplausos ó desdenes de 
los pueblos . » 

Sin desdeñar la forma , como lo hace nuestro apasio- 
nado amigo , con más ingenio que verdad , opinamos 
que en la poesía americana debe predominar la idea so- 



EL EDITOR XIX 



bre las condiciones mecánicas del arte , aunque será 
doble el mérito del que logre vencer todas las difi- 
cultades . 

Conviene tener presente que el más bello y original 
pensamiento , mal espresado , es como la moneda de- 
fectuosamente acuñada , que siendo de buena ley parece 
falsa. 

Heraldo del porvenir, adalid de la justicia y de la ver- 
dad , el poeta , y el poeta americano más que ningún 
otro , tiene una misión eminentemente social que cum- 
plir , si quiere merecer ese honroso dictado . Para con- 
seguirlo , debe arrancar de su lira todas las cuerdas 
profanas, revestirse de dignidad y fortaleza , confiar cie- 
gamente en la Providencia y en los grandes destinos 
que reserva á la América , no desmayar por los reveses 
y contratiempos que vengan á entorpecer su marcha;^ 
ser moral en su vida pública y privada como nuestro 
malogrado Berro , que exhaló el último suspiro preocu- 
pado con la idea de mejorar la condición de nuestro 
pueblo ; aprovechar su inteligencia , ensanchando la es- 
fera de sus conocimientos , y con este fin dedicarse á 
estudios severos y de aplicación inmediata á las necesi- 
dades de su país , para que si algún día necesita este sus 
servicios, pueda acudir á su llamado y cooperar con 
sus luces á su bienestar , á su progreso y á la defensa 
de sus libertades , sosteniendo sus derechos en la pren- 
sa , en el foro ó en la tribuna . 

Realícese ó no esta condición , su voz poderosa se le- 
vantará para anatematizar todo lo malo y retrógrado 
que hay entre nosotros: sus antecedentes y su posición 
en la sociedad , darán más peso á sus palabras é influi- 
rán poderosamente en el ánimo de sus oyentes. Él 
tendrá un canto de fé y remuneración para la virtud 
oprimida , para el genio abatido , para el patriota y el 
guerrero que se sacrifiquen por la patria . Buscará el 



XX EL EDITOR 



mal en su origen para atacarlo de frente , sin transigir 
con la aristocracia intrusa del dinero que quiere devo- 
rarnos, ni con las anárquicas pretensiones del caudilla- 
ge , que en su estupidez se cree eterno y omnipotente , 
ni con los egoístas y perversos que secundan sus planes; 
ni con los aleves que , como voraces vampiros , se ali- 
mentan con la sangre y el sudor de los pueblos , trans- 
formando su cofre fuerte en arcas nacionales y las rentas 
públicas en su patrimonio privado . 

Y no importa que el vicio desenmascarado , tanto más 
intolerante cuanto más criminal , la calumnia , el favor , 
la intriga ó la mano vigorosa del despotismo , le arreba- 
ten la lira hecha pedazos y con sus dedos de hierro aho- 
guen la voz en su garganta . El poeta habrá llenado su 
misión , porque no habrá malgastado el tesoro de inteli- 
gencia que Dios le prodigó en estériles armonías . Habrá 
sido el digno intérprete de los sentimientos de todo un 
pueblo : habrá derramado en su camino la semilla de 
las virtudes cívicas y del hogar : habrá predicado los al- 
tos dogmas de la humanidad , de la patria y de la reli- 
gión; y tal vez renegado por sus contemporáneos, pero 
bendecido por la posteridad , después de haber llenado 
así su divino sacerdocio , bajará á la tumba ceñido con 
la aureola del mártir ; bajará con la inefable satisfacción 
de que, vivo, ha consagrado á su patria toda su existen- 
cia , y muerto le lega toda su gloria . 

Tal es el tipo como lo hemos comprendido , del poeta 
americano. Bien sabemos que lo absoluto no existe, 
pero ese es el tipo que corresponde al ideal que nos he- 
mos formado; y aquellos que se acerquen más á él, y 
participen de las cualidades que le caracterizan , se acer- 
carán más y más á la perfección de que es susceptible 
nuestra frágil naturaleza . 

Reasumiendo lo espuesto , epilogaré en breves pala- 
bras el plan y el objeto de las Brisas, como igualmente 



EL EDITOR XXI 



la profesión de fé contenida en los párrafos que acaban 
de leerse . 

Dios y la libertad ; mi patria y América ; el pasado , 
el presente y el porvenir ; nuestra sociedad y nuestra 
naturaleza ; las ciudades y los campos ; nuestras espe- 
ranzas y nuestros desengaños ; la gloria y la virtud; el 
amor y la religión.... han sido mis genios inspiradores , 
han sido las fuentes donde he bebido las ideas de todo 
lo bello , original y progresivo que pueda haber en este 
libro . 

¡ Feliz mil veces , si á pesar de sus defectos , encuentra 
eco entre la juventud á quién le dedico ! Feliz mil veces, 
si puede distraer por un momento á tantos corazones 
desgarrados por la férrea mano de nuestras contiendas , 
y destilar en sus heridas una gota del bálsamo puro que 
derraman las armonías del verdadero poeta . No aspiro 
ámás lauro ni recompensa . 



A. Magariños Cervantes. 



Montevideo — 1 844 . 



?&hUM y mmm 



Á LA MADRE DE MIS HIJOS, 

I LA K06LE T AMADA COMPAÑERA DE MI TIDA 
LUISA ROCCA DE MAGARIXOS CERVANTES. 



Á mitad de mi vida, niña hermosa 

Te encontró como un Hada en mi camino, 

Y me diste risueña y generosa 
Tu candor, tu belleza, tu fortuna, 
Uniendo al pobre mió tu destino 
Hasta entonces feliz desde la cuna. 

En medio á los abrojos de la senda 
Que siguiendo mis pasos te han herido. 
De tierno afecto y gratitud ofrenda, 
Sombra te brinde y plácido reposo, 

Y evoque los recuerdos 
Mas dulces de tu alma. 

Este aromado pabellón umbrío. 
Con las ramas formado 
Del Ombú rumoroso 

Y la sonante Palma, 

Cuando apenas susurra, adormecida. 
Por los besos del aura estremecida. 



Á LA MADRE DE MIS HIJOS 



Alzélo para tí, mi compañera 

En la hora del dolor y la alegría, 

Mi tesoro en el mundo mas precioso, 

Tu nombre entrelazando con el mío, 

Para que viva ó muera 

Con el olvido ó gloria de tu esposo ! 



Abril 3 de 1884. 

* * » 



Astro de amor que con tu luz me bañas 

Y por doquier amante me acompañas ! 
Talismán que preservas mi existencia 

Y que siempre á mi lado fiel encuentro, 
Si del hombre me hiere la vil saña, 

Ó me postra del cielo la inclemencia! 

Recojo tú mi postrimer suspiro, 

Y sea para tí mi último canto! 

1861. 



Estos últimos versos pertenecen á las composiciones Talismán y El gajo 
de laurel insertas en las Brisas, págs. 46 y 229. 

La inspiración, el estudio y la ciencia de la vida se descubren en todas las 
obras del poeta uruguayo. Que cante á su amada, que describa las flores, los 
bosques, los ríos, que se eleve á las contemplaciones del filósofo ó que arran- 
que canciones por el estilo de las de Tirteo, Magariños respeta siempre la 
Verdad, la Moral, y tiene sus miradas fijas en la contemplación del infinito. 
Por eso, sus obras son bien concebidas y mejor ejecutadas. — J, M, Torres 
Caicedo, 
1863. 



1 1 



ALAS. 



AL DR. D. LUIS MELIAN LAFLNUR. 



Siempre las cuerdas de la lira mia 

Tuvieron para tí ¡ Patria del alma ! 

Infeliz ó dichosa, en la suprema 

Hora del infortunio ó la ventura, * 

Un himno de dolor ó de alegría. 

Aun niño todavía, 

Ceñir quise á tu frente 

Magnifica diadema; 

Y en mi entusiasmo ardiente 

Levantando hasta Dios el pensamiento, 

Pedí su íntima luz á la conciencia 

Que vence al astro rey cuando fulgura. 

Su victorioso cántico á la palma. 

Sus altos hechos á la patria historia, 

Su ideal á la República, 

Al genio de la santa independencia 

Su inmaculada gloria ; 

Á las nacientes rosas su frescura, 

Al nardo melancólico su aroma, 

Á la blanca azucena su pureza. 

Su tiernísimo arrullo á la paloma; 



p. y o. 



ALAS 



Como al ciprés sombrío 

De erguida frente levantada al cielo, 

Su intensa y muda, varonil tristeza; 

Su remontado vuelo 

Al cóndor que en el Sol clava sus ojos, 

Y lo encuentra pequeño en el vacio; 
Su raudal de pasión al sentimiento, 

Y su esplendor al vasto firmamento 
Una noche de estío ! 



De un pueblo entero el alma colectiva 
Tiene.su foco, y vibra, y se condensa 
En el alma del vate. ¡ Cuan dichoso 
El que en la fuente viva 
Del popular torrente, 
Su atmósfera respira. 
En su onda bebe inspiración inmensa, 
Y traduce en un cántico armonioso 
Lo que su pueblo piensa, 
Lo que su pueblo siente ! 



Ombú ! que gigantesco y solitario , 
Arpa de las alturas y corona, 
Levantas tu cabeza como el genio , 
Que hollado , escarnecido , el vuelo tiende 
Á otra mas alta refulgente zona , 
Como las ramas tú , si el viento airado 
Tu cabellera con furor sacude ; 
Palma ! de gloria y de virtud emblema ; 
Mis pasos dirijid al santuario 



ALAS 



Do se oculta cubierta con un velo 

Como Isis misteriosa , 

Del Edem tropical en el palacio , 

La virgen poesía 

De la tierra sin par , maravillosa , 

Que por Ángel guardián tiene al Crucero , 

En la cúpula azul del Infinito 

Iluminando el arduo derrotero , 

Y la ascensión triunfal del Nuevo mundo , 

Como heraldo y fanal de su destino , 

Como el dedo de Dios en el espacio .... 



Á su fulgor divino , 
Con la fé y la esperanza del cristiano , 
Cuando en el Circo al César inhumano , 
Bajo la garra de la hambrienta fiera , 
Que azuzaba feroz la turba impía , 
Su postrera mirada dirijía , 
Del triunfo en el futuro precursora ; 
Ombü coloso , Palma redentora , 
Hijos de la montaña y del Pampero , 
Dadme las alas de inmortal idea ; 
Vuestro vigor y magestad sublimes 
Prestad á la voz mia : 
Sacudid vuestra copa gigantea , 
Rasgad el que me cerca , negro velo , 
Y entre ondas de luz y de harmonía 
Alzadme en vuestros brazos hasta el cielo ! 



La literatura Sud-amerícana ha de tener todas las preseas de la imagi- 
nación , esa grandiosa originalidad , esa juventud vaticinadora de un gran 



6 PALMAS Y OMBÚES 



porvenir , ese pudor virginal que se advierte en su tierra ; esa pasión que 
nutre en sus entrañas , de ostentar maternidad pródiga y fecunda , esa pro- 
fundidad que pide filósofos para investigarla . — Manuel R. Tristany, 

1857. 
Los que heraos tenido la fortuna de nacer en la patria de Los Treinta y 
Tres , nos enorgullecemos de contar entre nuestros hombres de letras al 
Dr. Magariños Cervantes . — El viejo Figueroa , que versificó cincuenta 
años consecutivos , y el malogrado Estevan Echeverría , cuyas obras poéti- 
cas forman cuatro gruesos volúmenes en 8.°, no recibieron de la musa cari- 
ñosa y solícita mas envidiables agasajos que el autor de Palmas y Ombúes. 
En alas de una inspiración impetuosa y ardiente , ha recorrido todo el dia- 
pasón poético , desde la canción erótica hasta el poema descriptivo , y desde 
el juguete cómico hasta el drama nacional en que retumban con acentos de 
tempestad las explosiones coléricas del patriotismo uruguayo . — Victoriano 
E. Montes. 

1878. 
Noi rendemmo omaggio al pacse che ci espita personificandone la gloria 
letteraria nel piügeniah e simpático dei suoi letterati , in Alessandro Maga- 
riños Cervantes, ed appelliamo del nostro giudizio a*8uoi stessi compatriotti 
— L, E. Desteffanis, 

1884. 

I I I 

PALMAS Y OMBÚES/^^ 

( T^rocmio ) 

AL DR. D. JOSÉ M. TORRES CAICEDO . 

¡ Cómo las hojas del ombú suspiran 
Cuando la tarde con ligero paso , 
Entre arreboles que en el aire espiran 
Tierno beso dá el Sol en el ocaso ! 

¡ Cuan triste el astro rey ya sin corona , 
Reconcentra sus rayos en si mismo ! 



PALMAS T OMBUES 



Así el alma y el genio que la abona 

Se hunden ansiosos en su propio abismo . 

La sombra lenta avanza .... el horizonte 
Palidece con súbito desmayo , 

Y en la sien melancólica del monte 
Se quiebra sin calor su último rayo . 

Con la luz del crepúsculo indecisa , 
Todo cambia , se altera y descolora , 
Como se amustia todo , y se divisa 
Sombrío en la vejez abrumadora . 

El pavoroso espectro de la muerte 
En la callada oscuridad asoma , 

Y ante el frió glacial que en torno vierte 
Del hombre mas audaz la fibra doma . 

En vano quiere levantar la frente : 
Una mano invisible le atenaza , 

Y estraña , horrible punzadura siente , 
Que el alma y corazón le despedaza . 

Como bandada de nocturnas aves 
Vuelan en su cabeza enardecida , 
Todos los arduos , insondables , graves 
Problemas de la muerte y de la vida . 

Quién es Dios?... qué el hombre?... qué es la humana 
Existencia?... qué es el Universo?... 
Qué es el alma?... vasalla ó soberana? 
Es su destino al corporal , diverso ? 



8 PALMAS T OMBÚES 



Ha habido creación?... dónde ella empieza? 
Dónde acaba?... Dó van en raudo vuelo , 
De su autor proclamando la grandeza 
Esos astros que cruzan por el cielo ? 

i Y hay cielo en realidad?... Será aire vano 
Como pretende la orgullosa ciencia?... 
Fuerza y materia... hé ahí todo el arcano 
Qué al fin descifrará la inteligencia ? 

Los adorados seres que la ingrata 
Parca nos robó fiera , nunca , nunca 
Tornaremos á ver?... Dó se reata 
El lazo que una vez la muerte trunca?... 

Cuando la esfinje del sepulcro cierra ^ 

Sus fauces ¿ en la nada y el vacio 

Todo acaba por siempre aquí en la tierra?... 

Ó hay mas allá para el mortal , Dios mió?... (2) 

¿ Eterno sueño ó eternal batalla ? 
Nuevas ansias , dolores , infinito 
Anhelo de un ideal que nunca halla , 
Ni podrá realizar el sor finito ? 

Verdad , justicia , libertad , belleza , 
Sin sombra y sin ocaso ¿ el alma dónde 
Podrá admirar en toda su pureza 
El principio inmortal que en sí os esconde ? 

¿ Siempre , Señor , dominarán el suelo 
El crimen , la demencia , la falsía , 



PALMAS Y OMBÚES 9 



Tinieblas en la tierra y en el cielo , 
Iniquidad doquier y tiranía?... 

i Inmutable una ley todo encadena , 
Necesidad , destino , fatalismo ; 
Y es el mundo solar grano de arena , 
Simple rueda de inmenso mecanismo ? 

i Si átomos son los orbes siderales 
Con todas sus grandezas y esplendores , 
Qué somos ay ! — los míseros mortales 
Deste ruin globulillo habitadores? 

i Nubécula que el céfiro deshace ? 
¿ Mixto animado que el ambiente abrasa ? 
i Mosca luciente que del fango nace ? 
i Sombra que leve por el agua pasa ? 

Gloria , inmortalidad , eterna fama , 
Realidad ó quimeras del orgullo , 
i Del tiempo destructor la negra trama 
Os sofoca ó transforma en su capullo ? 

¿ Á morir , cuanto existe , condenado , 
Giran la vida , la materia inerte , 
En círculo fatal , cual desbocado 
Potro que monta y espolea la muerte ? 

i Un dia llegará — ¡dia tremendo ! — 
En que agotado su vigor gigante , 
Los apagados soles con estruendo 
Saltarán de sus ejes de diamante ? 



10 PALMAS Y OMBÚES 



i Sin freno rodarán por el vacío 
Sus elementos otra vez dispersos , 
Y confundidos como un mar bravio 
Retornarán al caos los universos ? 



«« « 



En las tardes de otoño cuantas veces 
Debajo del Ombú y entre la salva 
Del mirlo que gemia en los cipreses , 
Me sorprendió la noche y me halló el alba ! 

El árbol colosal su sombra densa 
En derredor fatídica esparcía , 

Y ante la angustia universal , inmensa , 
El alma anonadarse parecía . 

Al murmullo del viento entre las hojas , 
Atribulada con pavor escucha , 
Las plegarias , los ayes , las congojas 
De la infeliz humanidad en lucha . 

Con sesgo vuelo y grito de agonía 
Contestaban el buho y la serpiente , 

Y transido de horror yo me volvía 

Á la palmera que nos mira enfrente . 



««« 



El horizonte ciñe 

La blanquecina franja , 

Que el claro-obscuro tíñe 



PALMAS Y OMBÚES 11 



Con luminosas ráfagas 
De nácar y carmín ; 
Y erguida la palmera 
Sacude su penacho , 
Como en contienda fiera 
Cercado de cadáveres 
Heroico paladin ! 



Huyeron los horribles 
Vestiglos de la noche , 
Ideas apacibles 
El Sol naciente plácido 
Le trae al corazón. 
Un aura mas serena 
Refréscanos la frente ; 
De paz el alma llena , 
Y rasga el velo fúnebre 
Que anubla la razón . 



La vibración sonora 
De la guerrera palma , 
Hiere , electriza , implora 
Las fibras nobilísimas 
Del pecho varonil . 
Su voz como acicate 
Se clava en las entrañas , 
Y apréstase al combate 
El que de glorias ávido 
Sintió su ardor febril . 



p. Y o. 5 



12 PALMAS Y OMBÚES 



Arriba corazones ! 
La vida poco vale 
Si en indignas prisiones 
Perdemos , raza espúrea , 
Valor, virtud y fé : 
El despotismo, el vicio , 
El desaliento, el tedio, 
En hondo precipicio 
Sobre las frentes reprobas 
Estamparán el pié! 



La vida es un enigma , . 
Indescifrable arcano, 
Sublime paradigma, 
Ó impío gerogliflco 
Trazado por Satán : 
Y ay! triste del mezquino. 
Del lidiador cobarde. 
Que con su cruel destino 
Hasta morir, indómito, 
No lucha con afán ! 



Un torcedor llevamos 
Dentro del alma todos, * 
Y en la ventura hallamos 
Que el mas fragante búcaro 
Guarda en el fondo hiél : 
Mas su amargor no alcanza 
Hasta robar al beso, 



PALMAS Y OMBÚES 13 



Que mágica esperanza 
Imprime en nuestros labios, 
Su perfumada miel. 



Soy misero gusano, 
Pero en mi pecho bulle, 
De un Dios el soberano 
Aliento que titánicas 
Alas al hombre dá : 

Y un rayo de la llama 
Del luminar eterno 

Mi pensamiento inflama, 

Y el ideal — su imagen — 
En mi cerebro está ! 



De la incompleta ciencia 
Al mentiroso prisma. 
De mi leal conciencia 
Opongo yo la íntima 
Dominadora voz: 
Al hado mudo y ciego, 
Estúpido inconsciente , 
Sordo al clamor y al ruego. 
La Omnipotencia próvida, 
La magestad de Dios ! 



Suprema Omnipotencia! 
La flaca razón mia, 
De tu divina esencia 



14 PALMAS T OMBÚES 



Lo que es, y los misterios 
No puede penetrar ; 
Pero en mi sér te siento, 
Y al levantar mis ojos 
Contemplo el firmamento, 
En estrelladas órbitas 
Tu nombre deletrear! 



Primer motor, primera 
Causa de todo cuanto 
La creación entera 
Como corona fúlgida 
Hace brillar así : 
Idealidad, severa 
Razón, moral instinto, 
Deber, conciencia austera, 
De quien brotar ¡oh Espíritu! 
Pueden sino de tí?. . . 



Poder, Sumo increado, 
Quién quiera que tu seas. 
Amor, polo imantado, 
Inteligencia, numen, 
Foco de vida y luz; 
Te adoro y reverencio, 

Y ante tu solio ignoto 
Me postro yo en silencio, 

Y al humillarme, cambiase 
En pedestal mi cruz ! 



PALMAS T OMBDES 15 



Tormenta de dolores, 
En mi amoroso huerto, 
Las mas preciadas flores 
Puede, rugiendo el Ábrego, 
Con furia destrozar. 
Calumnia y odio insanos 
Mi nombre manchar pueden ; 
Malvados y tiranos 
Con negra saña pérfida 
Mi vida emponzoñar. 



Cruzar todas las zonas 
Del infortunio puedo, 
Si tu no me abandonas 
Polar lucero místico. 
Incontrastable fé ! 
Que se hunda entre centellas 
El mundo hecho pedazos 1 
Que caigan las estrellas ! 
La sin igual catástrofe 
Me encontrará de pié. (3) 



América altanera, 
Al mal nunca te humilles, 
Ni arrolles tu bandera, 
Republicano lábaro 
De honor y libertad. 
Tu sed ardiente sacia 
En el raudal purísimo 



16 PALMAS Y OMBÚES 



1876. 



De santa democracia, 
Que libre reconcilia 
En Dios la humanidad ! 



Erguida, noble palma, 
Cuando el dolor me postre, 
Aliento dá á mi alma, 
Lumbre á la mente lóbrega. 
Vigor al corazón : 
Cual tromba de aquilones 
Sacude tu penacho, 
Y á sus potentes sones 
Que el eco sea mi cítara 
De mi generación ! 



Que se alzen los que tienen 
El por\'en¡r delante, 

Y á reemplazarnos vienen, 
Cual la columna ígnea 

Y el vengador Querub ; 
Mostrando á la abatida 
Grey, de salud la senda, 
La tierra prometida. 

Las tablas del Decálogo. . . . 
Arriba juventud! 



(1) Ed laR Palmas y Ombúes ae siente arrobada el alma por la con- 
templación do lo humano y lo divino , lo tangible y lo impalpable , que lia- 



PALMAS Y OMBÚES 17 



ciendo estremecer el corazón se exhalan involuntariamente en expresiones 
qae 

Como las hojas del ombú suspiran . 

Las palmas I £1 que no haya escuchado el melancólico sonido de las 
palmas agitadas por él cierzo , ó en las calladas honis de la noche iluminadas 
por la pálida luz de la luna, renuncie á lu lectura de esa poesía : 

€ Erguida, nuble palma, 
Cuando el dolor me postre, 
Aliento dá á mi alma, 
Lumbre á la mente lóbrega 
Vigor al corazón : » 

Benigiéo T, Martínez 
1878 

L*Amérique latine a un role important a jouer ai elle veut entrer en 
possession d*une littérature qu¡ luí Hoit réellemcnt propre ; ce role, c'est de 
faire de sa littérature im puisHaut levior qui imprime une salutaire impul- 
sión a rhumanité , dans sa marche inccssante vers le progrés . De méme 
que psirtout ailleurs , nos poetes pcuvent so divisor en dcux catégories . La 
premiére comprend ceux qui puiscnt dans Vtiina les inspirations qui, pour 
les seconds , naissent du cccur . Ceux-la traitent tous les grands sujeta qui 
embrassent le champ du realismo ct <Ie ridealisme. lis rc^oivent des im- 
pressions , les examinent , les anal^'sent , les disséquent , les combinent et 
les expriment chacun ¿ sa maniere : ce sont des genios invcnteurs, crea- 
tcurs. 

Ceux-ci , concentres en eux-mcmcH , mais sous l'action d'uno vive sonsi- 
bilité , expriment, quand'ils écrivcnt avec plus ou moins de feu , plus ou 
moins d'energie, ce qui est en eax-mc'iues , il confondcnt les scnsations 
qa'ils re9oivent des ob jets extériours avec cellos qu'ils rossontent spontane- 
ment , et quand ils prennent la lyro, c*OHt moins ce qu*ils ont vu , ni com. 
ment ils ont vu qu'ils décrívent, mais bien ce qui procede de leur propre 
fond , des improssions rc9U0s et modifíéos . lis nous discnt la maniere de 
sentir qni leur est particuliére et essentiellomont personncUe. 

Les premiers sont toujours disposós a produire . Los seconds n*ecrivent 
que BOUS rinfluence d'un sentimont d'actualité impcrieux et profond . 

Les uns s'elévent du lyrismc au dramo, a Topopéo ; 

Les autres se boment le plus souvent , et prcsque sana en avoir cons- 
cienco á Télégie , á Texpression des sentiments , tendres et mélancoliques. 



18 PALMAS T OMBÚES 



Geux-ci parcourent toutes les gammcs, ils font vibrer toutes les cordes ; 
émeuvent , séduisent , électriseot , exitent á leur gré toutes les fíbres de 
ráme, et possédent le secret de pénétrer jusqu^au fond du coeur ; 

Ceux-la caressent , attendrissent et attrístent. 

La lyre des premiers a des cordes quí font résonner tout ce qui est grand 
et sublime ; dans leurs opuvrcs Tondc trouve son éclat , rouragan son mu- 
gissement , la cascade son tonnerre , la tcmpéte son fracas . 

La harpe des seconds posséde des sons pour exprimer chaqué nuance de 
la douleur , pour imiter chaqué soupir, pour accoinpagner les pleurs. 

Les uns possédent la forcé de Taigle qui regarde le soleil , de Paigle qui 
s^éléve et disparaít dans les nuages ; ils ont eux-mémes la voix de la cata- 
ráete, Timpé tuosi té du torren t , la mobilitc de Pondo . — Jos¿ M. Torres 
Caicedo . 

1879 

Gircuncríbiéndonos al Plata , la poesía ha tenido y tiene sus grandes 
intérpretes en Mármol , Echeverría , Juan Cruz V^arcla , Adolfo Berro , Fí- 
gueroa, Magarífios Corvantes , Andrade, Gutiérrez, Zorrilla de San Mar- 
tin , Guido Spano y otros muchos que han mantenido siempre vivo el fuego 
sagrado de la inspiración, ora para cantar las glorias de la epopeya america- 
na , ora para vaciar en el molde de estrofas inmortales el pensamiento que 
les inspiran el arto ó el amor , haciendo vibrar en las cuerdas de sus arpas 
esos torrentes de armonía que encierran por ejemplo , el « Prometeo i de 
Andrade ó el Canto al Arte de Carlos Encina . — La Tribuna Nacional de 
Buenos Aires. 
1884 

(2) Véase la nota 16 del romance Sin piedra ni palo . 

(3) Gomo no ha faltado quien interprete malamente esta estrofa , no 
estará de mas decir , aunque sea inútil para los doctos , que me ha sido ins- 
pirada ó su jerída por la primera de la famosa Oda III Lib. 1 1 1 de Horacio , 
que empieza : 

Ju8 a>c tenacem proposiü virum ; 



y termina : 



Si fractus illahaiur oi'his , 
Impavidum ferient ruina; 



Oda que saben de memoria todos los escritores en prosa ó verso media- 
namente versados en las letras . 



AROMA 19 



Allí encontrará el humanista porqué cuando todo se vuelve contra el 
hombre recto j de carácter , cuando todo se desmorona y cae , aunque se 
hunda el cielo , alza erguida la frente el varón justo y constante . 

¿ Profesa aversión al idioma de Lacio , ya que no puede suponerse sin 
agravio que tan conspicuo literato ignora el latin ? 

Ahí vá la traducción de don Javier de Burgos , que es entre los traducto- 
res y expositores del autor del Arte poética , el que mas renombre alcanza . 

c De ciega plebe el vocear insano 
No conmueve al varón constante y justo , 
Ni de su pensar recto el ceño adusto 
Le aparta del tirano ; 
Ni el austro , que del Adría remugicnte 
Su rabia en la onda muestra ; 
Ni de Jove potente 
La fulminante vengadora diestra . 
Si los orbes se hundieran , 
Las ruinas impertérñto le hirieran . » 

¿ Me será permitido llamar la atención del Aristarco sobre el comentario 
de Burgos á las palabras Si fractus f , , . 



IV 



AROMA 



(O 



AL JOVEN POETA D. LUCIO V. LÓPEZ (2) 

Al murmullo cercano del Pampero 

Que por el monte asoma , 

Repliégase el Aroma (3) 

Como luchando con intenso afán ; 

Y de su jalde bóveda que brilla 

Cual fúlgido tesox'o, 

Los botones de oro 

Raudos cayendo sobre el tronco van . 



p. Y o. 



20 AROMA 



Purificados con su dulce ambiente 

Los huracanes ruedan , 

Pero en el árbol quedan 

Las espinas que al suelo dan su flor. 

Las punzantes espinas que traidoras 

Cercaban al racimo, 

Que su fragancia opimo 

Ora esparce embriagante en derredor. 



Al soplo germinal de las pasiones , 
También el alma agita 
Sus alas, y palpita 
El corazón con ímpetu febril : 
Y en la dura batalla que sostienen 
Con el feroz destino, 
Vierten en su camino 
Emanación purísima y sutil . 



Lo que mas escondido y mas sublime 

Guarda en su pecho el hombre , 

Lo que no tiene nombre , 

Deja escapar al choque del dolor. 

Y comprende, sufriendo, la existencia. 

El triunfo y la agonía , 

El llanto y la alegría , 

El infierno, la gloria , el Hacedor 1 



Hasta que el viento helado de la muerte 
Orea su frente, y quema 



AROMA 21 



La espinosa diadema 

Que ciñera en la humana esclavitud . 

Y en brazos de la fama arroja un nombre 

Que el tiempo no consume, 

Gomo inmortal perfume 

Del genio , de la ciencia ó la virtud ! 

1864 



(1) El Aroma, llamado valgarmente Espinillo, se produce con abun- 
dancia en nuestros bosques. No es árbol muy alto ni muy grueso , pero si 
bastante espinoso. Sus florecillas anaranjadas y de una figura redonda, com- 
puestas de una peluza suave y fragante , desde Setiembre á Noviembre es- 
parcen por los campos tan suave olor, que parece se goza de su fragancia , 
cual si uno se hallara en medio de los mas celebrados jardines. Arraiga tan 
profundamente que jamás se seca ; aun en los años áridos florece á su tiem- 
po cuando todavía el campo se halla desnudo de verdor. — Juan Manuel 
de la Sota. 

(2) Siendo estudiante en la Universidad de Montevideo le fué dedicada 
esta poesía al Dr. López , quien habia antes honrado al maestro y al amigo 
con la dedicatoria de su bello Himno al Mar, del que tomamos las dos va- 
lientes estrofas del apostrofe final que dirijo aquél al Occéano. 

el mundo mismo 

Que marca en el abismo 
Del ancho espacio sus pequeños rastros, 
El mundo donde te alzas atrevido , 
Es un grano de arena desprendido 
Del luminoso polvo do los astros . 

Y el inmenso elemento 

De tu profundo asiento , 
En donde loco de estupor me agito , 
Es un átomo apenas de otra vida, 
Es una pobre gota desprendida 
Del insondable mar del infinito ! 

(3) El mas delicado sentimiento , la mas esquisita naturalidad y la ori- 
ginalidad mas notable caracterizan esa producción, como nuestros lectores 
podrán juzgar por sí mismos. 

La poesía es un verdadero jardin de infinitas flores, oculto por púdico 



22 Áspid 



velo á los ojos del profano, pero donde es dado penetrar al genio para ins- 
pirar su plectro ó interpretar el lenguaje simbólico de la naturaleza por me- 
dio de sus armonías. 

Nos parece que la composición del Dr. Magaríños Cervantes tiene pro- 
piamente el color y el perfume del Aroma. — Agustin de Vedia. 
1864 

V 

ÁSPID 

AL POETA PLÁCIDO, FUSILADO EN LA HABANA POR UNA DELACIÓN. 

El alma negra en forma de serpiente. 

PLÁCIDO. 

« « « 

Pequeño , imperceptible , 
Entre la yerba oculto , 
El Áspid de Misiones 
Se envuelve en espiral , 
Y apenas ve acercarse 
Hombre , animal ó bulto , 
Vibrátil y certero 
Un salto dá mortal . 

Calcula la distancia 
Tan previsor y diestro, 
Que al caer, donde los ojos 
Él clava su aguijón . 
Hiere, y veloz se pierde 
Cual dardo que siniestro , 
Arroja desde un bosque 
Segura la traición . 



ÁSPID 23 



1863 



Ni el animal ni el hombre 
Á su enemigo miran , 
Que entra la grama huye 
Tan ágil como vil . 
Su ataque y su tamaño 
Desprecio les inspiran : 
Mas ¡ ay ! que su veneno 
La muerte dá sutil. 

¡Calumnia! tú lo mismo 
Que el áspid traicionero , 
Nos clavas por la espalda 
Tu pérfido puñal . 
El agredido siente 
La punta del acero, 
Pero no vé en la sombra 
Tu mano desleal . 

¡ Acaso te desprecia ! . . . 

Y sigue su camino 
Tranquilo, indiferente, 
Confiado en su virtud . 
Pero el veneno oculto 
Fermenta viperino, 

Y á su honra y á su dicha 
Les abre el ataúd ! 



Pero 8Í á cambio de la virtud creadora de admirar, nos libertáramos del 
vicio contrarío, es decir, de la envidia, quizás pudiéramos ufanamos de 
nuestro defecto. Desgraciados que somos, pues la envidia resulta un vicio 
de todos nuestros anales, tan recrudecido en este tiempo, que las personas 
de verdadero mérito, después de haber en repetidas experiencias probado 



k LA. INACGCRACION 



ras flechas eemejantea i vívoraa que se cebaren en todos 1o8 poro« de la 
cune y corrompieren todoB loa glóbulos de la sangre, conclajea por huir 
de] trebajo y del esfuerzo pnra buir del rejámeo 7 del ultraje, aapirendo tan 
solo como coroDa de una rida ilustre á qae laa dejen al fío y al cabo en 
paz, y no lea claven á aua bucaoa los dientes que llevan en ana sangrientas 
quijadas esos chacales nacidos de la envidia, que se llaman la difamación 7 
la calumnia. Prestará grendes servicios á la joven generación quien la en- 
■efie ahora el arte de admirar lo admirable. — Emilio Ca*lelar. 
1880 



A LA INAUGURACIÓN 
DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPOBLICAC» 

AL DR. D. AXCEL FLORO COSTA 



lAUá vá!... grito inmenso el aira atruena, 

Y la apiñada multitud absorta 
Á su paso frenética saluda 

Al férreo, ágil corcel que raudo corta 
Como ligera Hecha la distancia . 
Ondeando flotan en su espalda ruda 
Las humeantes crines, 
Que sacude , al piafar, con arrogancia ; 
Su encendida pupila centellea , 
Devorando el espacio sordo ruie , 

Y rápido , incansable , 

(El mejor parejero (2) no le alcanza) 
Salvando uno tras otro los confines , 
Á su destino vá como la idea 




DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPÚBLICA 25 



Que ha de vencer al sable , 

Y que valla no encuentra que resista 

Su colosal empuje : 

Mas poderosa cuanto mas avanza ! 



Por vez primera los risueños campos 

Del uruguayo suelo 

Recorre la triunfal locomotora ; 

Y á los fulgentes lampos 

Que despide su rueda voladora , 

Se rasga el negro velo 

Que el Ígneo prisionero en torno lanza , 

Y nuncio de bonanza, 
Trocando en albo su celaje oscuro , 
Alegre ondula entre la tierra y cielo ! 



Estela luminosa del progreso , 

Sutil polvo de oro , 

El humo en espirales 

Por el dormido ambiente se disuelve , 

Y á los campos eriales 

De abono cada peso , 

En cultura y riqueza les devuelve 

Inagotable, perennal tesoro. 



Gota de agua convertida en llama , 
Gomo al golpe de mágico conjuro, 
Doquier la tierra con su paso trilla , 
Al soplo germinal que se derrama , 



26 ¡L LA INAUGURACIÓN 



En el llano, en la sierra, en la cuchilla 
Hierve la vida, el lóbrego horizonte 
Con fulgurante claridad se baña ; 
Dá el árbol sombra amiga , 
Brota en el yermo la dorada espiga , 
Se convierte en palacio la cabana ; 
Rodando bajan desde el alto monte 
Los pinos seculares , 
Para vestir las aguas 
De rios y de mares , 

Y en vez de las piraguas , 

En movibles alcázares flotantes, 

De los diversos pueblos mas distantes 

Al viento desplegadas 

Ondean las banderas á millares, 

Y el piélago es estrecho 1 



Conquistas de la ciencia y del derecho 

Por el ingenio humano idealizadas ! 

Aspiración sublime á cuanto grande 

Del hombre en este mundo 

El corazón espande ! 

Poderoso instrumento del trabajo 1 

Redentor de infortunios y dolores , 

Que empujas y encaminas 

Á un destino mejor la humana raza ! 

Poderoso instrumento del trabajo ! 

Bajo tu hercúlea rueda despedaza 

La maldad , la ignorancia , los errores , 

Los odios entre hermanos, 

Que pusieron el hierro en nuestras manos, 

Y á la patria en ruinas ! 



DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPÚBLICA 27 



Del árbol de la paz bendito gajo , 
Sobre lus ramas próvido descienda 
El que los cielos dan , almo roció , 

Y de su influjo bienhechor en prenda, 
Caiga también cual aura refrescante 

Y poderosa vibre 

En nuestros corazones, 

Que abrasa el fuego impío 

De mundanos deseos y pasiones , 

La virtud, — sola lluvia fecundante — 

Que al infiltrarse por la tierra libre 

Hace brotar los frutos mas lozanos ; 

Pero jamás consiente 

Que en ella alzen la frente 

Ni esclavos ni tiranos ! (3) 



Adelante, coloso ! mas te arredras, 

Tu carrera tan rápida mitigas, 
Y como vacilando te detienes 
Indeciso en las Piedras .... 

Adelante, coloso! ya arrogante, 

Cabalgando en su potro de batalla. 

Ceñidas de laurel las rojas sienes. 

Sobre esta misma loma 

Donde el heroico Artigas 

Hizo morder el polvo a los Iberos, 

Su espíritu hoy asoma. 

Transfigurado por su cruel martirio. 

Bajo el dosel de la Oriental bandera (4) 



p. Y o. 



28 k LA INAUGURACIÓN 



Su cerviz ante tí dobla el gigante, 

Curado ya de su mortal delirio, 

Y estendiendo su lanza a los linderos 

De la imperial frontera. 

Seguido de sus fieles montoneros 

Con estentórea voz grita : adelante 1 (5) 



Mas ¿ qué nube importuna 

Viene á nublar el sol que nos sonríe 

En este fausto dia ? Cruel fortuna 1 

Siento rota una cuerda de mi lira, 
Y herido el corazón triste suspira. 



i Dónde, dónde está el héroe cuya mano 
Puso en este carril con la primera 
Piedra angular su aliento soberano, 

Y del progreso de su patria ufano 
Supo acojer el alto pensamiento, 

Y elevar a la paz un monumento. 
Que en la edad venidera 

Será el timbre mas bello de su gloria ? (6) 



Incomprensibles juicios divinales! 

Del bien que hiciera — victima espiatoria. 

Que el bien no se realiza impunemente. 

Aunque tiene mas tarde su guirnalda, — 

Los áspides brotaron, 

Y aleves por la espalda 

Con la saña feroz del febriciente. 



DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPÚBLICA 29 



Le hundieron sus puñales 

Que el noble corazón le desgarraron ; 

Y á ese crimen sin nombre 

La maldición universal estalla ! 



Errores cometió porque era hombre, 
Errores ¡ ay ! que la razón severa 
Inflexible condena, pero calla 
Ante el Calvario de su muerte fiera. 
Ante el clamor doliente 
Y el hórrido anatema 
De todo un pueblo que ciñó á su frente 
Del martirio la fúlgida diadema ! 



¡ Gloria al mártir, al héroe infortunado, 
Que al ver su pensamiento realizado. 
Se estremece de gozo allá en su huesa, 
Gomo al mirarnos divididos, gime! 
¡ Gloria á los que iniciaron , y prosigan , 

Y con ardor sublime 

Den cima al ardua empresa! 

Que su nombre repita á la distancia 

Con estruendoso viva el pueblo entero, 

Y lo lleve en sus alas el Pampero , 

Y lluevan sobre él palmas y flores 
Del norte frió á la abrasada zona ! 



Y los de esta región habitadores, 
Fundiendo para rieles las espadas. 



30 A LA INAUGURACIÓN 



Al fijar en la vía sus miradas , 
Contemplen ese cuadro lisongero 
Cual puente salvador sobre el abismo 
Do rugen las pasiones desatadas ; 
Iris de un alba que á lucir empieza, 
Imán que atrae de lejos y eslabona 
Los hombres, las ideas, la riqueza; 
Y aprenda el niño asi desde la infancia 
Que á la fé, y al trabajo y la constancia 
El porvenir reserva su corona ! 

Diciembre 31 de 18G8. 



Los pueblos no se entusiusman cuando no se les liablii en el lenguaje de 
la Patria, cuando el poeta no canta sus alegrías, sus conquistas ó sus triun- 
fos , cuando la lira no solloza con sus dolores , cuando el pincel no reprodu- 
ce los paisajes queridos de su natundcza . — Rafael Obligado . 
187G. 

(1) Leida por el autor en el banquete que tuvo lugar en la Estación del 
pueblo délas Piedras el 1.° de Enero de 1809 . 

Plácenos consignar aquí el recuerdo de aquella fiesta monumental , trans- 
cribiendo algunos páiTafos de La Tribuna de Montevideo . 

« Preparado luego para salir el tren oficial, entró en él el general Batlle , 
acompañado del ministro de Guerra , el de Hacienda , el general Caraballo , 
los jefes de las estaciones navales con sus oficiales , y otras muchas notabili- 
dades militares y civiles . 

La marcha se emprendió en el instante , haciéndose entonces , por la arti- 
llería de plaza , una salva de veintiún cañonazos , al propio tiempo que el 
himno nacional resonaba entusiastamente por do quier . 

Conjuntamente se elevó de los que eran contUicidos por el tren y de los 
que , menos felices , no pudimos salir hasta los subsiguientes , un grito de 
júbilo , un hurrah jigante que habrá hecho palpitar de gozo el corazón de la 
Patria , ante la alegría con que sus hijos festejaban la gran arteria vital dos- 
tinada á hacer rápido y portentoso su engrandecimiento. 



DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPÚBLICA 31 



En el acto de llegar , los viajantes pasaron á un magnífico y estenso sa- 
lón , adornado con banderas y flores , y en cuyo centro elevábase una sun- 
tuosa mesa de dimensiones colosales y adornada de la manera mas digna . 

Después de las primeras copas comenzaron los brindis . 

El primero lo pronunció el Presidento de la República , y su tema f ué'el 
acto que so inauguraba , y el recuerdo de los afanes que prepararon la gran 
obra del dia . 

En seguida habló D. Joaquín Belgrano, á nombre del Directorio del Ferro 
Carril . 

El Dr. Magi\rifi08 leyó los bellÍHÍmos versos que insertamos en el folletín. 

En esa composición hay verdadera poesía , verdadero sentimiento , la 
muestra del puro corazón y del gran talento del poeta , que se ha ganado 
con ellas una palma más para su corona . 

Deleítense nuestros lectores ante esos raudales de elocuencia y santo 
entusiasmo . 

Siguióle con un discurso el Dr. D. José Pedro Ramírez , quien hizo 
gprandes y merecidos elogios de la poesía anterior , y concluyó pidiendo al 
Gobierno encaminara al país por las vías del progreso y de la libertad , á lo 
que el general BatUe respondió en el acto que <r su administración ha con- 
traído y contrae todos sus esfuerzos al logro de esos resultados . » 

Después tomaron la palabra D. Eduardo Flores , el Dr. D. Carlos M. Ra- 
mírez , que pronunció un brillantísiiuo discurso , D. Antonio M. Marques , 
D, Señen M. Rodríguez , D. Amaro Carvc , D. Amadeo Errecart , y algunos 
otros señores , cuyos nombres no recordamos . 

Y no olvidemos al hablar de este gran acontecimiento y al aguardar sus 
resultados, una palabra de recuerdo para su malogrado y principal protector, 
la víctima del 19 de Febrero , y un hurrah á D. Señen M. Rodríguez , cuya 
constancia y esfuerzos en el sentido de dar forma á su brillante idea , le han 
ya conquistado , según su deseo , el título de amante de este país , que lo 
retribuye su cariño con tantas veras , y que no olvidará jamás su nombre , 
unido eternamente al glorioso suceso de estos días . 

Uurrah á la prosperidad oriental , al ferro - carril y á sus iniciadores ! — 
José C, Bustamante . 
1869. 

(2) Caballo adiestrado á la carrera . 



32 Ji LA INAUGURACIÓN 



(3) El autor de Nirvana, aunque en su último folleto en que chÍRpea en 
cada página , como en todos sus trabajos literarios , la originalidad y la 
ciencia, protesta que «hace tiempo su fatigado espíritu ha dejado de ju- 
guetear por las laderas del Parnaso y de beber en la fuente de Hipocrene 3 , 
traza en el libro citado un cuadro tan poético y seductor como verdadero y 
patriótico , de lo que seríamos el dia que lográsemos afianzar el predominio 
de" la ley y de la inteligencia sobre la fuerza material y las mediocridades 
pretenciosas , y agrega con un entusiasmo que raya en lirismo : 

« ¡ Oh si hubiesen llegado esos tiempos ! 

¡ Oh , si me hubiese sido dado siquiera aproximarlos ! 

Á todos nos habría tocado una parte de gloria en esa imponente jomada 
de la civilización . — Y estoy cierto que con dos ó tres arranques de esos , 
habriamos podido colocar de nuevo la locomotora sobre los rieles del progre- 
so para volver á oir los aires agitados con el intermitente mugido de gratas y 
magníficas esperanzas . 

Sueños sin duda han sido todos esos , pero siquiera sueños grandes y ge- 
nerosos . 

I Oh , dejadme soñar , ya que no me es dado hacer otra cosa , que sueños 
que confortan y ajiganfcm el espíritu , y que aun desvanecidos por la desa- 
lentadora realidad , bañan de luz y plácido sosiego el alma ! 

I Que fueron primero sino sueños las grandes concepciones de los hom- 
bres de estado ! 

Y habrían llegado á convertirse en realidades bienhechoras para los pue- 
blos , si no hubiesen encontrado un punto de apoyo , como el que para su 
palanca pedia Arquímcdcs ? d — Amjcl F, Costa. 
1880. 

(4) Las grandes figuras hist<3ricas ( el autor habla de Quiroga ) no caen 
de los espacios sobre la tierra como entes desconocidos que tienen que orien- 
tarse para emprender su camino . Son encamaciones fatales formadas en la 
elaboración misteriosa de las ideas . — Miguel Cañé . 

1875 
El pueblo redimido, dccia un Diputado en las Cámaras orientales, debe 
un recuerdo de gratitud y justicia á todos los campeones de su independen- 
cia ; y enseñando á las generaciones que supo honrar á sus libertadores , 
dignificándose á sí propio , les infundirá la fé y el amor á la Patria , que li- 
bertaron con sus esfuerzos . — Tomás D'iago, 
1862 
En el mismo campo donde se dio la primera batalla ganada por Artigas 



DEL PRIMER FERRO-CARRIL EN LA REPÚBLICA 33 



contra los españoles en la Banda Oriental , el 18 de Mayo de 1811, expresa- 
mos un voto de la voluntad nacional — digan lo (jue quieran sus enemigos, — 
al manifestar en 1860 el deseo de que se conuieniorase dignamente aquel 
hecho glorioso . Pertenece á la composición titulada En las Piedras ( Bri- 
sas pág. 219 } la siguiente estrofa : 

En este campo que inmortal hiciera 
Del indomable Artigas la victoria , 
No se vé un monumento , ni siquiera 
Levantada una piedra á su memoria ! 

El año pasado ( 1883 ) la Asamblea Oriental votó por unanimidad la 
erección de una estatua al fundador de la nacionalidad uruguaya . 

(5) Los hechos y la obra de Artigas cada vez que so traen á discusión , 
en el escenario de la política, do la historia ó do la litcratum , levantan tor- 
mentas entre sus partidarios y sus opositores . Los párrafos que van á leerse 
y que hacemos nuestros , pertenecen á las notíiblcs Confehenxias dadas por 
su autor en el Ateneo del Uruguay en 1880 , sobre el rol que desempeñó 
en la revolución el prestigioso caudillo , y otros tópicos no menos impor- 
tantes , como la Confederación del Plata , y por consiguiente la tan contro- 
vertida hipótesis de la reincorporación de nuestro país á la República Ar- 
gentina . 

€ El problema está planteado : la independencia de este país es un he- 
cho producido por su voluntad consciente, afirmado por un tratado que es 
en sí mismo una solución do paz entre los países limítrofes, y confirmado 
por medio siglo de vida nacional : este país se ha dado instituciones que no 
funcionan ó funcionan mal — el problema está circunscrito á restaurar el 
imperio de esas instituciones , á popularizarlas é imponerlas como una ne- 
cesidad suprema, como el único medio do radicar la paz , de conservar la 
nacionalidad , de hacer libres , felices y dignos á los ciudadanos que se 
agrupan bajo su bandera . 

> La lucha no es nueva ; — es la eterna lucha del bien y del mal ; — no 
se oyen todavía las dianas de la victoria y nos esperan acaso nuevos sacri- 
ficios y nuevas derrotas , pero entre tanto no hay mas camino que seguir , 
luchando , sin impaciencias que nos hagan perder terreno , sin desfalleci- 
mientos que nos desautoricen y nos desconceptúen , con la convicción pro- 
funda de que servimos ala causa inmortal do la justicia, con la intuición 
prof ética de que el porvenir nos vengará de las injusticias , de las derrotas 
y do las persecuciones del presente j> . — José P Ramírez . 
1880 



34 LA FLEUR DE I/aIR ET LE VOYAGEÜR 



(6) Siendo un deber do la autoridad proteger en cuanto sea posible toda 
empresa que tienda al engrandecimiento y prosperidad de la República , 
tanto mas , cuanto que la del Ferro-Carril Central del Uruguay pe ha 
formado en el país , y levantado en ól el capital necesario , se suscribe á 
ella expontáneamcnte con dos mil acciones . — Decreto del Gohienw Provi- 
sorio del General Floreé al aprobar las bases presentadas por el Directorio 
del Ferro-Carril . 



VI I 



LA FLEUR DE L'AIR ET LE VOYAGEÜR ^'^ 

IIOMMAGE A MR. LE M.VRQUIS DE NIBBIANO 

A LA MEMOIRE DU GRAND NATURALISTE FÉLIX DE AZARA 

« • » 

Un soir, sur le lointain rivage 
De ees fleuves majestueux 
Dont ronde refléte Timage 
Et d'un nouveau monde et des cieux, 

Un voyageur, a l'ame puré, 
Errant sur son léger coursier, 
Sous le charme de la nature 
S'arrete a Tombre d'un palmier. 

Non, rien ne trouble son extase! 
La Ierre exhale un divín son, 
Des chants qui remplirent Tespace 
Au jour de la création! 

Oui, cette touchante harmonie 
L'hymne du celeste jardín, 



LA FLEUR DE l'aIR ET LE VOYAGEUR 35 



Présage de Téternelle vie, 
Echó d'un éternel matin! 

Enivrés de ce doux vertige 
Ses yeux contemplent une fleur, 
Qui, se balangant sur sa tige 
De parfum inonde son coeur. 

LB VOTAOBUU 

Blanche fleur, dit-il, fleur amie, 
Oh ! rien n'égale ta beauté. 
Dis-moi ton nom, jet'en supplie! 
Serais-tu rimmortalité? 

LA FLKUll DK L'AIB 

Ami, je suis simple et sans charme; 
Je vis des baisers du Zéphir, 
Helas! je naquis d'une larme, 
Oui, d'une larme et d'un soupir. (2) 

Non, je ne dois rien á la terre; 
Je ne suis pas comme mes soeurs: 
Du jour il me faut la lumiére 
Et de la nuit les tendres pleurs. 

Brulants d'une secrete flamme, 
Deux amants jaloux de leur foi, 
Heureux, partagerent leur ame, 
Jadis entre le ciel et moi. 

Depuis ce jour, dans la vallée, 
Sans peur du vent ni de Téclair, 

p. Y o. 8 



36 LA FLEUR DE L'AIR ET LE VOYAGEUR 

Je vis solitaire, ¡solee, 

Et tous m'appelent fleur de l'air! 

Quand du hameau les jeunes filies 
Viennent se conter leurs amours, 
J'aime á les voir, sous ees charmilles 
Les folies ! me cueillant toujours. 

Le soir sur leur sein je repose; 
Point de rivale á mon destin : 
A mespieds s*¡ncl¡nent la rose, 
La violette et le jasmin. 



LB VOYAUKUR 



Oui, jo fado re, o fleur charmante ! 
Ton parfum enivre le coeur, 
Je veux t'emporter sous ma tente 
La-bas dans un monde meilleur. 

Déjá pour toi mon ame réve 
Des beaux Palais dans nos climats: 
Palais oü la brise se leve, 
Oü n'entrent jamáis les frimats. 

Je veux que devant toit palisse 
L'orgueilleuse fleur des nos champs, 
Et que la beautó te choisisse 
Pour triompher des inconstants. 

Je veux te faire souveraine 
D'un empire jaloux de toi, 
Et qu'au sein de plus d'une Reine 
La perle obéisse á ta loi. 



LA FLECR DE l'aIR ET LE VOYAGEÜR 37 



Plus tard ton haleine embaumée 
Protégeant mon derniersommeil, 
Consolera ma bien-aimée 
Dans Tattente du doux róveil. 

LA FLBTR DE L'AIR 

Comment? á ma terre natale 
Ose tu m'arracher, cruel ! 
Ic¡ je rógne sans rivale, 
Plus loin Tenvie a son autel. 

Laisse moi dans ma solitude, 
Je suis filie de ees vallons; 
Ici, rien, point d'inquiétude 
La-bas soufflent les aquilons. 

Ici la beauté m'est soumise, 
L'amour me doit plus d'un lien, 
Veux-tu que mon sceptre se brise 
Et queje meure sans soutien? 

Poursuis ta course pacifique, 
Emporte, si tu veux, notre or; 
Laisse á la vierge d'Amérique 
Sa fleur de Tair pour tout trésor. 

Que suis je moi, pauvre etrangére, 
Pour orner ton noble tombeau ? 
Une autre fleur, moins éphimere, 
Doit proteger ce nom si beau. . . 

Mais dójá je vois dans Thistoire 
De ton nom Tillustre héritier 



38 LA FLEUR DE l'aIR ET LE VOYAGEÜR 



Pour ta tombe, au nom de la gloire, 
Cueillir la feuille de laurier. 

Madrid 24 Fevríer 1852. 

Juan Thompson. 



(1) El Director de El Semanario 2^^ntoresco espaMl , al publicar en 
8U8 columnas esta bella poesía ilustrada con una lámina alegórica , la acom- 
pañó con este honroso juicio : 

c La siguiente composición pertenece al distinguido escritor argentino 
D. Juan Thompson , que escribe con tanto acierto y elegancia en francés , 
como en castellano , su nativo idioma . Invitado el señor Thompson para 
concurrir, con otros poetas españoles y extranjeros , á la formación de la 
CORONA POÉTICA de los ilustres hermanos ^IsGi'a, creyó con sobnido funda- 
mento , que nada era mas propio para solemnizar la memoria del célebre 
naturalista D. Félix , que buscar entre las flores de América , y principal- 
mente del Rio de la Plata , esplorado y descrito por aquel sabio , la mas 
bella y digna : la flor del aire ; rara flor de esquisita fragancia , que 
crece entre las enredaderas de los árboles , y que vive en efecto del am- 
biente del aire , y sin auxilio de la tierra . Se ha tratado de aclimatarla en 
Europa , y hasta ahora no ha podido oonseguirse . » — Ángel Fernaiulez de 
los Ríos, 

1852 

Deseando alterar lo menos posible el original , hice su traducción en 
cuartetas asonantadas . 

Thompson valia mucho como literato , poro valia aun más como amigo. 
En Madrid , donde tuvo la suerte de conocerlo , le dediqué á Celiar , en 
señal de aprecio y franca amistad , 

Al pié de la nota 2 de la composición xi (fibras vitales), encontrará el 
lector un párrafo de una carta del Dr. Gutiérrez que contiene sobre nuestro 
escelente y querido amigo algunos rasgos íntimos y característicos — retrato 
hecho al correr de la pluma — y que ofrece mayor interés que la noticia 
puesta por el mismo Dr. Gutiérrez al pié do la composición de Thompson : 
Á la muert€ de Rufino Várela , donde encomiando sus dotes literarias , le 
compara en estro y estilo á Lamartine . 



LA FLOR DEL AIRE Y EL VIAJERO 39 



El autor del Diccionario biográfico americano, publicado en Paris dos 
años después del fallecimiento de ThompBon (1875), Re lamenta con razón 
que las producciones de un talento tan distinguido, no se hayan reunido 
hasta hoy en un solo cuerpo . 

(2) Thompson hace nacer á la Flor del aire de una lágrima y un sus- 
piro . Con la misma delicadeza de sentimiento, Fermin Ferreyra hace brotar 
del cáliz de una rosa á loa liesos del céfiro , el espíritu angélico de una vir- 
gen , arrebatada al mundo en la aurora de la vida . 

« Y es fama que del cáliz de esa rosa , 
Un espíritu angélico brotando , 
En una forma ideal y vaporosa , 
Hasta el trono de Dios se fué elevando ; 
Y en la alta noche , con fulgentes galas , 
Desciende al mundo dó existió primero . :» 



VI I I 
LA FLOR DEL AIRE Y EL VIAJERO 

OFRENDA AL SEÑOR MARQlÉS DE NIBUIANO 

Á LA MEMORIA DEL GRAN NATURALISTA DON FÉLIX DE AZARA 

(Traducción libre) 

• « « 

Una tarde, en la ribera 
de esos ríos gigantescos, 
cuya onda pinta la imagen 
de un nuevo mundo y los cielos, 



Sobre ágil potro, vagando 
á la ventura un viajero, 
de una palmera á la sombra 
se para y queda en silencio. 



40 LA FLOR DEL AIRE Y EL VUJERO 



Nada perturba su éxtasis. . . 
la tierra murmura acentos, 
divinos como los cantos 
que, el mundo al brotar, se oyeron. 

Indefinible armonía 
himno del jardín escelso, 
de inmortal vida presagio, 
de un alba eterna destello ! 

Una rara flor contemplan 
sus ojos con embeleso ; 
flor que al mecerse en su tallo, 
de aroma inunda su pecho. 

KL VIAJKUO 

Blanca flor, esclama, espléndida 
flor de hermosura modelo, 
dime tu nombre ¿Quién eres ? 
i La inmortalidad, el genio ? 

LA FLOU DKL AIUK 

Sencilla, humilde, escondida, 
vivo del aura á los besos, 
y á un suspiro y á una lágrima 
mi triste existencia debo, 

Y nada á la tierra : á otras 
flores yo no me parezco; 
luz tan solo al dia pido, 
y á la noche dulce riego ! 

De su fé V amor celosos, 
dos fieles amantes tiernos, 



LA FLOR DEL AIRE Y EL VIAJERO 41 



entre mí y el cielo un dia 
su alma pura dividieron. 

Desde entonces en el valle 
sin temer rayos ni vientos, 
sola vivo y me apellidan 
Flor del Aire cuantos veo. 

Cuando vienen á contarse 
sus amantes devaneos 
las zagalas, gozo al verlas 
cogerme y pasar riendo. 

Sin rivales, por la noche 
en su blanco seno duermo, 
y lirios, violetas, rosas, 
caen marchitas á ini aliento. 

EL VIAJERO 

Yo te adoro, flor divina, 
y embriagado con tu incienso, 
llevarte bajo mi tienda 
á un mundo mejor anhelo. 

Ya para ti forja el alma, 
allá en otro clima, un bello 
palacio, do el arte vence 
al huracán y los hielos. 

Nuestras flores mas altivas, 
que ante ti se humillen quiero, 
y para triunfar de ingratos 
que te escoja el bello sexo. 



42 LA FLOR DEL AIRE Y EL VLUERO 



Quiero hacerte í^oberana 
de un rico estendido ¡inperio, 
y que eclipses los diamantes 
en más de un augusto pecho. 

Y luego tu dulce aroma 
velando mi postrer sueño, 
consolará a mi adorada 
hasta unirnos en el cielo. 

LA FLOn DKL AIUB 

Cómo ! ¿á mi natal ribera 
quieres arrancarme fiero? 
aquí mando sin rivales, 
allí hay á la envidia templos. 

Ah! déjame en mi retiro 
hija del valle modesto, 
aqui venturosa vivo 
allí airado ruge el viento. 

La belleza aíjuí me acata, 
duerme el amor en mi seno : 
¿([uieres que en tu helado cUma 
cetro y vida pierda a un tiempo. 

Sigue tu marcha, y si quieres, 
nuestro oro llévate; pero 
deja á la virgen de Amórica 
su Flor del Aire á lómenos ! 

Quién soy yo, pobre estranjera, 
para ornar tu noble féretro? 



LA SOMBRA DE LA LUZ 43 



Otra flor mas alta debe 
ceñir un nombre tan bello. 

Oh ! si, ya miro en la historia 
de tu nombre al heredero, 
con la Gloria en tu sepulcro 
hojas de laurel vertiendo ! 



Madrid Marzo 14 de 1852. 



IX 



LA SOMBRA DE LA LUZ 



A RICARDO GUTIÉRREZ 



OBSBÁ (1) 

— El serafín envidia tu hermosura, 

Y acabado modelo de belleza, 
En tu ser derramó naturaleza 

Del cielo y de la tierra el doble imán. 

Y cuando nada á tu ventura falta. 
Juventud, ilusión, amor, fortuna, 

¿ Porqué empaña una lágrima importuna 
De tus ojos el brillo celestial ? 



POBSMA 



— Bardo, la gloria te besó en la frente, 
Y te dieron humildes á porfía. 
Su trino el ave, su fulgor el dia. 
La luz sus alas, y su hoguera el sol ! 



P. YO. 



44 LA SOMBRA DE LA LUZ 



Y cuando el mundo que te aclama, pone 
La corona del genio en tu cabeza, 
i Por qué vela una nube de tristeza 
El astro de tu ardiente inspiración ? 

OBBRÁ 

— Coronado de tantos ramilletes 
Como retoños en su vida cuenta. 
En las riberas del Apure ostenta 
Como un rey su diadema el Guayacan ; 
Pero ocultas hormigas ponzoñosas 
El corazón le roen, y él mas fuerte. 
Vencedor de la envidia y de la muerte, 
Por cada cruel punzada una flor dá ! 



I'ORSMA 



— Cuanto mas delicada y primorosa 
La diamela gentil mas presto muere : 
La quema el aura, el colibrí la hiere, 
Y el negro mangangá (2) que zumbador 
Bulle en su cáliz, lo desgarra acaso, 
Porque le niega su virgínea esencia ; 
Como clava la vil maledicencia 

En lo mas grande y bello su aguijón ! 

OBSiU. 

— Entre rosas caminas, y te quejas 

De encontrar en tu senda alguna espina ? 
Para que llenes tu misión divina. 
Mujer, debes sufrir, llorar también. 
Solo idolatra tu belleza el mundo. 
Muéstrale el alma, que llorar te vea. 



LA SOMBRA DE LA LUZ 45 



Y acaso entonces en el cielo crea, 

Y tu le vuelvas su perdida fé ! 



POBXMA 



— En la batalla de la vida ondea 
Ya victorioso tu pendón ¡ oh vate ! 
Y el tumulto y el polvo del combate 
Arrancan un gemido á tu laúd ? 
La humana criatura solo es grande 
Por la lucha, el dolor, el sentimiento. . . 
Quien eleva hasta Dios el pensamiento 
Comprende porque hay sombra en toda luz. 



1866. 



(1) Oberá y Porema son dos nombres guaranís que significan, el prime- 
ro RESPLANDOR j el segundo PUREZA. Estas palabras guardan cierta analogía 
con las cualidades de que suponemos revestidos á los dos personages simbó- 
licos que figuran en la composición, y nps han parecido preferibles por su 
eufonia y la idea poética que encierran á otro cualquier vocablo castellano. 
El lector no obstante poco amigo de idealizaciones y de voces extranjeras 
puede sustituirlas por otros nombres ó adjetivos equivalentes, si no lo agra- 
da ver las cosas en esa vaguedad que tanto deja adivinar al ingenio y á la 
imaginación de cada uno. 

Goethe, Byron, Víctor Hugo y otros maestros usan á veces en sus compo- 
siciones palabras griegas, latinas y aun hebreas, y no alcanzo la razón que 
impida á los americanos emplear con el mismo objeto las de los idiomas del 
nuevo mundo, que no ceden en belleza ni en harmonía á las del antiguo. 

(2) Mangangá, — Insecto de la familia de los himenopteros del tamafio 
de una ó dos pulgadas, y aun más. Produce miel como las abejas, de color 
amarillento, y rompe con sus patas y pesado vientre las flores donde se posa. 
No hace colmena, sino nido en el tronco de los árboles viejos que perfora 
con su aguijón. Se cree que el Mangangá americano es el mas grande de 
los insectos de la especie á que pertenece : su fuerte zumbido, que parece 
el de un enjambre, se oye á la distancia, y los pájaros pequeños huyen es- 
pantados á su aproximación . 



X 



COLON Y EL NUEVO MUNDO <'> 



A DON BENIGNO T. MARTÍNEZ (2) 



« • 



Oh! quien tuviera el arpa con que inspirado canta 
El ángel, y pudiera trepar hasta el dosel, 
En torno del cual giran los orbes, y levanta 
La creación entera su hossana eterno á Él ! 

¡ Sublimes cataratas, Niágara, Tequendama, 
Que resonáis cual eco de la ira del Señor; 
Prestadme el atronante rugido con que brama 
Vuestra grandiosa mole, cayendo en derredor ! 

¡Magnifico Amazonas, soberbio y rico Plata, 
Vuestra arrogancia y brios á mis acentos dad, 
Guando se oculta el dia y el rayo se desata, 

Y asida á vuestras crines se ve la tempestad ! 

lUimani, Antisana, propicios á mi ruego. 
Con vuestros resplandores iluminad mi sien, 

Y azótenla, y aviven eléctricas su fuego 
Las nubes y tormentas que solo allí se ven ! 

Embalsamada brisa que con doliente arrullo, 
Te escapas de las selvas, como ellas virginal , 



COLON Y EL NUEVO MUNDO 47 



Y en las ciclópeas ruinas del noble Azteca orgullo, 
Tal vez por él murmuras un canto funeral ; 

Auríferas montañas, inmensa Cordillera, 
Do mil tribus errantes, ansiosas de botin, 
Tendida al rudo viento su larga cabellera. 
En ágiles corceles se agolpan al confín ; 

Inmensurables Pampas, desiertos y llanuras, 

Y cielos donde enhiesta brilla la Cruz del Sud ; (3) 
Fieras, serpientes, aves, candidas flores puras, 

Y sdvanas que incendia del trópico la luz: 

Formad todas acordes, tan solo una armonía, 
ün coro que resuene como una sola voz, 
Un rayo que en el' alma vertiendo poesía, 
En ella surgir haga la inspiración veloz. 

En cuyas rojas alas se eleve resonando. 

Nota de un himno inmenso, del Sud al Septentrión, 

Cual ígneo meteoro radioso traspas&ndo 

Los montes y los mares, el nombre de Colon ! 



• • • 



¡Colon! . . . el genio ilustre que el Dios de los humanos. 
Para inundar la Europa de luz y aire vital, 
Rasgando el negro velo de incógnitos arcanos 
Lanzara en las tinieblas cual salvador fanal. 

Dios le tocó en la frente. . . relámpago divino 
Mostróle en nuevos cielos un nuevo astro lucir. 



\ 



48 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



Abrióse á sus fulgores el libro del destino, 

Y en él hoja por hoja leyó su porvenir. 

Miró de otras riberas los bellos horizontes 
Que destilaban perlas en nubes de arrebol, 
Miró en la verde falda de sus floridos montes, 
Las pinas de oro y plata que fecundiza el sol. 

Y vio á los arroyuelos besar las virginales 
Flores, y al retirarse, cubiertas á la vez, 
Dejarlas de brillantes, rubíes y corales. 

Cual lágrimas que arranca del goce la embriaguez. 

Y arrebatada el alma con noble sed de gloria, 
Corrió á brindar su idea, su idea colosal, 

Á reyes y potentes magnates, y notoria 

La gran verdad su labio les reveló inmortal. 

Mas solo encontró en ellos estúpida ironía. 
Promesas cortesanas ó menosprecio cruel. . . 

Y eso que el genio apenas un barco les pedia, 

Y en cambio todo un mundo les ofrecía por él. 

¡Oh! cuántas veces, cuántas en su tenaz delirio. 
Rota y deshecha el alma por tanta decepción 

Y escarnio, imaginóse — tanto era su martirio ! — 
Que ya en efecto había perdido la razón. 

Un vértigo era solo. . . pasaba, y mas divina 
La fé con la esperanza volvía tras su afán; 
Así el Ombú altanero que el huracán inclina. 
Se eleva mas erguido, pasado el huracán. 



COLON Y EL NUEVO MUNDO 49 



Y firme, incontrastable, sin doblegar la frente. 
Bebiendo gota á gota de su añiccion la hiél, 
Los días y los años pasó, hasta que fulgente 
Rompió su obscura noche la estrella de Isabel. 

La mano que triunfante postró la Media Luna, 
Por cierto merecía llenar las de Colon 
Con sus joyeles regios, y dar á la fortuna 

Y á la infatuada ciencia, sublime bofetón I (4) 



• • • 



Miradlos ! . . . Van cruzando las encrespadas olas, 

Y á esposas, madres, hijos, aun oyen sollozar. . . 
Ya dejan, ¡ ay! ya dejan las costas españolas, 

Y su insondable seno les abre el ancho mar. 

Varían decolores las aguas, y vacila. 
Se cambia de los astros el brillo y dirección. . . 
El imantado acero revuélvese y oscila. 
Marcando estraña ruta perdida en la estension. 

El cielo se oscurece, rebrama el torbellino, 
La tempestad rugiente, cual hórrido caimán. 
Desplómase bramando y amaga en su camino 
Tragarse á los que aflictos ignoran donde van. 

Pero adelante siguen las raudas cara velas, 
Aunque la muchedumbre: ¡Muera Colon, y atrás! 
Repite, y quiere en vano plegar las anchas velas 
Que airadas á su esfuerzo, se ensanchan más y más. 



50 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



¡Ay! aguardad cobardes, siquiera al nuevo dia! 
Impávido, él les dice, la mano en el timón. . . 

Y en medio de esta lucha la tempestad bravia 
Se calma, y brilla al lejos confusa radiación. 

Rasgando sus crespones el alba al fin asoma, 

Y la rebelde turba á flor del agua ve 
Cerúlea, opaca nube, que como azul paloma 
Levántase humeando del horizonte al pié. 

La nave lenta avanza. . . Colon clava sus ojos 

En la azulada nube, y de repente, ¡allí 

Está la tierra! . . . grita, y todos caen de hinojos, 

Y ¡ viva Colon ! claman con ciego frenesí : 

En tanto que él absorto y en actitud sublime. 

Inmóvil señalando la tierra sin hablar, 

Sus grandes pensamientos parece que comprime 

Y que estos por sus ojos se quieren escapar ! 



• • • 



Ya es suyo el Nuevo Mundo! ya coje su diadema, 

Y de indios, aves, joyas, henchido su bajel, 
Llega, y de su alta gloria, trofeo al par y emblema, 
A las reales plantas los echa de Isabel. (5) 

¿Y cuál fué el digno premio de tan heroica hazaña? 
¿Su esfuerzo sobrehumano qué recompensa halló? 
Decirlo da vergüenza! un mundo dio él á España, 

Y España hiél y grillos en cambio le brindó! 



COLON Y EL NUEVO MUNDO 51 



El que inundó á la Europa de oro, el que á la Iberia 
Dotó de mas provincias que en ella pueblos hay, 
Murió de pesadumbre, de angustia y de miseria. 
Cual victima espiatoria de su conquista audaz. (6) 

Y hasta sus pobres restos vagaron por Castilla 
Errantes largo tiempo sin encontrar quietud, 
Hasta que al oir sus ayes, la mas preciada Antilla 
Rasgóse el pecho amante y en él les dio ataúd ! 



• • • 



Duerme, Colon, tu gloria se eleva magestuosa 
Cual cerca de Altamira (7) forjada ó natural. 
Levántase en un llano pirámide grandiosa. 
Que es obra de titanes según voz general. 

No importa que al principio su rayo diamantino 
Perdiérase entre sombras, cual perla en fango vil; 
También el Tucumeno (8) se pierde en su camino, 
Y luego brota y salta por hendiduras mil. 

Del tiempo entre los pliegues tu escelsa gloria envuelta 
Los siglos atraviesa purificada yá, 
Cual cóncavo Bejuco que absorbe, y roto, suelta 
El agua cristalina que atesorando va. 

Al asomar tu nave por el tendido ocaso 
Se estremeció la Europa de gozo y de placer: 
Dormia, y entre sueños adivinaba acaso 
Que al fin debia tu vuelta regenerar su ser. 

P. Y o. 10 



52 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



TÚ fuiste el meteoro que súbito y violento 
Del Maracáibo rasga la antes dormida faz : 
La Europa electrizada se despertó á tu acento. . . . 
Un nuevo mundo en todo se reveló vivaz. (9) 

• 

Las ciencias y las letras, la inspiración y el arte, 
Surgir en las tinieblas vieron enorme Sol, 
Que sin ocaso, en triunfo, doquiera su estandarte 
Flameando en tierra suya, mostraba al Español I 

De España era la gloria, de España era el despojo, 

Y España la primera cerró contra el infiel : 
La ñor de sus valientes con temerario arrojo 
Por todo el Nuevo mundo se derramó en tropel. 

Ay! en tropel, revueltos los malos con los buenos! 
Torrente desbordado que nos dejó al pasar. 
Lo que el Cortil; sus bocas entre salobres senos 
Dulcísimos raudales del fondo hacen saltar. (10) 

Sus nobles cualidades, su religión é idioma. 
Con la vertida sangre brotaron por doquier, (11) 

Y América fué el árbol que herido da su goma. 

Y en viva luz trocada la vé resplandecer. (12) 

La raza vencedora diezmó cruel á la indiana, 
Pero tendió sus alas la civilización, 

Y por trescientos años la Patria americana 
Durmió y creció al abrigo del gótico león. 

Y la vetusta Europa que desploma al peso 
De su miseria, como retiembla el Potosí, (13) 



COLON Y EL NUEVO MUNDO 53 



Y el mineral despide que en sus entrañas preso, 
Rompe la dura valla que le sugeta, asi 

Sus hijos fué lanzando de América ¿ los montes, 
Sedientos y desnudos y sin hogar ni pan : 
Veloz rebaño inmenso de rápidos Bisontes 
Que arroja ¿ las praderas del hambre el rudo afán. 

Oh América ! tú eres el arca bendecida 
De todos los que corren de su ventura en pos, 
Desheredados de ella por quien les dio la vida. . . 
Muy grande es el destino que te reserva Dios ! 

No importa, no, que ahora tu rico y feraz suelo 
Presente un cuadro horrible que en tu dolor no ves, 
Porque el semblante escondes bajo sangriento velo, 

Y ciega, con el hierro das hierros á tus pies ! 

No importa, no, que ahora tu libertad, lo mismo 
Que el Guao de tus florestas, cuyo hélito mortal, 
Ó mata ó enagena, sepulte en negro abismo 
Á cuantos le consagran su adoración leal. 

No importa, no, que imbécil caterva ahora insolente 
La libertad proclame y el sable sea su ley; (14) 
Cernícalos que baten sus alas dulcemente, 

Y asi aletargan, beben su sangre toda al buey. 

No siempre ¡Dios eterno! no siempre los caudillos 

Han de imperar potentes; un dia llegará 

En que los pueblos rompan sus ominosos grillos, 

Y sepan lo que valen la Patria y libertad! 



54 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



El alevoso tigre luchando con el A/ifa, 
Encima se le aferra seguro de vencer; 
Pero ella contra un árbol se cierne y le quebranta, 
Ó en el cercano rio le obliga á perecer. (15) 

Asi los que del pueblo se apoyan en los hombros, 
Y porque está debajo vencido le creen ya, 
Olvidan que si él alza los brazos, en escombros 
Por tierra, astillas hecho, su trono arrojará. 



• • • 



Si, América, mas bella rutilará mañana 
La suspirada aurora de paz y redención ; 
No puede, no, incompleta dejar la soberana 
Bondad, la grande obra que inauguró Colon. 

Escrita está una hoja del libro de tu vida. 
Una hoja, solo una, y tienes blancas mil ; 
El porvenires tuyo. Poder no hay que lo impida : 
La Europa ya te mira con inquietud senil. 

El cetro de la tierra tu empuñarás un dia, 

Y tu indomable raza levantará triunfal, 
Su frente iluminada como entre nieve fria 
El Cayambé que cruza la linea ecuatorial. 

Del polvo de tus chozas que aun arden, opulentas 
Ciudades con un soplo nacer la industria hará ; 
Como esas bellas islas que forman las tormentas, 

Y arrastra en su carrera veloz el Paraná. (16) 



COLON T EL NUEVO MUNDO 55 



Allá en el Orinoco se inundan las barquillas 
De peces, que hasta el borde las colman al huir : 
Asi la muchedumbre verás en tus orillas 
Los bosques y las sierras y la llanura henchir. 

Y ella do quier activa, los gérmenes fecundos 
Que Dios puso en tu seno desarrollando irá, 

Y en valles y montañas y piélagos profundos. 
De tu grandeza el sello, genial estampará. 

Y entonces venturosa, libre, potente y grande, 

i Quién detendrá tu carro, de triunfos precursor? 
jY quién osará entonce trepar soberbio al Ande, 

Y allí cortar las alas al Cóndor vencedor ? 



Ah ! entonces, madre mia ! celeste y clara lumbre 
Con cívica guirnalda caerá sobre tu sien, 
' Y nubes de azahares, naciendo á su vislumbre. 
Absorberán la sangre que mancha ahora tu Edén. 

Y tus rebeldes hijos con fraternal abrazo 
Sus odios y rencores por siempre olvidarán, 

Y soltará, rugiendo de gozo el Chimborazo, 
Para decirlo al mundo, su acento de Titán. 

Y al verlos abrazados, su férvida plegaria 
Unidos elevando con puro corazón. 

No gemirá en su losa dos veces funeraria. 
De ira y de vergüenza la sombra de Colon ! 

Ni se alzarán de noche los esqueletos yertos 

De nuestros viejos padres que sin descanso están, 



fecu0€ ^ ^li'U x4- ^'^ .^'^^- "^^^ 



/ 






56 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



Y á quienes tanto oprobio, baldón y desaciertos, 
La maldición arranca que Dios echó ¿ Satán ! . . . 

¡ No más ! i no más ! . . . las cuerdas del arpa sacudidas 
Estallan, no pudiendo templar mi ardiente sed. . . 
Se chocan las ideas hirviendo confundidas. . . 
Perdóname, oh América, si en algo te ultrajó! 

Ay! lejos de la Patria que amaga un vil tirano, 
Aun cuando entera guarde mi fé en el porvenir. 
Abrojos punzadores caen de mi herida mano, 
Revueltos con las flores que recojí al partir ! 

Madrid, 1850. 



(1) El apreciable critico don Juan Valera , observa con justicia que 
los poetas hispano - americanos se han inspirado á veces en la hermosura de 
la naturaleza de su pais natal , y la han descrito en valientes , harmoniosos 
y sentidos versos . 

Larga es la lista de las poesías consagradas en varios idiomas al inmor- 
tal genovés ; pero en ninguna de las que conocemos , hemos encontrado 
la originalidad que reviste la del Sr. Magarifios, quien ha tenido la feliz idea 
do tejer al descubridor del Nuevo mundo una primorosa guirnalda formada 
con las imágenes mas sorprendentes de aquella región maravillosa ; los 
pensamientos , ora tristes ,, ora grandiosos y risuefios , que sugiere su esta- 
do social y político , y la contemplación de los gloriosos destinos que le 
reserva el futuro y le vaticinan al par^de sus inspirados poetas, ilustres 
pensadores en uno y otro hemisferio. — Juan Thompson, 
1853 

(2) Véase el Apéndice . 

(3) Según refiere Humboldt, al pasar la Cruz del Sud por el Meridiano 
está casi perpendicular, y en ciertos parajes y á cierta hora se pone derecha 
ó inclinada . 



COLON Y EL NUEVO MUNDO 57 



Son igualmente notables y han sascitado muy curiosos comentarios los 
signientee yenos de Dante en El Purgatorio, Canto I : 

lo mi yolsi a man destra, e posi mente 
AlPaltro polo, e vidi quattro stelle 
Non viste mai , fuor che alia prima gente . 
Goder pare va il Ciel di lor fíammelle . 

Ozanam en su erudita obra (Dante et la philosophie catholique au treiziéme 
iiéele) sostiene que las revoluciones aparentes que cambian el aspecto de la 
bóveda celeste, se encontraban ya descritas en los libros de Tolomeo, y que 
los observadores árabes hablan descubierto varías constelaciones vecinas al 
polo antartico . 

Mitre en su bellísimo canto Al 25 de Mayo de 1844 , dice : 

c Del Andes cordilleras orgullosas 
Que corona la ardiente Cruz del Sud ]» . 

Cúmpleme declarar que la forma de la invocación de la poesía á Colon 
me fué inspirada ó sujerída por las dos prímeras estrofas del ref erído canto. 

(4) Merece leerse en Prescott (Historia ds los Reyes Católicos) el rela- 
to de las peripecias por que pasó Colon . Cedian por lo regular al contagio 
de su genio y le apoyaban fervorosamente los humildes, como el Ouardian 
del Convento de la Rábida Fray Juan Pérez de Marchena, que fué confesor 
de la Reina, sobre la que ejercia gran influencia, y á quien se debe induda- 
blemente que el desdichado marino no se alejara para siempre de España , 
y consiguiera al fin los medios de realizar su propósito . 

Los que se tenian por mas sabios , lo mismo en la famosa consulta de 
Salamanca que en la Corte , en nombre de la ciencia declaraban absurdas 
BUB teorías, quimérico é impracticable su plan, con citas griegas y latinas re- 
forzadas con textos de los libros sagrados , que condenaban como heréticas 
las proposiciones sostenidas por el audaz navegante. 

c Colon tan sinceramente católico, dice un publicista oriental en su nota- 
ble Iktrodüocion á la Historia del P, Lozano, estaba perdido en este terre- 
no : en él era tan herético en geografía , como lo fueron , después , Copér- 
nico y Galileo en astronomía » . — Andrés Lamas, 
1873 

(5) La diadema , símbolo de la conquista de América, no es en rigor 
una simple metáfora . Habia varias entre los objetos con que obsequió Co- 
lon en Barcelona á la reina al regreso de su primer viaje . 

c Al aproximarse á la muralla , dice un historiador , salieron á recibirle 



58 COLON Y EL NUEVO MUNDO 



y felicitarle machos jóvenes nobles de la Corte y caballeros de alta alcomia, 
seguidos de un vasto concurso de gentes del pueblo. Su entrada en aquella 
ilustre ciudad se ha comparado á los triunfos de los conqpistadores roma- 
nos . Primero venían los indios, pintados según su usanza selvática, y ata- 
viados con sus adornos de oro . Después seguian varias especies de loros 
vivos y otras aves y animales desconocidos, y plantas raras que se suponían 
de preciosas cualidades ; habiéndose cuidado de hacer también ostentoso 
alarde de diademoa induu , brazaletes y otros adornos de oro, que diesen 
idea de la opulencia de las recien descubiertas regiones « El último seguía 
Colon á caballo, rodeado de una brillante comitiva de nobleza espaftola. 
Las calles estaban casi intransitables de gente ; las ventanas y balcones co- 
ronados de damas, y hasta los tejados llenos de espectadores. -* WíUkmg^ 
ton Irving, 

Adolfo Berro dice, hablando del nuevo mundo, que Colon, al tomar, 

el encono 

Del mar burlando y el viento , 
Cual mugeríl ornamento 
Echó á los pies de Isabel . 

Imitación feliz de una imagen algo hiperbólica de un poeta francés, que 
hace arrojar al marino genovés sobre el regazo de Isabel cada nueva Espafia 
que iba descubriendo . Berro cita los versos : 

. ¿Qu'est devenu ce temps oü le marin Qénois 
r- Jettait á son retour quelque Espagne nouvelle, 
Comme im joyau de f emme , aux genouz d*Isabelle ? 

(6) Como no tuvierais el don de hacer milagros y las vocaciones de aanto 
y beatificado por lo menos, { ah ! no alcanzabais jamas ni un altar, ni una apo- 
teosis, ni una efigie, ni una luz, en esta tierra de la igualdad natural, donde, 
cada piloto se cree un Colon, cada sargento un Cortés, cada rábula un Cer- 
vantes, cada Orbaneja un Velazquez, cada Gerundio un Granada, cada Barro- 
co un Berruguete ó un Herrera; y todos juntos no tienen para qué admirarse 
de nada ni de nadie absolutamente, cuando aquí, de hombre á hombre, no te 
nada, y en queriendo y empeñándose, salimos todos por donde nos lleva el 
gusto, el cual nos hace ó destratar al mas merecedor de loa y corona, ó per- 
demos todos, derribados los unos por los otros, y confundimos al igual, igno- 
rantes é ignorados, en el peor de los comunismos concebidos por la eztraTB- 
gancia, en el comunismo de la nivelación intelectual — Emilio Ccutelar^ 
1883 



COLON T EL NUEVO MUNDO 59 



(7) Paeblo mejicano. 

(8) Tucutumeno, río de Venezaela. 

(9) Oigamos al docto Jesuíta (el P. José de Acosta) por breves momen- 
tos y veremos como del nuevo mundo brotaban, en germen, toda» las cues- 
tiones que, todavía hoy, se debaten entre los teólogos y los naturalistas.^ 
A, Lamas, 

1873 

(10) Las bocas del Conil, situadas en la costa septentrional del Depar- 
tamento de Yucatán (Rep. mejicana) entre el río de Lagartos y los bajos de 
Cayo, ofrecen el curíoso fenómeno de que habla el texto. Invadidas por el 
mar, surjen de su fondo manantiales de agua dulce, que saltan en medio de 
las ÉiguBs saladas. 

(11) Si queréis que os lea la posterídad, haced buenos estudios, prínci- 
piando por el de la lengua nativa. 

No tenemos . la menor inclinación á vituperar la conquista : atroz ó no 
atroz, á ella debemos el orígen de nuestros derechos y de nuestra existencia, 
y mediante ella vino á nuestro suelo la parte de civilización europea que pu- 
do pasar por el tamiz de las preocupaciones de Espafia. — Andrés Bello. 

Recibo estos ruidosos aplausos no como tríbutados á mi pobre palabra, si- 
no como un espléndido homenaje de simpatía que la noble Espafia envía á 
través de los mares á los pueblos, en cuyos labios puso este idioma majestuo- 
so en que todos hemos maldecido á los verdugos de la tierra, honrado en la 
tamba la memoría de nuestros padres, y glorificado bajo las bóvedas del tem- 
plo el nombre de los mártires generosos que se sacrificaron en todos los 
tiempos por la eterna causa de los principios del derecho y de la democra- 
cia. — Héctor F. Várela, 
1884 

(12) Varios árboles de América y muy principalmente el algarrobo del 
Orinoco^ destilan por sus grietas unos copos de goma, que encendidos, arden 
como una vela hasta que se consumen. 

(13) El famoso cerro de Potosí, fué el mayor galardón de la conquista 
de América, por los raudales de plata que derramó sobre la monarquía espa- 
fiola, y que empezaron por elevarla á un grado insólito de prosperidad, para 
precipitarla después en un abismo de desgracias. ¡ Cuántos déspotas, cuántas 
guerras, cuántos vicios, cuántos crímenes se hubiera ahorrado la Espafia, y con 
ella la Earopa, si no hubiese tenido á su disposición las minas de Potosí I ... 

P. Y O. II 



60 FIBRAS VITALES 



La psAahm ppotocsi, en la lengua quecchua quiere decir ccosa que revien- 
ta :d y se dio este nombre al cerro, para expresar la inmensa cantidad de 
metal que abrigaba. — Pedro de Angelxs, 
1835 . 

(14) Parece inútil advertir que este apostrofe se refiere únicamente á 
los corifeos de nuestras revueltas, sin mas norte ni bandera que bu engran- 
decimiento personal, y que nada tiene que ver con las instituciones republica- 
nas. £1 autor se honra en declarar que ha escrito un libro (Ensayo histórico 
POLÍTICO SOBRE LAS REPÚBLICAS DEL Plata) con el úoico objcto de probar 
que en América no es ya posible ni conviene otra clase de gobierno. —Nota 
publicada en Madrid. 

(15) El ruido de gajos de árboles que se quebraban, y el bramido de un 
tigre que se repetía, fué el anuncio de la aproximación de la Anta, que con 
el tigre á cuestas y la cabeza inclinada hacia el medio de las manos se pre- 
cipitaba, refregándose contra robustos y espinosos árboles en que iba dejan- 
do el tigre su piel á pedazos, sin abandonar la presa, hasta que arrojándose 
al rio se sumerjió la Anta, y el tigre extremadamente quebrantado fué con- 
ducido por la impetuosidad de las aguas que aun crecían, á la opuesta costa 
de dicho rio. — Juan Manuel de la Sota. 

1841 

(16) Véase la nota 11 del Romance Sin piedra ni palo. 

X I 

FIBRAS VITALES "' 

( A UN caído ) 

Lidia — no por la vida ó la victoria, 
Mas lidia por tu honor.... 

JÜUO ARBOLEDA. 

» « • 



En la cuchilla v el llano , 
De fresca ?ombra cubierto 
El ombú se eleva ufano , 



FIBRAS VITALES 61 



Siempre é los ranchos cercano 
Como el genio del desierto ; 

Pro teje el pajizo techo 

Y brinda con mano franca 
Al viajero abrigo y lecho : 
El huracán mas deshecho 
De su base no le arranca . 

Puede con mortal congoja 
En la recia sacudida 
Ver volar hoja tras hoja ; 
Ó el rayo que el cielo arrroja 
Calcinar su copa erguida . (2) 

Mas sí no tocan las llamas 

Las raices protectoras , 

Tu sávra , ombú , desparramas , 

Y pujantes , vividoras , 
Haces brotar nuevas ramas , 

Así el hombre que al embate 
De las pasiones ó el vicio 
Cediera en letal combate , 
Hundido en el precipicio , 
Si en su pecho oculta late 

Una sola vital fibra 
Que electrize su alma yerta, 
Ante el rayo que ella vibra 
De su letargo despierta, 

Y de la muerte se libra. 



62 FIBRAS VITALES 



Como el árbol de la vida, 
El ¿rbol de la conciencia, 
Aunque tronchado, escondida 
En sus raices anida 
Su reparadora esencia. 

Y si no tocan las llamas 
Las raices protectoras. 

Tu savia, oh virtud! derramas, 

Y potentes, vividoras. 
Haces brotar nuevas ramas. 

En el mas impuro seno 
Puede matar el veneno, 

Y en la mas villana frente 
Borrar la mancha de cieno. 
Quien se humilla y se arrepiente. 

Le basta un sublime anhelo 

Para elevarse del suelo 

Tan alto que al mundo asombre, 

Y si perdona en el cielo 

Dios ¿ será menos el hombre ? 

Alma pecadora, escucha : 
Tu esfuerzo no te avergüence 
Aunque tu afrenta sea mucha; 
La redención es la lucha, 

Y el que lucha con fó, vence ! 



1864 



FIBRAS VITALES 63 



(1) La eapresion del bien deja an surco mas hondo en la conciencia 
humana, cuando recibe el auxilio de una forma bella. — Ensayemos, pues, 
naeetras fuerzas; desarrollemos con el ejercicio continuado las facultades 
intelectuales del alma, tratando siempre de salir de la vulgaridad, á que nos 
conduce con frecuencia la suma docilidad con que acatamos opiniones y 
juicios desautorizados. —Sin emancipamos por completo y en el momento 

^ actual de la tutela y de los modelos estranjeros, tratemos de imprimir un 
sello oríjinal y propio á nuestras producciones, y habremos entonces ganado 
mucho terreno en el sentido de establecer una literatura nacional. — Hoy es 
una aspiración, mañana será una realidad halagadora.T-En este punto el 
acuerdo de ideas y la unión de esfuerzos, pueden muy bien cimentar esta 
obra, que será la mas grande obra del patriotismo y el fruto mas preciado 
del trabajo. — Carlos Muñoz Anaya . 
1878 

(2) Un ombú plantado cerca de la casa, si es mas elevado que el techo 
le sirve de pararayo, robando el fluido eléctrico á las nubes tempestuosas, 
pero con la diferencia, de que los pararayos construidos por el hombre, no 
sufren al descargar una nube mas que un ligero sacudimiento, mientras 
que los árboles son más ó menos destruidos. Sin embargo, cuando son des- 
truidos por el rayo, han preservado ya el edificio que tenian inmediato. Por 
consiguiente, es muy útil en los campos tener árboles cerca de las casas ; y 
el ombú es entre todos el más propio para defender nuestras habitaciones 
del rayo, por su elevación y su naturaleza acuosa. — Marcos Sasire, 

1858 

El semanario vive, pero cuánto trabajo nos cuesta conseguir materiales 
dignos de presentarse á.un público inteligente I Sudo para zafarme de los 
hueros y chirles como Vd. los llamaba . Los yuyos abundan, no así las flo- 
rea delicadas . 

Las Fibras Vitales no podian llegar en mejor oportunidad . Esa poesía 
es una perla de bello oriente, aun á los ojos menos avisados . Encuentro 
originalidad en el pensamiento y en la manera de expresarlo ó sea el ropaje 
que lo viste. El marco no desmerece del cuadro. 

Thompson á quien se la leí anoche, dice que de estos garbanzos entran 
pocos en libra. Se acuerda de Vd . con mucho cariño y pruebas de estima . 
Juan viene de modo que si Vd . le mira de un lado es un español , y si del 
otro un santo. Cuando presenta la faz peninsular echa congos y emplea el 
verbo . . . con frecuencia . El otro lado se lo busco poco ; pero todo él es 



64 EDUCAR ES REDIMIR 



para mí un tesoro, un hallazgo caido del cielo, un eco de mi juventud, un 
amigo que me conoce in enüs et in ente, y con quien estamos siempre á partir 
de un confite y también de un peso. — Juan María Gutiérrez, — Véase pA- 
gina 38 nota 1 § segundo. 



1864 



XI I 



EDUCAR ES REDIMIR 



A DON EDUARDO FLORES 



(1) 



Donde mas imponente el Océano 
Se agila entre las sirtes espumoso, 
Microscópico insecto, silencioso. 
Entreteje sus hilos de coral. 
En vano la ola ruje; la corriente 
Quiere en vano tomar otro sendero; 
Desde el abismo el invisible obrero 
Sigue alzando su red de pedernal. 

Sobre el hirvientemar va se divisan 
Los primeros confusos lincamientos, 
Donde arrojan las olas y los vientos 
Tierra y semillas que fecunda el sol. 
Una isla, tal vez un continente. 
Que la furia del piélago quebranta, 
Cual poderoso diíiuese levanta, 
— De la futura humanidad crisol. — 



EDUCAR ES REDIMIR 65 



No de otra manera los humildes, 
Los oscuros obreros de la ciencia, 
Sacrifican su mísera existencia 
En aras de la pública salud. 
Ignorados, sublimes arquitectos, 
De una obra salvadora, grande, inmensa, 
Les dá la sociedad por recompensa 
La miseria, el desden, la ingratitud ! 

La fortuna, la gloria, los honores 
Rara vez los buscaron generosos; 
Pero qué importa! si al morir dichosos 
Realizado contemplan su ideal ? 
Los que en el tierno corazón del niño 
De la virtud arrojan la simiente, 
Los que la luz esparcen en su mente. 
Llenan una misión providencial. 

iQué es el hombre? . . una fuerza — ángel ó bestia- 
Un ser que abandonado á su egoísmo. 
Sigue á la noble libertad, lo mismo 
Que se entrega á la infame esclavitud. 
La educación, la educación tan solo 
Contra el mal, la abyección, el despotismo, 
Un puente salvador sobre el abismo 
Levanta con su mágica virtud! 

El origen de todos nuestros males 
Esconde su raiz en la ignorancia ; 
Iluminar el alma de la infancia 
Es el reino de Cristo preparar. 



66 EDUCAR ES REDIMIR 



En los humildes bancos de la escuela 

De la regeneración está el secreto : 

«Dadme la educación y yo os prometo 

La faz del mundo en breve transformar. » (2) 

Juventud de mi patria ! nunca vuelvas 
Á buscar en los campos de matanza, 
Con el hierro sangriento de la lanza, 
Al rayo fratricida del canon, 

La grave solución de tus problemas 

No se desata el nudo con un tajo: — 
Lo desata el estudio y el trabajo, 
La fé en la libertad y en la razón. 



Imita á los pacientes constructores 
Que á las ondas enfrenan con su malla; 
Ni fies al azar de una batalla 
Tu lábaro: — educares redimir. 
Fija la mente en Dios, tendido el brazo 
Á la lucha, á la acción, audaz camina; 
Abre el suroo, fecúndalo, ilumina, 

Y te dará su cetro el porvenir ! 

Con palabras de aliento y esperanza, 
Con la inmensa bondad del Nazareno, 
Bálsamo brinda al que te dio veneno, 

Y estiende con sublime caridad 

Tu mano á cuantos sufren ; regenera 
Al ignorante, al débil, al caido, 

Y funda en el amor el bendecido 
Imperio de la ley y de la paz ! 



EDUCAR ES REDIMIR 67 



No te pido por eso que cobarde, 
Lo sacrifiques todo á la existencia : 
Si peligra otra vez la independencia , 
Ó estiende vil tirano su capuz 
Sobre las patrias libertades, firme, 
Baja arrogante á la palestra fiera ; 
Combate y muere al pié de tu bandera ! 
Sube al Calvario con tu santa cruz 1 

Divorciada del bien, qué es esta vida?. . . 
El tedio abruma el corazón del hombre. 
Aunque riqueza, poderío, renombre, 
Para probar su temple le dé Dios. 
Criatura de estirpe sobrehumana. 
La sed del infinito la atormenta, 
Y sonrie al caer en la tormenta. 
Si deja un rastro luminoso en pos ! 

1874 



(1) Leída en el teatro de Solis, la noche del 15 de Mayo de 1874, en la 
festividad artística y literaria, á beneficio del respetable educacionista D. 
Arsene Isabelle, sexagenario y enfermo, con el objeto de facilitarle el regreso 
á Francia, su patria. 

(2) Pensamiento de Leibnitz. 

Si afiSdó ad un egregio scrítore deirUruguay, Alessandro Magarifios Cer- 
vantes, autore di versi lodati (tra i quali specialmente quelli raccolti sotto il 
titolo : L{u Brisas del Plata), e di un volume importante di studi storici , 
politici e sociali sopra il Rio della Plata , rincaríco di mettere insieme un'an- 
tologia poética degli scrittori dell'Uruguay. II Magariños Cervantes vi ha 
puré merítamente fatto posto a sé stesso, e ch'egli non vi sia un intruso 
basterebbero a provarlo le due brevi graziose strofe seguenti intitolate: 
Duhbio (Duda): 

P. Y o. 12 



68 EDUCAR ES REDIMIR 



Donde acaba la vida?.... do la muerte?.— 
¿Al morir viaja el hombre peregrino, 
Y mejorando en ser, en forma, y suerte. 
De astro en astro prosigue su camino?.... 

¿Ó sin romper el misterioso lazo, 
Que encadena á la tierra el alma humana, 
Renace de la tumba en el regazo, 
Ayer flor, ave hoy, mujer mañana?.... 

che el giovene poeta italo-americano Giovachino Odicini Sagra ha tradotto 
cosí : 

Dove la vita ha fin?... dove la morte? 
Viaggia, morendo, l'uomo peregrino, 
E migliora nelPcsser, forma e sorte 
D'astro in astro seguendo il suo cammino?... 

O, sempre avvinto al laccio misterioso 
Che incatcna alia térra l'alme umane. 
Dolía tomba rinasce nel riposo, 
leri augello, oggi fíor, donna dimane? . . . 

Sonó oltre sessanta i poeti uruguaiani chiamati a contribuiré a questa 
raccolta o bcn 235 le poesie che si furono accolte. In tutte si puó diré 
esservi un sentimento elévate, e la massima parte di esse é consacrata a ce- 
lebrare la liberta e la grandezza della patria. 

Per lo scopo al quale fu destinato e che venne giá felicemente raggiun- 
to, del che si deve particolarissima lode alio zelo del Magariños Cervantes, e 
per Taffetto che quclla splendida térra americana inspiró sempre agli Italia- 
ni, un albo di poesie deH'Uruguay deb'esser il benvenuto fra noi ; che ci 
dimostra un forte consenso di quei poeti in un pensiero dominante che in- 
spiró il canto del Magariños Cervantes con cui la raccolta si chinde : Educar 
£8 REDIMIR. — Angelo de Gubernatis. 
1879 

No es de estraüar que á despecho de la oposición de hombres de gran 
valer, la poesía haya conquistado una alta posición, y que, en cada dia que 
pasa, estienda y afirme más su imperio sobre la imaginación y sobre las 
conciencias, invadiendo audazmente los dominios psicológicos. En este 
sentido la poesía ha hecho y hace más por la mejora y por el conocimiento 
íntimo del hombre, que cuantos estudios filosóficos se han emprendido. 
cEl hombre y sus enfermedades invisibles, lo que es y lo que debe ser,» tal 
es, valiéndome de las palabras de un escritor moderno, la interminable espi- 



EDUCAR ES REDIMIR 69 



ral en que asciende la poesía moderna, marchando en tomo de un eje sin 
encontrarse jamás sus estremos. Así se vé que por lo que respeta al hombre 
íntimo, la poesía inicia, la filosofía explica y la prosa vulgariza, y que por 
esta triple operación llega á formar parte del fondo del gran tesoro del sen- 
tido común, lo que al principio se presentó como una brillante paradoja. Y 
en esta carrera precipitada de las ideas, mientras que la filosofía se entre- 
tiene en espllcar, y la prosa en vulgarizar, la poesía sigue su marcha 
ascendente hacia la región de luz, marcando con una columna de oro el 
gran paso dado por la humanidad, y dejando muy atrás á sus auxiliares en 
la labor constante del progreso. 

Bajo este punto de vista, la poesía, puede considerarse hoy como un mé- 
todo do enseñanza superior, que coadyuva eficazmente al progreso moral 
en el sentido de la Inglaterra y de los Estados Unidos, los dos pueblos 
mas progresistas del mundo. Estas dos naciones trabajan hace mucho 
tiempo por mejorar la condición social por medio de la mejora parcial de 
los individuos, á la inversa do los Alemanes, que pretenden regenerar á la 
humanidad entera por medio de esos ensalmos universales que se llaman 
sistemas filosóficos ; y á la inversa t^imbien de les franceses, que hace 
sesenta afios se agitan en el círculo vicioso de las revoluciones, buscando 
instituciones adecuadas al hombre, antes de haber formado los instintos del 
hombre, ó lo que es lo mismo, el hombre adecuado á las instituciones . 

La cuestión gefe en Inglaterra y en los Estados Unidos, es la que se 
relaciona con las almas y las conciencias. Así se les vé contraer todas sus 
facultades á la propagación de las sociedades morales que mejoran las 
costumbres, al desarrollo del espíritu religioso, á la difusión de la instruc- 
ción primaria que mejora la condición del hombre, y derramando con pro- 
fusión por el universo toda la palabra poética del antiguo y nuevo testa- 
mento. Por eso ha dicho un escritor norte-amcríoano: — «Tenemos ya bastante 
ciencia popular ; lo que falta á nuestros hijos son libros capaces de formar 
sus instintos.» Este es el rol que desempeñan en la mejora del género 
humano los libros de poesía, que como se ha dicho, son los que forman 
la conciencia de un mundo mejor. Si ellos nos faltan, ¿con qué los reem- 
plazaremos ? — Bartolomé Mitre. 
1854 



XII I 

HUMO 

(después de la lectura de un manuscrito perteneciente á un doncel, pretendido 

■ 

naturalista que se ocultaba bajo el seudónimo Un Ostrogodo). 

« « « 

¡ Cargue contigo el diablo y con tu casta ! 
Yo soy viejo , pardiez ! y el alma siento 
Más que la tuya joven y entusiasta. (1) 

No imprimas tu librejo ; es nauseabundo , 
Y tu positivismo el de un ilota 
Hambriento , ó desalmado y vil pirata : 
Haces bien en firmarte : Un ostrogodo ; 
Mas sofoca la envidia que te mata , 
Aun vivo , como un cáncer devorándote . 
Fuera del arte y la virtud , idiota , 
i Qué hay digno de envidiarse en este mundo 
Donde cual humo se evapora todo ? 



Apenas entreabierta se deshoja 

La flor de la ventura y la belleza : 

Zozobra es la riqueza , 

Tal vez duro grillete, honda congoja ; 

Su espléndida panoja 

Que se disuelve como leve espuma , 



HUMO 71 



Traidora con su fausto nos abruma 

Bajo la rueda instable 

Que gira en espantoso remolino , 

Y al que ayer levantó pone hoy abajo . 

Cuantas veces ¡ sarcasmo del Destino ! 
Justiciero tal vez , tal vez inicuo , 
Es mas feliz que el rico el miserable ; 
Más que la renta próvido el trabajo 1 (2) 

Si un alto fin no abona su propósito , 
Aun al carro del genio encadenada , 
La gloria que usurpada 
Por vedados senderos mal sé adquiere , 
Sordo murmullo que en el aire vaga , 
Relámpago veloz brilla y se apaga , 
Cual meteoro que encendido muere . 

¡ Hasta la ciencia misma es ilusoria ! 

i Qué es lo que sabe el hombre , comparado 

Con lo que ignora ? . . . 

Su insensato orgullo 
Á Dios le pone pleito , y arrogante , 
Criatura finita y transitoria 
Cree todo descifrar, sin ver, oh ciego ! 
Que en el crisol de la verdad eterna , 
Lo que oro él estimó , tórnase escoria , 

Y vidrio ruin lo que juzgó diamante . 

Si su sello purísimo no imprime 
La virtud á lo bello y á lo bueno , 



72 SILENCIO 



Es cuanto ensalza el hombre y cuanto anhela 
Miseria y humo, vanidad y cieno. 



1878 



(1) Vd. es poetad natura: no lo fué por la exaltación transitoria de la 
juventud , y lo muestra la persistencia de su inspiración en estos afios ya 
altos ó maduros de la vida, que Vd. y yo alcanzamos actualmente. 

El rumor de sus nuevos versos habia llegado hasta mí, antes de recibir 
su afectuoso recuerdo. Habia leido una que otra estrofa transcritas en los dia- 
rios, y le agradezco la ocasión que me dá para leerlos por entero. Leo con 
dificultad versos nuevos, pero vuelvo á oir con placer la voz querida que 
tanto exaltaba mi imaginación joven, cuando Celiar apareció en Madrid, y 
era rápidamente leido en España y en sus Américas. — Nicolás AvelUmedom 
1882 

(2) Tales son los efectos de la economía, tales los resultados del des- 
orden, que muy á menudo el pobre es el acreedor del rico. — UHaussez, 

1851 
Dejad los tonos muelles de la lira de Anacreonte y Safo. La poesía del 
siglo XIX tiene una misión mas alta. Palpite en vuestras obras el sentimiento 
moral. — Andrés Bello. 

X IV 

SILENCIO 

Ante el mal incontrastable 
El hombre no se lamenta , 
Mira al cielo , calla y muere , 
Sin exhalar una queja . 

Ante la infamia triunfante 

De la canalla rastrera , 

El silencio solo es grande 

Todo lo demos, . . flaqueza. (1) 
1881. 



¿CUÁNDO, DÓNDE, CÓMO?... 73 



(1) Alfredo de Vigny, hablando de lo que se hace en la tierra^ y de lo 
que en ella, al partir, dejamos, dice: 

c A voir ce que Ton f ait sur terre, et ce qu'on laisse, 
» Seúl le silence est grand; tout le reste est faihlesse, » 



XV 



¿CUÁNDO, DÓNDE, CÓMO?... 

Á D . DEMETRIO AMADOR DE LOS RÍOS , CATEDRÁTICO DE LA 

UNIVERSIDAD DE SEVILLA (l) 






Infortunado mártir 
Que en aras del deber , 
Sacrificaste impávido 
Todo mundano bien : 

¿ Por qué en el suelo clavas 
Los ojos con dolor , 
Y duda horrible anubla 
Tu mente y corazón ? 

¿ Ves la virtud , escarnio 
Del torpe vicio audaz , 
En la miseria al bueno , 
Doquier triunfante el mal ? (2) 

— Si no hay justicia, dices , 
Tampoco existe Dios , 



74 ¿CUÁNDO, DÓNDE, CÓMO?... 



1862 



La vida es un sarcasmo 

Y el mundo una irrisión ! 

Yo he sido desgraciado 
Desde que vi la luz , 

Y hasta la fé abandóname 
Al pié del ataúd ! 

¿ En dónde, cuándo, cómo. 
Castigo ó galardón 
Tanta maldad y penas 
Recibirán, oh Dios? 

Dijo , y en fiera angustia , 
Con honda ira tal vez , 
En las crispadas manos 
La sien dejó caer . 

— Para el castigo ó premio , 
(Oyó dentro de si 
La voz de su conciencia — 
Que replicaba al fin) : 

El hombre tiene un dia , 
Pero El , el Inmortal , 
La Omnipotencia tiene , 
Tiene la eternidad ! (3) 



(1) Véase el Apéndice. 

(2) Entre las mas odiosas manifestaciones del mal en la tierra y que 
sirven á algunos ilusos para negar la providencia y la justicia divina, invó- 
case á menudo el cúmulo de desdichas inmerecidas que parece pesar á veces 



SIN PIEDRA NI PALO 75 



como «na maldición sobre las personas mas meritorias, y la enorme despro- 
porción que existe entre la calidad y la cantidad del mal, ocasionado v. g. por 
un Nerón ó nn Rosas, y el castigo que se le dé. 

c En ciertos infortunios ó prosperidades, — observa incidentalmente un 
distinguido escritor uruguayo, y la observación vale una respuesta á la pri- 
mera objeción, — que parecen obra del acaso, si uno reflexiona un poco, ba 
de encontrar relación entre algún acto suyo, y el aconteciuíiento próspero ó 
desgraciado que csperimenta, y ba de reconocer que si bay virtudes y culpas 
que escapan al premio ó al castigo de los hombros, ellos reciben siempre la 
recompensa, ó el castigo de Dios . j> — Enrique de Arrascaeta. 
1864. 

(3) El cantor de Granada describiendo la sorpresa y saqueo de Zaharn, 

dice: 

« Fueron por Dios tristes horas 
Las de nocbe tan sangrienta ; 
¡ A quién de ella pidan cuenta 
Malas cuentas ha de haber ! . 
Que si hay justicia en los cielos 
De tanta vida inocente , 
Una vida solamente 
Ha muy mal de responder . » 

José Zomlla , 

En el orden del tiempo, es decir, en la esfera de lo finito y de los me- 
dios humanos, el problema es insoluble ; pero no sucede así en el orden de 
la eternidad, es decir, en la esfera de lo infinito y de sus atributos, que ul- 
trapasan todo cálculo, toda posibilidad, toda medida y todo límite. 

XVI 

SIN PIEDRA NI PALO '"^ 

(Romance Uruguayo) 

AL DR. D. DOMLN'GO ORDONANA (2) 

I 

Con el puñal en los dientes, 



Las boleadoras (3) al diestro 
Cuadril atadas, el poncho (4) 
Á la cintura sujeto, 



p. Y o. 



n 



76 SIN PIEDRA NI PALO 



Y el chiripá (5) de bayeta 
Sobre la cabeza envuelto ; 
En girones la camisa 
Destrozada por los recios 
Pajonales de la costa, 

Que ha recorrido de un trecho ; 

Los cabellos erizados, 

De frió sudor cubierto, 

Desencajado el semblante, 

Los ojos atrás volviendo. 

Llega á la margen del rio, 

Jadeante, azorado, trémulo. 

Un asesino alevoso 

Que ha escapado de su encierro, 

Á las armas condenado 

Por muertes, raptos, incendios. 

Huyó de Martin García 
Á nado, y llegar ileso 
Pudo á una isla cercana 
Por más que le hicieron fuego. 

La noche era oscura, horrible. 
Bramaba furioso el viento, 

Y el Uruguay sacudia 
Su cabellera de ébano, 
Orlada de espuma blanca 
Como la flor del almendro. 
En guirnaldas que flotaban 
Sobre montañas de acero. 

El miserable bandido 



SIN PIEDRA NI PALO 77 



De pavor y angustia lleno, 

Gritos oía, galope 

De caballos, son de remos ; 

Y era el viento que silbaba 
Entre los Talas y Ceibos^ 

Y el ronco hervir de la ola 
Que se aproxima rugiendo, 

Y troncos, árboles, ranchos, 

Y tal vez parte del suelo, 
Arrebata en su carrera 
Vertiginosa y sin freno. 

Ya era alta noche, y el prófugo 
Que al Fuerte miraba inquieto, 
Al ver acercarse el dia 
En furor cambia su miedo. 

Acaso cruzó su mente 
La horrible imagen del Cepo 
Colombiano (6) el de las varas 
De membrillo^ (7) azote fiero, 
Que sin duda le aguardaban 
Si tornaba al cautiverio 
De la fortaleza, donde 
Purgaba sus malos hechos. 

Desfiguró su semblante 
Honda contracción de nervios, 

Y helóse en sus labios cárdenos 
El entrecortado rezo 

Con que tarde ya invocaba 

En su auxilio el Dios del bueno; 



78 SIN PIEDRA NI PALO 



Y torvOjfebril, demente, 
En su rabioso despecho, 
Cerrado el puño, llamando 
Verdugo y tirano al cielo. 
Con espantosa blasfemia 
Asi gritaba frenético : 

— Por una Pelota (8) ahora 
Daria mi alma al infierno, 
Ya que si existe ¡ canalla ! 
Dios es sordo, manco y ciego! 



II 



Mudo silencio siguióse 
Á la tremenda blasfemia : 
El firmamento sombrío 
Rasgó luego una centella 
Que en el éter serpeando 
Como encendida culebra, 
Ver dejaba allá en el lúgubre 
Fondo negro de la selva. 
Como satánico espectro 
La espantosa silueta 
De algún Om6á centenario. 
Que sus garras gigantescas 
Hacia el reprobo tendia 
Chocando sus ramas secas. 

Con murmullo indefinible 
Por el rio mole inmensa 
Velozmente resbalaba, 



SIN PIEDRA NI PALO 79 



De enredaderas cubierta, 
De flores silvestres, juncos, 
Árboles, tupidas yerbas 
Acuáticas, y fibrosas 
Raices que en torno ondean. 

Á intervalos confundidas. 
Roncas, sordas, lastimeras. 
De su seno parecia 
Que extrañas voces salieran; 
Y acobardadas, confusas, 
Ora imitaban la queja 
Del ciervo herido, los ayes 
Del ñacurutú (9) en su cueva, 
Del Cimarrón (10) el aullido, 
El himplar de la pantera. 
El silbo de la serpiente, 
El grito de la vulpeja, 
El mugido de los toros. 
De la tórtola la endecha , 
Ó del jaguar el bramido. 

Quizá todo ilusión era . . . 
Acaso el rumor venia 
Del monte ó cercana tierra : 
Nada en la mole veíase. . . 

— Camaloíe! ... (11) ballenera 
Mejor que Pelota eres. 
Marchas sin remo ni vela ! 
Gracias, oh Diablo aparcero^ (12) 
Si viene de tí la ofrenda. 



( 



80 SIN PIEDRA MI PALO 



Aunque al infierno me lleves ! 
Clamó el desertor, v enhiesta 
La cerviz, de un brinco, osado. 
Saltó rápido á la bella 
Isla notante que iba 
Rio abajo como ñecha. 

Entonces volvió su rostro 
Saña respirando y fiera 
Sed de venganza el bandido 
Por su pasada Odisea, 

Y cruzando el diestro brazo 
Con el izquierdo, en ruin terna, 
— Para ti, Martin García ! 
Gritó airado, y con más fuerza 
Para ti, juez fariseo. 

Que al pobre á morir condenas 
Ó á servir eternamente, 

Y al magnate alcahueteas! 

Y con cínica sonrisa 
Mirando á la azul esfera: 
Para tí. Dios de los zonzos! 
Espantajo, tapadera 

De tantas iniquidades 

En este mundo de. . . perra! 

Seguro ya de salvarse 

Y escapará su condena, 
Rendido por el cansancio, 
Al pié de una madreselva 
Retorciéndolos primero. 
El chiripá y camiseta 



SIN PIEDRA NI PALO 81 



Se puso, formó una almohada 
Con la misma enredadera, 
Abrigóse con el poncho, 
Lanzó carcajada histérica, 

Y con apostrofe obsceno 
Sobre la florida yerba 
Gomo el potro sobre el pasto 
Se tiró cuan largo era, 

Y á poco en plácida calma 
Muy tranquilo en apariencia, 
Dormia el sueño de los justos 
Aquel corazón de hiena! 

¿En dónde está tu justicia, 
Señor, que el crimen detestas. 
Si en paz duerme como el bueno 
Quien viola tu ley severa? . . . 

III 

Entre celajes de nácar 
Que borda rosada fimbria, 

Y en ráfagas de oriámbar 
Por el Oriente rutilan, 
Sobre las aguas del Plata 
Que soñoliento se agita, 

Y se tiende en las riberas 
Que enamoradas palpitan 
Bajo la presión amante 
Desús olas aun dormidas, 

Y que despiertan al beso 
De la playa estremecida; 



82 SIN PIEDRA NI PALO 



Mientras en algas y juncos 
Que rumorosos se inclinan. 
Arranca y al viento esparce 
Lágrimas de amor la brisa; 
Por el abismo lanzada, 
Enorme bola rojiza, 
Surge el disco luminoso 
Del astro-rey, como el Inca 
Con el llántu (13) de oro y grana 
La frente imperial ceñida. 

Ligera nave que el rumbo 
Del viejo mundo traia, 
Avanzaba á toda vela 
Hacia la costa argentina, 

Y ú su diestra mansamente 
Por la corriente impelida. 
Fantástica deslizábase 
Cual jigante ave marina 
Del monstruoso Camalote 
La flotante, extraña isla. 

Sorprendidos, admirados 
Los Europeos la vían. 
Oscilar y rebullirse 
Cual ballena mal herida. 
Sin atinará explicarse 
Tan singular maravilla ; 

Y fué mayor su sorpresa 
Cuando rota la neblina 
Que en derredor la cercaba, 
Vieron próximo á la orilla 



SIN PIEDRA NI PALO 83 



Un bulto oscuro, liado 
Por una banda flamígera, 
Que al rayo del sol brillaba 
Con los colores del prisma. 

No sin trabajo en un bote 
Abordaron á la isla, 
Retrocediendo azorados 
Ante la escena terrífica. 
Ante el cuadro pavoroso 
Que hirió aterrador su vista. 

Como una estatua de bronce 
Por el fuego ennegrecida ; 
Como esos restos humanos 
Que el Uruguay petrifica : 
Como viajero apunado (14) 
En las cúspides Andinas, 
Cuando el cierzo de los páramos 
Le envuelve en su capa nivea: 
Rígido, hinchado, verdoso 
Por el veneno y la asfixia, 
Fijos y abiertos los ojos, 
Demacrada la faz lívida. 
Allí el criminal estaba 
De su propia audacia víctima. 
Con expresión indecible 
Rabia, miedo, angustia, ira 
Revelando en sus crispados 
Dedos y piernas torcidas, 
Y el horror y los tormentos 
De su espantosa agonía 1 

• 

P. Y o. 14 



84 SIN PIEDRA NI PALO 



Crótalo horrible irisado 
De azules y blancas listas, 
Que á trechos cruzan brillantes 
Manchas rojas y amarillas, 
Desde los pies á la nuca 
En espiral le envolvia. 
Con triple nudo oprimiendo 
Su garganta entumecida : 
Y del reptil la cabeza 
Como simbólico estigma. 
Sobre la frente del misero 
Se destacaba, dormida. 



El criminal sorprendido 
Cuando en sueños con delicia. 
Nuevos delitos acaso 
Forjaba su mente impía, 
En medio de las tinieblas 
Sintió invisibles, ferinas, 
Como las manos de un trasgo 
Que le sujetan y ligan, 
Por más que desesperado 
Relucha, forceja, grita, 
Queriendo romper en vano 
Aquella red damasquina. 
Que haciendo crujir sus huesos 
Fuerzas y aliento le quita; 
Y allí murió estrangulado 
Sin ver siquiera á la vívora. 
Misteriosa ejecutora 
Déla Nómesis vindicta! (15) 



SIN PIEDRA NI PALO 85 



Con el hierro ó la calumnia, 
Con el vicio ó la perfidia, 
Herid, matad, insensatos. 
Escarneced la justicia. 
Haced mofa de las leyes 
Humanales y divinas. 
Creyendo que entre las sombras 
Impune quedará el crimen. 
Temprano ó tarde, tremendo 
De la sanción llega el dia; 
Sin piedra ni palo el cielo 
A los malvados castiga, 
Y el que escapa en este mundo 
Bien la paga en la otra vida! (16) 



1884. 



El género descriptivo debo adquirir en América una existencia llena de 
energía j novedad, si lo realza y anima el pensamiento social, la idea civi- 
lizadora, que debemos pedir á todas las obras del talento . — Andrés Lamas, 
1842 

Nos poetas transatlánticos ha por via de regra demasiadas reminiscen- 
cias da Europa. Esse Novo Mundo que deu tanta poesia a Saint-Fierre e a 
Chateaubriand é assaz rico para inspirar e nutrir os poetas que crescerem a 
sembradas suas selvas primitivas . — Alejandro Herculano, 
1847 

(1) Leída en el teatro Solis en la velada litcrario-musical celebrada 
la noche del 6 de Junio de 1884 á beneficio de los inundados del Rio Negro. 

Cumpliendo el compromiso impuesto — pág. vii — y que hemos acepta- 
do sin falsa modestia por las razones consignadas en violetas t ortigas — 
pág. 6 — limitándonos por lo regular, en lo que nos concierne, á reproducir 
«penas algún párrafo de artículos que llenarían muchas páginas como el de 
Torres Caicedo en los ensayos biooráficx)s t de crítica literaria, trans- 
cribimos algunas líneas relativas á la fiesta, á las apreciaciones hechas por la 
prensa, y á la acojida que mereció al público el romance sin piedra ni palo. 

cLa poesía y la música,— dijo el Presidente de la Comisión, Dr. D. Manuel 



86 8IN PIEDRA NI PALO 



Herrero y Espinosa, al inangurar el acto, — confundiéndose en divino con- 
sorcio, se han puesto esta noche al servicio de la caridad:— olvidemos por al- 
gunos momentos que el dolor existe sobre la tierra, y escuchemos con el co- 
razón abierto el alado lenguaje de los suefios que van á entonar los cultores 
de lo bello.» — El Nacional, 

Ahí está el maestro, el de la lira do cuerdas de acero, el de los cantos 
inmortales — el que ha escrito las páginas de oro de la naciente literatura pa- 
tria. — El Bien Público, 

Nuestro viejo bardo, el cantor de celiab y AZARA ^ cuya juventud pa- 
rece ser eterna á juzgar por la frescura y el brillo de su inspiración, — hizo 
conocer una nueva joya de su corona de poeta, un verdadero byau lleno de 
bellezas literarias, de sabor criollo y de profunda enseñanza filosófica. — El 
(Jomercio de Independencia, 

Squarcio bellissimo pieno di quel colorito lócale che il chiaro Autore 
sa infondere alie &ue pregievoli produzioni.—L' /to¿ia. 

Bella poesía impregnada del colorido local que el Vate oriental sabe es- 
tampar en sus producciones. ' — El público pidió con insistencia que el autor 
se presentase en el palco escénico ; pero no fué posible encontrarle en el 
teatro. — El Siglo, 

La lectura — ¿por qué no hemos de ser francos? — no hizo resaltar ningu- 
na de las muchas bellezas del romance: además, la voz del lector es poco 
melodiosa; asi mismo el público entusiasmado que sabe que todo lo de Ma- 
gariños tiene que ser bueno, le llamó en vano repetidas veces para saludarle 
con sus aplausos. — El Ferro-Carril. 

Sacar al palco escénico al ilustre vate, era encontrar una cosa que no se 
le hubiere perdido á nadie. El Dr. Magarifios no so hallaba en el teatro; 
la concurrrencia recibió esta notificación con desconsuelo.— 2^ Tribuna 
Popular . 

(2) Dedicatoria — Excediendo la carta dirijida al Dr. Ordefiana y su 
respuesta, las breves dimensiones á que generalmente reducimos en lo posible 
las notas, las insertamos al fin del volumen en el Apéndice, donde las encon- 
trará el lector. 

(3) Las boleadoras — En la nota 62 del celiar he consignado por qué 
á veces pongo entre notas que me parecen oportunas por cualquier concep- 
to, otras innecesarias para los lectores americanos ; pero indispensables mien- 
tras no exista un diccionario de palabras y locuciones criollas, para otros 
lectores del opuesto hemisferio, donde circulan ó pueden circular los libros 
escritos en el Nuevo Mundo. 



SIN PIEDRA NI PALO 87 



Ud eradito italiano á quien á pesar do sa servil adhesión á un déspota 
abominable, deben gratitud las letras americanas por sus trabajos sobre his- 
toria en el Plata, especialmente como compilador , — describe así Las bolea- 
dora» en su Apéndice á la abqentina de Rui Diuz de Guzmnn : 

c Es un arma peculiar de los habitantes de estas provincias, y adopta- 
da después por los criollos. Consiste en tres esferas de hierro, piedra ó plo- 
mo, aseguradas á otras tantas sogas de cuero trenzado de cerca de tres pies 
de largo y juntas por el otro lado. Este arreo es inseparable de los que viven 
en el campo, que lo traen pendiente de su cintura á manera de una banda. 
De ellas se valen no solo para cazar sino para agarrar á sus caballos cuando 
se disparan. 

» En ambos casos mueven las bolas horízontalmentc, por encima do su 
cabeza, y luego que les han dado la necesaria velocidad, las arrojan con fuer- 
za á distancia de cuarenta, sesenta y hasta ochenta varas, paní que se enre- 
den en las piernas del animal. En el manejo de esta arma, los cani{>c8ÍnoH ó 
ganchos, como se les llama en el país, son de una destreza asombrosa, y es 
casi imposible que compita con ellos un extranjero. Las bolas son á la vez 
un arma y un medio de salvación y de subsistencia. Sin ellas un hombro 
aislado en los inmensos campos que se extienden desde los Andes hasta el 
Océano, no sería duefio de sus caballos, ni podría recoger su hacienda, ni 
suplir las, más veces á sus más urgentes necesidades » . — Pedro de Angelis. 

(4) El poncho -— Especie de capa cerrada que se mete por la cabeza ; 
se dobla sobre los hombros de uno y otro lado para poder jugar los brazos ; 
por delante llega hasta las rodillas, y por detras tiene generalmente un palmo 
más de largo. 

£1 autor del libro Diez y ocho meses en la América del Sud, publicado 
en París en 1878 por una de las prímeras casas editoras ( Plon et Compa- 
gnie ) , entre otras fantasías de mayor calibre como pretender que se llama 
indistintamente á nuestro país Banda Oriental, República Cisplatina ó Re- 
pública Oriental del Uruguay, dice hablando del gaucho y de su traje : 

c Son costume, égalemcnt coquct, témoigne d'une certaine recherche. La 
piéce príncipale en est le poncho, sorte de tunique sans manches faite de lai- 
ne de guanaquo, aux tons invariablement jaunes, tranchant sur le pantalón 
blanc flottant et la botte du cuir lo plus fín d . 

(5) El chiripá — Dos ó tres varas de bayeta, seda ó cualquier otra tela 
consistente, forman el chirijyá, que se envuelve al rededor de la cintura, unas 
veces suelto á g^isa de saya, otras recogido entre los muslos para montar 
mejor á cabadlo. £1 chirípá está sujeto por una banda ó tirador^ especie de 



88 SIN PIEDRA NI PALO 



canana, donde el gaucho guarda los avíos para fumar, el dinero, etc., y que 
sirve además para colocar atravesado el enorme cuchillo, comunmente de 
vaina y cabo de plata, su compañero inseparable, que no abandona en nin- 
guna ocasión ni circunstancia, y tan afilado, que, según se expresa Azara, 
puede un hombre afeitarse con él, 

(6) El cepo colombiano — Por el nombre parece inventado en América 
como el suplicio do {res^ cuatro y cinco estacas. Consiste el primero en suje- 
tar al hombre, atándole las muñecas por debajo de los muslos, y atravesándole 
un fusil, tercerola ó palo entre los brazos. Según la presión de las ligaduras 
y lu curva del cuerpo, que puede comprimirse hasta tocar el pecho con las 
rodillas; no hay paciente que resista cinco minutos aquella infernal tortura. 

Á pesar de estar abolido y castigarse severamente á los infractores por 
^os jefes ilustrados y do humanos sentimientos, suele practicarse aún por los 
subalternos y por algunos comiRarios do campaña en los parajes despoblados, 
como el medio más eficaz de asegurar á los desertores y criminales temibles. 

Vergüenza nos da decir que el cepo colombiano y el estaqueo, rezagos 
de costumbres bárbaras, que tienen sus similares en Europa, pero que el es- 
tado do nuestra cultura y las enérgicas protestas de la opinión pública tien- 
den á hacer desaparecer, todavía se han empleado, no hace muchos afios, 
hasta en el interior de las cárceles de algunas ciudades americanas, sublevan- 
do con justicia el anatema del mundo civilizado. 

(7) Las varas de membrillo — puestas en remojo y convenientemente 
aderezadas, según dicen los infelices reclutas y reos de infracciones á la 
ordenanza que están personalmente habilitados para dar testimonio de sos 
efectos, nada tienen que envidiar al Knout ruso ni al gato inglés de nueve 
colas . 

(8) La Pelota — El gran Diccionario de Serrano, empezado á publicar 
en Madrid en 1878 y terminado en 1881 (diez y seis tomos en folio de 1200 
pág. cada uno) con la colaboración de reputados y distinguidos escritores, se- 
gún rézala carátula, define nuestra PeZoto con estas lacónicas palabras: Na- 
vecilla muy usada en Buenos Aires. 

La descripción, aunque no lo dicen, está tomada del gran Diccionario 
francés de Larrouze, que evidentemente han utilizado en grande escala los 
colaboradores del español. 

La Pelota hace las veces de navecilla, es cierto, pero no es tal navecilla, 
sino una especie de balsa formada con el cuero seco de un novillo, recojido 
hacia arriba en forma de tinaja y enjaretado al rededor de la abertura por 
donde se mete el viajero. 



90 SIN PIEDRA NI PALO 



]» Cuando el río sube y extiende su caudal de agua, cubriendo las orillas 
inmediatas al camalotc, éste se encuentra libre del obstáculo que oponen á 
su marcba las configuraciones de la costa, y por poco que el viento lo em- 
puje hacia el hilo de la corriente, emprende su camino triunfal aguas abajo, 
hasta perderse desmembrándose poco á poco en alta mar. Los he visto fuera 
de sonda al enfrentar el Rio de la Plata, volviendo de la emigración. » — Un 
isleño, 

1883 

(12) Aparcero— ^0 es en el sentido de socio ó interesado en algún predio, 
industria ó negocio que el gaucho emplea esta palabra. En el trato familiar la 
usa como sinónimo de paisano ó amigo; pero cuando califica á alguno de su 
aparcero con intención, quiere significar algo excepcional — un afecto profun- 
do, entrañable, como el que ligaba á Castor y Polux— capaz de cualquier sa- 
crificio por el compañero de glorias y fatigas, ó de aventuras y desventaras 
como dicen ellos: 

« Aparcero de mi amigo 
Hasta el infierno lo sigo I » 

(13) El Llanta era en reah'dad la diadema que usaban los Incas: el dis- 
tintivo de la dignidad incásica. Se ha disputado sobre si era una simple faja 
ó cinta de oro con una borla ceñida á la frente, ó una especie de turbante de 
trenzas hechas de lanas de colores, c arreglado á manera de corona y no con 
puntos fiinó redonda, con una borla grana cortada muy igual y muy sutil- 
mente, metida por unos canutitos de oro hasta la mitad », según refiere Pe- 
dro Pizarro. Me inclino á creer que se componia de ambas cosas á la vez, y 
así se desprende del relato que acabo de citar, escrito por un testigo presen- 
cial que vio con frecuencia á Atahualpa, ó Atabalipa como él lo llama, en su 
prisión, y autor de un manuscrito examinado por Prescott que lo cita .á me- 
nudo, y publicado no ha mucho por los académicos Salva y Baranda. 

La relación de Pedro PizaiTo amplía con nuevos y cariosos datos las de 
Garcilaso, Cieza de León, Acosta y otros. 

Las telas que usaba en sus vestidos el monarca peruano eran de lana 
de vicuña, tan suave que parecia seda; á veces se ponía una túnica de pieles de 
murciélago, tan blanda y lustrosa como terciopelo; y llevaba rodeada á las 
sienes la borla imperial, cuyos hilos encamados entremezclados de hilos de 
oro descendian hasta taparle los ojos. 

« El Inca, considerándose como un ser superior, dice Prescott (1), ro- 



(1) Historia de la conquista del Perú— con obterraciones preliminorcí sobre la ciTilixacion de 
loa incas. 



SIN PIEDRA NI PALO 91 



dcaba 8u existencia de una majestad y pompa bien calculadas para deslum- 
hrar á su pueblo. Su traje era de la lana mas fina de vicuña, teñida con colo- 
res brillantes, y adornado profusamente con oro y piedras preciosas. Ceñíale 
la cabeza un turbante de muchos colores llamado el llantu; y una venda con 
borlas, como la que usaba el príncipe, pero de color rojo, con dos plumas de 
un pájaro curioso y raro, llamado coraquerujue^ que salian de olla; eran las 
insignias pertenecientes á la dignidad soberana. Hallábanse los pájaros que 
producian estas plumas en una región desierta de la montaña, y como se re- 
servaban exclusivamente para la confección de estas regias insignias, se im- 
ponia la pena de muerte al que los mataba. Cada monarca sucesivo tomaba 
dos plumas nuevas, y sus crédulos subditos creian firmemente que jamás 
hablan existido mas que dos individuos do esta especio para proporcionar su 
sencillo adorno á la diadema de los Incas, d 

Los precedentes párrafos pertenecen al cap. xxx, inédito, del libro que 
publicamos en La Razón (Apuntes sobre algunos poetas americanos, etc.) 
que tuvimos que suspender por faltamos algunos materiales. Tan pronto 
como nos sea posible lo terminaremos. 

(14) Apunado — Laguna es una enfermedad que acomete á los viaje- 
ros en las gargantas y mesetas de la Cordillera |)or la rarefacción del aire. No 
08 mortal, pero en el invierno suele serlo por la intensidad del frío, y enton- 
ces la muerte por asfixia es casi instantánea. Los cadáveres amoratados, con 
los ojos fijos y abiertos, los labios contraidos como si rieran, y si tienen 
punto de apoyo en las rocas ó en suelo, quedan en la misma postura en que 
les sorprendió la tormenta de nievo. He leido (no recuerdo dónde) que en el 
desierto do Atacama fué encontrada así una caravana entera, compuesta de 
máfl de doscientas personas, hombres, niños y mujeres. 

(15) Nemesis vindicta — Los antiguos, tan consumados artistas é inge- 
niosos en sus alegorías, personificaban en Nemesis, hija del Océano y do la 
Noche, la vindicta ó sea la venganza justiciera, que á veces tarda en llegar, 
pero al fin llega, y encuentra al que busca, por que tiene alas, lleva una tea 
encendida en la mano, y va rodeada de serpientes, ejecutoras de sus fallos. 

Chenier, el gran poeta sacrificado por la revolución, nutrido en el genio 
griego, ha descrito así en dos versos dignos de Homero á la implacable Di- 
vinidad : 

NEMISIS, la TARDIVE DÉESSE 

QUI FRAPPE LE MÉCHANT SUR SON LIT ENDORMI ! 

(16) La otra vida — Como por desgracia es mucha la gente que hoy 
en el mundo se sonríe ó aparenta sonreírse con desden ó con lástima, al 

P. Y O. 15 



92 SIN PIEDRA NI PALO 



oír hablar de la otra vida, no extrañará el discreto lector que ponga una pe- 
queña glosa á los dos últimos versos que encierran la moralidad de la com- 
posición. 

Todo lo que avanzan los modernos materialistas, sea cual fuere la deno- 
minación que adopten, y que explícita ó implícitamente afínnan la inutilidad 
de Dios, insensible por su naturaleza, caso que exista, á nuestras miserias, 
imprecaciones ó plegarias, y niegan por consiguiente la creación, la realidad 
del alma y la imposibilidad de las penas ulteriores, destruidos los órganos 
corpóreos, son cosas viejas, tan viejas, que Lucrecio el gran poeta suicida, 
que nació noventa y cinco años antes de J. C, viste con las galas de la más 
bella poesía -las doctrinas panteistas de Epicuro, y expone en versos admi- 
rables bajo el punto de vista del arto todos los argumentos fundamentales, 
repetidos en el siglo xix, aunque pulverizados mil veces desde la aparición 
del cristianismo, y que disfrazados con nuevos nombres se presentan hoy co- 
mo progresos y conquistas de la ciencia . 

En el poema De Rerum Naturce se encuentra ya el apostrofe : 

/ Tantum Religxo potuit suadere malorum ! 

\ A qué absurdos é iniquidades no puede arrastrar al hombre la religión I 
No dice más Proudhon en el cap. viii contra la Providencia en su famoso 
Sistema de las contradicciones económicas ó filosofía de la miseria . 

La afirmación absolulta de que de la nada no puede salir nada, ni aun 
con la intervención de un Dios : 

Nullam reni ex nihilo gigni divinutus unquam , 

reasume el libro de Hcokol : La crea^n expontánea . 

El gran Pan infinito, el vacío ó espacio sin límites, y el movimiento eter- 
no que produce todo por medio de la perpetua evolución y trasformacion 
de los átomos ó conjunto de las fuerzas ciegas de la naturaleza, eternas ó 
indestructibles como ella ( idea desenvuelta por Moleschott en su celebrado 
libro La circulación de la vida), superan cuanto sobre el particular dice 
Buchner en Fuerza y materia. 

Los conceptos ampulosos de Clootz, el orador del género humano. Córate, 
Ilolbach, Quyot y demás teófobos ¿ pueden equipararse acaso con su prosa 
descolorida, á los enérgicos y brillantes exámetros en que Lucrecio proclama 
la necesMad de emancipar al hombre por medio do la ciencia ó estudio de la 
naturaleza coiuo base de la moral, de todo temor vano (metus inanis) res- 
pecto de seres superiores á él, producto del fanatismo y de la superstición ; 



SIN PIEDRA MI PALO 93 



la mofa impía que hace de la Divinidad ; sus sangrientos epigramas sobre 
las penas de ultratumba, que parecen inventadas por los explotadores de la 
credulidad humana más para asustar á los vivos que para castigar á los 
muertos ? etc., etc. 

Y sin embargo, los mismos que aceptan, fundan sus sistemas y propagan 
estas doctrinas desoladoras, nos hablan de la moral, de la razón y de la jus- 
ticia eternas, expresión de la ley suprema del orden, que física y expirítual- 
mente, sin que la haya formulado ningún legislador, definen con Montes- 
quiéu : las relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas, 
y que explican á su modo al través de la pluralidad de las existencias, afir- 
mando su sanción ó sea el premio y el castigo como una necesidad absoluta, 
en esta vida ó en la otra, puesto que el destino actual del hombre es su propia 
obra, en la presente ó en otra existencia anterior. 

Así lo establece con acopio de datos científicos, y raciocinios que ofre- 
cen vasto campo á la meditación y el estudio, el autor de un curioso libro ti- 
tulado : Dieu selon lascience. Bruxelles, 1971. Mr. Poulin, su autor — que 
llama ilógico, candoroso y retrógado á Proudhon porque admite en hipó- 
tesis la posibilidad del orden sobrenatural, — se declara francamente ateo, y 
no solo juzga á Dios inútil, sino absurdo é inmoral, é incompatible además 
con la autonomía y libertad humanas. No obstante, concluye su alegato de 
bien probado (542 pág. en 8.**) en estos términos, que trascribo en su pro- 
pio idioma para que se forme cabal idea de sus conceptos: 

c Avec la certitude de Tordre absolu, j'ai le calme d'esprit qui est la 
condition de toute sagesse et Tencrgie de volonté qui est la condition de 
toute vertu. Tout est bien : done comme j'ai fait, je trouve, et comme j'aurai 
fait, je trouverai : mon mal-6tre actuel est mon ouvrage, et il faut que mon 
bien-étre f utur le soit de méme. L'anthromoporpliiste est dispensé de méri- 
ter: n'a-t-il pas pour toucher son Dieu et en obtenir des mi ráeles, la voie des 
sacrífices, des ofrandes. des priéres? Mes priéres á moi, qui n'ai rien ¿ atten- 
dro que de moi, mes offrandes, mes sacrifices au Dieu impersonnel, éternelle 
justicCf éternelle raison^ c^cst une longue serie d'actions mérítoires, c'es pour 
une vie ultérieure de repos, toute une vie actuellc de lutte et de combatí» 
— P. Poulin, 

La fraseología no puede ser mas elocuente y deslumbradora; pero el 
autor olvida que la clase menos ilustrada del pueblo y muchos do la mas 
ilustrada, confunden el símbolo con la idea y el dogma con la moral : des- 
truidos símbolo y dogma, todo viene al suelo en la mente y en el corazón 
de la generalidad de los hombres. 



94 UN CUADRO DE BLANES 



Por bao es tan exacto y profundo el juicio del autor de L09 Girondinos^ 
pintando el estado de perversión moral en que cayó el pueblo francés por la 
subversión del sentimiento religioso, que abrió ancha puerta al desenfreno 
de las malas pasiones. 

c El pueblo al sacudir la cadena divina do la f é en Dios que ligaba su 
conciencia, habia creido sacudir al mismo tiempo todos los vínculos del de- 
ber. El terror en la tierra habia debido reemplazar á la justicia en el cielo... .. 

c Una conciencia sin Dios es un tribunal sin juez. La luz de la conciencia 
no es otra cosa que la reverberación do la idea de Dios en el alma del género 
humano. Apagad á Dios, y la noche se hace en el espíritu del hombre; pue- 
de tomarse al acaso la virtud por el crimen, y el crimen por la virtud ». — A, 
de Lamartine, 
1849. 

Razón y sobrada tenia, pues, el cantor de avellaneda cuando ~ escribía 
después del fracaso de la cruzada libertadora encabezada por Lavalle, vati- 
cinando lo que hoy vemos, y condenando las doctrinas que entrañan en si el 
niaieriaVwno y el ateísmo^ y desconocen la noción imperativa del deber: 

€ Cuando una doctrina cualquiera se difunde en la sociedad, el sentido 
común deduce naturalmente sus consecuencias lógicas, y las lleva como re- 
gla infalible al ejercicio de la vida práctica.» — Esteban Echeverría, 1843 . 
Mayo 18 de 1884. 



XVI I 



UN CUADRO DE BLANES 



OFRENDA AL PUEBLO ARGENTLNO CON MOTIVO DEL CENTENARIO 

DE SAN MARTIN. 



Cuando trozando América sus grillos, 
Convocaba sus hijos á la gloria, 
Marchaban á la muerte ó la victoria 
Unido al Argentino el Oriental: 



UN CUADRO DE BLANES 95 



Y el mismo sol que iluminó en los Andes 
Las lanzas de Argentinos y Uruguayos, (1) 
Ciñó á las dos banderas con sus rayos 
Aureola, en Gaceros, inmortal! 

El astro de Ituzáingo los vio juntos 
Arrollar á las huestes imperiales ; 

Y entre salvas y cánticos triunfales 
Nació allí la República Oriental. 
Las montañas y selvas Paraguayas 
Vieron juntos cruzar á sus corceles, 

Y arrancar palmo á palmo sus laureles 
Á un pueblo que luchó como Titán ! 

Por su gran capitán el Argentino 

Alza á los cielos hoy triunfante Hossana, 

Y la patria Oriental su fiel hermana 
Una ofrenda á poner viene en su altar: 
De un hijo insigne el inspirado lienzo; 

San Martin en Rancagua noble ara (2) 

Do á recoger los lauros se prepara 

Que le esperan á orillas del Rimac! 

Como en la boca del Guazú encontrándose, 
El Paraná y el Uruguay se abrazan, 

Y con sus ondas, al unirse, enlazan 

Las dos riberas del Platino mar; 

Asi el pintor y el héroe nos enseñan 

Que del bien contra el mal en la pelea, 

Tienen solo ambos pueblos una idea, 

Un anhelo, una enseña, un luminar! 
1880 



96 EL RATO DE LA NUBE 



(1) El Batallón de Libertos núní. 8, que figura en el cuadro, mandado 
por el entonces coronel don Enrique Martínez, nuestro compatriota, es la 
continuación de la línea representada en la tela. Oportuno nos parece recor- 
dar que también formó parte del ejército argentino el Batallón núm. 9, 
mandado por el coronel don Manuel Vicente Pagóla, compuesto totalmente 
de orientales, que, como sus demás compaficros, dejaron en todas partes co- 
locado muy alto el nombre de los hijos de la Banda Oriental. Véase en el 
PARNASO ORIENTAL t. III , pág. 279, la nota puesta en la canción del pres- 
bítero don Juan T. Martínez, capellán del Regimiento núm. 9, al despedirse 
este, con motivo de su partida al Perú, en el afio de 1814. El glorioso es- 
tandarte que le pertenecía, se encuentra en el Museo Nacional. 

(2) En Rancagua sufrieron un sangriento contraste los patriotas al 
principio de la guerra de la Independencia. 



XVI I I 



EL RAYO DE LA NUBE <•> 



OFRENDA Á LOS HIJOS DEL PUEBLO MUERTOS EN LA EXPLOSIÓN DEL CUARTEL 
DE ARTILLERÍA, LA TARDE DEL 9 DE NOVIEMBRE DE 1 877. 



Oculta ó descubierta, una pelea 

Sin descanso es la vida, 

Impenetrable esfinje maldecida, 

Que ora aterra al mortal, ora le encanta: 

Una nube de muerte la rodea 

Do el mal siempre en acecho, 

De pronto se levanta; 

Un espectro en la sombra centellea, 

É invisible treúdor nos rasga el pecho! 



EL RAYO DE LA NUBE 97 



El sabio coronado por la ciencia; 

El héroe á quien bendice 

El genio de la santa independencia, 

Y dos veces su pueblo emancipado; 
El amante cantor que en abandono 
Contempla a la belleza enajenado; 
El rey sobre su trono, 

En medio de la pompa de su corte, 
Guardado por su fiel, brava cohorte; 

Y la misma belleza á quien la lira 
Inmortaliza en cántico inspirado; 
Valor, genio, hermosura, poderlo. 
Cuanto fulgor destella. 

Cuanto la tierra admira. 

De repente fugaz se desvanece 

Al estallido de veloz centella, 

Ü al soplo de una brisa tenue, vaga. . . . 

Todo ¡ay! desaparece 

Bajo tu ley Dios mió ! 

Como un astro que súbito se apaga, 

Como átomo perdido en el vacio! 

Ahi están sorprendidos por la muerte 
Esos pobres, valientes artilleros; 
Cuando un festin marcial les esperaba. 
Ahogados en los brazos traicioneros 
Del incendio que cruel les acechaba 

¡ Espantoso sarcasmo de la suerte ! 
Morir despedazados 
Bajo ruinas y escombros calcinados, 
Por un fatal descuido ! 



98 EL RAYO DE LA NUBE 



Sepultarse sin gloria en el olvido, 
Ellos que en sus ensueños triunfadores 
Ver la postrera lumbre 

Y tumba hallar creyeron en la altura 
Del campo del honor — cual los Condores, 
Que heridos por el plomo en la llanura, 
Al sentirse morir ganan la cumbre! 

Su pensamiento era 

Morir en la batalla, 

Al pié de sus cañones, 

Bajo lluvia de horrísona metralla. 

Cercados por infantes y escuadrones. 

En alto levantando su bandera! 

Su anhelo y gloria era 

En el supremo instante, 

Avanzar entre el fuego como tromba. 

Que arrolla cuanto encuentra por delante; 

Y al sentir que la bomba 
Tronchaba con el brazo el bota-fuego. 
Sostener de rodillas la cureña, 

Y sin aliento luego, 

Volver los ojos á la patria enseña. 
Que se aleja ceñida de relámpagos. . . . 
Saludar moribundos su bandera, 
En girones marchando á la victoria. 
Como ellos, destrozados, á la gloria; 
Deshecho el cuerpo, pero el alma entera ! 

Valientes artilleros. 

Ni siquiera caisteis en la fiesta 



EL RAYO DE LA NUBE 99 



Que alegre os esperaba al otro dia! 
No os fué dado escuchar en la agonía 
El fulmíneo estridor de los aceros, 
Las cerradas descargas, los galopes, 
La confusa y tremenda gritería, 
Del cañoneo la estridente nota, 
Las dianas, los redobles y los vivas. 
Las columnas que cruzan fugitivas; 

Y aquella sin igual, sublime orquesta 
Que como inmenso trueno ronca estalla 
En el terrible campo de batalla. 

El triunfo celebrando y la derrota. 

¡Vuestras frentes postró en mortal desmayo. 
Inesperado rayo! 

Dormid en paz al eco de mi canto 
Pobres hijos del pueblo!... Si un consuelo 
Puede caber en infortunio tanto, 

Y templar contra el Hado nuestro enojo. 
Es el valor intrépido, el arrojo. 

De vuestros compañeros, y de aquellos 
Que el peligro afrontando decididos. 
Vivo aún el incendio, humeante el suelo, 
Los pisos, los armones aún ardientes, 
Se arrojaron la vida despreciando, 
Entre escombros que el fuego desmorona, 
Por salvar á los míseros heridos... 
Grabar aquí sus nombres yo quisiera, 
Pero omitiendo alguno injusto fuera. 
Ya la gloria con fúlgidos destellos 
Ha ceñido á su sien una corona. 

p. Y o. i6 



100 EL RAYO DE LA NUBE 

Son orientales... ah!... si fuesen ellos 
Tan previsores como son valientes! 

¡Estirpe generosa 

De la raza que heroica en su agonía, 
Al mundo asombró un día 
En Numancia, Bailen y Zaragoza; 
Pídele á Dios aparte de tu cielo. 
La negra nube donde el rayo oculto, 
Estalla de repente en sangre y duelo, 
Al genio impío del mal rindiendo culto. 
Pídele á Dios piadoso que ilumine 
Tu frente en los peligros venideros, 
Y que siempre tus pasos encamine 
De cívica virtud por los senderos! (2) 

1877. 



(1) La Tribuna del 10 de Noviembre de 1877 contiene una relación 
detalliida de la catástrofe producida, según la versión más acreditada, por la 
explosión de una espoleta en los preparativos que se hacian, al arreglar los 
cartuchos y municiones para el simulacro militar y ejercicio de fuego, que 
debian tener lugar al dia siguiente en Punta-Carretas. 

€ Todo el edifício, dice La Tribuna^ que daba sobre la cuadra entera de 
la calle de Minas, estaba en escombros. 

» Las paredes se abrieron, cayendo á ambos lados, y los techos al des- 
plomarse, sepultaron á trescientos hombres que estaban allí reunidos en 
aquel momento. » 

(2) El lunes tuvo lugar, improvisada por la sociedad dramática Talia, 
de que es presidente honorario el Dr. Magariños Cervantes, una función en 
Solis á beneficio de las víctimas de la catástrofe acaecida en el Cuartel de 
Artillería. 

Entre los aplausos de un público inteligente fué leida una brillante 
composición poética titulada El rayo de la nube^ siendo al final de esta lee- 



EL RAYO DE LA NUBE 101 



tura llamado á la escena su autor y saludado con indecible entusiasmo y 
simpatía . 

Sin tiempo ni las aptitudes necesarias para juzgar cual se merece la 
producción de el verdadero representante de la musa uruguaya conteniporá- 
nea, no podemos, empero, resistir á la tentación de hacer presente, que en la 
poesía que nos ocupa, hay dos puntos á considerar: la concepción artística del 
bardo, y la digna acción del ciudadano. 

Los que quieran convencerse de que la poesía es algo más que una mani- 
festación de la belleza ideal, y que puede aspirar á ser elemento de ense- 
fianza, cuando no instrumento de castigo, no tienen más que leer la referida 
composición. 

¿Qué más es la vida que esa pelea sin término, que pinta el poeta en la 

estrofa : 

c Impenetrable esfinge maldecida i» 

Con cuanta oportunidad, bajo la dictadura que hoy pesa sobre el país, 

nos recuerda: 

c Al héroe á quien bendice 

El genio de la santa independencia, 

Y dos veces su pueblo emancipado i» . 

A cuantas reflexiones se prestan estos tres versos ! Para ser héroe, para 
ser Washington y emancipar á un pueblo dos veces, que tesoros de virtud 
no se necesitan I Combatir por la independencia de un pueblo es santo 
y noble ; pero emanciparlo después de sus malas pasiones, combatir por 
la libertad al dia siguiente de haber peleado por la independencia, tam- 
bién es santo. Mucho pudiéramos decir sobre esto ; cuánta razón tiene el 
poeta y cuántas aplicaciones podrían hacerse ! . . . 

Cómo pinta con irreprochable exactitud la vanidad de los que en un mo- 
mento de fortuna olvidan lo efímero de este mimdo, y los golpes que sufre 
el poder, el genio, todo . . . puede verse en la estrofa que empieza : 



y termina : 



c Valor, genio, hermosura, poderío . . . 

c Todo, ay ! desaparece 

Bajo tu ley. Dios mío, 

Como un astro que súbito se apaga 

Como átomo perdido en el vacío » . 

Esto equivale á un libro de historia : al espectáculo de Napoleón en 
Santa Helena. 

En seguida por una valiente transición, rasgo de poeta de buena ley, 



102 UNA HOJA 



fínjiendo ver envueltos en la confusión de una batalla, á los esforzados ar- 
tilleros que ni siquiera morir pudieron en un simulacro, nos presenta el ma- 
gestuoso cuadro en que nada falta : verdad animación, colorido : 

c Sostener de rodillas la cureña ...» 

Como una digna conclusión de la inspirada poesía, vienen los siguien- 
tes versos en que el autor compendia el pensamiento que domina su con- 
cepción, y deja escapar un grito de dolor que las desgracias de la patria 
arrancan á su alma : 

c Estirpe generosa . . . . » 

Mucho á la verdad necesitamos los orientales que Dios nos ilumine, 
encaminándonos por la senda de la cívica virtud .... 

Tócanos ahora felicitar al poeta por su preciosa composición; al ciuda- 
duno por las verdades que no oculta y los votos que eleva, y después de 
todo á los lectores, decirles: ahí va íntegra la poesía del Dr. Magarífios, 
leed la y llorad por los males de la patria. — Luis Melian Lafinw, 

Para abreviar esta nota hemos suprimido algunos párrafos y limitado al 
príeier verso casi todas las citas que hace el autor. 



XIX 

UNA HOJA PARA LA GUIRNALDA 

DE GENOVEVA E. CHARMY(i) 

Á D. JOSÉ M. TORRES CAICEDO 

Perla animada, vistoso el Nautilo 
Sobre la onda su vela tiende, 

Y al blando soplo del aura hiende 
La faz dormida del quieto mar. 
¡Pobre barquilla de azul y nácar. 
Si el viento ruje y mar se enoja, 
Sus velas pliega cual leve hoja, 

Y al hondo abismo se vá á ocultar ! 



UNA HOJA 103 



Viva esmeralda tornasolada, 
Aúreo diamante que centellea, 
Silfo encantado revoletea 
Entre las flores el Colibrí; 
Pero si aleve mano escondida 
Moja traidora sus verdes alas, 
Enturbia el agua sus ricas galas 

Y cae al suelo postrado asi. 

¡ Cuan pura y bella la Pasionaria 
Mece radiante su trono aério, 
Donde sublime brilla el misterio 
Que fué del hombre la redención!. 
Mas cuando en sombras espira el dia, 

Y el firmamento cubre la noche, 
La flor divina cierra su broche 

Y al cielo envía su emanación. 

Eras tú ¡oh virgen ! la perla, el ave. 
La flor que cierra nocturno ambiente, 

Y amor en vano ciñó tu frente 
Con la aureola del Serafín, 
Bramó la onda, vino la noche, 
Cayó en tu cáliz gota de fuego, 

Y en un suspiro con tierno ruego 
Dejó tu alma nuestro confín. 

Quedó en la tierra casto y suave 
Solo el perfume de tu alma pura, 
Pálido rayo de tu hermosura, 
Dulce memoria de tu bondad; 



104 UNA HOJA 



Y dentro el pecho del que te adora 
Fijo un recuerdo que nada altera, 

Cual astro inmóvil (2) que allá en la esfera 
Revela mudo la inmensidad. 

Forma celeste donde escondido 
Un pensamiento de Dios vivía, 
Profano el mundo no merecia 
Rasgar el velo de tu ilusión. 
Jamás se goza placer completo 
Aquí en la tierra, blanca paloma, 

Y nuestra dicha como el Aroma (3) 
Ciñe de espinas el corazón. 

La verdadera dicha sin nubes, 
Eterno faro de la esperanza. 
El bien supremo solo se alcanza 
En las regiones de lo ideal. 
Mientra engrillado lucha el espíritu 
Con la materia que lo asegura. 
Gozando sufre la criatura, 
Cóndor que oprime sierpe letal. 

Tú ya eres libre! .... Suene mi cántico 
Aunque me abrume fiera congoja, 

Y en tu GUIRNALDA mi humilde hoja 
Lágrima sea de mi dolor, 

Que á tu sepulcro lleve el Pampero 
Guando sus alas raudo desata, 

Y entre tus ondas también ¡ oh, Plata ! 
Llegue un suspiro de tu cantor! 

1865 



UNA HOJA 105 



(1) El mas delicado y tierno afecto ligaba al Dr. Torres Caicedo con 
esta encantadora y distinguida señorita, arrebatada prematuramente á la 
existencia cuando todo en ella le sonreía. En la Guirnalda poética que él le 
formó, figuran poesías de notables poetas americanos, entre ellas una del 
mismo Torres Caicedo, que se distingue por la ternura y el sincero dolor 
qne la han inspirado, á la que pertenece esta estrofa : 

Sobre el sepulcro que tu cuerpo encierra 
Broten galanas perfumadas ñores ; 
Que cunten tus amigos en la tierra, 
Pues recibes de Dios los resplandores. 

Ninguno de sus colegas, á quienas se dirijió con ese objeto, mostróse 
sordo á su llamado. 

c Cuanto le agradezco — nos decía al recibir la modesta ofrenda que le 
enviamos — su conmovedora elegía á Mademoiselle Charmy, elegía en que la 
novedad y el primor de la forma rivalizan con la patética y al par filosófica 
elevación de los conceptos ! Vd. sabe arrancar todos los tonos á su lira, que 
vibra en sus manos con hechizo irresistible, y son dignos sus acentos de Ge- 
noveva, criatura angelical, joven virtuosísima, cuyas dotes morales supera- 
ban á las físicas, á pesar de ser estas en ella poco comunes, muy inteligente, 
instruida, y dotada de los mas nobles sentimientos. Era francesa, pero por 
el tipo de su hermosura, por sus gracias y sus sentimientos, parecía ameri- 
cana. Como verá Vd. en el Carreo de Ultramar, sobre su tumba han cantado 
entre otros, A. Lozano y Ricardo Palma. 

]»Acepto con gratitud la dedicatoria que Vd. me hace. Esa distinción es 
para mí un grande honor, pues tan significativo testimonio de simpatía viene 
de parte de un cumplido literato y de un verdadero poeta. Su autógrafo, 
prenda de amistad, será conservado por mí con el mayor esmero» — JoséM, 
Torres Caicedo, 
1865 

(2) Nada hay inmóvil en el universo ; pero en el lenguaje vulgar y tam- 
bién en la astronomía, se llaman ^a« á ciertas estrellas cque guardan siem- 
pre la misma distancia sensible entre sí, no moviéndose jamas, al parecer^ 
de su puesto, quizá por ley tradicional desde la creación del mundo, y brillar 
con luz propia. » 

(3) Véase la nota I, pág. 21. 



106 QUERER ES PODER 



XX 



QUERER ES PODER 



(1) 



^L GENERAL p. jVÍELCHOR J^ACHECO Y PSES (2) 



Y EN SU NOMBRE 



Á TODOS LOS DEFENSORES DE LA HEROICA CAPITAL (3) 

I 

IN VOOAOION 

La defensa de Montevideo, en tan dilatado asedio 
y con las difícuItadcR que han rodeado á sus valientes 
defensores, es una verdadera epopeya. — A. Ddmas. 

Atrás! bellos fantasmas seductores, 
Que me tendéis los brazos anhelantes ! 
Atrás ! placeres, ilusión, amores, 
Dichas que vierten auras enervantes I 
Venga ceñido de inmortales flores 
El laúd de bronce que pulsara antes, 
Y en vez de idilios, magestuoso vibre 
Un canto varonil digno del libre ! 

Venid vosotros que elevando en coro 
Por la patria infeliz sentido ruego ; 
Pulsáis el harpa de marfil y oro. 
Ardiendo en almo, delirante fuego ! 



QUERER ES PODER 107 



Venid vosotros de valor tesoro. 
Héroes que invoco deslumhrado y ciego ; 
Venid y con el brio que os inspira, 
Templad las cuerdas de mi joven lira ! 

Venid vosotros que tenéis un alma 
De toda noble aspiración desnuda, 
Que cuando os brindan del honor la palma. 
Bajáis la frente con sonrisa muda; 
Vosotros, hombres que en estéril calma. 
Mientras el bravo vuestro pecho escuda, 
De salón en salón, cual sibaritas, 
Pasáis las horas en mundanas cuitas. 

Venid, mi canto vibraré terrible, 
Eco perdido de la voz divina, 

Y cual dardo veloz, indefinible. 
Sentiréis en el pecho aguda espina. 
Yo arrancaré la máscara invisible 
Que al egoísmo encubre y patrocina, 

Y haciendo de mi empeño noble alarde, 
Marca de fuego le pondré al cobarde ! 

Pero á aquel cuya diestra vencedora, 
Por la patria se alzara en la pelea, 

Y constante en la brecha, hora tras hora, 
Al rujir el cañón que centellea. 

Le vio la noche y le encontró la aurora. 
Yo grabaré en su frente jigantea 
El lema que abrillanta con su rayo, 

Y ostenta en su corona el sol de Mayo. 



p. Y o. 17 



108 QUERER ES PODER 



Sí. porque el vate que inspirado canta, 
Ha recibido una misión del cielo, 

Y por secreto instinto se levanta, 

Á contemplar desde la esfera el suelo. 
Sus lazos terrenales él quebranta, 
Cruza los orbes en etéreo vuelo, 
Y-en alas de su genio — blanca nube — 
Buscando eternos resplandores sube. 

Dame, Señor, torrentes de armonía! 
Déme un destello de tu luz bendita ! 
Déme la excelsa, sacra poesía, 
Que inspirabas al prófugo israelita! 
Dame el estro, la unción, la melodía, 
La vaga agitación nunca descrita, 
Con que á los rayos de la luna inquieta 
Sus salmos entonaba el Rey-poeta! 

Y puros cual del ave el primer trino 
Mis cantares al sol republicano. 
Den la paz y consuelo al peregrino, 

Y eterno insomnio al déspota inhumano; 
Digna ofrenda á los héroes que el destino 
En flor segara con impía mano, 

Que estremezca sus huesos en la fosa 

Y alzen de nuevo la cerviz gloriosa ! 



QUERER ES PODER 109 



II 

R06 A6 

Veía igualado con el polvo de sus pies lo que habia 
visto tan alto. — Los tiranos lo pueden todo hasta el mo- 
mento en que su tiranía acaba. — A. Lamas. 



Como Luzbel del cielo despeñado, 
Entre el lóbrego caos de la anarquía, 
De repente á los brindis de la orgía 
Un monstruoso gigante se elevó: 
Era Rosas ! el ángel maldecido, 
El hijo del Averno predilecto, 
Á cuyo horrible, tenebroso aspecto, 
La libertad despavorida huyó! 

Atmósfera de muerte llenó el aire, 

Y al brillo de su flámula escarlata, 
El puro cielo que refleja el Plata 
Trocó en rojo su fúljido arrebol ; 

Y la bélica trompa resonando 
Desató mas sañuda la tormenta, 

Y entre una nube pálida y sangrienta 
Se ocultó avergonzado el patrio sol. 

Lo voz omnipotente del tiraqo 
Evocó las legiones del profundo, 

Y al verlo victorioso v tremebundo 
Enmudeció la tierra de pavor : 



lio QUERER ES PODER 



Y la Nación tomando entre sus garras 
Al toque de campanas funerales 

Fué tirando con gritos infernales, 
Sus miembros palpitantes en redor. 

El Uruguay tan solo valeroso 
Alzó indomable la cerviz altiva, 

Y sin temer su saña vengativa 
Á combate retó al usurpador, 
Porque en su heroico corazón de mártir 
Ya se fraguaba el rayo que debia 

En polvo convertir la tirania. 

Tras larga noche de indecible horror ! (4) 



III 

CAQANCHA 



A los libres perínclita gloría, 
A la patria laurel inmortal . 

F. A. DE FlGUEROA. 



• • • 



En vano de Cagancha (5) en la llanura 
Mostraron los guerreros orientales 
Contra diez uno solo, su bravura. 
Conquistando laureles inmortales: 
En vano ante^sus lanzas, con pavura 
Las desbandadas huestes federales, 
Fueron cobardes á ocultar su espanto 
Del Uruguay entre el undoso manto. 



QUERER ES PODER 111 



IV 



ARROYO QRANOE 

Horrible fué el espectáculo que se siguió á la bata- 
lla. De los seis mil hombres que Rivera tenia bajo sus 
órdenes, á penas dos mil escaparon á la carnicería. £1 
coronel don* Gerónimo Costa en una carta escrita en el 
Arroyo Grande y publicada en los periódicos, decia : 
« Hemos tomado más de ciento cincuenta entre jefes y 
oficiales, que en el acto fueron ejecutados. » — Durand, 
Bosqu^'o de la hUtoria política de los Estados del Bio 
de la Plata, 



En vano todo, en vano ! 
Desde la opuesta orilla, 
De nuevo ocupó el llano, 
El monte y la cuchilla, 
El tigre enfurecido, 
Mezclando su alarido 
Al trueno del cañón. 

Valientes é indomables. 
Los libres Uruguayos, 
Al puño de sus sables 
Lanzáronse cual rayos, 
Gritando á sus hermanos : 
Al arma ! los tiranos 
Nos traen otra invasión ! 



112 QUERER ES PODER 



Los cerca el negro bando 
Con alarido horrendo, 

Y caen ellos peleando, 
Con fragoroso estruendo, 
Cual ancha catarata, 
Cual nubes que arrebata 
Bramando el huracán. 

Y en tanto que perecen, . 
Cual torvas oleadas 

Se cruzan, desparecen, 

Y en cargas redobladas 
Las lanzas humeantes 
Chispean cual diamantes, 

Y fiera muerte dan. 

El vencedor erguido 
Tocaba ya á degüello, 

Y un escuadrón vencido, 
Con un arranque bello 
Se revolvió indomable, 

Y la horda miserable 
Tres veces arrolló. (6) 

Duró un instante luego 

En medio de las balas, 
Sobre un volcan de fuego 
Tendió sus rojas alas 
El ángel de la muerte, 

Y aquel escuadrón fuerte 
De un sopló anonadó ! 



QUERER ES PODER 113 



¿Qué importa esa derrota 
Que el libre no merece? 
Del mártir que perece, 
La sangre pura brota 
Mil héroes, que se lanzan 
Con mas fervor v alcanzan 
Diadema de laurel. 

Cayeron! y tendidos 

Están sin sepultura! 
Sus huesos bendecidos 
Blanquean la llanura, 
Ó esmaltan el peñasco, 
Dispersos por el casco 
De indómito corcel ! 

¡ Cuan lúgubre se espande 
El grito de agonía. 
Que en el Arroyo Grande 
Lanzó la patria mía, 
Al ver tras la derrota 
Vertida gota á gota 
Tu savia, oh porvenir! 

Allí, allí caveron 
Sin doblegar sus frentes : 
Heroicos sucumbieron 
Cual mueren los valientes, 
Que en su ansia postrimera 
Con su inmortal bandera 
Se abrazan al morir ! 



114 QUERER ES PODER 



Venganza sus inultos 
Manes, oh Dios! invocan: 
Sus huesos insepultos 
Venganza! si los chocan 
Los vientos; y venganza 
Repite en lontananza 
Fatídico clamor! 

Y tú, Dios poderoso 

Y justiciero eterno, 
Contra un reptil odioso, 
Aborto del infierno, 
Que hasta de ti blasfema, 
¿Un rayo de anatema 

No vibrarás, Señor? 



le DE FEBRERO DE I S'^S 

¿ Qué veis ? Sangre, desolación, escombros por todas 
partes. Las especialidades de las correrías del tirano y 
Hus satélites, del uso que hacen de la fuerza bruta, no 
tienen semejantes.. .. ¿ Quiénes son los esceptuados de 
sus tremendas proscripciones ? ¿ Es dado acaso pregun- 
tarle como á Syla, cuando acaba el esterminio, quién se 
esceptúa de él ? — Manifiesto del Oobiemo, redactado 
por don Santiago Vázquez. 

• • • 

Señor, Señor, sus hordas infernales 
Después de aquel combate desastroso, 



QUERER ES PODER 115 



Entonando sus cánticos triunfales 
Adelante! gritaron, sin reposo 
Persigannos las huestes orientales, 
Que huyen vencidas con feral espanto; 
Sangre, esterminio, llanto, 
Desolación y oprobio, 
Nos sigan por do quier; 
Sucumban á los golpes 
Del plonno ó del acero; 
Que caigan sus cabezas 
Rodando á nuestros pies ! . . . 

Y siguiendo su marcha victoriosa 
Á torrentes la sangre se vertia, 

Y al llegar á los muros, silenciosa. 
Su bandera de muerte ya cubria 
Todas las glorias de la patria mia ! 

VI 

INTIMACIÓN 

£1 enemigo cuenta tornar la plaza por la perfidia, la 
fuerza ó el cannaucio, }' en su necia confianza, dispone 
ya como señor absoluto de nuesiras vidas y de la suerte 
de la patria. — José Rivera Indarte. 



Cual se desprende mole aterradora 
Que delante de si todo arrebata ; 
Cual columna de fuego destructora 
Que en mil giros radiante se dilata, 
Al sacudir la presa que devora ; 
Así imponente, aterrador, sombrío, 

p. Y o. i8 



116 QUERER ES PODER 



Con salvaje espantoso clamoreo, 
El vencedor audaz llegó ú tus puertas, 
Y con salva triunfal ¡destino impío! 
Estendiendo sus garras entreabiertas : 
De rodillas, gritó, Montevideo ! 

VII 

DESAL-IENXO — REACCIÓN 

Ilubiiiu piísíulü catorce disis ile In ley (sobre arma- 
mento (le lí.)s esclavos) y aun no se liabia cniíiplido, y 
el enemigo tenia tiempo para mostrar «ua lanzas y ba- 
yonetaH á la» piicrtaa de la casi indefenaa y abierta 
capital. — Wrigt, Apunte» históricos. 



Mas que al miedo, cediendo á su quebranto. 
Sintió en sus ojos la ciudad valiente. 
De coraje brotar acerbo llanto, 

Y recatando el rostro con su manto, 
Hundió en el polvo la abatida frente. 

Pero el aire vibraba estremecido 

En este Paladión americano. 

Que indomable á sus plantas vio rendido 

Al Ibero, al Bretón, al Lusitano ; 

Y su enérgica voz á los valientes 
Les decia : volad á la pelea. 

Allí donde de esclavos insolentes 

Altivo el rojo pabellón ondea ! 

Allí donde se forja la cadena 

Que amenaza tremenda vuestro cuello. 



QUERER ES PODER 117 



Donde al través del bronce que resuena 
Los tambores redoblan á degüello ! 
De patria y libertad al santo grito 
Que oirá la sierva grey despavorida , 
Es preciso trepar hasta el Cerrito (7) 
Ir á buscar al tigre en su guarida ! 

Y como el mar que desatado truena 

Y por las rocas bramador estiende, 

Con' hervidora espuma su melena 

Lanzaos sobre el terreno que defiende ! 
Al pié de los cañones, al silbido 

De las balas que cruzan centellantes ; 
Al estridor del sable, confundido 
Con los cráneos que ruedan palpitantes ; 
Vosotros, á la carga ! repitiendo 

Y agitando la lanza victoriosa, 

Entre el clamor de muerte y el estruendo, 
Abrid á los esclavos ancha fosa ! 

Y cual Iris después de la tormenta, 
Ó la luna rasgando nube obscura, 
Cubierta de balazos y sangrienta, 
Vuestra ensena aparezca en el altura ! 

Y nobles como el sol que ostenta ella, 
No olvidéis que el valiente que combate 
Por una justa causa, grande y bella, 
Aunque irritado el corazón le late, 
Combate y vence, pero no degüella ! 

En la embriaguez del triunfo encarnizados. 
No manchemos después nuestros laureles ; 



118 QUERER ES PODER 



Piedad con los que ilusos ó arrastrados 
Por la fuerza, á la Patria son infieles ! 
Entonce, si en el polvo los miramos, 
Abi'iendo nuestros brazos fraternales. 
Con el llanto en los ojos repitamos : 
Hermanos somos todos, orientales ! 

¡Av! si es de hierro la covunda fiera 
Que dos' tiranos á la vez foijaron. 
Cual la que al pió del alta Cordillera, 
Un dia nuestros padres quebrantaron. 
Con el hierro se compra la victoria. 
Se rompe el yugo vil con la metralla, 
Y no corona el ángel de la gloria, 
Á quien morir no sabe en la batalla ! 

VIII 

í A L- ARMA! 

Si la preriuncion del rebelde trac cudenaB y banderas 
rstrnngeras ai suelo de lu patria, si ee atreviese á acer- 
rarse á vuestro recinto, en él, yo os lo aseguro, encon- 
trará su estcnninio y el sepulcro del poder antisocial y 
tiránico á quien sirve con deshonor. — Proclama del Ge- 
nfral Rivera. 

• «t- * 

Pujante, varonil, llena de orgullo. 

Asi tronó la voz leve murmullo. 

Que fué creciendo cual cercano trueno. 
Respondió á su clamor. . . . hirió el oído 
De la Patria infeliz, v de su seno, 
Hondo, entrañable se escapó un rujido. 



QUERER ES PODER 119 



Y de repente 
De rabia llena. 
La noble frente 
Pura Y ?erena. 
Con un ¡av! ronco 
Del polvo alzó : 

Y al verse atada 
Con torpes lazos. 
Abriendo airada 
Sus fuertes brazos. 
Mis caros hijos 
Venid, gritó. 



Y ellos vinieron 
De honor radiantes, 

Y sostuvieron 
Como gigantes 

La Patria exhausta 
Que iba á caer : 

Y al imponente 
Atrás! que espanto 
Dio al mas valiente. 
Cual por encanto 
Vióse (i los seides 
Retroceder! 



120 QUERER ES PODER 



IX 

L_A DEFENSA 

El sol del 6 de Diciembre de 1842 al caer con sus lu- 
cetj al Occidente nos dejó : — batidos en el exterior ; — ^ 
8Ín ejército, sin soldados siquiera en el interior; — sin 
material de guerra; — sin dinero; — sin rentas; — sin cré- 
dito. — Wrigt, Apuntes hUVWlcos, 



Miseria, dolor, angustias 
En el hogar y en la brecha ; 
Negra tempestad deshecha 
Donde todo envuelto cae, 
Reposo, dicha, fortuna, 
Y tantas preciosas vidas, 
Á millares extinguidas 
En tus aras, Libertad ! 

Mas tiene Montevideo 
Hombres de genio y firmeza. 
De indomable fortaleza, 
De robusto corazón ; 
Hombres que revela y alza 
La tempestad de repente. 
Para luchar frente ú frente 
Con el tremendo ciclón. 

De esos hombres que no abaten 
Los reveses de la suerte. 
Que prefieren dura muerte 
A servil esclavitud; 



QUERER ES PODER 121 



Y que en medio el desaliento, 
Cuando todo palidece. 

En sus ojos resplandece 
Del patriotismo la luz. 

Y en el caos paseando 
Su mirada centellante , 
Gomo Dios en un instante 
Forma le dan y color. 
Ellos alzan su bandera 
Destrozada, v á balazos 

La sostienen en sus brazos 
Con indómito valor. 

Á su lado vil pigmeo 
Es el déspota gigante, 
Tirándole al rostro el guante 
Con arrojo de Titán. 

Y sin dinero, sin tropas, 
Con ruines cañones viejos, (8) 
Encienden á sus reflejos 

Del patriotismo el volcan ! 

Con fuerte mano arrebata íi 
Del egoísmo la venda , 
Para mostrarnos la senda 
Del heroísmo y virtud. 

Y enseñan con su alto ejemplo 
Que en los pueblos varoniles, 
Hallan los déspotas viles 
Bajo el trono el ataúd! 



122 QUERER ES PODER 



¡Montevideo! si ilustre 

Ya tu nombre el mundo aclama, 

Y si diadema la fama 
Humilde te viene á dar, 
Lo debes solo á la idea (9) 
Por la cual en tu regazo , 
La inteligencia y el brazo 
Combaten hoy á la par. 

Junto á Paz v Garibaldi, 
Thiébaut , Muñoz, Sosa, Flores, 
Con otros mil lidiadores 
De espartano corazón : 
Se alza Pacheco , Suarez , 
Herrera, Vasquez, Indarte, 
Con otros que el baluarte 
De tu genio ¡oh patria! son. 

Á su grito de Leónidas, 
De la libertad en nombre 
Se levantan como un hombre 
El argentino , el francés , 
El italiano , el ibero, 

Y hasta el inglés Alianza 

Que la justicia afianza, 
Como ella invencible es! 

Tu redención ya proclama 
La redención que tu dieras , 
Bajo el sol de tus banderas 
Al Africano infeliz; (10) 



QUERER ES PODER 123 



Y el que ayer mI?ero enclavo 
Gemia en oprobio y duelo, 
Hov alza la frente al cielo, 

•r 

Y libre nnuere por tí ! 

El pueblo que así provoca 
Con su heroica bizarría 
Tan general simpatía, 
Vencido no puede ser. (11) 
Su constancia, su denuedo, 
Han de triunfar en la lucha, 
Porque Dios al bueno escucha, 
Porque querer es poder! (12) 



APOTEOSIS 

Allí ho aprendido cómo se pelea ni enemigo, cómo 
He Bufieu lo8 padecimientos, y sobre todo, cómo eo re- 
siste con conbtancia en defensa de la causa sagrada de 
los pueblos á la prepotencia liberticida de los dés- 
potas . — Garibaldi. 

m * * 

El destino cobarde no traiciona 
Sino al nnenguado que vencer no espera : 
Al que lucha indomable, justiciera 
La mano del Señor no le abandona. 
Al que libre tremola su bandera 

Y se ciñe del mártir la corona. 
Vencido ó vencedor le unje la gloria, 

Y su nombre inmortal lega á la historia. 

p. Y o. 19 



124 QUERER ES PODER 



Si, QUERERES PODER, cl alma humana 
Todo en la tierra con la fé domina, 

Y ni el mismo cadalso la amilana : 
Al sacrificio intrépida camina 

Sin mas escudo que su fé cristiana, 

Y ni aun para morir la frente inclina 

Bajo el hacha fatal su pié en el suelo 

Toca el cadalso, su mirada al cielo ! 

Al pavoroso golpe del verdugo 

Saltará dividida la cabeza, 

Que doblarse no quiso al torpe yugo, 

Ni ceder al dolor y á la tristeza 

Con que probar su temple al hado plugo ; 

Mas vestida de luz v fortaleza, 

Libre v serena volará su alma. 

Del sumo Juez á recibir la palma ! 

1844 - 1860 



(1) Queriendo solemnizar este dia (18 de Julia de 1867), cuyo recucr- 
do no fué siempre respetado por las facciones que tantas veces comprome- 
tieron nuestra independencia y nuestra libertad con sus ambiciosos desmanes, 
con sus prepotentes actos, hemos pensado en una producción literaria que 
estuviese á la altura de nuestro propósito y de nuestro objeto. 

Recurrimos, como era natural, al poeta nacional que posee Montevideo. 

Esta poesía es la misma ipie fué leída en la noche del 25 de Mayo 
de 1844 en el teatro San Felipe, por el coronel don Lorenzo Batlle, actual 
ministro de Guerra y uno de los soldados de la homérica Defensa. 

El autor la ha reformado en alpfunas partes, y si posible os, la perfeccionó. 

Su argumento es la Defensa de Montevideo, esto es, una gloría verdade- 
ramente nacional, ante la cual se inclinan hoy con respeto hasta lo» que en- 
tonce» tuvimos por adversarios. 

En el 18 de Julio, el recuerdo de ese grandioso hecho importa eneefiar 



QUERER ES PODER 125 



prácticamente al pueblo, como supieron los héroes del inmortal asedio, con- 
servar incólume el testamento sagrado de los que nos dieron patria é inde- 
pendencia . 

El Dr. Magarifios, escojiendo este tema, mostró que comprende altamente 
la misión del poeta, para la cual Dios le dio corazón y cabeza. 

; Ojalá nuestros compatriotas comprendan lioy la lección que les ofrece ! 
— José A . Tavolara. 

(2) El general don Melchor Pacheco y Obes, no vio la luz en nuestro 
suelo; pero nos pertenece por habernos desde niño consagrado su vida entera. 
El genio guerrero de Pacheco, su inteh'gencia, sus virtudes republicanas 
constituyen una de las mns grandes y legítimas glorias do la América Latina, 
y como militar, la figura mas prominente del inmortal asedio de Montevideo. 
Rcvindicamos con orgullo para nuestra Patria la gloria de haber formado su 
carácter, y haber sido el teatro donde se desarrollaron sus facultades, y don- 
de bajo el influjo de los hechos que se producian en aquella lucha legendaria, 
el amor á la Patria, la abnegación, el heroismo, resplandecieron á veces con 
toda la magestad de la epopeya. La Defensa de Montevideo es hoy una 
gloria nacional como la de Paysandii, y ni esta ni aquella serán repudiadas 
por ningún oriental capaz de sentir y apreciar su grandeza. 

1878. 

(3) El autor de los anales de la defensa de Montevideo, refiriéndose 
a! acopio de datos y documentos que podrán servir de bosquejo para el gran 
cuadro histórico de aquel tiempo, dice: «época que encierra tantas lecciones 
mezcladas con el dolor de Jos infortunios, la magnitud de los sacrificios, la 
tristeza de las decepciones y estravíos, el heroismo, la constancia, la abnega- 
ción patriótica, y por último, las grandes virtudes ejercidas, que dieron fama 
y gloria á la resistencia de Montevideo, (La Nueva Troya según la llamó 
Alejandro Dumas) contra el formidable poder del tirano de Buenos Aires ; 
resistencia que, por la nobleza do su causa, despertó la atención del mundo 
civilizado y conquistó sus simpatías d. — Isidoro De-Maria. 

1883. 

(4) Toutce qui chez eux (los hijos del Plata) n'est pas imitation de 
travaux étrangers, mais ceuvre sincerément originale, se distingue par la li- 
bre allure et Tanimation du stylc, par la franchisc de la pensée. Leur poésie 
lyriquo semble tirer ses principales inspirations de l'ardeur guerriére et de 
la passion du mouvement, elle est commc avidc de lutte et d'espace; mais 

.souvent aussi elle est pleine de tristesse, car se fut principalement sur lea 
liommes qui se pefmettaient de penser et d'écrire que pesa la tyrannie de 



126 QUERER ES PODER 



Rosas. Les Mitre, les Echeverría, ]cs Ascasubi, les Mármol, cbantent les 
loogs voyages sur lam'.-r ou dans la plaino, les courscs eíEréaées du gaucho; 
mais ils racontent au:f4si la douIoureuHe bistoire des partís, les borreurs de la 
prison ct les drames sanglans da chainp de bataille. 

Dans la Bande Oriéntale ou République de TUruguay, les poésies de Fi- 
gueroa, de Hidalgo, de Gómez, de Magarifios Cervantes, ofErent les mémes 
caracteres d'audace aventnreuse et de tristes retours. C'est que Montevideo 
ressemblcá sa rivale Baenos-Ayres, qu'elle regarde á travers rimmense es- 
tuaire de la Plata. Comme cette ville, elle toucbe á de vastes plaines que 
parcourent librement les troupeaux; comme Buenos- Ayres, elle est le rendez- 
vous des gauchos, des Basques emigres et des commer^ans venus de tous les 
pays; en fín, elle aussi a dü subir la tyrannie militaire et tous les malbeurs 
des siégee et des révolutions — Élisée Redus. 
1864. 

Casi ul mismo tiempo que los primeros escritores argentinos pagaban 
cato tributo de su aprecio al joven poeta, que tan felizmente inauguraba su 
carrera, un viajero francés, que relató con bastante exactitud el estado de 
civilización de aquellos países, dccia al hablar del sefior Magarifios Cervan- 
tes: jócen que á los veinte años promete dotar a su patria con una poesía vi- 
gorosa y nacional (1). Este mismo viajero, entusiasmado con una composi- 
ción del autor de Ins Brisas, la bandera tricolor, dedicóle sin conocerle 
un largo canto, publicado en el Patrióte Frangais del cual tomamos la si- 
guiente estrofa : 

« Poete á la voix prophetique, 
Votre chant simple et pathetique 
Est IV'lan d'une noble ardeur; 
Oui, chaqué son de votre lyre 
CommiHiique ensemble et reKpire, 
Un entusiasme vainqueur: 
C'estainsi qu'un jeuue courage 
Doit á la veilie de l'orafi^e 
Chanter en revelant son coeur! » 

Ventura de la Vega. 
1852 . 

(5) Batalla dada el 27 de Diciembre de 1839 en este punto, donde fué 
completamente deshecho el ejército argentino invasor, comandado por el 
general Echagüe, muy superior al oriental, del que solo combatió una parte 
por haber sido sorprendido y desbandado en los primeros momentos. Se dice 



(1) Le Rio d€ la Piala, Montevideo, Bucuos-Ayrcs, par A. Delacoxxr, pág. 101— ParU 184f. 



QUERER ES PODER 127 



que Echagüe doRpues de haberse creído vencedor, perseguido de cerca, lle- 
gó y se azotó al Uruguay, y lo baadeó solo con uaa pequefid escolta. Tan 
grande fué la derrotu y la dispersión de los suyos ! 

(6) El escuadrón del coronel Luna, que cortado del resto del ejército 
oriental, volvió tres veces á la carga rodeado por numerosas fuerzas de caba- 
llería é infantería hasta que fué literalmente esterminado, según referían al- 
gunos de sus compafieroH que salvaron de la carnicería del Arroyo Grande, 
Este mismo coronel Luna, al acercarse al enemigo vencedor, pegó fuego á 
eu casa en Paisandú, para que no se alojase en ella. 

(7) Campamento general del ejército sitiador á dos leguas de Montevi- 
deo, en la misma altura donde se dio la batalla del Cerrito^ ganada por el 
general Kondeau á los españoles el 31 de Diciembre de 1812, tumba del po- 
der ibérico en la Banda Oriental. 

(8) Al invadir nuestro territorio el ejército de Rosas, fuerte de catorce 
mil hombres, perfectamente armado, la capital de la República Oriental se 
encontraba en el estado que describe Wrigt en las líneas que encabezan el 
§ IX pág. 120. Carecía de todo y todo se iiuprovisó en breves dias, suplién- 
dose la falta de cañones con los que existían de la antigua Cindadela y fortifi- 
caciones en la época de la dominación española, enclavados en las calles como 
postes, y se artillaron con ellos las trincheras, el Cerro y la isla de Ratas. 

(9) El dia — que ya tarda — en que se escriba la historia diplomática de 
la Defensa de Montevideo, se disiparán muchas preocupaciones vulgares, se 
corregirán muchos errores popularizados, so repararán muchas injusticias 
arraigadas ya, y los pueblos y los gobiernos encontrarán eu ella abundantes 
y útiles enseñanzas. 

En ella resaltará, ante todo y sobre todo, la eficiencia de las fuerzas ci- 
viles, morales é intelectuales á que se debió el triunfo de la Defensa de 
Montevideo, que fué el de la libertad en el Rio de la Plata. — Andrés Lamas. 
1881. 

(10) Por la ley de 12 de Diciembre de 1842, se declaró que no habia es- 
clavos en todo el territorio de la República, como un acto de rigorosa justicia 
reclamado por la civilización y la humanidad. Los batallones de libertos die- 
ron pruebas de que eran dignos de la libertad que se les concedía, y que se- 
llaron heroicamente con su sangre. Su redención fué á la vez una medida de 
alta política — que destruyó para siempre etíe cáncer social entre nosotros— y 
una de las grandes glorias de la Defensa. 

(11) Entre las demostraciones de aprecio que nos dispensó la prensa 
uruguaya, al regresar de Europa en Noviembre de 1865, conserva nuestro co- 



128 ¿QUIÉN SE ATREVE?... 



razón como uno de los mas gratos recuerdos, el testimonio de nuestra fé m- 

qiiebrantalile en el triunfo de Montevideo, consignado en la siguiente estrofa 

do la sentida pou<ía con que nos iionró el valiente cantor de las ARENAS DEL 

uuuoiJAY, el malogrado poeta oriental, vencedor en Buenos Aires en el certá- 

nieu poético de 1858, Heraclio C. Fajardo: 

(( Nueve afios! y ya tu lira 
Su triunfo vaticinaba, 
Porque la fé te alinnbraba 
Con profética intuición. 
Nueve años! y ya entrevias 
El porvenir alhagüefio, 
De que en poético ensueño 
Te hizo Dios revelación! » 

(12) Ademas del precioso libro de Smiles el poder de la voluntad, en 
el que se vé hasta donde alcanza la fuerza maravillosa de la energía y la per- 
severancia, en el carácrter, en las ciencias, en las artes, en el trabajo, en todo, 
el profesor Lessona ha publicado en 1809 un volumen que cuenti ya doce 
ediciones, titulado voLicuE K roTEitK (Querer r 8 poder) que termina con las 
siguientes líneas ; 

(í In tutte le etá giova educarsi a volere tenacemente, e se ne puó trarre 
giovamento anche alTultima ora della vita. 

» La nostra patria risorta ha bisogno del senno e delle braccia del suoi 
figli per consolidarse, per fiorire, per assumere stabilmente quel posto che le 
spetta tra le nazioni colte n 

» Giovani, i voHtri padri haiino fatto degnauíente il lore dovere; fate voi 
ilvostro; ricordatí^vi che 

VOLERE É POTERE. 



XXI 

¿QUIÉN SE ATREVE?../'^ 

'al DR. D. JUAN A. VÁZQUEZ 

« » « 

Cuando el derecho por la fuerza hollado 
Vé rodar al abismo su bandera, 
Y el pueblo que abatido desespera, 
En silencio devora su dolor : 



SAUDADES 129 



Cuando todas las frentes av! so inclinan 
Al resonar del látigo el crujido.... 
¿ Quién levanta del polvo al gran vencido '< 
¿Quién afronta al terrible vencedor? 

Solamente el patriota, el héroe, el mártir; 
Solamente el que abriga dentro el pecho 
La fuerza incontrastable del derecho, 

Y en su mente la antorcha del deber. 
Al eco poderoso de su acento, 
Lázaro rompo su funérea losa, 

Y radiante se eleva magestuosa 

La patria, en brazos de la augusta ley! 

1875. 



(1) EHcrítüfl en la primera páírina del Álbum proHentudo al Dr. Váz- 
quez, Juez L. de Comercio, que resistió valientt?íiieiite á todas las impo- 
HÍcione8 y medios reprobados que se pusieron en jue^ifo para amedrentarle; 
digno magistrado que supo sostener }' hacer triunfar con sus sentencias las 
sanas doctrinas, la moral y la justicia, contra las inicuas leyes ó ukasesque en 
el afio terrible (1875) decretaron el curso forzoso con efecto retroactivo. 

XXI I 

SAUDADES'"' 

( CARTA EN VricSO ) 

* * « 

En mi pecho reclinada 
Tu cabeza peregrina. 
Tu mano á la mia enlazada, 
Encantadora argentina, 



130 SAUDADES 



¿ Te acuerdas?. . . hoy hace un año 
Que entre mis brazos te vi ! 
Secreto amor misterioso 
Mi ser entero llenaba, 

Y en éxtasis delicioso 
En el mundo realizaba 
Un Edén mi frenes!. 

Nunca olvidaré las horas 
Que feliz pasé á tu lado ; 
Horas tan embriagadoras, 
Que aun palpita apresurado, 
Á su mágico recuerdo 
Mi juvenil corazón : 
Horas fugaces ó eternas. 
Que ora menguan, ora crecen, 
Desapacibles ó tiernas, 

Y despiertan y embravecen 
La adormecida pasión. 

Quiso la suerte enemiga 
De mi patria arrebatarme, 

Y ausente de ti me obliga 

Á gemir, cuando encontrarme 
Quisiera entre los que bravos 
Defienden su libertad. 
Jamás joven y robusto 
Pudiendo blandir la espada, 
Huyera con torpe susto 
De la caterva execrada 
Que hoy sitia la gran ciudad ! 



SAUDADES 131 



Salí de Montevideo 
Hecho el corazón pedazos, 
É irrealizable deseo 
Con mas apretados lazos 
Al suelo do está mi cuna 
Mi existencia encadenó. 
Para mí entonces un cielo 
Eran tus dulces cadenas, 

Y puros como mi anhelo 
Diez y nueve años apenas 
Contaba felice vó. 

Enfermo y por vez primera 
Separado de mis lares, 
Iba en nave brasilera 
Á cruzar los anchos mares, 
Dejando en incertidumbre / 

Tantas pe»«k6 tras de mí. / /i tt^c^a,) 
Por ellas con tierno ruego ^ 
Alcé plegaria sencilla, 

Y una lágrima de fuego 
Por mi pálida mejilla 
Rodar férvida sentí. 

Pronto á impulsos de la brisa 
Hinchó las lonas el viento, 

Y en pausado movimiento 
La nave, como indecisa, 
Veloz águila que tarda 
En remontarse, partió ; 
Mientras mi turbia mirada 
Fija en la tierra distante, 

p. Y o. 20 



132 SAUDADES 



Por la última luz bañada, 
Nada más veía delante 
Aun después que se perdió. 

Me agrada el mar!... Indecible 
Hay en él ignoto encanto, 
Siniestro, vago, terrible, 
Como el crujir de súmanlo 
Cuando el látigo lo azota 
Del irritado huracán. 
Me agrada el marl . . . Escondida 
En su pabellón aório. 
Para el alma dolorida 
Hay una voz de misterio. 
Que interpreta ella en su afán. 

¡Cuántas veces en la noche. 
Sin poder hallar reposo, 
De la luna el albo coche 
Me sorprendía anheloso, 
Reclinado yo en la popa 
Del ligero bergantin!... 
Admirando la natura 
Contigo en silencio hablaba, 
Y en la liquida llanura 
Ver sujir me imaginaba 
Tu rostro de serafín ! 

« « « 

Mas del sereno piélago la calma 
Que del trópico anuncia la región, 
Desataba frenética en mi alma 
La tormenta infernal de la pasión. 



SAUDADES 133 



— Talvez en otros brazos duerme ahora ! 
Esclamaba con loco frenesí : 
— Ya no son de tu maga encantadora 
Las celestes caricias para ti ! 

Y sentia en el pecho el estampido 
Del rayo, de las olas el bramar, 

Y del torbo Aquilón el ronco ahuUido 
En los cables sarcástico silbar. 

Desatado ciclón en nubarrones 
Agolpaba las nubes al confín, 

Y al trozar sus fulmíneos eslabones 
Teñía el horizonte de carmín. 

Con el trémulo son de fórreos grillos 
Una faja de lumbre colosal, 
Cual serpiente de fúlgidos anillos 
Surcaba el negro cielo en espiral. 

Y era todo ilusión, fíebre, delirio. 

Del que engañado, de un miraje en pos, 
Sucumbe de la sed al cruel martirio... 
El mar era el Sahara entre los dos! 

• « • 



Para el mundo, indiferente, 
Al verme en estraño suelo, 
Siempre con altiva frente. 
Velando á todos mi duelo. 
Por la capital discurro 
Del espléndido Brasil. 



134 * SAUDADES 



Fecundo su sol de fuego 
Enciende mi fantasía, 

Y cual benéfico riego 
Secreta melancolía 

Me presta su ardor febril . 

Buscándote, á las montañas 
Trepé de la regia villa, 

Y montes, islas, cabanas, 
En fantástica cuadrilla 
Evocaron los recuerdos 
De mi uruguaya mansión ; 

Y vi al sol entre celajes 
Tras la Tiyuca esconderse, 
Como entre niveos encajes 
Ávida mano perderse 
Tras su divina ilusión. 

En ti pensando, y ansioso 
De alas dar al pensamiento, 
En un potro generoso 
Que dejaba atrás al viento, 
Recorría paso ó paso 
La costa vecina al mar ; 

Y de pronto delirante, 
Preso de vértigo insano, 
Á toda rienda anhelante 
Por la sierra y por el llano 
Me lanzaba á galopar. 

Por mi inquietud arrastrado, 
En veloz frágil canoa 



SAUDADES 135 



Por la Barra he navegado, 

Y del Pharoux a la Gamboa, 

Y del Saco del Alférez 
Á la Punta del Cajú ; 

Y en tres islas primorosas (2) 
San Cristóbal, Praia Grande, 
Al pié de las vaporosas 
Montañas que van al Ande, 
En Sampaio y Macaca : 

Las aguas se han entreabierto 
Al choque de mi barquilla, 

Y en el litoral desierto, 
Apiñados á la orilla 
Los árboles centenarios 
Como gigante escuadrón; 
Saltaban do rama en rama 
Los pájaros trinadores, 

Y en la fronda y en la grama 
Enjambre de zumbadores 
Insectos, hervia en montón. 

Una alborada de Mayo 
Con dos bravos Sertaneros (3) 
Un Bull-dogo y un Cipayo, 
(Excelentes compañeros), 
Penetré en un matto virgine 
Con recelosa avidez ; 
Solo apelando al cuchillo 
Pudimos abrirnos paso ; 
Con la mano en el rastrillo, 



136 SAUDADES 



La escopeta por si acaso 
Amartillada á la vez. 

Á veces, cuando en el suelo 
Es alta noche, v el mundo 
De los astros bajo el velo 
Yace en letargo profundo, 
Su helada garra el insomnio 
Posa eléctrica en mi sien ; 

Me levanto no es posible 

Ni un instante gozar cahna, 

Y un aire mas apacible 
Quiero respirar el alma 
Que se sofoca también. 

Salgo á la calle la luna 

Brilla clara y transparente, 

Y las nubes en coluna 
Pasando sobre su frente, 
Á intervalos oscurecen 
Su desmayado fulgor. 
Hay un peñón solitario 

Que al vulgo cobarde asusta : 
Yo á buscar voy temerario 
Al pié de su mole adusta 
Brisa que temple mi ardor. 

¡Qué silencio magestuoso! 
Tendidos negros dormitan 
Al murmurio vagoroso, 
Con que trémulas se agitan 



SAUDADES 137 



Las anchas rasgadas hojas 
Del Bananero gentil. 
Como ráfagas divinas 
Resbalan por mi cabeza, 
Mil ideas peregrinas, 
Impregnadas de tristeza 
É inspiración varonil. 

La luna en tanto se mece 
Con toda su pompa y brillo, 
Y entre el azul resplandece 
Como el cerco de un anillo 
Esmaltado de brillantes 
Reluce en la oscuridad : 
Mientras su luz diamantina 
Que á torrentes se derrama, 
En la penumbra ilumina 
El grandioso panorama 

Que presenta la ciudad. 

« « • 

La ciudad imperial que ahora descansa, 
Y que tiende su rostro al despertar, 
Á su aura tibia, voluptuosa y mansa. 
Cual sus hijas de lánguido mirar. 

Palmas en el oasis, ellas solas. 
Bajo un tórrido cielo carmesí. 
Como islas de azahar entre las olas 
Se alzan : ninguna superior á tí. 

Ninguna tiene tu inefable hechizo, 
Ni la gracia y belleza escultural, 



138 SAUDADES 



Que en tu mirada muestra un paraíso, 

Y en tus formas revela el ideal. 

Ninguna, las palabras de embeleso, 
Que brotan de tus labios hiblea miel; 

Y como á tí á ninguna por un beso 
Diera... mi vida, que jugué por él. 

El mas bello diamante i oh reina mia ! 
Quisiera en tu diadema colocar: 
¡ Feliz yo si esta humilde poesía 
Vé una lágrima tuya fulgurar ! 

Rio Janeiro — 1845. 



(1) La palabra Saudades es verdaderamente intraducibie : signiñca á la 
vez pena, melancolía, sentimiento, recuerdo, anlielo. El egregio poetu lusita- 
no Garret, en una nota á su Camoens dice, que es acaso el vocablo mas dulce, 
tierno, expresivo y delicado de la lengua portuguesa, opinión á que no podría 
menos de adherir el lector, si le oyera pronunciar por los rosados labios de 
alguna encantadora rir^c/í oUünegra, ó v'iuva rola solitaria como Magalhaens 
llama á Yguassú en su poema la Confedcraqño dos Tamoyos, 

(2) Ilha do Gobernador^ Piedade y Paquetá, 

(3) Montaraces que viven en loa bosques ó en las sierras : los brasileros 
los llaman Sertanejos. 

La poesía nunca abandona al que la ama, pudiéndose decir de ella lo que 

Berni ha dicho del amor : 

Perche a chi ben di liii pensa o ragiona 
Amor la voce, Tintelletto dona. 

Sin duda ninguna, es á esc amor de lo bello que debe el autor de las Bri- 
sas del Plata elconseryar la onginaVidad en e\ pensamiento, la riqueza de 
palabras, la elección de las figuras y la dulzura del verso, dotes todas esas que 
lo han hecho aplaudir por escritores europeos mu}' distinguidos. 

Se halla en él un estilo sencillo y elegante, una fluidez en el verso 
que encanta el oído, una imaginación rica en figuras (jue producen la sorpre- 
sa del lector por su novedad y cuidadosa apropiación . 



LA BENDICIÓN DE LA BANDERA TRICOLOR 139 



Nuestro autor demuestra que no es el versista vulgar, cuidadoso siempre 
de producir armonías con el metro y el consonante, pero olvidado del pen- 
samiento que es el alma de todo escrito, sea en prosa, sea en verso. 

Nos ha sucedido muchas veces leer una composición y quedar encanta- 
dos de una especie de música que halagaba el oído ; pero cuando nos he- 
mos preguntado ¿ qué ha dicho el autor ? hemos tenido que respondemos : 
nada do nuevo, nada de original, nada de poético. 

En el vate orienta no hallamos ose defecto ó más bien dicho, ese carác- 
ter del versificador, que todo lo sacrifica al oído, y que dice una vulgaridad 
con tal de producir en su composición una especie de vals ó de mazurka. 

Sus versos en general son conceptuosos, enseñan á la par que deleitan y 
Be vé en ellos unida, la creación del poeta á la armonía del músico. 

No se halla en sus poesías amorosas ese eterno lacrímeo, que vemos en 
las de otros poetas, verdaderos Diógenes del amor que buscan una mujer y no 
la encuentran jamás. 

La sentida y ardiente inspiración de Petrarca lo domina algunas veces, y 
sus cantos son entonces quejosos y apasionados ; pero nunca se traduce de 
ellos el desaliento ó la desilusión. 

Magarífios es el verdadero poeta, su inspiración es relativa con el objeto 
qne la produce, y brilla en sus composiciones la verdad . — Ramón de San- 
üago. 

1864 

Véase la nota 1.* de la composición XXXII Á adeIíAida. 

XXI I I 
LA BENDICIÓN DE LA BANDERA TRICOLOR ^'> 

A MR. CHARLES GARET, 

REDACTEUR EN CIIEF DE CLA FRANGE» 

• « • 

La Iglesia bendice la inmortal bandera, 
Que altiva tremola gallarda legión; 
Los que contestaron, la espada empuñando, 
Al grito de muerte que un tigre lanzó. (2) 

P. Y o. 21 



140 LA BENDICIÓN DE LA BANDERA TRICOLOR 



Hijos del gran pueblo que aclamó gigante, 
El nuevo Evangelio de la Libertad, 
Doquier se defiende la Patria, el Derecho, 
Allí acuden ellos, su enseña allí está ! 

Redentora enseña, que la Democracia 
Por el viejo mundo paseó triunfal ; • 
Pendón que azotaban los vientos del cielo. 
Haciendo por tierra los tronos rodar ! 

Un águila tiene, que en triunfos y glorias 
Del año los dias por ellos contó ; (3) 
La misma que entonces tendiendo sus alas, 
Tremenda y sublime la Europa abarcó ! 



« « 



Miradla en las riberas que el Uruguay fecunda, 
Miradla en las Trincheras, bañada por el sol. 
Que en el Rincón, Las Piedras, en Sarandi, en Cagancha, 
El temple mostró indómito del que oriental nació. 

Saliidanla á su paso con gutural bramido 
La sombra del caudillo Charrúa Zapican, (4) 
Y el uruguayo Arminio — ignoto Prometeo — 
Clavado allá en un rancho del ígneo Paraguay. (5) 

Los Sauces y Espinillos que en la Agraciada bordan 
La playa do aportaron los héroes Treinta y tres, 
Sus varoniles ecos envían, rumorosos, 
Envueltos en aromas, al pabellón francés! 



LA BENDICIÓN DE LA BANDERA TRICOLOR 141 



Intrépidas legiones! . . . hijos de Francia, Italia, 
España, vinculados á nuestra causa hoy, 
Con vuestras bayonetas escribiréis el fallo, 
Que á la barbarie arroja la civilización ! 

• « « 

No importa que traidores nos llamen los traidores, 
Y los que se prosternan ante un tirano vil. 
Los que á su país trajeron las hordas federales. 
Vuestro heroísmo tachen de explotación ruin. 

Como el partido nuestro repetirá la historia : 

€ No hay lanzas extranjeras para la libertad; 

» Los pueblos son hermanos y enlazan sus pendones 

» En nombre de los cielos y de la humanidad ! » (6) 

1843. 



(1) Donada á la legión francesa por D.* Bernardina Fragoso de Rive- 
ra, verificóse la bendición y la entrega el 9 do Julio de 1843, estando for- 
mada la Legión en la plaza Matriz. — Pronunció un sentido discurso el abate 
Desombres, y el coronel Tliibeaut « agradeció en términos cumplidos á 
nombre de su Legión, el valioso presente de la digna esposa del ilustre Ge- 
neral Rivera, jurando sostener con honor la enseña que acababan de recibir 
para marchar al combate, vivando á la República, al Gobierno y á la Francia.}» 

(2) El armamento de las legiones extranjeras fué motivado por la san- 
grienta y bárbara circular de 1.° de Abril de 1843 del general en jefe del 
ejército sitiador, cuyo último párrafo dice textualmente : 

« Por consiguiente, el que firma se vé obligado á declarar que no respe- 
tará la calidad de extranjero, ni en los bienes ni en las personas de los sub- 
ditos de otras naciones que tomasen partido con los infames salvajes unita- 
rios, contra la causa de las leyes que el infrascripto y las fuerzas que le 
obedecen sostienen, sino que serán considerados también en tal caso como 
rebeldes salvajes unitarios, y tratados sin ninguna consideración.]» 



142 LA BENDICIÓN DE LA BANDEBA TRICOLOR 



(3) Una victoria por dia, es el título de un libro en que se narran tres- 
cientas sesenta y cinco batallas y combatesp ganados en mar y tierra por 
las armas de la República y el Imperio. 

(4) Famoso caudillo indígena, cuyas proezas y desmanes contra los es- 
pafioles, refiere en su poema con asombro y á veces con profunda pena, el 
cantor de la conquista Barco Centenera, que sin apercibirse condensa en cin- 
co líneas toda la indómita fiereza y heroísmo salvaje de la raza charrúa : 

c La gente que jamás fué conquistada. 



. . . estaba el perro tan pujante 
Que á todo el mundo junto no temia. 
Juzgándose á sí solo por bastante 
Contra la tierra toda y monarquía t » 



(5) Existe en nuestro Museo la bandera de Artigas que, como la de los 
Treinta y Tres, está formada con los colores de la tricolor francesa : dos 
fajas azules, centro blanco, y una faja transversal colorada. 

Para mejor inteligencia del texto y de los párrafos que en el ApíNDIcb 
transcribimos, en apoyo de la calificación que damos á Artigas, recordaremos 
que derrotado en 1820 por su teniente Ramírez, el caudillo oriental se refu- 
gió en el Paraguay. El sombrío dictador Francia lo hizo internar en Curu- 
guaty, desierto de laureles, como le llama poéticamente el inspirado cantor 
de Tabaré, donde el héroe de las Piedras vivia en un rancho labrando la 
tierra. Mas tarde López I le permitió residir en Iviray á una legua de la 
Asunción. Allí falleció el 23 de Setiembre de 1850 á los noventa afios. 

(6) Cada uno de los nuestros, nacional ó extranjero, sabia por qué tenia 
las armas en la mano, por qué peleaba, por qué daba ó recibía la muerte. El 
oriental, por la independencia y la libertad de su patria : el argentino, por la 
libertad de la suya : el negro por su título y derecho de hombre, que acababa 
de serle devuelto : el Europeo, por el derecho humano y social, por el dere- 
cho de entrar y salir en esta tierra americana, de navegar y comerciar por 
estas aguas, de ejercer libremente sus industrias lícitas, de adquirir bienes 
con su trabajo y do conservar y trasmitir lo que adquiriese. — Andrés Lamas, 

1881. 



EL BLASÓN DEL LEQIONARIO 143 



XXIV 

EL BLASÓN DEL LEGIONARIO. 

(San cAntonio) (i) 

Á DON PABLO ANTONINI Y DIEZ, 

MINISTRO PLENIPOTENCIARIO DE LA REPÚBLICA EN ITALIA (2) 

« « « 

Émulos de Leónidas, aquí heroicos 
Asombraron al Orbe con su hazaña ; 

Y aquí el Cid de dos mundos, portentosa, 
Ganó su mas preciada eterna palma. 

Numerosa falange los rodea ; 
Son veinte contra uno, y valerosos 
Á pié firme el ataque esperan ellos. . . 
El enemigo los contempla atónito. 

— No hagáis fuego sino cuando se acerquen, 
A quema ropa! (3) Garibaldi grita ; 

Y la grey federal acorta el paso, 

Y como herida de terror vacila. 

Mas resuena el tambor, y aquel enorme 
Raudo aluvión de infantes y ginetes. 
Como alud de la cumbre desprendido 
En vorágine inmensa los envuelve. 

La pequeña legión el fuego rompe, 

Y enviste á bayoneta como un rayo, 



\ 



144 EL BLASÓN DEL LEGIONARIO 



Y forma en cada carga una trinchera 
De ginetes, infantes y caballos. 

Y asi fueron terribles avanzando; 
Desde mitad del dia á media noche, 
Abriéndose camino palmo á palmo, 
Al través de los rotos escuadrones ; 

Que mudos y sombríos deteníanse, 
Al dar frente los hijos de la Italia. . . 
El Vesubio ceñido de relámpagos 
En cada bayoneta fulguraba ; 

Y en medio á las tinieblas, entre el humo, 
Brillaba centellando el fondo negro 

De su pendón simbólico (4) esmaltado 
Con guirnalda de fúlgidos luceros. 

Por un globo de oro, dijo el héroe. 
Mi blasón no daré de legionario, (5) 
Cuando entre vivas, salvas y dianas. 
Inmortal vencedor entraba al Salto ! 



Campo de San Antonio — 1856. 



(1) El 8 de Febrero de 1846 Garibaldi, rodeado por fnerzos muy supe- 
riores en el campo de San Antonio con ciento noventa legionarios y veinte 
lanceros orientales ( el resto de la caballería fué acuchillado y disperso por 
el número en la tercera carga que llevó al enemigo ) sostuvo y rechazó los 
repetidos ataques de mil doscientos hombres de infantería y caballería á las 
órdenes del general don Servando Gómez. Peleó desde las doce del dia has- 
ta media noche, en que llegó, llevando sus numerosos heridos á la villa del 
Salto, cuya defensa había sido confiada á Anzani, jefe predilecto de Garibaldi. 



EL BLASÓN DEL LEGIONARIO 145 



Este valiente legionario, á la intimación que se le hizo de rendirse di- 
ciéndole que todos sus compañeros estaban muertos, prisioneros ó heridos, 
respondió en términos parecidos á los que se atribuyen á Cambronne, con la 
mecha encendida en la mano y el pié sobre la Santa Bárbara de la batería 
donde se encontraba en aquel momento. 

(2) Nuestro inteligente y joven Ministro en Italia, es sin disputa entre 
los diplomáticos uruguayos acreditados en Europa, el que ha trabajado con 
mas empeño y acierto por dar á conocer nuestro país en el extranjero, sus 
productos, sus escritores notables, su comercio, sus progresos de todo géne- 
ro. Sentimos no tener á mano el telegrama que por su intermedio nos envió 
Garíbaldi, dándonos las gracias por el libro de poesías que puso en sus ma- 
nos el señor Antonini, y donde se halla la que cita Latino de Natali en 
la nota última. 

(3) Las palabras de Garíbaldi al embestirlo el enemigo, fueron: ^Italiani, 
qttesto sará ungiorno di gloria peí nostro paese, nonfatefuoco se non A BRU- 

CIAPELO ! J> 

(4) La bandera adoptada por la Legión Garibaldina ostentaba en el 
centro el Vcsuvio en erupción, sobre fondo negro. Don Luis Missaglia, jefe 
de estado Mayor de la Legión, explicó así en una proclama diríjida á sus com- 
pañeros en nombre de su jefe, las razones que tenía para no usar los colores 
de so patria : 

c Italianos ! — Estos no son los colores que nuestra patria, puesta en 
pié y constituida en una nación libre, independiente, desde los Alpes hasta el 
mar, adoptará un día. 

]» Esta bandera es símbolo de luto y de ira. Mientras que la desventura 
pesa inexorable y tenebrosa como este luto sobre nuestra patria, ningún otro 
color sino este, debe ser la divisa de quien tiene corazón que se estremece 
ante las miserias de la Italia. Como el Vesubio arde incesantemente, así 
arde en los pechos de los italianos todos, el sagrado fuego de la libertad ; y 
como el Vesubio, lanzará ella un dia su potente lava para destruir todos los 
obstáculos, que impiden á nuestra querida patria elevarse hoy á aquella altu- 
ra, de la cual por la prepotencia del acaso descendió.!) 

(5) En la orden del dia (10 de Febrero de 1846) publicada en las perió- 
dicos de la época, en que Garibaldi dá las gracias á los legionarios por la 
victoria alcanzada, les dijo : lo non darei il mío nome di legionario ita- 
liano PER TUTTO IL GLOBO IN ORO ! 

Pertenecen á on reputado literato, profesor en la Universidad de Palermo, 



146 LA URNA DE RIVADAVIA 



los BÍgnientes párrafos de un artículo en que se ocupa de los poetas uraguayos. 

c Entre los versos cxhuberantes de esa ternura característica de la poesía 
ibérica, que los poetas uruguayos han heredado, conjuntamente con el idio- 
ma de Melendez Valdez, de Ercilla, de Espronceda, y de otros insignes 
poetas espafiolcs, Imy algunos bellísimos y dignos realmente de ser traduci- 
dos á nuestro idioma. 

Entre otros hay una oda de Magarifios á José Graríbaldi, la cual mien- 
tras atestigua las simpatías de aquel pueblo por el héroe italiano, es un cor- 
tés reproche al descuido general en que son tenidos entre nosotros los es- 
fuerzos gloriosos y los progresos civiles de aquella región de la América 
latina. 

En una rápida lectura que hemos hecho del libro hemos admirado en ge- 
neral la espontaneidad de los conceptos, el estilo en muchas partes puro y 
correcto y el conocimiento de noticias no elementales en materia de ciencias 
físicas y sociales, lo que prueba que el Uruguay sigue una carrera esplendi- 
dísima en la marcha ascendente de la civilización . :» — E, Latino de Natalú 
1879. 

XXV 

LA URNA DE RIVADAVIA''^ 

AL DR. D. VALENTÍN ALSLNA, GOBERNADOR DE BUENOS AIRES 

« • « 

Á ti mi noble amigo, que adolescente apenas, 
Al templo de la ciencia me encaminaste fiel ; (2) 
Á ti á quien aclamaba rompiendo sus cadenas, 
El pueblo que dos veces te levantó al dosel. 

Al pedestal glorioso que dá la democracia 

Á los que la sentaron en trono de zafir, 

Y orgullo de los buenos, en triunfo ó en desgracia, 

Legaron esplendente su nombre al porvenir. 



LA URNA DE RIVADAVIA 147 



Ilustre hijo de Mayo ! dignísimo heredero 
De una alta y generosa, sublime tradición, 
Como homenaje al genio de Rivadavia, quiero 
Que tu inspirado acento repita mi canción. 

¿Qué voz en Buenos Aires, en este pueblo libre, 
Y en tan solemne dia mas eco ha de tener?. . . 
Será doble el hossana cuando en tu labio vibre. 
Hoy jefe del Estado y en proscripción ayer ! 



« « « 



En la estación florida, cuando la aurora en calma 
De aromas llena el suelo y el aire de esplendor, 
Gigante de los bosques, vi alzarse erguida palma. 
Como en la cumbre Andina flamígero Cóndor. 

La brisa que agitaba su densa cabellera, 
Bañada en el rocío del hálito inmortal, 
Corría entre sus hojas cual chispeante hoguera. 
Lanzando vivas llamas en fúlgida espiral. 

Al colosal reflejo del árbol peregrino. 
La tierra se vestía de rosas y laurel, 

Y al divisar de lejos su rayo diamantino. 
Los tigres y chacales huían en tropel. 

Los ecos y armonías de su elevada copa. 
Llenaban el espacio con honda vibración, 

Y tanto resonaron que hasta la vieja Europa 
Sintió, magnetizada, su eléctrica impulsión ! (3) 

P. Y o. 22 



148 LA URNA DE RIVADAVIA 



« « • 



Mas ay! que en este suelo maldito del Eterno, 
La dicha es como en sueños, aparición fugaz. . . 
Bramó furioso el viento. . . sañudo y cruel invierno 
Tendió sus negras alas sobre la palma audaz. 

Al ímpetu rugiente del huracán deshecho. 
Tronchada al fin la palma dobló su alta cerviz. . . 
Satánico torrente saliendo de su lecho, 
No quiso dejar de ella simiente ni raíz. (4) 

Velaron densas nubes de libertad el astro, 

Y tigres y chacales, de la tiniebla en pos 
Volvieron, y dejando do quier sangriento rastro, 
Se desató tremenda la cólera de Dios ! 

Recuerda, Buenos Aires! el hálito de muerte 
Que al renegar al justo cayó sobre tu sien : 
Compara la que hoy tienes con tu pasada suerte, 

Y ama y respeta al genio y á la virtud también ! (5) 



• « « 



Lo que hoy hace tu gloria y el mundo entero alaba 
Destellos son del genio, semilla perennal, 
Que oculta bajo el hielo fecunda germinaba, 
Bajo la planta misma del déspota infernal. (6) 

Retoños vigorosos del árbol giganteo. 
Que al estender sus brazos desde uno á otro confín, 
Tendido en fiera roca cual nuevo Prometeo, 
Cubría aun con su sombra de América el jardín ! 



LA URNA DE RIVADAVIA 149 



i Qué importa que los buitres del odio y de la envidia 
Su corazón royesen sin tregua ni solaz?. . . 
Si el cuerpo aniquilaban en pavorosa lidia, 
Matar no podian ellos el pensamiento audaz ! (7) 

Fué horrible el sacrificio. . . pero él trazó el camino 

En la grandiosa obra de regeneración ; 

Y gracias á él los pueblos del ámbito argentino 

De nuevo, como hermanos, proclamarán su unión ! (8) 



« « «r 



De hinojos, Rivadavia, y en tu memoria fijo, 
Revindicando parte de tu inmortal blasón, 
Humilde viene á darte del Uruguay un hijo 
La ofrenda que espontánea le dicta el corazón. (9) 

No mas verán mis ojos del Plata en las orillas 
Ni despotismo aleve ni esclavitud ser\il ! 
Tiranos y verdugos doblad ambas rodillas, 
Y al pié de esa urna santa postrad la frente vil ! 

Vosotros los valientes, los buenos ciudadanos, 
Que honrasteis siempre al mártir á su bandera fiel, 
Venid, y entrelazadas las manos con las manos, 
Llorando coronemos su busto de laurel. 

Lloremos, sí, que eterna caerá sobre la historia 
La lágrima espiatoria de la posteridad. . . 
Tal es el triste premio de la mundana gloria ! 
Tan caro cuesta al hombre dar á otros libertad ! (10) 

Buenos-Aires, 1857. 



150 LA URNA DE RIVADAVIA 



(1) Leida por el General clon Bartolomé Mitre en el acto de depositarse 
los restos de Rivadavia en el panteón de la Recoleta el 2 de Setiembre de 1857. 

(2) Véafee en el Apéndice la carta dirijida al doctor Alsina y su con- 
testación. 

(3) Fué don Bemardino Rivadavia el verdadero organizador del partido 
unitario, su mas noble personificación, su procer mas ilustre, y acaso su úni- 
ca gloria de reputación universal. — Carlos M, Ramírez, 

1884. 
Trajo á su rededor todas las inteligencias, diólas impulso y las preparó un 
teatro útil y brillante de acción. Buscó en el extranjero las ciencias de que 
careciamos, y las aclimató en nuestro suelo. Compensó y adelantó los servi- 
cios y las virtudes ; protejió las artes, y confió más en el poder de la razón 
que en el de la fuerza. — Juan M. Gutiérrez, 

1857. 

(4) La violencia de los ataques dirijidos contra Rivadavia y las nuevas 
dificultades que surjieron con motivo del tratado preliminar de paz celebrado 
en Rio Janeiro en Julio de 1827 por su enviado don Manuel García, ultrapa- 
sando sus instrucciones, cediendo la Banda Oriental al Emperador del Brasil 
y el desarme do Martin García, tratado que sublevó con justicia la indigna- 
ción de todos los partidos, como observa el doctor López, obligaron á Riva- 
davia á renunciar la Presidencia. 

Y hasta donde llega la saña implacable y la persistencia de los odios polí- 
ticos, ofrece un curioso specinien el folleto titulado Apuntes acerca de don 
Bemardino Eivadavia^ publicado en 1857 en la Concepción del Uruguay, y 
reimpreso en el mismo año en Montevideo por la imprenta de La República, 

Allí á protesto de refutar los discursos pronunciados en la ceremonia de 
sus funerales, se le niegan al gran patriota y estadista todos sus méritos, 
y sin más pruebas que la desnuda palabra del anónimo, Un Porteño, se le 
hacen imputaciones que importan los cargos infamantes de traidor á la causa 
americana, explotador inicuo del triunfo de Ituzaingó, con perjuicio de la 
integridad de la República Argentina, para asegurar su presidencia, cóm- 
plice y fautor en el fusilamiento de Dorrego, déspota, ladrón y asesino ! 

(5) La tierra manchada por la planta de la barbarie, no era digna de 
hospedar en su seno las cenizas del guerrero del pensamiento. Pero purifica- 



LA URNA DE RIVADAVIA 151 



da por el aliento de la libertad, so abre prgullosa para recibirlas, como el alma 
del pueblo se abre y se espande para aspirar el espíritu que las animara, es- 
parcido en los santos principios de la revolución. — Joié Mármol, 
1857. 

(6) El ejército con que Rivadavia triunfó. . . . son aquellas ideas que 
él derramó como semillas fecundas en esta tierra clásica de la libertad ameri- 
cana, y que hoy brotan en torno de su urna cineraria como un bosque de sa- 
grados laureles consagrado á la inmortalidad. — Bartolomé Mitre. 

1857. 

(7) Acusado por sus enemigos en 1834 de trabajar en Europa por la 
Monarquía, tuvo el arrojo de embarcarse y presentarse en Buenos Aires para 
ser juzgado. — Se le obligó á ausentarse inmediatamente, sin permitirle si- 
quiera que 86 defendiese 

¡ Cuánta grandeza, empero, no revela al lado de estas debilidades — dice 
un distinguido escritor argentino al indicar algunos de sus defectos y de sus 
generosos errores ; — ^ si 'contemplamos su acción civilizadora, inspirada por 
esta idea — que los pueblos no son libres sino en la medida de su fuerza 
moral, es decir, en la medida de su instrucción ! ¡ Cuánta gi*andeza en su 
esfuerzo por acrecentar la riqueza del país, y con ella la independencia do 
los hombres y su aptitud para la civilización, que procuraba fomentar en las 
escuelas, en los parlamentos, en la prensa y en las bellas artes I — José Ma- 
nuel Estrada. 
1878. 

(8) Ante la magostad de este momento, respondiendo al pasado de la 
herencia que dejó en nuestras manos, y frente á frente con la posteridad que 
nos observa, la historia y el porvenir hablan mas alto que el rumor de cir- 
cunstancias transitorias, que el tiempo y la razón dominarán más tarde ; y la 
historia y el porvenir también saludan y nos muestran esta urna como el sím- 
bolo imperecedero de la sabiduría y la honradez en el Gobierno, de la liber- 
tad y el orden en el pueblo, y de la unidad perpetua de la patria, ... y do 
hoy más los pueblos argentinos tienen el deber de trabajar incansables por 
esta trinidad política, que compendia la vida del hombre cuyas cenizas vie- 
nen hoy donde existe el testamento de sus principios. — José Mármol. 

1857. 

(9) No fué él quien manejó esa espada — el orador se referia á la de 
los grandes capitanes argentinos — ¿ pero quién sino él la templó en el fue- 
go sagrado de los principios al depositarla en las robustas manos de los 



152 i FRAMCLA. 



campeones de la lucha con el Brasil? ¿ quién sino él inoculó «a espíritu ▼&- 
ronil en las legiones del ejército republicano ? ¿ quién sino él empujó á 
nuestros soldados en el ancho camino de la gloría, quién sino él botó al agua 
las naves de la República, coronadas de cañones y adornadas de flámulas 
argentinas, que nos dieron el dominio de los ríos; quién sino él preparó nues- 
tros espléndidos triunfos en la tierra y en los mares ? ¿ quién sino él por fin, 
laureó las armas vencedoras en Ituzaingó con la paz gloriosa á cuya gloría 
sólo faltó su firma ? — Bartolomé Mitre. 
1857. 

Por eso están bien al rededor de esta urna cineraria, como están bien en 
el seno de Buenos Aires, los que nacieron argentinos en la orilla opuesta de 
este rio, y honnm con nosotros la memoria del animoso varón que empujó el 
cafion nacional entonces, hasta Ituzaingó, para asegurarles su independencia. 
— Domingo F, Sarmiento. 
1857. 

(10) El viento de nuestras querellas ha llevado en pedazos á nuestros 
viejos proceres. Es preciso buscar la huella de sus pasos en los caminos del 
destierro, en el pavimento de las cárceles, en la sombra triste á donde les 
confinó la injusticia ageoa ó los propios desengaños. 

Es necesario lavar de sobre ellos las manchas de lodo con que les salpicó 
el carro revolucionario, reparar sus mutilaciones, colocarles en dignos pedes- 
tales, á fin de que la juventud les venere y se estimule al bien para no ser 
bastarda de tan noble genealogía. — Juan María Gutiérrez. 
1857. 

XXVI 

Á FRANCIA 

En la derrota (i) 

k LOS LEGIONARIOS DEL SITIO DE MONTEVIDEO 

« • « 

¿Qué ráfagas siniestras, escapadas 

Del confín europeo, 

Por la sangre y la pólvora zahumadas. 



k FRANCIA 153 



Como el lejano son de las tormentas, 
Hieren tu corazón, Montevideo, 

Y encrespando las ondas agitadas 
Del ancho Plata, cruzan turbulentas? 

¿La omnipotente mano 

Que levanta y abate á las naciones, 

Tu ruina ha decretado, heroica Francia, 

Y talvez en castigo. 

Humilla tu poder y tu arrogancia? 

Para luchar contigo. 

Cual rugiente Occeáno 

Que salva desatado sus linderos. 

Un mar de bayonetas se desploma : 

Innúmeras legiones 

Que los pasados siglos contemplaron 

Con mudo asombro y pena ! 

Á la moderna Roma 

Del Vístula y del Rhin, otra vez fieros 

Acuden sus guerreros, 

Los que humillaras en Berlin y en Jena, 

Y en Waterloo, con Blutcher, te ultimaron ! 

El bronce airado truena, 

Y cual tromba furiosa que en un bosque 
Á su paso los árboles apila, 

Donde vá la infernal Metralladora 
Las columnas enteras aniquila. 

Del indomable Galo al recio empuje, 



154 Á FRANCIA 



Á SU fiera embestida arrolladora, 
La inmensa hueste del Teutón vacila, 
Y aunque de rabia despechada ruje, 
Ya retrocede v huve. . . El himno estalla 
Del triunfo, pero en vano, que al romperse 
La humareda que forma la batalla, 
Se divisa entre densos nubarrones. 
De fusiles y lanzas, y cañones, 
Otra y otra flamígera muralla! 

Imposible es vencer ! . . . ni el ardimiento 
Sobrehumano resiste á la avalancha ; 
Son uno contra diez, v á veces ciento! 

Entretanto la Francia valerosa 

Que no espera al contrario ni los cuenta, 

Al pié de su gloriosa • 

Bandera, como herida 

Leona embravecida. 

Con rugido feroz se alza sangrienta. 

La flor de sus valientes cubre el suelo : 

La antes invicta diestra 

De sus bravos, famosos capitanes. 

Crispada de la muerte por el hielo. 

En vano oprime aun su rota espada. 

En los cráneos teutónicos mellada. . . 

Sola estás, Francia, en la mortal palestra ! 

Escúpase á raudales 

La sangre generosa 

De tus abiertas venas. 

Por la tierra sedienta, gota a gota. 



Á FRANCIA 155 



Absorbida en sublime sacrificio ; 
Que al clamor, á los ayes funerales 
De la feral derrota, 

Y al fragor de los roncos cañonazos, 
Te levantas del hondo precipicio, 

Y arrojas al Prusiano tus cadenas 
Con el cetro imperial hecho pedazos ! 



La simpatía ardiente 

Que tu infortunio colosal me inspira. 

No me hará ciego, desleal ó injusto. (2) 

Es también tu enemigo muy valiente, 

Á la unidad de la Alemania aspira, 

Tiene un brazo robusto. 

Una constancia y decisión que aterra, 

Y son sus generales, consumados 
En el arte terrible de la guerra. 
Al moderno Germano 

El amor de la patria le domina, 

Y con el sueño audaz de Carlomano 
El genio de Bismark hoy le fascina. 
Pero asi mismo, Francia, si se inclina 
Á su favor la bélica balanza. 

Que tu heroico revés no te avergüence! 
Queda ilesa tu honra y se afianza, 
Por que no es el valor, la disciplina. 
Es ay ! la muchedumbre quien te vence ! 



i Qué representa Prusia, qué la Francia 
En este duelo á muerte ? 

p. Y o. 23 



156 Á FRANCIA 



Es la Revolución y sus conquistas 

Lo que el pueblo francés lleva en sus águilas, 

Opreso ó libre, destrozado ó fuerte. 

Y el entusiasmo que en su pecho late 
Por toda noble idea, 

Muestra que al fin, en último resorte, 
Bajo cualquier bandera que pelea, 
Por el progreso y libertad combate. 
El mundo es para él pequeña liza, 

Y si no invade las etéreas salas 

No es por falta de arrojo, mas de alas! (3) 

Providencial destino, 

Que hasta inconsciente á veces él realiza! 

Mas la raza del Norte, 

Los nietos de Alarico y de Totila, 

Cuando no arrasan cual voraz incendio 

Cuanto hiere y deslumhra su pupila, 

Cuanto sirve de valla á su camino; 

Se pierden en sombrías abstracciones 

Con todo el genio de Hegel, Kant y Goethe ; 

Beben de las quimeras en la copa 

No sé qué deletéreo fatalismo, 

Bautizado con fórmulas tan claras 

Que ni aun sus inventores las entienden. (4) 

Discutiendo sus tesis los sorprenden, 

Se dejan atraillar en batallones. 

Sin ver que en la cruzada 

Con que esplotan su noble patriotismo. 

Sorda al derecho, a la razón, al ruego, 

Allá en el parlamento repetia. 



Á FRANCIA 157 



Por boca de Bismark, la monarquía : 

«Política de hierro, plomo y fuego!» 

Tremenda apoteosis de la espada 

Que prepara a la Europa, 

La formidable fuerza organizada 

Del militar, salvaje despotismo. 

Bebe tu cáliz hoy con entereza, 

Y si es fuerza que inclines la cabeza, 
Inclínala sin miedo y sin jactancia. 

Que EL PORVENIR ES TUYO, LIBRE FRANCIA ! (5) 

Cuando llegó á esta orilla 

Con el relato fiel de tus hazañas, 

El grito maternal de tus entrañas, 

Yo miré resbalar por la mejilla 

De un anciano francés, un legionario. 

Defensor de mi patria legendario. 

Lágrimas de dolor y de despecho. 

Hervir sentí en mi pecho 

La comprimida lava 

Que en el suyo en silencio fermentaba; 

Y la secreta fibra 

Que en las solemnes ocasiones vibra. 

Arrancó de mi alma 

Esta acerada y estridente nota . . . 



Si yo pudiera convertirla en palma. 
Doblando la rodilla la pondría 
En la sagrada tumba de tus hijos, 
De los que, sin rendirse, sucumbieron; 



158 k FRANCIA 



Para que en ella fijos 

Los que nazcan un dia 

En la Oriental ribera, 

Imitasen su ejemplo 

Cuando una guerra nacional surgiera; 

Y la Patria los viera 

Como el antiguo batallón sagrado, 
Palmo á palmo luchar en su derrota, 

Y caer uno a uno, heroicamente 
Sosteniendo el honor do su bandera, 
Antes que como el César prisionero. 
Su corona de libres refulgente 
Entregasen cobardes con su acero ! 



Setiembre 28 de 1870. 



(1) Una gran desgracia ha herido á la patria. Después de tres dias de 
luchas heroicas Hosteiiidas por el ejército do Mac-Mahon contra trescientos 
mil enemigos el Efiiperador fué hecho prisionero en la lucha. El Go- 
bierno de acuerdo con los pudores públicos, toma todas las medidas que 
aconseja la gravedad de los acontecimientos. — Proclama del Cornejo de Mi- 
nistros. 

Les revers de la France étonnent plus le monde que ses succés ne l'a- 
vaient surpris. 

Que peut-on diré «le plus á sa louange ? 

Du reste, les sympathies ne manquent pas aux Franjáis daña la Plata. 
Dans ce méme numero nous publions adrosée á lu France une ode d'un 



Á FRANCIA 159 



poete oriental bien connu en Europe, le Dr. Magariños Cervantes, ode en 
vera heroiquea^ inspirée par ses demicrs reverá et dont Venthousiasme est egal 
au patrioÜ8me qui devore en ce moment les cceure frangaia. 

Les ámcs genereuses et animées au souffie de la liberté ne doutent pas 
plus de Tavenir de la Franco que ses nobles enfants. — Adolphe Vaillant. 
1870. 

(2) Inspirados por las últimas noticias de la guerra franco-prusiana, 
esos versos heroicos son dirigidos por el autor á los legionarios del sitio de 
Montevideo. 

Por entusiasta y simpática á los franceses que sea esa hermosísima 
composición, no deja de ser imparcial para con los mismos alemanes, y los 
pensamientos filosóficos que se desprenden de ella, hacen brillar la idea ele- 
vada y noble que la inspiró, pues como dice el autor perfectamente, lo que 
el pueblo francés lleva en sus banderas, es la Revolución, es decir la libertad, 
y el entusiasmo que en su pecho lato por toda noble idea. 

Pero esa simpatía no le hace desleal ó injusto para los valientes adversa- 
ríos de la Francia que luchan por la unidad de la Alemania. — La Tribuna 
de Montevideo. 
1870. 

(3) Hablando de las victorias obtenidas por España sobre los demás 
pueblos, en la época de su grandeza, dice el poeta granadino don Manuel 
Fernandez y González : 

c y si hasta el cielo 

No fué á asaltar las refulgentes salas, 
No quedó por valor sino por alas. 3 

A su vez Víctor Hugo, refiriéndose á los va-nus-pieds de la epopeya 
francesa, exclama : 

€ La tristesse et la peur Icnr etaient inconnues ; 
lis eussent sans nul doute escalada les núes. 

Si ees audacieux. 
En retoumant les yeux dans leur course olympiquc, 
Avaicnt vu derriére eux la grande Ropublique 

Montrant du doigt les cieux I » 

(4) Por severo que parezca este juicio contra los sistemas y exajeracio- 
nes de los filósofos alemanes, sin desconocer la vasta erudición y aun el ge- 
nio de algunos, se queda muy atrás de los que han formulado sus propios 



160 Á FRANCIA 



compatriotas. Puede verse entre otros, á Bdchner: CiENaA T Natxtbalbza, 
tomo 1.^ — Estudio sobre Shoppenhaiier, 

Es para ellos que parece expresamente escrito lo que decia RouMeau 
hace mas de un siglo en el Emilio : 

€ He examinado sus diversas opiniones y á todos los hallo soberbios, or- 
gullosos, decisivos aun en su pretendido escepticismo, gentes que nada igno- 
ran, que todo lo saben, nada prueban^ y se burlan unos de otros; y este pun- 
to, que es común á todos, me parece el único en que todos tienen razón, i 

(5) La noticia del desastre de la Francia produjo en la prensa del Rio 
de la Plata una explosión de simpatías en su favor; pero sin dejar de mani- 
festárselas en términos altamente honrosos para la noble vencida, uno de los 
periódicos mas importantes de Buenos Aires, no participó del entusiasmo ge- 
neral en cuanto al resultado inmediato de la lucha, es decir, el triunfo de la 
Francia. Vale la pena de volver á leer hoy, despue4i de catorce ofios transcu- 
rridos, el artículo de la Pbensa á que nos referimos : 



ÜN CANTO INSPIRADO 



c Damos un lugar preferente en nuestras columnas, á la composición poé- 
tica que el doctor don A. Magariños Cervantes acaba de dedicar á la Francia, 
la misma que tomamos de La Tribuna. 

El poeta se ha inspirado en el grandioso y aterrador drama, que repre- 
sentan en estos momentos los dos colosos europeos — la Francia y la Prusia. 

El asunto en verdad, es digno de la inspiración y del canto. 

De una parte, hay un pueblo, que provocado á una lucha que deseaba, 
ataca con una precisión científica, mueve como por encanto enormes masas 
de soldados, que la disciplina convierte á la vez en máquinas de guerra : de 
la otra, hay un gobierno inepto, que arrastra á un pueblo al sacrificio, em- 
briagado con el recuerdo de sus glorias, y que lo hace pelear diseminado, 
contra un número siempre superior y las más veces hasta sin municiones. 

El vencedor hasta hoy, trae solo la enseña del pasado, los recuerdos del 
militarismo monárquico, el dogma del gobierno del pueblo á nombre de la 
divinidad ; el vencido encarna la regeneración del porvenir, la lucha perpe- 
tua entre la libertad y el despotismo, y el dogma santo del gobierno del 
pueblo por el pueblo. 



A FRANCIA 161 



En 8U origen, la guerra de ambas naciones, era guerra de ambiciosos, cues- 
tión de dinastías, de influencia política. 

En seguida, se hizo guerra de pueblos, guerra de razas. 

Hoy es guerra de conquista, de ensanche de fronteras, de anexión de te- 
rritorio, por parte de la Prusia. — Por parte de la Francia, es cuestión de de- 
fensa, de unidad, cuestión de vida ó muerte. 

El porvenir dirá lo que la civilización va á cosechar de esta cruenta 
prueba. 

El porvenir es tuyo^ libre Francia ! dice el poeta.— ; Quién sabe ! 

Si la Francia es vencida, mutilada, el germen de las ideas generosas, pue- 
de estinguirse ul menos por algún tiempo. 

La luz del sol se oculta también detrás de los celajes, y el soplo del vcn- 
dabal apaga la voz simpática del cisne. :d — La Prensa de Buenos Aires. 
1870. 



162 OLA VIVA 



XXVI I 



OLA VIVA 



(I) 



AL PROFESOR DON LUIS D. DESTEFFAMS , 

EX-CATEDRÁTICO 
DE HISTORIA l'NIVERSAL EN LA INIVERSIDAD MAYOR DE LA REPIDLICA 



•> « « 



Patria del gónio, Italia ! encantadora 
Región del arte, amor y poesía. 
De un hijo luyo la triunfante prora 
Rasgó el velo que íi América escondía ! (2) 

Para la heroica España el botin era. 
Más para la humanidad fué la conquista. 
Y la Italia acudió, como doquiera 
Que alguna empresa redentora exista. 



OLA VIVA 163 



Su grey abandonaba sus hogares, 

Y en tropel invadía nuestros puertos, 
Á derribar los bosques seculares, 

Y á ganar palmo á palmo los desiertos ! 

Labradores, artistas, industriales, 
Ellos nos dan sus músculos de acoro. 
Su inteligencia y decisión geniales. 
Que no conocen á su afán lindero. 

Y á las que prodigó naturaleza 
Esculturales formas, nos ofrecen 
Los deliciosos tipos de. belleza 

Que en la margen del Lacio resplandecen. 

Después de nuestra madre, la gloriosa 
Ibérica nación, grande en hazañas, 
Nadie vertió más savia generosa 
Del uruguayo pueblo en las entrañas ! 

España, Italia, Francia! aún predomina 
Por vosotras en suelo americano, 
La raza nobilísima latina 
Al Teutón entroncada y al Britano. 

Y como en un crisol do ardiente lava, 
Que en fusión los metales precipita, 
La estatua humana por fundirse acaba 
En un molde ideal cosmopolita. 

p. Y o. 24 



164 OLA VIVA 



Como en los tiempos de la antigua Grecia 
Brotan entre esplendores de su seno, 
Bellezas con el alma de Lucrecia, 
Hombres del temple de Guzman el Bueno ! 

¡ Oh como no tenderte las dos manos, 
Italia, cuyos hijos contra Atilas, 
Oponiendo su pecho á los tiranos 
Derramaron su sangre en nuestras filas ! . . . 

Á la ola viva, colosal colmena 

Que del suelo de Europa se desprende, 

El Gulf Stream (3) sacude su melena, 

Y el Atlántico mar férvido hiende. 

Á su paso, la atmósfera encendida. 
Parece modular tiernas canciones, 

Y aura primaveral, calor y vida. 
Lleva del viejo mundo á las regiones. 

Asi cuando las hiere la desgracia. 
Del Plata al golfo Mejicano, en coro. 
Les envía un raudal la Democracia 
De ardientes preces, lágrimas y oro. 

El terremoto con su mano hirsuta 
A Ischia infelice despedaza ahora, 

Y bajo el negro pabellón que enluta 
Su cielo, Italia arrodillada llora. 



OLA VIVA 165 



De huérfanos, viudas y lisiados, 
i Ay para siempre ! ... el hórrido lamento, 
Con el grito postrer de los finados, 
Sollozando nos trae lúgubre el viento .... 

Escucha ese clamor, Madre del alma. 
Evoca tus recuerdos, Patria mía ! 
Enlaza á su ciprés austera palma, 

Y abre tu mano fraternal y pía. 

Y tu óbolo oriental caiga en el ara 

Y resuene en las alas del Ausonio, 
Con el timbre del himno que vibrara 

En el campo inmortal de San Antonio ! (4) 



1883. 



(1) Leída en el salón de la Liga Lombarda la noche del 18 do Di- 
ciembre de 1884. ( Véase el Apéndice. ) 

Alie 9 pom. — dice LItalia — ¡1 Presidente effettivo sig. Domizio Lá- 
strete aprí Tatto, e l'egregio giovane Luigi Garabelli, studente di legge e 
valoroso cultore delle lettere e delle arti belle, diede con vigoroso accento 
lettura della bellissima poesia dcirispirato poeta uruguayo. 

Es esta, una riquísima adquisición que hace el Circoloy y con placer 
guardará él en su archivo la inspirada poesía que lleva por título Ola viva. 



166 OLA VIVA 



verdaderamente inspirada en los más altos sentimientos de caridad y frater- 
nidad, y llena de nobles pensamientos en honor de nuestra bella Italia. — G. G. 

(2) Non é argomento di poca meraviglia il vedore come e quanto feli- 
cemente, in mezzo a prcocciipazioni politicho e ad aüaccendamenti com- 
merciuli, bí coltivi la poesia nel giovine stato della Repubblica Oriéntale. 
Niun sentimento, per alto o profondo cb'ei sia, dalla religione alia patria, 
daH'amor deirumanitá a quello della donna, manca di acconcia espressione 
in qiiesto volume, (el autor se refiere al Álbum de Poesías Uruguayas) che 
sará ricercato e consultato utilmente dal Ictterato per conoscere le manife- 
stazioni dell'arte contemporánea in cotesto libero angelo delnuovo mondo, e 
dallo statista per studiare ¡1 grado di civilta di una gente, cui la cultura intel- 
lettualo non ó meno cara della nazionalc indipendenza. Sulle rive della Pla- 
ta e presso un popólo di varia origine, la musa spagnuola ba assunto, ci 
pare, una liberta tutta moderna di andamento, che forse sul suolo della ma- 
dre patria le era victata dalle tradizioni secolari : e questi poeti sonó tutti 
cornpresi ed agitati daU'alito possente delle idee e dei sentimenti del secólo. 
Ma spesso il pensiero toma alie anticlie leggendo e alie storie dei tcmpi an- 
tichi : e agli italiani piacerá di vedervi inneggiato a due grandi loro concit- 
tadiui, il cui nome fe'battere anche i cuori degli uruguajani : Colombo sco- 
pritore deirAmerica. e Garibaldi dif ensero di Montevideo. — Alessandro 
D^Aiicona, 

1879 . 

(3) Esta corriente termal, nos decia el doctor Rawson hablando del 
Gulf-Stream, verdadero rio en el Océano, tiene constituidos su lecho y sus 
orillas por capas de agua fría entre las cuales corren por oleadas aguas ti- 
bias azuladas. 

En ninguna zona del globo existe corriente tan majestuosa; es mas rá- 
pida que el Amazonas, mas impetuosa que el Missisipi, y la masa de estos 
rios no representa la milésima parte del volumen de agua que ella desaloja. 
Á su salida del canal de la Florida y cuando se dirige hacia el Norte, tenien- 
do una ligereza media de 5 kilómetros y medio por hora, el Gulf-Stream 
abarca mas ó menos 59 kilómetros de ancho y 370 metros do profundidad. 
En el Atlántico se hace mas ancha, pero es menos profunda; se extiende do 
más en más y concluye por cubrir la extensión comprendida entre las islas 
Azores y la Islandia, desde la orilla de la península (España) hasta los bor- 
des del Spilzberg. Este rio, cuya temperatura al salir del golfo de Méjico es 
do mas de 30° centigrados, arrastra una enorme cantidad do calórico que 
poco á poco se va irradiando en las capas líquidas con quienes se pono en 



OLA VIVA 167 



contacto, al par que hasta una altura elevada, en el aire que descanBa sobro 
olla, adviértese una neblina de alguna densitlad, ocasionada por la evapora- 
ción incesante que allí se produce. 

El bacalao y otros pescados de los trópicos descienden la corriente del 
Gulf-Stream sin cambiar de zona; los pájaros marinos, los vientos y las tem- 
pestades se dirigen hacia el Norte en la tibia atmósfera que mantiene ; por el 
contrario, los animales de los polos no pueden abandonar sus regiones y los 
cetáceos se detienen delante del Qulf-Stream, como delante de una barrera 
de llamas. 

La corriente de este golfo ejerce una acción bienlicchora sobre el clima 
do la Europa; los lagos de las islas Feroe y de las Sliotland no se congelan 
jamás, gracias á la tibieza de sus aguas : la Gran Bretaña se cubre de nieblas 
á ve<:es extremadamente densas, cual si recibiera un inmenso baño de vapor, y 
el mirto crece sobre las orillas de la Irlanda bajo la misma latitud que el La- 
brador. — Joaquín A. de Toledo. 
1884. 

(4) Véase la nota 1 de la página 144. Invitados con premura y en mo- 
mentos que no nos encontrábamos bien de salud, á tomar parte en la velada 
Hterario-musical celebrada en el teatro do Solis el 12 de Febrero de 1885 á 
beneficio de las víctimas de los terremotos ocurridos en Andalucía, y á con- 
tribuir con un autógrafo para el Albüm preparado con el mismo objeto por 
la prensa do Montevideo; en la imposibilidad absoluta de prestar nuestro 
concurso de otro modo, enviamos á las Comisiones respectivas la poesía 
XXXV para el certamen, y copia do algunas estrofas de Ola viva para el 
Aldum, sustituyendo en vista de la identidad del caso y de la situación de 
los dos países en la tremenda catástrofe, la palabra España á la de Italia, y la 
última cuarteta por la siguiente : 

« ¡Que tu ofrenda filial, Montevideo, 
Como el gemido que tu pecho exhala^ 
Y tu óbolo de amor, digno trofeo 
Sean del pueblo que fundó Zabala ! 2> 

Creímos que ningún recuerdo debia ser mas eficaz en esta ocasión que el 
del ¡lustre fundador de Montevideo, cuya gloria veneran los orientales al par 
de los españoles. En la serio <le artículos sobre el Rio do la Plata que publi- 
camos en la prensa de Madrid — 1848, 1851 — hablando de aquel importante 
acontecimiento, decíamos : a Estaba ya en el Gobierno de Buenos Aires el 
capitán general don Bruno Mauricio de Zabala, esforzado guerrero, íntegro 



168 OLA VIVA 



magistrado y hombre bien quisto en todas las provincias del Rio de la Pin- 
ta.» (1) No necesitamos insistir sobro las bellas dotes que le adornaban, por 
que fácilmente se comprenden al recordar su conducta en la fundación de 
Montevideo, y las honrosas palabras con que el monarca supo hacer justicia á 
sus grandes y largos servicios, lealtad y patriotismo. Bse valiente caballero, 
que tratando do justificar su vigorosa energía con los portugueses, se atrevía 
á decir á su rey: c para defender el país hasta perder la vida no necesito ór- 
denes ningunas. 3 (2) — Estudios históricas, pág. 65. 



(1) Empezó á gobernar en 1717 y concluyó en 1784: pocoB gobernadores han obtenido tanto 
tiempo la confianza del monarca. Esta sola circunstancia hace el mas completo elogio de Zabala. 

(S) DuBio UE Zabala — Actas sobre la fundación de Hontavidco, pág. b. 



ONDA VIVA 169 



XXVIII 



ONDA VIVA 



Vcrsionc del prof. G. Bordoni 



• « 



Patria del Genio, Italia! Alma Signora 
Dell'arte, deiramor, della poesía ! . . . 
D'un íiglio tuo rardimenlosa prora 
Strappava il vel che America copria. 

Era il bottino peí valente Ispano, 
Ma per Tumanitá fu la conquista, 
E Italia accorse con ardita mano 
Qual suole ovunque un'alta impresa esista. 

Disertano i tuoi figli i patrii lari 
Correndo a sciami versi i nostri lidi, 
Radendo al suolo i boschi secolari, 
Vincendo palmo a palmo i piani infidi. 



170 ONDA VIVA 



Artisti, Mercatanti, Agricoltori, 
Di forte tempra e d'enorgia tenace, 
In pro comune innumeri tesori 
Fanno produrre a questo suol ferace. 

E le fra Taltre a cui natura arcana 
Alme forme scultorie ha prodígalo, 
Offrono a noi quella belta sovrana 
Che pria Tonda del Tebro avea baciato. 

Dopo riberia a noi vanto immortale 
Per grandi geste ond'ha le storie piene, 
Niuno versó del popólo oriéntale 
Piíi generoso sanguo entro le vene. 

O Spagna, Italia, Francia ! ancor per voi 

Predomina sul suolo americano, 

La razza illustro dei latini eroi 

Al Sassone innestata o all'anglicano. 

E come in un crogiol di lava ardente 
Che i metalli precipita in fusione, 
L'eñigie umana n'esce risplendente 
Sul modello ideal d'ogni nazione. 

D'Ellade prisca al par, Teta novella 
Estülle dall suo seno e v'oflre in dono, 
Donno dall'alma di Lucrezia bella, 
Eroi dal core di Guzman il Buono. 



ONDA VIVA 171 



Come non stenderem la man pietosa 
Italia, verso te, se i íigli tuoi 
Contro Attila in falange generosa 
Al nostro flanco combatter da Eroi ?. . . 

AH'onda viva, all'alveare ardente 
Che d'Europa ver noi crebro discende, 
Scuote il Goolf-Stream la chioma sua fremente 
E TAtlantico mar rápido fende. 

Al suo passaggio l'atmosfera accesa 
Modular sombra teneri canzoni, 
Ed un aura vitále ond'é compresa 
Giunge del vecchio mondo alie regioni. 

E allor che da sventura essa e colpita, 
Dal Plata, al Golfo Messicano in coro. 
Una fiamma di calor di vita 
N'esce, e di preci e voti ardenti, ed oro. 

II terremoto colla mano prava 
Frantumain oggi Tlschia sventurata. 
E sotto il lutto che su leí si aggrava 
Piangendo Italia giace al suol prostrata. 

D'orfanelli, di vedove, e di tanti, 
Colpiti, ahimé ! per sem|)re. . . il rio lamento 
Col grido estremo dei caduti e i pianti 
Ne porta in suon di duol lúgubre il vento. 

p. Y o. 25 



172 ONDA VIVA 



Odi questo clamor, madre deU'AIma, 
Evoca i tuoi ricordi, o patria mía, 
Annoda al suo cipresso austera palma, 
Ed apri la tua man fraterna e pia. 

E Tobólo oriental cada nell'ara 

E risuoni suU'ali dell'Ausonio, 

Col timbro che colpi Teco preclara 

La nel campo immortal di San Antonio ! 



II pronicttcnte e garbatiasiino giovnne 8ig. GiuRcppi Golletti leBse íd se- 
guito con elegante porgenzu la eccelente versione della precedente poesía, 
falta dal nostro egregio aiiiico prof. Giosiié E. Bordoni, il quale Huperó col- 
Tusata Hiia felicita grinconveniente non lievi di RÍniile lavoro. — Ulialia, 

Una crecida y selecta concurrencia asistió anoche á la anunciada y pú- 
blica conferencia del profesor Desteffanis. 

Los asientos de la uiesa de honor eran ocupados por el conde Greppi, Do- 
mizio Lastretto y otras personas de distinción. 

Después de breves palabras del señor Lastretto, el joven Garal>elli dio 
lectura á una preciosa poesía que el ilustre autor dedicó á su amigo el ex- 
catedrático de historia, composición que fué aplaudida con entusiasmo, y aun 
más cuando el señor Golletti la declamó traducida en italiano, traducción de- 
bida á la bien tempIadai|)luTiia del profesor Bordoni. 

La disertación del profesor Desteifanis sobre la ce batalla de Macladio » 
despertó la atención general y á su terminación una salva de aplausos milu- 
dó al conferenciante. — El Ferro- Carril . 



LAS DOS ORILLAS 173 



XXIX 



LAS DOS ORILLAS 



(I) 



(cAbril, 1 87 1) 

Á D. HÉCTOR FLORENCIO VÁRELA 

« « « 

Alli, la fiebre horrible con descarnada mano, 
El cuello atenacea del pueblo de Belgrano, 
Con la rodilla oprime su pecho de titán. 
Y cuando por momentos á levantarse aspira. 
Parece que implacable, de la celeste ira 
Revienta con más furia mefítico el volcan. 



Aquí, bajo el azote de fatricida guerra, 
Hermanos contra hermanos en la llanura y sierra, 
Se embisten con la saña del bárbara Caín ! 

Y al ¡ ay ! de cada mártir que cae en la pelea, 
Rasgando sus crespones el cielo centellea, 

Y negra sombra espesa cubriendo va el confín. 



Allí, letal veneno se infiltra por las- venas, 
Y de la peste en alas esparce á manos llenas. 
Luto, dolor, espanto y desesperación. 



174 LAS DOS ORILLAS 



Aquí, á los resplandores de la civil hoguera, 
E\ genio de la guerra nos deja en su carrera 
Tan solo sangro y ruinas, miseria y desunión ! 



Oh! Buenos Aires, cuna de heroicidad y gloria, 
Al verte hoy abatida cual víctima espiatoria. 
No es sólo tu infortunio quien dobla mi sufrir : 
Al revolver los ojos á su nativo suelo, 
El uruguayo vate con entrañable duelo, 
Á sus pupilas siente las lágrimas venir ! 



Mas ante tu infortunio, fuerza es que el suyo calle. 
Aunque en silencio, roto, su corazón estalle; 
Al pié do los altares que llore la mujer ! 
Que su plegaria santa levanten lacrimosas 
Las madres y las hijas, las vírgenes y esposas : 
Dios oye á las que saben por otros padecer ! 



Los que se llaman hombres, de pié, sobre la brecha! 

Y cuanto más furiosa la tempestad deshecha 

El suelo á cada paso, voraz, haga entreabrir; 

Que caigan cual Sansones, y aplasten bajo el templo 

Al enemigo oculto, y enseñe su alto ejemplo 

Al pueblo, si es preciso, por el deber morir ! 



Asi caveron otros, v con el mismo celo. 
Reluchan cuerpo á cuerpo con el atroz flagelo 
Los que valientes quedan, de su bandera al pió ! 



LAS DOS ORILLAS 175 



Entre ellos hay dos héroes (2) oh noble patria mia ! 
Que en tu regazo amante vieron la luz del dia, 
Y á los que dio tu aliento su abnegación y fé ! 



Para abatir al monstruo de la civil contienda. 

Y encaminar la Patria por la florida senda 
Que á un porvenir conduce de irresistible imán ; 
Que se alcen inspirados los hijos de la idea, 

Y como sus hermanos en cívica pelea, 
Apóstoles sublimes, muriendo vencerán ! 



Recorre tus linderos, oh magestuoso Plata! 
Hacia la mar hirviendo tus ondas arrebata, 

Y llama á la tormenta con tu gigante voz ! 
Que el rayo purifique la atmósfera maldita. 
Los gérmenes abrase que infecto el aire agita, 

Y baje envuelto en lluvias el hálito de Dios ! 



Y tú, viento terrible, que vienes de la Pampa, 
Sacude tu melena, J,u férreo brazo estampa, 

Y rompe el venenoso cerco que envuelve asi 
Del Plata enlutecido las dos tristes orillas; 

Y aventa hasta el infierno las pútridas semillas. 
Que allí la vida arrancan y el bien matan aquí ! 



Á la obra, ciudadanos! de pié, que ya en el monte, 
El sol de la esperanza cortando el horizonte 
Nos muestra á Buenos Aires bajo el azul dosel, 



176 LAS DOS ORILLAS 



Que se alza redimido, y al Uruguay dichoso 
Que pone en la cabeza del pueblo generoso 
Con estrellado nimbo, guirnaldas de laurel ! 



1871 



(1) Leída por el Dr. D. Juan Carlos Blanco en la Conferencia Litera- 
ria que tuvo lugar en SoIíh á beneficio de las víctimas de la epidemia de 
Buenou Aires la noche del 14 de Abril de 1871. 

De los numerosos artículos publicados con motivo de la Conferencia, 
transcribimos algunos breves párrafos pertenecientes á los hermanos Ramí- 
rez , que en aquella época so hallaban al frente de los dos principales perió- 
dicos políticos y literarios de Montevideo: El Siglo y La Bandera Radical, 

La poesía, ese lenguaje natural de las impresiones sublimadas que no 
pueden revelarHc en el lenguaje vulgar do la espresion humana , ha tenido 
todos los honores de la fiesta. 

Como el mar y el desierto, la inmensidad y el espacio, la montafia y el 
abismo requieren la intuición poética para describirse, reclaman el canto del 
poeta la libertad y la gloria, la caridad y el amor, los grandes infortunios 
y los grandes consuelos . 

El entusiasmo delirante dominaba al auditorio escuchando las valientes 
estrofas de Magariños Cervantes ; el recogimiento mas tierno paralizaba su 
aliento cuando el autor anónimo, honrando en las letras la memoria grata del 
que llevó su mismo apellido, y fué Adolfo Bcifo, dibujaba á grandes y senti- 
dos rasgos los tiernos cuadros de la orfandad y los ayes desgarradores de la 
maternal solicitud; — y cuando Lasala evocando el ángel de la Paz, hacia su 
tierna y modesta profesión de fé, su auditorio bcndecia la santa inspiración 
del noble republicano; y cuando Bemat remontaba el vuelo de su pensamien- 
to de proscripto á la morada de sus padres , el público sentía las emociones 
que habrán torturado el alma de todos los proscriptos do la tierra, porque Ber- 
nat revelaba allí, no los dolores y los recuerdos de un proscripto, sino los re- 
cuerdos y los dolores de la proscripción, en acentos de sencillísima verdad y 
lágrimas de ternura imponderable — José Pedro Ramírez. 
1871. 



LAS DOS ORILLAS 177 



Después que el pueblo ha coronado de aplausos á Eduardo Gordon y á 
Feíinin Ferreira, suena el nombre de Magariños Cervantes, y el pueblo se 
recoge para escuchar, suspenso, al único de sus viejos poetas, que queda aún 
sobre la brecha.... 

Desde el cielo de la inspiración, el bardo abraza con una mirada sola, el 
cuadro lúgubre de las dos orillas, y con desesperación llora sobre el infortu- 
nio común de los dos pueblos , y maldice valientemente al cruel fantasma 
de la peste y al demonio impío de la guerra, y pide al Plata sus tormentas y 
al Pampero sus furores, para purificar allí la atmósfera del cuerpo y aquí la 
atmósfera del alma; y evoca el temple estoico de los hombres ciudadanos 
para salvar la vida allí, aquí la honra, la libertad, la paz .... 

Ah ! Montevideo tocado ¿ la vez en sus dos llagas , la desgracia propia 
y la desgracia ajena — tocado con el bálsamo' de una esperanza seductora, 
saluda á su poeta, lleno de agradecimiento y de comunicativo entusiasmo. — 
Carlos María Ramírez. 
1871. 

(2) Además de otros compatriotas nuestros, merecen un recuerdo espe- 
cial el Dr. D. Juan Carlos Gómez y D. Héctor F. Várela, que figuraron en 
primera línea entre los que más se distinguieron por su abnegación y horois- 
mo, desde el principio hasta el fin de aquella espantosa epidemia, en la que 
hubo dia fallecieron hasta mil personas ! 

Son bellísimas por el sentimiento patriótico y la viril entonación las es- 
trofas que el Dr. D. Gonzalo Ramirez consagró á Gómez en su canto El ge- 
nio de la muerte y el Ángel de la Caridad, leido en Solis esa misma noche ; 
estrofas que arrancaron una verdadera tormenta de aplausos . 

c Hay almas que en las horas tremendas de la prueba 
No abate la maldita miseria terrenal : 
Que allí donde la muerte su negro trono eleva 
Emprenden cuerpo á cuerpo la lucha con el mal. 

» Del temple de esas almas ¡ gloriosa patria mia ! 
Hay uno de los tuyos en la infeliz ciudad — 
Su nombre tú lo sabes — en horas de agonía 
Tú le tuviste al lado del duelo y la orfandad . 

» Tus hijos le han negado la lumbre de tu cielo, 

Y asiento en el banquete de patria y libertad : 

Y él lleva á los altares del extranjero suelo 
Su vida en holocausto de la hospitalidad » , 



178 ALMAS HERMANAS 



XXX 



ALMAS HERMANAS 



AL EGREGIO ORADOR URUGUAYO DR. D. JUAN CArLOS BLANCO (l) 



« « « 



En prosa ó verso, es unu la potencia 
Que arrebata las palmas del combate : 
Hay siempre poesía en la elocuencia ; 
Hermanos son el orador v el vate. 



De Bolívar la frase audaz retumba 
Como el canto sublime de Tirteo, 
y en Carabobo y Ayacucho, tumba 
Abre al coloso ante su voz pigmeo ! 

Libre ó ceñido al armonioso metro 

El verbo de las almas se apodera ; 

Y á pié ó sobre el Pegaso, lleva cetro 

El que incendia los pechos en su hoguera ! 



ALMAS HERMANAS 179 



El sol del Ideal, el rayo estético, 
Iluminan al par su altiva frente: 
Cuanto eleva el espíritu es poético ; 
Cuanto llega hasta el alma es elocuente. 

No vibra con más fuerza y ardimiento 
Del laúd creador la íntima nota, 
Que el ademan y el varonil acento 
Con que el tribuno á la maldad azota. (2) 

Poder del genio 1 . . . inmortaliza Homero 
Á la que ruina fué de los Troyanos ; 
La túnica á Fhriné rasga el vocero 
Que airados vé á los jueces inhumanos. 

« — Condenad, si lo osáis, grita Hyperide, 
A Venus que ha bajado de los cielos/ » 

Y con un golpe que la audacia mide 
Al suelo arroja los flotantes velos. 

De admiración los jueces confundidos 
En un clamor exhalan su embeleso, 

Y en vez del mortal fallo, estremecidos. 
En su labio el perdón imita un beso (3) 

Así cuando genial chispa desciende, 

Y eléctrica sacude cuanto halla. 

El pueblo — niveo alud que se desprende — 
Cruje, y en grito formidable estalla ! (4) 

p. V o. 26 



180 ALMAS HERMANAS 



Mentiras, odios, móviles menguados, 
Que interceptan la luz con velo denso, 
Hacia el abismo ruedan, sepultados 
Bajo el aplauso popular inmenso ! (5) 

En la Prensa, en el Foro, en la Tribuna, 
Su látigo de fuego alza tonante 
La palabra, que mágica se auna 
Con el estro que vence al consonante. 

En prosa ó verso, es una la potencia. 
Que arrebata las palmas del combate : 
Hay siempre poesía en la elocuencia; 
Hermanos son el orador y el vate. 



Setiembre 15 de 1883. 



(1) En do8 de sus notables discursoR cuyo tema era El pensamiento y 
lafomia, y La prosa y la poesía, pronunciados en las fiestas literarias del 
Ateneo, hizo el Dr. Blanco algunas referencias, que en la parte que nos 
concemia, le agradecimos cordialmente, y en prueba de ello, le enviamos 
estos versos, escritos al acabar de leer su segundo discurso. 

Para mejor inteligencia, y como complemento ó glosa de lo que dejamos 
expuesto, transcribimos á continuación algunas líneas de los referidos dis- 
cursos y de una [carta del inspirado orador, publicada en los Anales del 
Ateneo del Uruguay, correspondiente al 5 de Octubre de 1883. 

Sí en esta ocasión se detiene mi palabra, pálida y marchita, sin entusias- 



ALMAS HERMANAS 181 



mo, atríbnidlo á otras causas cstrañas á mi admiración por las bellas artes, y 
á mi afán por el bríllo del Ateneo. 

Con todo, la presencia de este auditorio forja estímulos á la imaginación 
desfallecida, y hace olvidar con su prestigio, siquiera sea por breves horas, 
las tristezas de los dias presentes. 

No voy, sin embargo, á pronunciar un discurso ; apenas sí continuaré 
ante vosotros una conversación literaria comenzada noches pasadas con un 
eminente poeta á quien no necesito nombrar, porque todavía nos embarga su 
robusta inspiración, la inspiración de La Cumbre, la robusta inspiración de 
Alejandro Magariños Cervantes. 

Demasiado lo sabéis para que yo lo repita una vez más. — Allí donde ter- 
mina la intensa radiación eléctrica, se produce la sombra sin penumbra. 

Mi conversación literaria llenará en esta conferencia el espacio de la som- 
bra, de la sombra sin penumbra que proyecta la alta elocuencia y la escelsa 
poesía. 

El pensamiento y la forma. Sigamos la disertación comenzada con el 
poeta. — Juan Carlos Blanco. 
1881. 

(2) Aquí, entre los poetas y los retóricos, habría de sentirse, como Ve- 
dia, oprímido por las formas convencionales que nos estrechan, porque él, 
verdadero orador, gran batallador de la palabra, que recibe su aliento del 
combate, necesita el combate mismo con todos sus peligros y accidentes, y 
no el caballeresco simulacro de los torneos literarios y juegos florales. 

Ah ! cuando después de escuchar una estrofa de Magariños Cervantes, 
de Zorrilla de San Martin ó de cualquier otro de nuestros eximios poetas, 
notáis la palidez, la esterilidad de la prosa, yo desearía que las señoras cuya 
presencia embellece estos actos, escucharan al Dr. Bustamante en una se- 
sión del parlamento; que le oyeran á él y á tantos más de nuestros tríbunos, 
yo desearía que presenciaran una sesión semejante para que se viera que la 
elocuencia llega hasta la sublime estrofa, y que si en 1873 hubo Cuerpo Le- 
gislativo en la República, todavía hay oradores, aunque su sombra y su pala- 
bra vaguen alejadas del entonces augusto recinto I — Juan Carlos Blanco. 
1883. 

(3) Ahora, si volviendo al tema de La prosa y la poesía, yo quisiera 
agregar que allí donde aquella termina, empieza ésta; que el ritmo vivifica 
el pensamiento; que el concepto hablado es impotente para las grandes con- 
densaciones; que el verbo debe ascender al himno para arrebatar los espiri- 
tas, entonces podria darme la satisfacción de justificar mis asertos y de pro- 



182 ALBÍA8 HERKAIfAS 



bar á la vez que aprovecho las lecciones^ invocando el mismo cuadro qae 
Vd. traza en las siguientes estrofas, situación dramática que la palabra no 
podría expresar sino débilmente. 

Poder del genio ! . . . inmortaliza Homero 



Üe admiración los jueces confundidos 
En un clamor eximían su embeleso, 
Y en vez del mortal fallo, estremecidos, 
En su labio el perdón imita un beso .... 

Así dice Vd. y hay tal movimiento oratorío en esos magníficos versos, qae 
el ritmo y la cadencia no se perciben separadamente, sino identificados con la 
idea, con la acción y la escena tan magÍBtralmento descrita. — Juan C, Blanco. 
1883. 

(4) Se dice que los antiguos galos, como emblema del ascendiente de la 
palabra, representaban un Hércules armado, do cuyas manos partían cade- 
nas de oro que iban á parar á los oídos de los que le rodeaban. Las cadenas 
estaban flojas, lo que quería significar € que el poder del orador no descansa 
en la fuerza, sino en la magia de la expresión y del pensamiento que cautiva 
y arrastra las almas y los corazones.» (1) 

En efecto, más que la música y tanto como la poesía, la elocuencia sacu- 
de los corazones con nervudo brazo. — Anacleto Dufort y Alvarez, 
1881. 

(5) ¡ Oh 1 la palabra ! Sublime manifestación de la fuerza humana, úni- 
co elemento capaz de sacudir, guiar, enloquecer los rebaños de hombres so- 
bre el polvo de la tierra ! Tiene la armonía del verso, la influencia pene- 
trante del rítmo musical, la forma de los mármoles artísticos, el color de los 
lienzos divinos. Y entre los raudales de su luz, las olas de melodía, las for- 
mas armoniosas como el metro griego, va el sarcasmo de Juvenal, la flecha 
de Marcial, la punta inciHÍva de Swf t ó el golpe contundente de Junius, el su- 
blime anónimo ! . . . — Miguel Gané, 

1884. 



(1) Lopes. 



i UN EUNUCO 183 



XXXI 

Á UN EUNUCO 

• • « 

El odio, la calumnia, la sátira insolente 
Contaminar mi alma no pueden con su hiél, 
Y rugen despechadas por que al rozar mi frente. 
El fango que le arrojan se cambia en un laurel ! 



1866. 



184 A ADELAIDA 



XXXI I 



A ADELAIDA 



LA NOCHE DE MI PARTIDA (l) 



• • 



Sí, yo te adoro. . . mi única esperanza, 
Mi ilusión, mi delicia, mi ventura ! 
Tú eres la estrella cuya lumbre pura 
Me guiará con su mágico fulgor. 

Y al darte entre sollozos mi postrero 
Adiós que el labio á pronunciar no acierta, 
El alma mia de dolor cubierta 

Quiere en tus brazos espirar de amor ! 

Pronto las olas del gigante Plata 
Heridas por las alas del Pampero, 
Á otras riberas con embate fiero 
Arrojarán mi esquife volador: 
Pronto de vista perderé los montes 

Y verdes playas de mi patrio rio. 
Por eso quiero antes, ángel mió, 
Quiero en tus brazos espirar de amor ! 



Á ADELAIDA 185 



Por vez tercera mi destino ingrato 

Me arranca de mis lares, é iracundo, 

Solo y errante por el ancho mundo, 

Me lleva peregrino, en el albor 

De mi temprana vida. . . ¡ay! era yo niño 

Las dos primeras veces, la tercera 

Soy hombre, mi Adelaida, y . . . mas valiera 

Aquí en tus brazos espirar de amor ! 

¡Luz de mis ojos! ¡alma de mi alma! 
Astro divino á cuyo dulce rayo 
Mi mente sacudía su desmayo, 

Y en un raudal de fuego abrasador 
Bañado el corazón se dilataba, 
Ardiendo en entusiasmo, en estro y gloria. 
Para que nadie borre tu memoria 

Quiero en tus brazos espirar de amor ! 

Aun miro tus pupilas que envidiara 
El mas terso brillante, dulcemente 
Clavadas en las mias, y tremente 
Con lánguido abandono seductor 
Descansando tu mano entre las mias. 
Reclinada en mis hombros tu cabeza. . . 

Y esclamo : bien merece tal belleza 
Loco en sus brazos espirar de amor ! 

Ven ¡oh mi cielo ! tus rosados labios 
Pon en mis labios que despiden fuego, 

Y con delirio celestial y ciego 

Dame á beber tu aliento embriagador ! 



186 k ADELAIDA 



Y Otra vez y otra vez, sienta tu pecho 
Latiendo apresurado bajo el mió, 

Y los dos con amante desvario 
Repitiendo á la par: muero de amor! 

Ven ! y permite que febril de nuevo 
Atrevida mi mano en su carrera. 
Desparrame tu negra cabellera 
De tus blancas espaldas en redor; 

Y absorto te contemple, y desgarrando 
De tu pudor vencido el postrer velo, 
Te diga á media voz : llévame al cielo, 
Quiero en tu seno agonizar de amor ! 

¡ Empeño inútil ! ¡ ilusión mentida ! 
Ya luce precursor de la mañana 
El crepúsculo, y desde tu ventana 
Se vé el mar y se escucha su rumor. 
Es fuerza separarnos, y aunque siento 
Algo que el corazón me hace pedazos. 
No, no mata el placer cuando en tus brazos 
Hoy no he podido sucumbir de amor ! 

¡ Adiós mil veces! donde quier que vaya 
Me seguirá tu angélica memoria, 

Y los laureles que me dé la gloria 
Tuyos serán mi genio inspirador! 
Desde Europa tal vez, tal vez mi nombre 
Salve triunfante los inmensos mares, 

Y te traiga entre férs-idos cantares 
Algún recuerdo de inefable amor! 



Á ADELAIDA 187 



Entretanto mi sol, eterna y pura 

De ese amor la esperanza te acompañe, 

Y que otro amor aleve, nunca empañe 
La imagen de tu errante trovador ; 

El te adora, Adelaida, hasta la muerte, 
Con alma, corazón y pensamiento, 

Y si el cielo le oyese, aquí al momento 
Tú le verías espirar de amor ! 

Guarda estos pobres mal trazados versos 
Regados ¡ ángel mió ! con mi llanto ; 
En noche de alegría y de quebranto 
Á tu ruego escribilos. . . junto á ti. 
¡Ah! cuando mi recuerdo evoque alguna 
Lágrima celestial, léelos y luego, 
Al elevar al Hacedor tu ruego, 
Esta noche recuerda y piensa en mí ! 

Montevideo, 31 de Diciembre de 1846. 



(1) Por razones del foro interno, y dado el carácter de esta colección 
de poesías, habia escluído de ella todas las composiciones del género inümo, 
escritas la mayor parte en los primeros años de mi juventud; pero una mano 
discreta, la misma adorada compañera en cuyo homenaje hacia con placer 
este pequeño sacrificio, tuvo el capricho de sacarlas de la cartera especial 
donde yo las habia relegado, y volvió á colocarlas entre las destinadas á la 
publicidad, con las siguientes líneas, testando la nota que el autor habia 
puesto en aquellas : 

c Tu pasado no me pertenece^ y loa que aman al poeta no me perdonarían 
que por temor de herir mi susceptibilidad hubiese mutilado su obra. Deja, 
pues, que resuenen en tu lira libremente todas las notas que han vibrado sus 
cuerdas desde la aurora hasta el ocaso de tu vida. Si como tú dices, también 

P. Y O. 2^ 



188 Á ADELAIDA 



hay en el amor resplandecientes verdores de palmas y sombras melancólicas 
de ombúes que refrescan el alma, lo mismo en la alborada que al caer la 
tarde, por qué quieres escluirlo de tu libro ? 

9 Para mi cariño y satisfacción basta la sentida dedicatoria que de él me 
haces, y que sea para mi tu último cunto, (pág. 2) 

9 Nada conseguirías por otra parte con suprimir en el volumen esas par- 
tituras, desde que corren impresas en periódicos y revistas, y yo las he leído 
y sabia algunas de memoria antes de conocerte. 

:» Deseo, pues, conservarlas reunidas en el libro que me brindas, para te- 
nerlas así á mano : 

Como piezas de música selecta, 
Que siempre con deleito se repiten ; 

» Y protesto contra toda eliminación ó mutilación indebida.:» 

A pesar de los términos tan explícitos de este generoso bilí de indemnidad, 

juzgué conveniente limitar á dos ó tres el número do las susodichas piezas, y 

exigí que ella misma las elijiera. 

Así lo hizo, y por eso figuran en el libro : saudades, á Adelaida, y deja 

QUE YO TE BESE, traducción de otra de Odicini y Sagra. 

La alta reputación conquistada por el autor en la poesía heroica y en la 
descriptiva, ha hecho que sean consideradas como de menos valer sus com- 
posiciones eróticas, por los que no las conocen. Sin embargo, es evidente 
que las tituladas Himno, Mírame asi. Diamela, en las Brisas; y Noche c«- 
trellada. La ondina del Uruguay, Amor-virgen, Ondas y nubes, y otras en las 
Horas de Melancolía, pueden ponerse al lado de las mejores en su género. 

Campean en ellas las cualidades escepcionales con que se reveló el poeta 
desde sus primeros cantos, según el autorizado juicio de Rivera Indarte y 
Ventura de la Vega. 

Singular privilegio de la inspiración, genial, expontánea, fascinadora 
como el sentimiento que lu produce! Aun en las situaciones mas arriesgadas 
ó melindrosas, como dicen los que hablan el idioma de Camoens, el poeta 
del Plata las describe ó expresa lo que siente con la candorosa naturalidad 
del inmortal vate lusitano, y sin duda cree como él, que 

Instinctos naturaes se nílo sao crimes, 

Como crime será narrar seus gosos ? 

Se é innocente a ac^ao a voz nüo pecca .... 

1866. J. P. Orihuela. 

Véase la nota última de la composición Saudades, pág. 138. 



EN LA CUMBRE 189 



XXXI I I 



EN LA CUMBRE 



(O 



AL DR. D. CARLOS M. RAMÍREZ 



PRIMERA PARTE 
TÚMULO (J) 



I 



Por la enhiesta cerviz de la montaña 

Que el valle, la llanura, el mar domina, 

Y ciñe negra nube 

Como enlutado signo de un desastre. 

Arrostrando la escarcha, el frió, la saña 

De la tormenta, temerario sube 

Un anciano que rápido camina. 

Más que los años, el dolor ha impreso 
Prematuras arrugas en su frente ; 
Pero del vicio inmundo no fué el beso 
Quien dejó su cabeza encanecida ; 
Sino grandes pasiones, ideales 
Ensueños, que en batallas colosales, 
Absorbieron la savia de su vida. 



190 EN LA CUMBRE 



I Por qué acelera el paso, 

Cuando de su existencia infortunada 

El astro corre á hundirse en el ocaso ? 

Ya del mundo cobarde nada espera ! 

En rota lastimera 

La flor de sus valientes ha caído : 

Ha visto su bandera 

Arrastrada en girones por el suelo, 

Y solo y perseguido 

Refugio busca en la región del yelo. 

Mas la nieve no apaga 
El fuego que en sus venas 
Arde como la lava comprimida, 
Que sin hallar salida, 
Estallando revienta sus cadenas. 

Al pié de una quebrada, 

Ve á la chusma servil de mercenarios 

Trepar por el collado 

Cual de hienas famélica mesnada, 

Y aquel fiero león acorralado 
Exhala de su pecho hondo rugido 

El Andes conmovido. 

Para ocultar su huella á los sicarios, 

Estiende como velos funerarios 

Las flotantes cortinas de sus nieblas ; 

Y en la nevada sien de la montaña 
La oscuridad redobla sus tinieblas. 



EN LA CUMBRE 191 



II 



Á trechos el anciano se detiene 

El campo de batalla triste mira 

Con ansia indescriptible el aire aspira. . . 
Tiéntase con las manos el vestido, 

Y observa con dolor que armas no tiene ! 

Quiere hacerse matar aquel valiente, 

Y no vé que está herido 
Acaso mortalmente ! 



III 



Ya toca el ardua cima con sus brazos — 
Reconcentra sus fuerzas un momento ; 
Afirma en ella el pié que sangre brota, 

Y el alma y corazón hechos pedazos. 
Por su mejilla rueda 

La última de dolor suprema gota. 
Por sus muertos hermanos que quisieron 
Antes morir que doblegarse al yugo ; 
Maldice á su verdugo, 

Y dando un ¡ay! al viento, 
Interroga sombrío al firmamento. 

— i Vil rebaño de viles condenados 
Al cuchillo, al oprobio, á la coyunda. 
Son títeres los hombres 
Que hace mover el genio del abismo, 
Al azar y al dolor abandonados ? 



192 EN LA CUMBRE 



i Do está tu Providencia, 

Recto Juez infalible, 

Tu paternal clemencia ?. . . 

Mi razón se confunde ! 

I Este mundo, Señor, es patrimonio 

Tan solo de malvados, 

Del crimen, la demencia, el idiotismo, 

Sangrienta burla, trampa en que se hunde 

La virtud, el honor, el patriotismo ? 

Ah! mientras alzan formidable valla 
Los que para oprimir están unidos, 

Y los cerca y defiende una muralla 

De bayonetas Ay! desnudo el pecho. 

Se presentan los buenos divididos, 
Olvidando á la vez en su despecho 

Y generosa, mas fatal ceguera, 

Que en el combate á muerte con la fiera 
Guarecida detrás de los cañones. 
La fuerza organizada no se vence. 
Sino aunando la idea sus legiones 
En un centro, una voz, una bandera! (3) 



Asi solo triunfó Montevideo. 



IV 



Al evocar la homérica leyenda 
Que el pueblo de Pacheco simboliza; (4) 
En las nubes del cárdeno horizonte, 
Que en ráfagas de luz relampaguea. 



EN LA CUMBRE 193 



Fantástico miraje, 

Ilusión encantada del deseo, 

Guardada por un monte 

Una ciudad hermosa se retrata. 

Vestida con marcial, bélico arreo; 

Heroica y grande cuando Dios quería! 

Amazona sin par en bizarría. 

Orgullo de las márgenes del Plata, 

Eterna gloria de la patria mia! (5) 

Á la extraña emoción que su alma agita, 
Sarcástica sonrisa plega el labio 
Del viejo entristecido que medita. 

— Visto desde la altura 

El mundano hormiguero cuan pequeño 

Parece! cuan frágiles y vanos 

El Poder, la Riqueza, la Hermosura, 

La efímera Ventura, 

Los triunfos del Orgullo y de la Gloria, 

Fugitivas imágenes de un sueño. 

Que adormece un instante á los humanos! 

Llena de admiración y agradecida 

Siempre y doquier la humanidad ha alzado 

Tal vez en su homenaje algo tardía. 

Mas justiciera al fin, un monumento 

Al gran hombre de Estado, 

Que en holocausto le rindió su vida ; 

Pero el poder no vale 

Por sí sólo, el tormento 

Que á la ciega ambición guarda en castigo. 



194 EN LA CUMBRB 



No vale, no, no vale. 
La hiél que brinda al malo como al justo; 
La continua asechanza, la sospecha 
Que en el alma se clava como flecha, 

Y do entra una vez ya nunca sale ; 
El zumbador enjambre 

De insoportables tábanos, 

Mezclado al ronco aullido 

De la procaz jauría despreciable 

Que ladra, muerde y torpe se desmanda, 

Y en el fango se anega 

Por el salario vil de la deshonra. 

Sin causa honesta ni pasión que ciega; 

Con el vencido misero implacable, 

Y proterva y servil con el que manda! 
La baba de la envidia repelente. 

Que en el odio salvaje que la anima. 

Ruge si os ve en el polvo, 

Rabia si os ve en la cima; 

De la infame calumnia la insolencia; 

El ultraje sangriento; 

La ira reconcentrada que palpita 

En el pecho ulcerado la impotencia 

Del Poder y quizá en hora maldita 

De vértigo y locura 

En que á Dios el gusano desafia. 

Quizá el crimen, quizá el remordimiento, 

Que torvos le acompañan noche y dia ! 

Atrás, larvas, fantasmas, tentadora 
Legión que hacia el abismo nos empuja. 
Morada del precito ; 



EN LA CUMBRE 195 



Engendros de la noche y de la fiebre, 
Placeres, vanidad, dicha mentida, 
Vosotros no apagáis del infinito 
La inestinguible sed que nos devora, 
Guando en el turbio espejo de la vida 
La sombra de la muerte se dibuja ! 



Dice el anciano, y con mortal tristeza, 
Tal vez de alguna culpa en desagravio. 
Esconde entre las manos la cabeza. . . . 
Altivo la alza luego, 

Y en fervoroso ruego 

En un himno al Creador rompe su labio. 

— Faro inmóvil que plácido destellas 
Mas allá de los orbes siderales, 

Y en densas nebulosas las estrellas 
Vas lanzando en ardientes espirales, 
Como escala de fuego en el espacio 
•Para subir al inmortal palacio ; 

Tú que eres, serás y has sido siempre 
Luz, camino, verdad, amor, justicia, 
Eterno resplandor de cuanto bello 

Y grande el hombre aclama, 

Y con pasión frenética acaricia ; 
Cuando el mal victorioso, 
Como robusto gladiador terrible. 
Su maldecida planta 

Con desprecio nos ponga sobre el cuello, 

p. Y o. 28 



196 EN LA CUMBRE 



Y las fuerzas nos falten, é invisible 
Emponzoñado germen nos sofoque ; 
Señor ! Señor ! piadoso 

Que un rayo de tu lumbre 

Nuestra abatida sien fulmíneo toque, 

Y encienda en nuestro pecho santa llama, 

Y aliento nos dé al menos, 
Para llegar cual buenos. 
Vencedores ó muertos á la cumbre ! 

Así eleva el anciano su plegaria. 
Mientras oye subir de la llanura 
Maldiciones, insultos, alaridos, 
Ultima afrenta que en silencio apura ; 

Y sintiendo sus miembros ateridos, 

Y reabrirse, sangrando, su ancha herida. 
Es para él consuelo 

No descender al suelo 

Que profana la grey envilecida, 

Y abandonado y solo, pero libre. 
Espirar como el águila en la altura. 



VI 



Solo una duda al sucumbir le aterra. 

Duda cruel del infierno : 

¿ Será por siempre eterno 

El reinado del mal sobre la tierra ? 

—¿Porqué, esclama. Dios mió. 
Tu hechura tan preciada, 



EN LA CUMBRE 197 



De SU angélica estirpe renegada, 

Ante el éxito impío 

Cual meretriz impúdica se postra ? 

¿ Porqué todo lo arrostra 

Por el placer, el mando ó el dinero, 

Sacrifica el honor al egoísmo, 

Escarnece los nobles sentimientos, 

Y hace gala de estúpido cinismo ? (6) 
Porqué suelta sonora carcajada 
Cuando llorar debiera avergonzada ? 
Porqué loca perversa, necia idiota. 
Porqué el puñal esgrime 

Contra genio, virtud, deber, derecho, 

Y los clava (si puede) en la picota, 
Lame la mano que su espalda azota, 

Y escupe al que la ilustra ó la redime ? 

Pobre anciano ! la angustia le enagena ; 
La voz de su despecho sólo escucha : 
Olvida en su delirio 
Las severas lecciones de la historia, 

Y su propia virtud que se acrisola 
Sufriendo por el bien, cual la de tantos 
Que sin soberbia pompa ni aureola. 
Modelos de entereza. 

Humildes, ignorados. 
Con viril estoicismo 
Afrontan la pobreza, 

Y saben, si es preciso, resignados. 
Caer despedazados 

¡ Oh libertad bendita 1 

Por sostener con honra tu estandarte. 



198 EN LA CUMBRE 



El Tribunal existe en otra parte : 

Aquí, en el drama humano, 

Divertida comedia, 

Ó sin igual tragedia, 

Simples actores somos en la escena, 

Donde por ley justísima, espiatoria, 

Que á todos endereza, 

No se alcanza la palma sin martirio ; 

Sin lucha, no hay grandeza, 

Sin sacrificio, gloria. 

Pero el anciano mísero 

Que en vano á Dios implora. 

Aquella abrumadora 

Duda que le atormenta, no resuelve, 

Y en su turbada mente como un dardo 

Acaso la blasfemia se revuelve ! 



VII 



La montaña de pronto se estremece. 



¿ Es el furor del Noto 

Que por momentos bramador acrece? 

¿ El Occéano salva su barrera ? 

Ó sacude á la inmensa Cordillera, 

Con su terrible cola cimbradora. 

Cual campana de alarma, el terremoto ? 



De su lecho de piedra en el regazo 
El moribundo anciano se incorpora. 



EN LA CUMBRE 199 



La negra tempestad bate sus alas. 

Con el ronco fragor del cañonazo 

Que el eco repercute pavoroso, 

Escucha allá á lo lejos 

Tronar el Pororoca ; (7) 

Llamada, himno, diana 

Que orquesta infernal toca ; 

Charanga gigantesca que convoca 

En medio del derrumbe estrepitoso, 

Para escalar el cielo á los Titanes ; 

Ciclópea, triunfal marcha 

Que hasta los muertos de su tumba evoca ! 

Un rayo en el espacio serpentea, 

Y en la tromba de súbita marea 
El rio antes dormido. 
Azotado por recios huracanes, 
Como furioso potro se desboca. 

Remedo de la cólera celeste, 
Derriba y arrebata en su carrera 
Cuanta valla le opone la ribera. 

Una chispa en la selva impenetrable 
Vibra, al pasar la nube, 

Y espanto de reptiles y jaguares. 
Trepando por lianas y palmares. 
Alza el incendio destructora tea. 
Que la siniestra lobreguez clarea 

Y el aire envenenado purifica. 



200 EN LA CUMBRE 



En el oscuro azul ondea inquieta, 

Y opaco fulgor lanza 
De lívidos reflejos , 

La cauda misteriosa del cometa: 
¿Mensajero de duelo ó de esperanza? 

Espada diamantina (8) 
Que surge de los mares 

Y oculto brazo mueve, 
Escribe entre rojizos luminares 
La sentencia divina. . . 

¿Quién su misterio á descifrar se atreve? 

Al que la dicta y cumple justiciero. 

El procer venerable 

Con ademan austero. 

Ya la voz embargada. 

No con el labio, con el alma invoca: 

Y al ver en el espacio 
Fulgurando la espada redentora. 
En medio del delirio de la fiebre. 
Oye el clarín que toca 

Á la carga, y contempla arroUadora, 
Envuelta en los crespones del nublado, 
Libre legión que avanza 
Sañuda y vengadora! 



VIII 



¿Qué vé?... qué oye después?... qué es lo que siente? 



EN LA CUMBRE 201 



Por qué de su pupila antes helada 
El apagado disco centellea? 
¿Por qué dobla el anciano reverente 
La altanera cabeza, y se arrodilla? 

Al gemido de su alma atribulada, 
Un rumor inefable ha respondido: 
Se ha rasgado la bóveda azulada, 

Y un destello del Sol de la Justicia, 
Resplandor de la diestra omnipotente 
Que los orbes domina, 

Y en la conciencia del mortal imprime 
El sello augusto de su ley divina, 
Aureola de luz ciñe á su frente; 

En gozo y majestad baña su pecho, 

Y le parece así transfigurado 

Que el salmo redentor al fin escucha 
De la futura gloria, 

Y mira descifrado 

El hondo arcano de la eterna lucha, 

Y el triunfo reservado 

Á los fieles soldados del Derecho ! 



IX 



Y al desgarrarse de la noche el velo, 
Blanca estatua de mármol acostada. 
El alba le encontró sobre la roca. 
Rígido el cuerpo que abrillanta el hielo, 
Las rosas de su sangre por almohada. 
La diestra levantada, 

Y la mirada audaz fija en el cielo! 



202 EN LA CUMBRE 



Hiere la enhiesta cumbre 

Del Sol el primer rayo, ardiente, fiero, 

Y disipa su lumbre 

El luctuoso girón que en torno flota 
Del TÚMULO del mártir, triste emblema 
De la tumba que en pos de la derrota, 
Abrió la tiranía á un pueblo entero! 

La refracción solar mueve, agiganta 

La estatua humana que aun inerte gime, 

Y alza la diestra en actitud sublime. 

Un grupo de proscriptos, fugitivos, 
Allá dirige rápida su planta: 
Se acerca, le rodea, y un valiente 
Doncel, un niño casi, atentamente 
Contempla enternecido 

Aquel cadáver yerto 

El llanto de sus ojos 

Hace brotar el llanto en quien le mira 

De pronto cae de hinojos 

De palidez cubierto, 

El cuerpo con sus brazos circunvala, 

Sobre el pecho veloz pone el oído, 

Y con un grito que del alma exhala. 
Súbito el rostro de carmin teñido 

Se yergue y clama altivo: no esta muerto! (9) 



1880 



EN LA CUMBRE 203 



(1) Yo te deseo, joven amigo mio^ la paz y la esperanza ; y para re- 
montar tu vuelo las alas poderosas del cóndor, y relánipogos para cefiirlo de 
luz ; si alguna vez lo detienes, que sea En la Cumbrb de las altas Cor- 
dilleras. 

Entretanto, uno en las cuchillas vestidas de flores, otro en las playas cu- 
biertas de hielo, uno en la veneración de las imágenes, otro en el culto de los 
recuerdos, consagremos el pensamiento y el corazón á la patria. Si alguna 
vez lloramos, que sea con las lágrimas del gigante : 

PiANGENDO SI ch' ELLA ODA I N08TRI QUAi ! — Juan Cárlos Gomez, 
1845 

(2) Leída en el certamen celebrado en el teatro San Felipe la noche del 
5 de Setiembre de 1881 en conmemoración del 5.** aniversario del Ateneo 
DEL Uruguay. 

En la Cumbre, poesía de nuestro inspirado bardo, fué leída por el 
Dr. D. Alberto Palomeque después de^ haber pedido indulgencia al público.... 

El auditorio quizo hacer una ovación á la robusta inspiración del poeta, y 
reclamó su presencia en el escenario. El Sr. Albístur en nombre de la juven- 
tud del Ateneo, le presentó una pluma de oro en señal de aprecio y de ad- 
miración al maestro y al poeta. El Sr. Magaríños agradeció aquella demos- 
tración en breves y sentidas frases, y antes de retirarse dio un abrazo al 
Dr. Palomeque, Presidente del Ateneo, para que lo devolviera y diera las gra- 
cias á sus jóvenes compañeros por el señalado honor que le dispensaban.— 
Aguzün de Vedia, 
1881 

Fra le molte poesie notiamo quelle che ci parvero migliorí e che piú 
piacquero all'uditorio, prima fra le quali quella bellissima é veramente ins- 
pirata deU'illustre vate Alessandro Magariños Cervantes — En la Cumbre 
— composizione niagistrale e piena di nobili sensi che valse al suo autore 
ana vera ovazione . — UEra Italiana, 
1881 

P. Y O. 29 



204 EN LA CUMBRE 



Paso á los poetas I Rapsodas de la moderna edad que han recogido todos 
los ayes de un pueblo dolorido, los han encerrado en la armónica cadencia del 
verso, para darles la eterna vida que el genio imprime en sus creaciones. 

Mirad al primero ; miradle cantando En la Cumbre de la montaiía gi- 
gantesca, poderoso como el Cóndor que cuelga su nido en la piedra más alta 
de la cordillera, y más poderoso que el Cóndor por que en su lira hay el ron- 
co grito de las tempestades y en su mente la poderosa visión del porvenir. 

Tirteo de la margen izquierda del Plata, en su frente ya se han cuajado 
los rocíos de la vida ; profeta de un pueblo tan grande en los dolores como 
en sus triunfos, le ha preguntado con voz de trueno al Ser misterioso que pre- 
side nuestra marcha : 

« ¿ Será por siempre eterno 
£1 reinado del mal sobre la tierra ? > 

Y cuando oye por todas partes gemidos y blasfemias, cuando mira ser- 
pentear el rayo, cuando escucha el ronco fragor del cañonazo, entonces, 

« En medio del delirio de la fiebre. 
Oye el clarín que toca 
Á la carga, y contempla arrolladora, 
Envuelta en los crespones del nublado. 
Libre legión que avanza 
Sañuda y vengadora . i> 

Y un grupo de jóvenes proscritos avanza por los flancos de la monta fia 
donde el anciano débil y sin fuerzas, semeja 

<c Blanca estatua de mármol acostada . i» 

Entre tanto que un doncel, casi un niño, aplica el oído sobre aquel pecho 
que creen inanimado, y 

« Súbito el rostro de carmin teñido 
Se yergue y clama altivo : no está muerto /» 

¿ Precisáis que os nombre al autor de la composición más colosal del año 
1881 ? Hace cuarenta años ya que es estrella de primera magnitud en nues- 
tro firmamento literario ; por eso todos vosotros, los que me hacéis el honor 
de leer estos renglones habéis nombrado á Alejandro Magaríños Cervantes, 
último vastago de una generación que creció cantimdo entre el humo de los 
combates . — Manuel Herrero Espinosa . 
1882 



EN LA CUMBRE 205 



Hacemos la debida justicia al poeta y al móvil generoso que le ha anima- 
do al escribir su última producción. 

La poesía del sefior Magaríños se reputa por los que han seguido el vue- 
lo de su musa, como una de sus mejores composiciones literarias, por el 
fondo, la forma y la intención. 

Desde la opuesta orilla del Plata, reciba el poeta oriental el aplauso de 
sus hermanos occidentales, en las letras, en las ideas, en los principios, en 
los propósitos y en el culto de lo bello y de lo bueno. — Bartolomé Mitre, 
1881. 

(3) Mientras haya anarquía intelectual, ha de haber anarquía política, y 
mientras haya anarquía política, han de preponderar los elementos de fuerza 
retrógradamente reaccionarios sobre los elementos de la opinión libre, que 
son los del progreso. 

Tal es la síntesis filosófica de la actualidad. — Ángel F, Costa, 
1880. 

(4) Pacheco y Obes es una de las personalidades mas completas y bri- 
llantes del siglo XIX. Hombre de guerra, orador, publicista y poeta, — de 
ese patricio ilustre se puede decir lo que Pindemonte de Miguel Ángel : uom 
de quattro alme. Algún dia la gloriosa ciudad que Pacheco y Obes puso en 
pió de guerra y en la que salvó las instituciones del Rio de la Plata, llevará 
el nombre inmortal del famoso ministro de la Defensa. 

La juventud oriental, y muy especialmente la de Montevideo, debe cuan- 
to antes, iniciar una suscrícion popular para reunir en un libro sus trabajos 
literarios y políticos, precedido de una biografía y estudio de sus obras. 
— Victoriano E. Montes. — (Véase la nota 2 pág. 125). 
1879. 

(5) La península donde se levanta la mas pintoresca ciudad de América, 
allí donde las aguas dulces y saladas se confunden como se confunden en 
su seno las razas viriles que le dan su nervio, y en cuyo Cerro arde un faro 
que señala su ruta á los navegantes en medio de la noche, fué el recinto sa- 
grado donde se salvó la causa de la civilización del Rio de la Plata, en diez 
afios de memorables combates, heroicamente sostenidos por orientales y ar- 
gentinos unidos en nombre de la libertad. 

Estos grandes hechos, que sefialan dos grandes eras, y establecieron la 
solidaridad democrática y moral entre el grupo de Repúblicas que bañan el 
Plata y sus afluentes, bastan para inmortalizar en la historia el nombre de la 
República del Uruguay, porque en ellos le tocó desempeñar una misión hu- 



206 EN LA CUMBRE 



manitaría, incorporando su recuerdo al progreso creciente de ellas y á su en- 
grandecimiento en los tiempos. 

I Qu& esta rica herencia de gloría y de grandeza moral caiga como una 
bendición sobre el pueblo oriental en el presente y sobre su posteridad en el 
futuro ! — Bartotomé Mitre. 
1885. 

(6) Come tra panno e panno filtra la uggiosa pioggia, cosí tra macchia e 
macchia si fa spessa la nebulosa; a scbiarir Torizzonte non ci vogliono colpi 
di cannone, ma gli spmzzi della viva luce del progresso e Tenergico rísveglio 
del popólo; ammenoche non abbia piú ragione di noi il poeta che scríveva: 

« Oh mondo, mondo ! oh gabbia d'armeggioni, 
Dignilli, di Bonnambuli e d*avari; 
I pochi che per te fan de lunari, 
Son pur minchioni ! » 

L, D. Desteffanus. 
1883. 

(7) Pororoca -» Con esta palabra que evidentemente es una onomato- 
peya, expresan los indios un fenómeno que se observa en algunos grandes 
rios de América. Llaman así la tromba ó torbellino que forman dos corrien- 
tes ó mareas encontradas: la del rio y la que viene del mar. El Pororoca 
precede en los trópicos á espantosos huracanes que hacen salir de madre los 
rios, y cuando las aguas han recobrado su nivel puede juzgarse de la altura 
y fuerza de la creciente por los fragmentos arrancados á la cima de los ár- 
boles gigantescos que bordan sus orillas. A veces son grandes pedazos de 
terreno, islas enteras que arrastra en su cauce el rio desbordado, y los tras- 
porta á centenares de leguas, como hacen el Amazonas, el Paraná, etc. (Véa- 
se pág. 89, nota 11.) 

(8) El magnífico cometa que dias antes de escribirse esta composición, 
apareció en Montevideo, cerca del Cerro, tenia la figura de una espada, y por 
una ilusión de óptica estando oculto el núcleo, parecia que la punta surgia 
lentamente de las olas y se estendia vibrando por el cielo. Ninguna persona 
medianamente ilustrada ignora que la ciencia condena la preocupación vul- 
gar que atribuye singulares influencias á estos cuerpos errantes; pero el 
poeta como el orador, capaces de sentir y traducir la belleza artística, para 
poner mas de bulto las ideas, y sintetizar á veces con una pincelada ó una 
frase los cuadros que trazan ó el fin filosófico y moral que se proponen, tie- 
nen el incuestionable derecho de tomar de la naturaleza los símbolos é imá- 
genes que al efecto consideren mas adecuados. Así procedo Víctor Hugo y 



EN LA CUMBRE 207 



todos los grandes maestros. Hago esta observación para algunas buenas 
gentes, que á pretesto de ser enemigos de tropos y Jicciones, pretenden que 
se hable siempre en prosa ó verso, con la rigidez de una fórmula -algebrai- 
ca, sin acordarse que en la poesía especialmente^ no es posible herir fuer- 
temente la imaginación del pueblo, conmover el alma é iluminar lo inteli- 
gencia, sin el empleo de metáforas mas ó menos atrevidas. En el presente 
caso el protagonista es un adalid del derecho y de la libertad, herido, presa 
del delirio y de la fiebre, próximo á morir en medio de una deshecha tor- 
menta de la Cordillera, menos terrible que la duda que destroza su alma en 
aquel momento supremo; y la misteriosa espada (forma del astro) que apa- 
rece en el cielo al fragor de los elementos desencadenados, bien pudo res- 
ponder á la muda interrogación de su espíritu y evocar en él, como en el del 
mas cscéptíco, la idea de la justicia Providencial y del castigo que tarde ó 
temprano alcanza á los usurpadores, ó sea de la revolución y el triunfo de 
la lucha armada por la redención de su patria. — La composición y esta nota 
fueron escritas y publicadas bajo la dictadura de Latorre. 

(9) Escrita esta composición para la fiesta artístico-literaria que tuvo 
lugar en Paysandú en el mes de Marzo de 1880, no pudo leerse allí á pesar 
de figurar en el programa de la función, por haberse extraviado á última 
hora el manuscrito. Esperaba entonces, y aun espero, dias mejores, que me 
den digno tema para escribir la segunda parte titulada : Resurrección. Cúm- 
pleme advertir que habiéndoseme devuelto hace poco truncos los originales 
enviados á Paysandú, he tenido que rehacer la composición. — 1881. 

¡ Gloria al Ateneo ! 

Las ovaciones que allí se prodigaron ; el entusiasmo que allí se produjo ; 
las palpitaciones que en aquellos momentos producían todos los corazones, 
es una prueba, más que clara, evidente, de que el sentimiento artístico y la 
inspiración literaria, luminares que disipan las sombras condcnsadas en la 
vida, ó dulce néctar que destruye y elimina la hiél amontonada en los cora- 
zones, no están muertos entre nosotros, ni apagado y roto el gusto literario 
y la intuición de la belleza . 

Los ayes de aquellos que ven para siempre desterrada de la vida la dulce 
y cadenciosa poesía ; las dudas deagarradoras de todos aquellos que ven 
cómo de los altares han caido, bañadas en llanto, con el alma en girones, los 
dioses y las vírgenes, fuentes de inspiración inagot^ible ; de todos aquellos 
que profetizan, ó temen por el aniquilamiento del rasgo mas hermoso de la 



208 EN LA CUMBRE 



naturaleza humana, deben asistir allí, á esas fiestas donde la pasión hierve y 
se desborda, donde el entusiasmo cunde y se apifla, y donde el sentimiento, 
no pudicndo contenerse, se presenta como una protesta elocuente de que es 
inútil y estéril el trabajo que tiende á desterrar el sentimiento estético ; ó 
encerrar dentro del círculo silogístico las manifestaciones humanas ; á no 
buscar para los dolores de la existencia la mitigante y consoladora manifes- 
cion poética. 

En la tertulia del 5, el Ateneo no desmiente su historia. Por su tribuna 
pasaron poetas y oradores que son como las fosforescencias, por la indecisa 
y apacible luz que bafia sus ideas y sus sentimientos, como el relámpago, por 
lo vivaz de sus conceptos, como el trueno, por las conmociones que produ- 
cen. Pasaron otros que son como un augurio de mejores tiempos, ó como un 
presentimiento glorioso. — Anales del Ateneo. 
1881. 



AL ÁNGEL DE HI GUARDA 209 



XXXIV 



AL ÁNGEL DE MI GUARDA 



(» 



» « • 



Ángel que en el mundo tienes 
Develar por mí el empeño, 
Dá á mis párpados el sueño 

Y energía al corazón; 
Con tus alas, compasivo, 
En mi pecho vierte calma, 

Y cual bálsamo del alma 
Lleva al cielo mi oración. 



Nada puedo por mí solo . . . 

De la carne ruin vasallo 

Con mis pasiones batallo, 

Sin poderlas dominar. 

Ansio luz y amo la sombra. 

Quiero el bien y al mal me entrego, (2) 

Y voy despeñado y ciego, 

Como va el torrente al mar; 



210 AL ÁNGEL DE MI GUARDA 



Dame tu lumbre y amparo 
En la mundanal contienda, 

Y guíame por la senda 
Del deber y la virtud; 

Y cual lucero que al árabe 
Encamina en el desierto, 
Conduce mi nave al puerto 
De redención y salud ! 



1843. 



(1) Compuse estos versos, sin escribirlos, una noche de insomnio, hace 
cuarenta años, y todavía siempre que invoco al Invisible, acuden ellos á mi 
memoria, cantan en mi oído y palpitan en mis labios mentalmente. 

ce ¿ Eres el ángel que en mi guarda velas, 

pregunta Adolfo Ben*o á una estrella que se ostenta solitaria en medio 

Del negro manto que la noche tiende, 
Pábulo dando á las que abriga el alma 

Locas ideas ? » 

Serian un motivo de estudio curioso, digno de la potencia analítica de 
Quinet, las opiniones religiosas de los grandes poetas que han cruzado so- 
bre la tierra. Pocos de ellos escapan al misticismo, porque si bien ese sen- 
timiento es condenable si se juzga á la luz implacable de la filosofía positi- 
va, el hecho es que no puede menos que hacerse simpático á las imagina- 
ciones poéticas que sólo ven en él, el lado inmaterial, el vínculo etéreo del 
espíritu humano con una causa primera y soberana — Miguel Cañé. 
1875 . 

(2) — Video melioni, proboque, 

Deteriora sequor. — Ovidio. 

A pesar do la prudente máxima que nos recomienda no manifestemos ni 
en hipótesis, nada que nos desfavorezca, ya que sobran almas piadosas que 



AL ÁNGEL DE MI GUARDA 211 



lo creen ó aparentan creerlo como ana confesión paladina de faltas imagi- 
nariaa; no he cedido á la tentación de corregir el verso que motiva esta cita, 
porque puedo decir con Prati : 

€ Credo al ben; tentó 

Di farlo; amochi il fa; spregio l'ingrata 
Genía dei vili ; ardite cose io sentó. 
E, come sentó, arditamente dico. 
Che val s'io batteró via sconsolata ? 
Son piú del ver che di me stesso amico ! » 

¡ Desgraciados los que no levantan nunca el pensamiento de la tierra, 
evocando las visiones de un mundo fantástico y luminoso, como la pitonisa 
de Endor evocaba la sombra de Samuel ! Ese mundo nos rodea; lo senti- 
mos á nuestro lado, sufrimos su influencia, palpamos sus efectos. — Martin 
Garda Merou. 
1881. 



P. Y o. ^O 



212 LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 



XXXV 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA^" 



Á D. EMILIO CASTELAR (2) 



w « » 



I 



Salud y bendición! Dejad que vuele 

Y se dilate venturosa el alma ! 
Dejad que ciego el corazón anhele 
Gozar al fin en inefable calma, 
La sublime esperanza que os revele. 
Con un lazo al mirar, de oliva y palma. 
Cruzado el estandarte Castellano 
Con el libre estandarte americano. (3) 



II 



Olvido, paz, unión! No más feroces 

Los hijos con los padres lucharemos : 
No más en cruda lid á las atroces 
Pasadas represalias tornaremos ; 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 213 



No más ¡ oh insensatez! con torpes voces 
Los lazos de familia romperemos; (4) 
Que religión, costumbres, lengua, origen, 
Union y afecto perdurable exigen ! 



III 



La frente levantad, hijos de España ; 
No os arranque el pasado ruin gemido : 
Esta tierra que holláis no es tierra estraña : 
Que si en ella por siempre habéis perdido 
El imperio de un mundo, os acompaña . 
Vuestra gloria doquier, doquier erguido 
El pensamiento, colosal y bello 
De la España inmortal encuentra el sello. (5) 



IV 



Ella, raudo ciclón, hunde y levanta 

ídolos, reyes, pueblos y ciudades 

Cayó, y su calda que aún espanta, 
— Ejemplo á las mas altas potestades, 
Fué caída de Océano que quebranta 
En medio de tremendas tempestades, 
Sus vallas, y crispando la melena 
De despojos y horror el mundo llena ! 



Allí triunfó Cortés — acá Saavedra, (6) 
Aquí Valdivia — más allá Pizarro; 
Ante su ronca voz, tiembla, se arredra, 
Y atada la victoria va á su carro ; 



214 LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 



Y en la cumbre, en el árbol, en la piedra. 
Como en un molde artístico de barro. 
De su león intrépido la huella 
Con las armas de España el suelo sella ! 



VI 



Fué terrible su paso madre mía ! 

Apartemos la vista de las hojas 

Manchadas por el crimen ; que no impía 

La memoria fatal de tus congojas, 

Emponzoñe ó minore la alegría 

Con que hoy el manto del dolor arrojas. 

Ante la madre que de tí no duda 

Y en la opuesta ribera te saluda. 



VII 



Fué preciso luchar; fué necesario. 
Dominar y vencer : era preciso 
El germen fecundar extraordinario 
Que encerraba sin par tu paraíso; 

Y el bravo entre los bravos, temerario 
Llevar á cabo tal hazaña quiso, 

Sin preveer que del germen naceria 
Coloso que en sus brazos le ahogaría. (7) 

VIII 

Ante la roja enseña de Castilla, 

Y ante la cruz que fulguraba en ella, 
Yergue el indio la frente ó se arrodilla 
Como herido de súbita centella ; 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 215 



Héroe sucumbe ó mísero se humilla; 
Y surge de su tumba nueva estrella. 
Que alumbra en el zenit americano. 
Su grandioso futuro soberano. 



IX 



La selva secular cae derribada 
Bajo el hacha pujante del colono : 
Por la primera vez despedazada 
Llora la tierra su tenaz encono ; 

Y de sus propios frutos coronada 
La civilización alza su trono, 

Y salvador raudal en áurea copa 

Brinda á la exhausta, enhambrecida Europa ! 



El oro que escondia en sus montañas 
Del Inca y Motezuma el rico imperio 
Al rodar á los pies de las Españas , 
Era fecundo polen, fluido etério, 
Que vivaz penetrando en las entrañas 
Del viejo continente, refrigerio, 
Fuerza motriz, vigor y lozanía 
En su organismo anémico infundía. 



XI 



Y generosa España derramaba 
Su anhelado tesoro por doquiera, 

Y con su ruina su esplendor compraba, (8) 
Siendo del orbe la nación primera. 



216 LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 



Para el robusto ser que amamantaba 
Poca la savia de sus pechos era, 

Y más tierna y amante en su agonía 
La sangre de sus venas le ofrecia ! 

XII 

Sus hijos desertaban á millares 
Su expléndida región, y valerosos 
Afrontando peligros, muerte, azares, 
Corrían hacia América anhelosos. 
Veían un Edén tras de los mares. 
Do esperaban hallar más venturosos 
Otra Patria, que grande ellos tornaban 
Á expensas de la Patria que dejaban ! 

XIII 

Nunca, jamás América y España 
Debieron esgrimir hórrido acero. 

Y su contienda dirimir con saña ! 
Nunca debió su rostro placentero. 
Ante el arduo problema que aún entraña 

Su ventura tal vez, mostrarse fiero 

Mas el fallo implacable del Destino 
Lanzólas de la guerra en el camino. 

XIV 

— Independencia ! — Rebelión ! dijeron. 

Y de su antiguo afecto roto el lazo, 
Á combate mortal se apercibieron . 
Atletas formidables, brazo á brazo. 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 217 



Por llanos, valles y montañas fueron 
Hasta la falda azul del Chimborazo, 
Donde sólo una tumba encontró fria. 
El astro de Avacucho al otro dia. 

XV 

Eran las dos de aliento soberano 

Y no debiera sucumbir ninguna. 
Sino enlazar su poderosa mano, 

Y confundida su existencia en una, 
Sondear de los siglos el arcano, 
Humillando á sus plantas la fortuna 

/ Era imposible ? no lo sé quién sabe 

Si de su porvenir esa es la llave ! (9) 

XVI 

i Pasad recuerdos que anubláis impíos 
La luz que irradia de mi joven frente : 
Pasad como relámpagos sombríos 
Al estallar la tempestad rugiente ; 

Y dejadme soñar mis desvarios 
Postrado ante el lucero refulgente. 
Que las sienes de América y España 
Con misteriosos resplandores baña ! (10) 

XVII 

Yo quiero contemplar en el futuro 

Su omnímodo poder (11) — como el naciente 

Rayo de Sol en el confín oscuro 

De ignoto, inmenso mar, cuando tremente 



218 LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 



Desgarra de la noche el velo impuro, 
Resbala por las ondas suavemente, 

Y allá, entre sombras, con fulgor incierto 
Al náufrago infelice muestra el puerto. 

XVIII 

Hoy parece que bárbaro anatema 
Persigue por doquier la hispana raza, 

Y con él, cuerpo á cuerpo, sin que tema 
Sucumbir en la lucha ella se abraza ; 

Y destronada reina, su diadema 
Con sus potentes manos despedaza, 
Para forjar las armas con que espera 
Ganar otra mas grande y duradera. 

XIX 

Cae mil veces sangrienta, y mil erguida, 
Como Anteo del polvo se levanta 
No bien toca la tierra estremecida: 

Y apenas fija el pié, bajo su planta. 
Como de un soplo germinal herida. 
Hasta la roca misma se quebranta, 

Y se agolpan y brotan á raudales 

De vida y producción los manantiales ! 

XX 

Infeliz, pero altiva, incontrastable. 
No inclinas noble raza tu cabeza 
Ni aun á los golpes del puñal ó el sable. 
Que hasta para morir tienes grandeza ! 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 219 



En Europa y América, indomable, 
Modelo de heroísmo y fortaleza, 
Has visto y has ahogado entre tus manos 
Á gigantes trocados en enanos ! 

XXI 

Grandes, muy grandes, deben ser los grandes 
Destinos que te guarda el Poderoso, 
Para que, Reina, en el planeta mandes, 

Y brillante fanal claves radioso 
Allá en la sien de los nevados Andes 
Lleno de gloria tu pendón hermoso, 
Á cuya sombra brotará fecundo 

Árbol que cubra con su sombra al mundo. 

XXII 

Y tú, España, nación esclarecida. 
Rica de genio, de heroísmo y gloria. 
Colma de tu nobleza la medida, 

Y una página más lega á la historia. 
Reconoce á tu América perdida. 

En la ciega embriaguez de la victoria, 

Y firma (que aún es tiempo) sin violencia 
El acta de su cara independencia. 

XXIII 

Y caigan para siempre en honda fosa 
Odios, agravios, desunión maldita, 

Y tragúese el infierno cuanta odiosa 
Pasión bastarda nuestro pecho irrita. 



p. Y o. 



31 



220 LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 



Que indulgente mostrarse y generosa 
Una y otra por cierto necesita, 
Para abrazarse con veraz anhelo 

Y alzar de hinojos su plegaria al cielo. 

XXIV 

Ya te contemplo ¡ oh madre ! asi abrazada 
Á tu hija, elevar con embeleso 
Al porvenir tranquila tu mirada : 
Sellar vuestra alianza un solo beso, 

Y de tu hercúlea prole rodeada 

Marchar á la vanguardia del progreso, (12) 

Y como un dia tu guerrera tropa. 
Unidas, dictar leyes á la Europa ! 



1845. 



(1) Escrita con motivo de la llegada á Montevideo, el 20 de Octubre 
de 1845, de don Carlos Creus, primer Ministro español, enviado por el Go- 
bierno de la Metrópoli para entablar negociaciones sobre reconocimiento de 
la Independencia de la República Oriental del Uruguay, y celebrar con ella 
un tratado de amistad, comercio y navegación; y leída por don Manuel del 
Palacio, ministro de España cu Montevi<leo,en la tiesta literaria-musical cele- 
brada en Solis la noclie del 12 de Febrero de 1885 ú beneficio de las vícti- 
mas de los terremotos ocurridos en Andalucía. 

La sala ofrecía un aspecto regio, los palcos y platea contenían cuanto 
de selecto bay eu nuestra sociedad. 

En la parte literaria figuraron los señores Magariños Cervantes, Berro, 
del Palacio, García Velloso, Albístur, Blanco, Roxlo, Pérez Nieto, Turini y 
(Jarreras üoria. 

Todos los trabajos presentados fueron muy aplaudidos. 

Una orquesta compuesta de notables profeRores y dirigida por el maestro 



LA MADRE PATRIA Y 8U PROLE AMERICANA 221 



González ejecutó preciosas piezas de música, asi como el coro catalán cantó 
admirablemente Los nets de los Almooavkrs. — Francisco Garda Santos. 

(2) Emilio Castelar es, entre los escritores españoles, el que más y con 
mayor cariño se ha ocupado de nuestra América ; y le dedico ahora esta 
poesía en justo homenaje á sus merecimientos, y como humilde tributo de 
gratitud por las señaladas muestras de aprecio con que me ha honrado. 

(3) Ya el autor nos habia dicho que su poesía fué escrita en 1845 con 
motivo de la llegada á estas playas de la primera Legación Española á bor- 
<lo de la fragata Perla. — Nada mas oportuno que conmemorar aquellas im- 
presiones en estos dias en que los dolorosos sucesos de Andalucía parece 
que han venido á ftvivar más y más las naturales simpatías hacia España y 
los españoles. 

El éxito de la Velada está demostrando el vivísimo interés que aquí ha 
excitado la catástrofe de las provincias andaluzas. — Jacinto Albisiur. 
1885. 

(4) Torpes voces. — Véase el Apéndice, 

(5) Al gobierno español debe todavía la América todo loque tiene de 
grande y de espléndido en sus edificios públicos. Confesémoslo con ver- 
güenza, apenas hemos podido conservar los que se erijieron bajo los vireyes 
y capitanes generales ; y téngase presente que para su construcción se ero- 
garon con liberalidad las rentas de la Corona. 

No es el entusiasmo de teorías exageradas ó mal entendidas lo que ha 
sostenido nuestra revolución. Lo que la produjo y sostuvo fué el deseo in- 
herente á toda gran sociedad de administrar sus propios intereses y de no 
recibir leyes de otra : deseo que en las circunstancias de América habia lle- 
gado á ser necesidad imperiosa. — Andrés Bello. 

1854. 
No atribuyamos la independencia de América al odio y sólo alodio contra 
los españoles. Ciegos habrian de ser los Americanos si no recordaran que nues- 
tros navegantes los despertaron á la vida ; que nuestros soldados destruyeron 
aquellos imperios donde se reunian los abusos y refinamientos del despotis- 
mo con las barbarie de las tribus salvajes ; que nucRtros sacerdotes llenaron 
aquellas selvas donde humeaban los sacrificios cruentos, con las palabras di- 
vinas del Evangelio ; que nuestros arquitectos levantaron y hermosearon sus 
ciudades; que el genio de nuestros poetas se infiltró en su genio, y la sangre 
de nuestras venas en su sangre ; y que en cincuenta años de descubri- 
mientos fabulosos y de fabulosas conquistas les donamos una civilización 
que nos habia costado veinte siglos de martirios, — Emilio Castelar, 

1867, 



222 LA MADRE PATRU Y SU PROLE AMERICANA 



(6) Don Hernando Arias de Saavedra, ano de los más notables, quizá 
el más valiente de los caudillos españoles en el Plata. 

(7) El que observe con ojos filosóficos la historia de nuestra lacha con 
la metrópoli, reconocerá sin dificultad que lo que nos ha hecho prevalecer 
en ella es cabalmente el elemento ibérico. 

Los capitanes y las legiones veteranas de la Iberia trasatlántica fueron 
vencidos por los caudillos y los ejércitos improvisados de otra Iberia joven, 
que abjurando el nombre conservaba el aliento indomable de la antigaa. . . . 
La constancia espafiola se estrelló contra sí misma. — Andrés Bello, 
1854. 

(8) Lu8 breves líneas de Angelis sobre el cerro de Potosí ( nota 13, pá- 
gina 59 ) valen todo lo que han dicho los economistas sobre este tópico. 

(9) Desde el Otumba glorioRo hasta el Ayacucho infaustOy dice el inte- 
ligente redactor político de La Ilustración Española y Americana^ — el pen- 
dón de Castilla no cesó de ser en América símbolo de civilización, emblema 
de gloria. Mal hacen los americanos en despertar discordias pasadas con la 
madre patria, rencillas de provincias entre sí ; nuestro anhelo mutuo debiera 
ser reformar nuestras costumbres, reconstituir una familia, enterrar desave- 
nencias para todos fatales, no sacar gloria de las luchas fratricidas, y unir- 
nos en un fin común : la regeneración de nuestra raza, de su preponderancia 
en el mundo, procurando que su porvenir sea digno de su gloria pasada. 

Acatemos todos los hechos consumados ; llevemos á cabo la Confedera- 
ción-Hispano Americana ; adaptemos en provecho nuestro el E pluribtis unum 
yankee, mancha de aceite que pretende invadir el mapa del nuevo continen- 
te ; que sea España potencia americana, y América potencia europea : cuando 
tan halagüeño ideal se cumpla, ¿no volveremos á ser, sin Inquisición y sin 
déspotas, «todos iguales en derechos », todos ciudadanos libres de Estados 
autónomos, el mas poderoso de los pueblos del orbe ? — Pedro de Prat. 
1885. 

(10) ¡ Maravilloso, incomprensible secreto! España que debia ser la 
tierra de las instituciones muertas, la tierra de la resistencia al espíritu nue- 
vo, la tierra donde la inquisición iba á quemar el pensamiento, la tierra cuyos 
ejércitos luchaban con Holanda, el asilo de la libertad científica, y con Ingla- 
terra el asilo de la libertid política ; España estaba destinada en el plan 
divino de la Providencia á descubrir América, la tierra de la libertad, el san- 
tuario de la conciencia libre, el gran laboratorio de los principios revolncio- 
narios, la región que debia despertar al viejo mundo con su electricidad, el 
país de la democracia, el país de el porvenir.— ^wi/io Castelar, 

1867. 



LA MADRE PATRIA Y SU PROLE AMERICANA 223 



(11) Si ambicionas la inmortalidad— el autor se dirige al tiranicída que 
clavase su puñal en el corazón de Rosas — regocíjate con la certeza de que 
no la habrá mas grande que la tuya, libertador de una tferra que antes de dos 
siglos contendrá más habitantes, más poetas, más escultores, más pintores, 
más publicistas, que la Europa actual. — José Rivera Indarte, 

1843. 
La population totale de rAmérique espagnole, non compris celle des 
Antilles, dépasse vingt-cinq millions d'ámes. Certes c'est encoré bien peu 
pour un territoire vingt-deux fois plus étendu que la France et capable de 
nourrir facilement deux milliards d'hommes; mais c*est par la forcé d'impul- 
sion qui les anime, et non par le chiffre brut de leurs habitants, que les peu- 
ples conquiérent une noble place dans l'histoire. D*ailleurs, pour comprendre 
la mission qu*auront á remplir les républiques espagnoles, il suffit de regar- 
der le continent qu'elles partagent avec le Brézil, et dans lequel se trouve la 
plus belle moitié de leur domaine. Tout y présente le caractere d*une mervei- 
lleusc unité, et cétte chaíne des Andes qui se développe avec une regulante 
si parfaite du Cap Hom ¿ Tistlirae de Panamá, et cette grande plaine qui 
descend de la base des montagnes vers l'Atlantique, et ees fleuves qui en- 
trelacent leurs sources, et cea rivages maritimes aux courbes gracieuses, qui 
forment Tiramense triangle de TAmérique du Sud correspondant á celui de 
TAmérique du Nord. Sur cette terre de Colombie, (1) si vaste en pourtant si 
simple dans son architecture, est écrite d'avance l'histoire d'un grand peuple 
de f reres. — Elisée Recias. 

1864. 

(12) Desde 1845 persigue nuestro ilustrado compatriota el noble pensa- 
miento de estrechar la solidaridad hispano-americana, cuyos vínculos políti- 
cos quedaron rotos desde la independencia de América sin aniquilarse por 
eso los vínculos sociales. Estos, al contrario, pueden ser- mas estrechos y 
mas sólidos estando como están al abrigo de los antagonismos, que el tiempo 
inevitablemente suscita entre toda metrópoli y sus respectivas colonias. 

Emilio Castelar, escribiendo en 1854, supo hacer justicia al empeño ge- 
neroso que entonces, y desde años antes, ocupaba al Dr. Magariños Cervan- 
tes. — Recordemos algunas palabras suyas : 

€ Tres siglos no pueden agotar el genio que inspiró á Calderón. El án- 
gel de nuestras artes todavía no ha plegado sus alas. América debe intere- 
sarse por Ebpaña, porque al fín España es su madre ; España debe interesar- 



(1) KI autor es de loe que llaman asi á la América oomo homenaje de justicia á su descubridor. 



224 LA MAJ>RE PATRIA Y 8U PROLE AMERICANA 



se por América que es su hija. Nuestra patria subió á la cumbre de la glo- 
ria : Dios desató contra ella su ira, y en todas las regiones de la tierra se en- 
cuentran esparcidos los restos de su naufragio. América, como ba dicho 
perfectamente el señor Magariños Cervantes, no puede renegar de esta bella 
tradición histórica, que eslabona su presente á nuestro pasado, y une su vida 
á nuestra vida. í> 

Notemos de paso que nuestro viejo bardo habia ya expresado en la estro- 
fa IV de la composición que hoy publicamos, el mismo pensamiento que en 
ese párrafo final enuncia brillantemente Castelar. 

Las ideas de esta composición han hecho su camino. — Con sobrada razón 
dijo el señor don Manuel del Palacio, antes de darle lectura, que c ella prue- 
ba al mismo tiempo que el espíritu patriótico del sefior Magariños el espíritu 
profético de que suelen estar dotados los poetas, pues muchas de las cosas 
aquí pronosticadas, han sucedido ya, y acaso no está lejano el dia en que 
lleguen también á ser realidad las restantes, i» — Carlos M, Ramírez. 
1885. 

La composición del laureado vate, está á la altura de su fama ; nada más 
merecidos que los aplausos que obtuvo, y con justicia El Correo Español de 
Buenos Aires, al reproducirla, la califica de joya literaria, agregando que 
sus columnas vestían de gala siempre que como en este caso podia llenarlas 
con ideas que tienden á implantar la solidaridad hispano-americana. 

Sus valientes octíivas reales, rotundas y vibrantes, arrebatan por el arto 
inimitable con que están hechas, y deslumhran con sus pensamientos pro- 
fundos V luminosos. 

Sabíamos que el año 45 era el autor de mangóra — preciosa leyenda his- 
tórica de la época de la con(iuista, un joven, casi un niño, de rica y potente 
fantasía ; pero no sabíamos que revelaba ya un gran poeta, un artista con- 
sumado. — Victoriatio E, Montes. 
1885. 

Agradecemos de la manera mas cordial este amistoso recuerdo de Maga- 
riños Cervantes, tan conocido y apreciado aquí en España, donde empezó su 
brillante carrera literaria en medio del aplauso de los verdaderos príncipes 
de las letras españolas, que auguraron desde entonces la gran altura á que 
llegaría, en dia no lejano, el famoso poeta y escritor uruguayo, honra de su 
patria y de la América toda. — Héctor F. Vareta, 
1884. 



LA PALMA DEL SACRIFICIO 225 



XXXVI 



LA PALMA DEL SACRIFICIO 



AL DR. D. MANUEL HERRERO ESPINOSA 



• • » 



En la inmortal jornada de Marathón, el dia 

Que hundió el poder del persa, Milciades con su acero, 

De la falange heroica digno un soldado habia. 

Que al pueblo suyo quiso la nueva dar primero. 

En alas del sublime delirio que le inflama, 
De lauro un gajo arranca, que en alto, al correr, gira; 
Llega, saluda al pueblo con la triunfante rama; 
Venció la Grecia, dice; cae, y aclamado espira. 

Oh! quién como él pudiera dormir el postrer sueño. 
De su ideal la antorcha llevando dentro el alma, 
Y al caer, ya realizado su generoso empeño, 
Al cielo de la gloria trepar con su ardua palma! 

1873. 



226 LA PALMA DEL SACRIFICIO 



El eminente escritor argentino, biógrafo del gran orador y modelo de 
virtudes cristianas, el P. Mamerto Esquiú, al hablar de la crisis decisiva de 
su vida^ describe con un rasgo magistral la abnegación y el sacrificio de 
aquel varón ilustre, que fué á internarse como misionero en el horrible de- 
sierto del Chaco á catequizar á los feroces indios Chiriguanos. Nadie ignora 
que el P. Esquiú declinó la mitra que se le ofrecia, y que solo aceptó mas 
i&ráe por obediencia alas órdenes terminantes delJefe de la Iglesia. 

< ¿ Qué pasó en aquellas horas supremas por un espíritu tan alto y tan 
profundo como el del Padre Esquiú ? Nadie posee las confidencias de cier- 
tas almas y sus conmociones son diálogos con Dios, con el destino humano, 
con la muerte ! — Se cree á veces escuchar el estallido de una fibra carnal 
que se rompe, y no ha habido á la verdad sino el vuelo ascendente de un 
espíritu que se eleva hacia lo infinito. La esplicacion seria en estos casos unu 
superchería, y sólo es permitida la conjetura respetuosa dentro de los lími- 
tes del razonamiento humano. 

¿ Por qué no se creeria en la virtud sincera, cuando se la abona con la 
vida y con la muerte ? j> — Nicolás Avellaneda, 
1883. 

— Morir, 8Í, con la conciencia 
Del santo deber cumpHdo, 
Es dejar aquí en la tierra 
De los mártires el brillo. 



1880. 



Manuel Herrero Espinosa. 



APÉNDICE 



P. Y O. 3a 



APÉNDICE 



(A) 



ADVERTENCIA A LOS SUSCRITORES 



Las dos cartas que ÍDsertamos á continuación, cambiadas entre el Autor 
y el Editor, explican las circunstancias que han mediado para adoptar la re- 
solución á que se refieren. 



Señor don Antonio Barreiro y Ramos. 

Mi estimado amigo: 

Las dificultades de que hablé á Vd. al acceder á su pedido, (pág. X) 
no me han permitido ni me permitirán por el pronto completar, como desea- 
ba, la colección de poesías que debian formar un solo tomo de 350 á 400 
páginas. 

No encuentro otro camino para evitar la paralización y los perjuicios 
consiguientes ('que ya sufre Vd. con la de otros trabajos análogos) que 
dividir la colección en dos tomos ; pero necesito tiempo para reunir á los 
dispersos : algunos andan por la loma del diablo ; todavía no be podido dar- 
les caza. 

Loque está impreso, con la parte de Apéndice que le corresponde, for- 
mará un regular volumen, y el resto, de igual tamafio, poco más ó menos, 
juzgo que podría salir á luz en el afio próximo. 

Las composiciones sueltas se leen lo mismo separadas que juntas, y al fin 
y al cabo yo no he ofrecido á Vd. y al público otra cosa que un Volumen 



230 ADVERTENCIA i LOS 8U8CRITORES 



de Poesías que no han sido aun coleccionadas (pág. XI) y para Vd. y para 
el público es indiferente, aunque tal vez no lo sea para mí, que la colección 
se haga en dos tomos ó en uno, en un afio ó en dos. 

Vea Vd., pues, y decida lo que le convenga, seguro, sea cual fuere su 
resolución, de la completa adqniescencia de su afí."^ amigo — A, M, C. 

Sic— Mayo 4 de 1885 . 



Mi distinguido amigo : 

Creo como V. que la división de su libro de poesías, no ofrece mayor in- 
conveniente, y facilita la inmediata publicación de la parte impresa, que en 
efecto, basta para formar un regular volumen. 

En vista, pues, de las razones que V. aduce, para no demorar por más 
tiempo la publicación ofrecida, y satisfacer á los suscrítores de la Bibliote- 
ca DE Autores Uruguayos, opto por el camino que V. indica, bien enten- 
dido que V. seguirá enviando mensualmente á la imprenta los originales qae 
tenga disponibles, en la forma antes convenida, sin perjuicio de cualquiera 
interrupción inevitable, á fin de terminar el resto de la impresión, ó sea el 
tomo segundo, á la brevedad posible. 

En esta seguridad, y en la confianza que hemos de cumplir debidamente 
nuestro compromiso con el público, acepto la modificación propuesta, y me 
repito — Su afectísimo amigo y S. S. 

Antonio Barreiro y Ramos. 
S\c Mayo 4. 



APÉNDICE 231 



(B) 



PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



NUESTRO LÁBARO - Pág. XIV 



Hace ya largos años que fué escrita y publicada la profesión de fé con- 
tenida en Nuestro Lábaro ; y antes de ahora y en publicaciones muy pos- 
teriores, como puede comprobarse fácilmente por las fechas, hemos tenido 
ocasión de ver que, en los puntos mas importantes, coincidían con las ideas 
vertidas en nuestro programa ; entre otros, poetas como Francisco Gomes de 
Amorim y Qaspar Nufiez de Arce ; críticos como Revilla, y Freytas (D. José 
Antonio) y escritores uruguayos como Eduardo Acó vedo Diaz y Manuel He- 
rrero Espinosa. 

No sólo por vía de comprobación, sino principalmente como páginas lite- 
rarias dignas de fijar la atención de nuestros jóvenes ingenios por su mérito 
intrínseco y su oportunidad, vamos á transcribir algunos párrafos del Prefa- 
cio de los Gritos del Combate, de las Críticas (2.* séríe), de El lirismo 

DE LA POESÍA BRASILERA, (1) de los IDEALES DE LA POESÍA AMERICANA, 

disertación premiada en los Juegos Florales de Buenos Aires, de los Ratos 
PERDIDOS, y por último, de las Memorias biográficas de Garrett (tomo i) 
última obra del ilustre poeta lusitano, vencedor en el certamen universal pro- 
movido por la Academia espafiola en honor del Centenarío de Calderón. 



Hay una tierra predestinada para ser el último punto de reposo do la 
humanidad; esa tierra es la de América. — Estendida de un polo al otro po- 
lo, baflada por dos occéanos, poseyendo todas las zonas, uniendo en su po- 
blación todas las razas; con la íntima seguridad de su destino, dueña de la 



(1) Tradooido y aaoUdo por D. Benigno T. MartánoL 



232 PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



tierra por sas variados prodactos, atrevida exploradora del cielo por sus 
montafini), poblada por una raza qae se ha criado en el martirio y ha crecido 
aspirando á la libertad, América, el mas bello trozo de la tierra, ha de ser el 
teatro de las mas inmortales conquistas del hombre. 

Pasan las generaciones, mueren las razas, los pueblos decaen, y nuevos 
pueblos, razas y generaciones, aparecen en el escenario de la vida ; son nue- 
vos factores que se agregan á la marcha del progreso indefinido del hombre, 
fuerzas vivas que se afiaden á la máquina incomprensible del destino hu- 
mano.— Algunas veces las hogueras suelen alumbrar la marcha de la inmen- 
sa caravana, esta se detiene un instante, pero con nuevas fuerzas mas tar- 
de, y por un impulso tan fatal como misterioso, marcha y marcha sin cesar. 

¿ Adonde vamos ? — Hé ahí la pregunta que resuena en todos los la- 
bios. 

Al abismo, dice el pesimista. — No, contestamos, los que creemos que 
hay una inteligencia superior á la nuestra ; no. Dios no puede permitir que la 
obra mas bella de su creación ruede ignorada en el movimiento inmenso de 
los mundos. — Dios que ha marcado su curso á las estrellas, su cauce al rio, 
su fatal y eterno movimiento al aire. Dios no puede permitir que esta aspi- 
ración constante á la libertad quede oculta en nuestro ser, como las semi- 
llas de ciertas plantas se esconden para no nacer jamás ; él ha de apagar un 
dia esta sed de saber que nos abrasa ; él ha de consentir que llegue un tiem- 
po en el que el amor y la caridad, sean los únicos móviles de las acciones 
humanas. — Manuel Herrero Espinosa. 
1880 



Lo poesía, para ser grande y apreciada, debe pensar y sentir, reflejar las 
ideas y pasiones, dolores y alegrías de la sociedad en que vive ; no cantar 
como el pájaro en la selva, extrafio á cuanto le rodea, y siempre lo mismo. 
Es preciso que remueva los afectos mas íntimos del alma humana, como el 
arado remueve la tierra : abriendo surcos. Y cuanto mas ahonde ; cuanto 
más penetre y encame en las entrafias de un pueblo y de una época, tanto 
más estimada será, más sentida y menos disputada su influencia. 

Ahora bien : ¿ es posible que una nación tan profundamente trabajada 



APÉNDICE 233 



como la naestra, donde todo está en tela de juicio ; herida, desangrada, ca- 
lenturienta, y ¿ por qué no decirlo V estragada y corrompida, se satisfaga y 
entretenga con la oda ampulosa, sin sentido ni objeto, paramante imaginati' 
va, artificial, rumorosa como la onda y el aire ? Los hechos parecen demos- 
trar lo contrario. No creo tampoco que distraigan sus penas ni esciten su cu- 
riosidad dormida esas arcaicas reproducciones, frías como el retrato de un 
muerto, de nuestros tiempos gloriosos y caballerescos, con sus galanes pen- 
dencieros, sus damas devotas y libidinosas y su ferviente misticismo entre- 
verado de citas y cuchilladas. Y pienso que todavía han de conmoverle me- 
nos esos suspiríllos líricos, de corte y sabor germánicos, exóticos y amanera- 
dos, con los cuales expresa nuestra adolescencia poética sus desengafios 
amorosos, sus ternuras malogradas y su prematuro hastío de la vida. Ma- 
yores estímulos necesita nuestra sociedad para volver los ojos á la aban- 
donada y solitaria musa lírica, más vigorosos sacudimientos para despertar 
RUS dormidas emociones. 

Y cuenta que no es esto condenar en absoluto esos géneros líricos que 
tienen incontestables bellezas, y en los cuales tanto se han distinguido y se 
distinguen todavía inteligencias peregrinas, gloría y ornamento de las letras 
patrías. Lo que censuro es el carácter general de nuestra poesía, ó mejor 
dicho, el predominio que ejercen en ella, por la fuerza de la rutina ó porque 
es mas fácil dilatar el vuelo por los mundos brillantes de la imaginación, 
que descender á los oscuros y muchas veces dolorosos abismos de la refle- 
xión, esas inspiraciones indeterminadas, sin pensamiento ni alcance, que nada 
dicen y á ninguna parte van, llenas de galas y adornos, como esas pobres 
doncellas muertas á quienes se atavía y corona de flores para conducirlas al 
campo santo. — Gaspar Nuñe^ de Arce. 
1874 



Por la esplícita salvedad que hace el famoso bardo castellano, no creo 
que haya querido referirse en los suspirillc» precisamente á Becquer. Nuftex 
de Arce, como casi todos los verdaderos poetas que tienen conciencia de su 
fuerza, no da cabida en su pecho á la envidia: no necesita deprimir á otros 
para valer él mucho. Evidentemente, su intención ha sido fustigar á loa in- 
felices imitadores de la escuela á que pertenece Heine ; imitadores que, sin 



234 PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



caudal propio, con sus exageraciones, estra vagancias y necedades, producto 
de un estado enfermizo y á veces del abuso del alcohol, harían bostezar de 
tedio á un muerto, sin que esto importe desconocer la importancia y el al- 
cance que tiene el dolor como elemento estético en la poesía. (Véase letra E) 



Oigamos á Freitas : 

o La nota de la melancolía vibra constantemente en el corazón de los poe- 
tas brasileros. 

Sus composiciones están caracterízadas por aquella tristeza mórbida, que 
turba el alma, que la oscurece, pareciendo que los mayores talentos presienten 
un fin desgraciado y prematuro. Gon9alves Dias fué casi profeta del mísero 
término de su existencia. 

Algunos como Fagundes Varella, el inspirado cantor del Evangelho fuu 
selvas, aceptan valientes la pelea, y Únzanse al encuentro de la muerte des- 
peñándose en el abismo de los placeres. 

Pero es de sentir que la juventud brasilera agote muchas veces su ins- 
piración y entusiasmo en la imitación de los productos lamentables de Al- 
fredo de Musset y de Beaudelaire, para lo que es necesario envenenarse 
previamente con el ajenjo y cognac. 

Dá lástima ver apocarse en trabajos mas que inútiles, nocivos, á quien 
tiene alas para remontarse tan alto I 

Grande es la culpa de los que así prostituyen la lira y disipan los teso- 
ros de la imaginación, por que la responsabilidad está en razón directa de la 
cultura intelectual. 

Las clases instruidas tienen la imperiosa obligación de educar á los pue- 
blos, darles una idea clara de sus deberes y derechos, enseñándoles á cum- 
plir unos y respetar los otros. De la dirección dada al carácter de los que 
han de ser un dia ciudadanos, está pendiente la felicidad y el futuro del país. 

Pasaron los tiempos, en que la ciencia, limitada á un círculo estrechísimo, 
era sabroso néctar con que apenas se deleitaban los iniciados, sin que la so- 
ciedad tuviese conocimientos de la doctrina, influyendo, consolidando ó com- 
batiendo las instituciones y los proyectos que se elaboraban dentro de ella. 

Mudó felizmente la faz de las cosas I 

La ciencia, como poder social, no debe ser hoy privilegio exclusivo de una 
clase. 



APÉNDICE 235 



Por el contrarío, debe ser accesible á toda la multitud, levantando el es- 
pírítu de los pueblos, animando á los que trabajan con fé, protegiendo las 
doctrinas que alientan el progreso, derramando á manos llenas la luz de las 
ideas de lo bello, de lo justo y de lo verdadero. 

Y para conseguir ese resultado concurren especialmente las artes y la li- 
teratura. 

Abandonen los poetas la detestable escuela, que convierte sus obras en 
fotografías vergonzosas de la degradación individual, sigan la línea recta 
que es el camino de la virtud, dejando que otros se enmarafien en los cami- 
nos curvos y tortuosos ; rasguen los críticos horizontes más amplios y más 
vastos al genio, depurando el gusto con severas y bien merecidas correccio- 
nes, y ha de brillar forzosamente espléndida y majestuosa la fuerza social, 
que deriva siempre de una grande inspiración artística. 

Sólo de ese modo es que se puede establecer el respeto en la familia, la 
justicia en las leyes, la moralidad en las costumbres, y quedar bien manifies- 
ta á los ojos do la multitud la dignidad del hombre y la grandeza de sus des- 
tinos. 

La empresa es difícil, por queen ningún tiempo fué más verdadera que 
hoy la sentencia del gran poeta inglés — la ciencia es el dolor. 

Pero el deber es la ley indeclinable de la moral. 

A la tierra que fué nuestra cuna, tenemos obligación de dedicarle nuestro 
trabajo, de sacrificarle nuestra vida, de consagrarle nuestra alma entera . — 
José Antonio de Freytas. 
1877 ' 



« Sólo es poeta en nuestros tiempos aquel que sabe encerrar en el molde 
hermoso de una versificación perfecta un pensamiento grande, original y 
profundo, ó un sentimiento intenso y vivo que llegue al alma del lector y 
engendre aquel placer singular que de lo bello nace y que á un tiempo mis- 
mo afecta á la inteligencia y al corazón, á la fantasía y á los sentidos. 

Vive el poeta del siglo xix en una sociedad perturbada por crisis tras- 
cendental y profunda ; colocado entre un ideal que muere, y otro que, aún no 
ha nacido, apenas dibuja sus indecisas formas en los horizontes del porvenir; 
privado de expresar los estados puramente subjetivos de en ánimo, porque 

p. Y O. 33 



236 PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



en el actual atoniemo social las quejas aisladas del individuo no despiertan 
interés ni exdtan simpatía; obligado á empapar en levantadas ideas sus obras 
porque el siglo exige que la poesía sea la razón cantada, y pide al poeta, no 
80I0 loR primores de la forma que recrean la imaginación y los sentidos, y loe 
arrebatos del sentimiento que despiertan la emoción en el alma, sino las gran- 
dezas de la idea y las enseñanzas de la razón que ilustran la inteligencia y 
fortifican la voluntad, y en tal situación el poeta tiene que ser apóstol y sa- 
cerdote tanto como trovador, y reflejar en su obra las necesidades, las exi- 
gencias, los dolores y las preocupaciones de su época, so pena de que su 
canto se pierda en el vacío y el eco de su voz se ahogue en el fragor de la 
batalla, como se pierde en el silencio del solitario bosque la voz del pajarillo, 
y se ahoga en el estruendo del Océano el leve rumor del arroyo que se pre- 
cipita en sus abismos. 

Por eso el poeta lírico tiene á la vez que ser subjetivo y objetivo, refle- 
jando en su iudividualidad la humanidad entera, identificándose con ella, ha- 
ciéndose eco de sus aspiraciones, convirtiendo su canto en nota individual 
del concierto humano. Y de esta suerte su, estado subjetivo, reproducción 
en los límites individuales detestado de ese inmenso individuo que se llama 
hombre, podrá interesar á los que en su queja verán retratada la común an- 
gustia y en su cántico entusiasta la general esperanza, mientras sus propios y 
privativos dolores pasarán inadvertidos y quizás parecerán molestos ante la 
indiferencia del público. Y de esta suerte la poesía lírica es hoy mas sub- 
jetiva que nunca, y mas objetiva ala par, por más que tal afirmación parezca 
paradógica; más subjetiva, porque nunca el poeta buscó tanto la inspiración 
en las profundidades de su alma, ni cantó con igual amargura sus íntimos 
dolores; más objetiva, porque nunca tampoco reflejó con tal fuerza en hu oh- 
fera individual las ideas, los sentimientos, las aspiraciones, el estado general 
psicológico de su tiempo. 

Y á esta poesía caracterizan dos condiciones al parecer contradictoria 8: 
una infinita amargura y una inmensa fé. La falta de un ideal definido y uni- 
versal, la ruina de todas las creencias, las espantosas convulsiones de estu 
sociedad perturbada, el malestar profundo que al individuo aqueja, el tedio 
inextinguible que le devora, producto necesario de una vida sin objeto ni es- 
tímulo, impregnan la poesía contemporánea de un tinte melancólico, Koni- 
brío, amarguísimo, desesperado, que no tiene igual en la historia, á no ser en 
los postreros días del imperio do Occidente ó en la horrible época del aflo 
1000. Pero al mismo tiempo, la fé inconmovible en el progreso humano, ver- 
dadera religión de nuestro tiempo, la esperanza de que han de llegar irrein¡»¡. 



APÉNDICE 237 



ble y fatalmente mejores días, siquiera no nos sea dado verlos, el entusiasmo 
producido por las grandezas de este siglo titánico, la inmensa alegría de ha- 
t)er concluido de una vez para siempre con todos los despotismos y todas 
las servidumbres, los fulgores vivísimos, aunque lejanos, de un ideal que el 
porvenir esconde, que apenas se presiente, pero cuya grandiosa belleza se 
adivina, como en intuición profética, todo esto contribuye á infundir un es- 
píritu de fé y de entusiasmo en el ánimo de los poetas más escépticos y de- 
salentados, fé que ilumina con súbitos relámpagos las profundidades de su 
de^speracion, como iluminan las oscuridades del abismo los fulgores de la 
tonnenta.» 

Hasta aquí Revilla: no cerraremos las citas que de su libro hacemos sin 
llamar la atención del lector sobre loque dice respecto déla tan controver- 
tida cuestión relativa al fondo y la forma, aunque sea diversa su opinión de 
la nuestra (pág. XIX), puesto que sin desconocer la importancia de la segun- 
da, damos siempre la preferencia á la idea sobre las condiciones mecánicas 
del arte. 

<( Si es verdad que la poesía es á la vez idea, sentimiento y forma, no lo 
es menos que la forma (tomando la palabra en su amplio sentido) es lo más 
esencial en la poesía, como quiera que en ella consiste la creación artís- 
tica, y que, al paso que el pensamiento mas frivolo es aceptable si lo encu- 
bre una bella forma, la concepción ideal mas grande y perfecta pierde todo 
su valor artístico, si es ruda y tosca la forma en que se manifiesta. En igual- 
dad de circunstancias la poesía vale tanto más cuanto mayor es el valor de 
su idea; pero, dada la desigualdad en la forma, la perfección de esta importa 
más que la del fondo. » — Manuel de la Revilla. 
1875. 



La poesía, en efecto, que ha servido á la ciencia, sembrando presenti- 
mientos de felicidad no sentida, y arrojando como un polvo de luz en los 
senderos que abriera en la sombra temerosa, no ha concluido por lo mismo 
sn misión: adquiere al contrarío mayores proporciones ante las soberbias con- 
quistas del progreso. Arte de aumentar la grandeza de lo verdadero, con la 
difracción esplendorosa de lo bello, el camino recorrido en su cielo, es una vía 
láctea, con todo el calor y la vida de lo infinito; y por eso sus ideales revis- 



238 PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



tieroD siempre la vaguedad fantástica de las constelaciones perdidas en el 
éter, solo perceptibles para la ciencia investigadora, que marcha con lentitad 
calculando el alcance de su poder real, en relación á las fuerzas de inercia 
que la poseía ha salvado, sin removerlas, como traspone el ave de alas anchu- 
rosas abismos y montañas. 

Si la ciencia, pues, ha aprovechado de lo que ella ha entrevisto en espa- 
cios desconocidos para descubrir leyes y consagrar principios inmutables, 
menos debe la imaginación creadora abdicar de sus fueros; ella que presien- 
te y adivina, y que no se cansa de volar en los siglos, siempre atravesando 
la inmensidad, en la inmensidad de la duda confundida ! 

Pero ya que no le fuera dado por el momento emprender escursiones por 
el campo de las grandes utopías, quédale el privilegio de hacer sentir, de 
mantener en sus cantos el fuego de las virtudes, dándoles crecimiento en 
medio de los fenómenos complejos de una sociedad en que las pasiones se 
agitan sin reposo. 

¿ No le ofrece acaso, temas de noble inspiración, esa sociabilidad multi- 
forme que cede á inclinaciones especiales, sin descuidar los sentimientos de 
la patria y de la familia, aunque susceptibles en la fiebre de la lucha de 
transgredir las leyes morales en holocausto al éxito que corrompe, al fanatis- 
mo que ahonda y divide, al error que descamina y pierde ? 

Nada serían los pueblos democráticos sin pasiones ardientes éimpetuonaa, 
y nada la alta poesía sin esa fuente, en que ella ha nutrído sus ideales. 

El gran cuadro en sus faces diversas, la acción misma en sus proyeccio- 
nes profundas, invitan al abandono de una musa ya estéril, á ahondar los 
surcos, y á difundir todas las conquistas morales en el seno de las muche- 
dumbres, para que el pensamiento y el ideal ocupen los vacíos que dejan la 
decepción y el infortunio, encendiendo una chispa en cada cerebro y un 
nuevo amor en cada corazón ; germen do ideas, y fuente de ternuras ; con- 
ciencia del derecho en el uso de la soberanía, y del deber en la religión del 
hogar. En esta obra la poesía se agiganta. Ayuda al progreso, y ella mi»nia 
es un perfeccionamiento. 

Levantar con sus cantos instituciones elevadas que decaen, retemplar 
las conciencias que desmayan, dar una nota más alta á las virtudes, encelar 
los sentimientos de gloria, mantener perpetua la trova al honor, afiadir nue- 
vas ofrendas á la pasión de la patria, tejer coronas al mártir, al héroe, al 
apóstol, precediendo á la justicia de los tiempos, y fortalecer en el seno de 
la familia el culto del amor no conocido por las sociedades antiguas, todo es- 
to pertenece al reino de la poesía americana. 



APÉNDICE 239 



Ella aproxima el amor espiritual, sentido y cantado por Dante, á la ple- 
nitud de su reinado. No es éste un algo indefinible y vago como en la 
época de su consagración por el vate eminente; es un sentimiento que tras- 
ciende, se dilata, alienta y robustece el destino humano, condensándolo todo 
en su grandeza única y expansiva : abnegación, fé, paz, ventura, caridad, 
idilio, drama, melodía, aroma, luz, ensueño, esperanza, gloria ; amor que re- 
cibe en tributo las mas bellas guirnaldas de la naturaleza, las más puras 
armonías del arte, los más ricos dones del estilo, y que dá en cambio á la 
inspiración sus temas nobilísimos, á la música sus motivos ideales, á la pin- 
tura sus imágenes selectas, á la estatuaría sus modelos eternos, y sus impul- 
sos incontrastables á la conciencia del bien. — Eduardo Acevedo Dicu. 
1884. 



E como a luz do sol o genio dos grandes poetas. O seu clarfto brílhante. 
cspalhando-se na térra, aquece e alumia as almas de todos os que encentra. 
Manifestando-se no livro, astro da intelligencia, af ugenta as trevas dos cere- 
bros mais obscuros ; esclarece e persuade, até os propríos que nfto querem 
convencer-se nem illustrar-se. Na poesia, enternece os insensiveis, arranca la- 
grimas dos cora95es mais seceos, risos dos labios mais cerrados, gritos de 
admira^fio dos peitos mais fríos e indiíferentes. É uma for9a invencivel, que 
transforma os individuos, sub jugando a vontade aos mais rebeldes e o espi- 
ríto aos mais pertinazes. Denuncia, emfím, a centelha divina, que o Creador 
poz na mente do homem. 

Quando o escríptor se chama Homero, Virgilio, Dante, Milton, (^/amOes 
ou Garrett, os seus poemas atravessarAo o tempo e o espa90, cada vez mais 
admirados e queridos. As suas ideas, semilhantes aos raios fulgurosos do rei 
dos astros, brílhar&o com o mesmo esplendor com que foram enunciadas mi- 
Ihares de annos antes ! Depois de terem commovido e enthusiasmado as ge- 
ra^óes extinctas, demostrarflo ás presentes que nem os seculos depravados, 
nem as epochas de obscurantismo Ihes alteraram a primitiva grandeza e a 
gra9a nativa ! Filhas divinas do genio, só deixarfio de existir quando Deus, 
destruindo o mundo e chamando a si o ultimo homem, volver tudo ao nada, 
de onde nos tirou a sua omnipotencia. — Francisco Cromes de Amorim. 
1881. 



240 PROPÓSITOS Y COINCIDENCIAS 



Véase pág. 17, nota I, § II; pág. 68, § de Mitre, y el prefacio de la pri- 
mera edición (1858) de los Ckmtoi Matutinos de Gomes de Amorím donde 
refiere cómo tuvo la revelación de la poesía leyendo el Camó€9 do Oarrett, 
cuando después de vagar un afio por los bosques y cascadas del Xingú, subió 
el Amazonas y fué á cumplir su décimo-tercero aniversario en la villa de 
Alemquer, situada en un brazo del mismo rio, entre los dos grandes la^s 
Curumú y Surnbiú . 



AP¿NDIC£ 241 



(C) 



LAS DEDICATORIAS 



TRES ESTROFAS DEL PRIMER POETA QUE LAS ENCABEZA - Pá^^. 3 



Recorriendo el título de las poesías para formar el índice ; al leer las 
dedicatorias, me apercibo que debo explicar su cansa, por varías razones que 
ine limitaré á enunciar con la brevedad posible, empezando por advertir que 
casi todas han sido hechas áhora^ al coleccionar este libro, en justa retrilmcum 
de sercicioB ó favores recibidos antes ; y excuso agregar que jamás he pro- 
curado ni he necesitado propiciarme por ese medio la voluntad de nadie. 

Más por ignorancia de la realidad de las cosas que por malignidad (me 
complazco en creerlo) se me ha imputado, y se repite con cualquier pretex- 
to, que es deplorable mi extremada condesconcia, mi prodigalidad y derroches 
literaríos, hasta el punto que será necesario sujetarme á interdicción. Entre- 
tanto, la verdad es que no he hecho otra cosa que devolver el cambio de la 
moneda que me daban en bellísima prosa ó magníficos versos, desde el 
Dr. Gómez hasta D. Agustin de Vedia, y desde el inmortal Figueroa hasta 
D. Aurelio Berro y el Dr. Zorrilla de San Martin. (1) 

Salvo los casos excepcionales que exigen inmediata y categórica rospues- 



O) Pido diaoulpa por ceta not» A los lectores nervioso», que deolaimn ingenuamente no loo 
gusta alabar ni oir alabar & nadie. Respetando su neorosiij, me permitiré observarles que hay otros 
moobos lectores 4 quienes agradan sobremanera estas noticias biográficas 7 bibliográficas, que 
según dicen ellos, ignorantes 1 utilisarán más tarde los futuros historiadores de la Uferatura na* 
oionaL Ta Ten los aludidos si á trueque de no aumentar sus agrarios, somos modestos ; pero sea 
cual fuere la importancia de esos apuntes, en la imposibilidad de contentar á todos, fuersa es so- 
meterse al voto de la mayoría, ley suprema en las democracias. 

SI Dr. Gomes ha referido él mismo en una carta fecha Ift de Mayo do 1879 oomo fué á mi ossa 
á felicitarme, antes que yo le conociera, con motivo de mi composición Bl Dntino, oorrejida é 
inserta mas tarde en Horas dk MblancolIa. (Y. Violeta» p Oruga» pág. 114 ) . 

D. Agustín de Vcdia, desde su aparición en la arena del periodismo, aunque militando en 
opuestas filas, no ha tenido nunca pan mi sino palabrM de aliento, y las columnas de los impor- 
tantes periódicos politices y literarios de que ha sido director ó redactó^ principal, han estado 



#- 



242 LAS DEDICATORIAS 



ta, es costumbre antigua en mí no contestar en el acto á lo que evidentemente 



siempre 4 mi disposición con la mas noble y franca cordialidad. Por eeo le dedico uMora el Cauto 
Á Bolívar ; como al Dr. D. Cárloe 3Í. Ramírez, por idénticas razones, la de la página 189 : Bv x«a 

CüXBRS. 

D. Francisco A. de Figueroa me dispensó el honor de dedicarme dos sonetos con motivo de la 
primera representación en Montevideo del drama Amor y Pturia, 

Soy deador 4 D. José Zorrilla de la leyenda en verso La Rota de At^fandria. 

Á D. HexHclio C. Fajardo de la entusiasta poesia oon qne me salado, el primero, 4 mi regreso de 
Europa. 

Al Dr. D. Juan Zorrilla de San Martin, que llera el corazón tan alto como el pensamiento, una 
oda y un soneto ; y El Bien PúbUeo que él dirije, más de una vez ha cedido 4 mis produocionea el 
puesto de honor en sus columnas . 

Á. D. Lucio V. López el Himno al mar. 

Al Dr. D. Enrique Arrascaeta la composición : Leu letras en la antigua Roma. 

Á. D. Aurelio Berro, el Canto á Calderón y una poesia con motivo de la mia Mirando al 
Crucero. 

Al Dr. D. Ángel F. Gesta, el libro Nirvana . 

Á D. Manuel B. Tristany, el drama Solit y una epístola satirioa en Reenerdot y Fúniasiat. 

Á D. José M. Torres Caicedo un extenso estudio inserto en el tomo m de los Entaifos biogr4fi- 
00» y de critica literaria sobre lo* principalet publieittat, kistoriadores , poetas y literatos de la 
América latina. 

A. Benigno T. Martínez la Historia de Entre- Rios y la mas afectuosa benevolencia siempre 
que se ha ocupado de mis escritos. 

Al Dr. D. Victoriano E. Montes, los Parónimos de la lengtta castellana. 

L D. Abel Pérez, el canto El Poeta. 

Al Dr. D. Luis Mellan Laflnur, el Himno al Progreso y Estro/a*. 

Al Dr. D. Demetrio Amador de los Rios la poesia Ofrenda . 

k D. Antonio Lussioh sus Poesías Úricas. 

Al Dr. D. Juan R. Mufioz el opúsculo sobre Monteagudo. 

Al Dr. D. Luis Ricardo Fors el volumen : Miseeldnea Americana. 

k D. Carlos Roxlo el Canto de Nerón . 

Al Dr. D. Pedro Mascaré y Sosa, Director de la Biblioteca Nacional , además de sus ilelicadati 
atenciones en ésta, la importante tesis sobre El Emperador Neiahualeofotl considerado como poeta 
elegiaco, leída por aquel joven uruguayo, oon aplauso general del docto Claustro, en la Universidad 
«lo Madrid, al recibir el grado de Dr. en letras, adiocionada oon otros eruditos trabajos, y dedicada 
conjuntamente á los Dres. D. Carlos Maris Ramírez, D. Vicente F. López y D. Andrés Lamas. 

Además de los citados, hay otros ; pero no los recuerdo en este momento. 

D. Joaquín Odícini y Sagra como D. L. D. Destelfanis y D. Josué Bordoni han tenido la bondad 
de traducir composiciones mias, de tal modo que han merecido ser reproducidas en Europa ó citu- 
das con elogio por respetables críticos. (Véase nota S pág. 67). 

Debo finalmente al patriota ciudadano y eminente artista oriental D. Pablo Nin y Oonzales — 
mi abnegado compafiero como D. Manuel Rovira, D. Remigio Castellanos y el Dr. Vázquez Sagaa- 
tume hasta su partida al Brasil, en la erección del monumento á la Independencia, — nn proeioao 
cuadro caligráfico. 



APÉNDICE 243 



dimana de un error ó de falsos informes, sin perjuicio de rectificar mas tar- 
de, en oportunidad, cuando creo que vale la pena, lo que me parece conve- 
niente; y aun así, obligado en defensa propia á restablecer la verdad y á no 
dejar correr sin correctivo errores que me perjudican, guíame un sentimien- 
to mas digno que la vanidnd, el odio ó el desprecio. Trato de proceder como 
el tierno cantor de Laura: 

C lo PARLO PER VER DIRÉ, 

Non per odio d'altrüi né per disprezzo. » 

Puedo equivocarme en mis juicios como cualquier hijo de Adán; pero 
niego que haya jamás elogiado ni dedicado una sola estrofa á nadie por com- 
placencia ó mera cortesía. Desafío á que se me pruebe que en la época en 
que haya hecho tal distinción, se encuentre un solo poeta, escritor, hombre 
notable, ó simple amigo, indigno de ella. 

En las notas de este volumen existe ya la prueba perentoria de lo que 
digo más arriba : sólo he procurado retribuir de ese modo, favores recibidos 
anieSy ó demostraciones públicas de aprecio que se me han dispensado. Sólo 
he pagado y pago apenas una deuda de gratitud. 

Creo que los comprobantes á que me refiero, bastan y sobran para probar 
que no existe tal complacencia por mi parte, prodigalidad ni mera cortesía, 
sino justa y bien modesta retribución de valiosos obsequios y particulares 
servicios. 

Sé que por más que haga patente la verdad no desarmaré á la malevo- 
lencia; pero llevaré el convencimiento al ánimo de otros, y eso vale mucho á 
juicio de Voltaire, que era lince en estas materias. 

Él decía que c conviene de vez en cuando poner los puntos sobre las i , y 
80 pretexto de fingida modestia no dejar en pié las tergiversaciones, intencio- 
nales ó involuntarias, que nos desacreditan, ya que por desgracia mientras 
los adversarios nos atacan con encarnizamiento, nuestros amigos callan cuan- 
do debian hablar, (se hacen los zonzos, diria el redactor de El Siglo) 6 nos 
defienden con tibieza, ó de tal manera que la enmienda es peor que el soneto.» 



1 

Figura en la lista de la nota preinserta, el Dr. D. Luis Melian Lafinur, uno 
de los aventajados poetas de la nueva generación, escritor y ciudadano jus- 
tamente apreciado de todos. 

p. Y O. 34 



244 LAS DEDICATORUS 



Honróme dedicándome las dos bellas poesías citadas, y en ellas y en las 
estrofas que paso á transcribir, pertenecientes á las composiciones Gloria 
al pasado. Las dos fechas y La verdadera musa, se vé que el autor en sus 
propias inspiraciones ha encontrado Alas para elevarse hasta las puras fuen- 
tes que forman el tema de la composición que le dedico, haciendo vibrar des- 
de sus primeros cantos las cuerdas de su lira con las sublimes notas del 
amor á la patria, de las glorías nacionales y de la virtud cívica. 



1879. 



Patria es arrullo del amor soñado 

Sin zozobras que anublen la esperanza ; 

Es lo humano que el alma, idealizado, 

A suspirar alcanza; 
Es el tramo que eleva á la inefable 
Región de gloria que entrevio el anhelo. 
Del ser que forja halagos en el suelo 
Donde todo es estrecho y deleznable. 

Menos la f é que encierra, 
Un impulso de amor que busca el cíelo 
Adorando la patria de la tierra, i» 



ft En el pasado, incólume 
Amor patrio, impelia 
Al sentimiento homérico 
Que en triunfos se mecia, 
Sin conocer obstáculos 
Ni rotas concebir. 
Por eso fué aquel rápido 
Luchar y dictar leyes. 
Herir con rayos ígneos 
Las frentes de los reyes, 
Y en pos la senda límpida 
Marcar del porvenir I » 



1883. 



APÉNDICE 245 



€ América! Estro do los ensueños 

De hijos que lustre te quieren dar, 
Aplaude verlos del plectro dueños 
Que así tus glorías podrán cantar. 

Entre raudales, y el sol de un cielo 
Do sólo hay nubes de oro y zafir; 
Entre las galas de un fértil suelo 
Que mil encantos sabe esparcir. 

Allá á la sombra do tus palmeras, 
Entre mil trínos,— voces de amor. 
Que dan las aves cruzando esferas. 
Saltando alegres de flor en flor. 

Tus bardos todos se han inspirado. 
Oh! madre Améríca, feliz Edén; 
Y todos ellos allí han jurado 
Ser los cantores libres, del bien! 9 



1879 



246 MIS CREENCIAS 



(D) 



MIS CREENCIAS 



Poder, Sumo increado, 
Quien quiera que tú seas.... 

(Pág, 14) 



En cuestiones importantes en que hay tanta divergencia de ideas, siem- 
pre existe un positivo interés en conocer y estar en aptitud de comprobar 
fácilmente las convicciones de un autor, manifestadas más de una vez, y 
acaso tergiversadas ó por no conocerlas ó por mala f é, ya que desgraciada- 
mente — un critico che ancora Uge un Vibro prima di gmdicarli, é un portento, 
según se expresa el ilustre historiador César Cantú en carta á su digno amigo 
D. Luis Desteifanis, autor de los interesantes y eruditos artículos : Entre 
LIBROS Y PERIÓDICOS, quc publica mcusualmente la revista Anales del Ate- 
neo DEL Uruguay. 

Aunque no con tanto acierto, fácil nos habría sido sustituir las notas 
doctrínales ajenas por párrafos nuestros : pero sin perjuicio de transcribir 
aligo pn>pio, nos ha p;u-ecido mejor apoyar nuestros asertos en el juicio do 
otros escritores, á veces de gran valer, como el que ha trazado las siguientes 
Hneas : 

i LUZ ! 

Como si 80 untioi^xim á nuestra intención de responder con un artículo 
al envío que do su opúsculo nos hizo nuestro amigo muy querído é inteligen- 
te coniUsiípulo Carlos Arooouíi, el Dr. Magarifio* Cervantes regaló á los 
Kvtiíit»!* lio tst liicH PMico el proc¡i>84^ artículo bibliográfico con que ayer 
ongalHuamos nuostras ct.>Iumna9, enelquo demostraba cómo la ciencia lleva 
mvosiiríauíouto al fivo inexhausto do tixla ciencia y de toda luz; cómo cuan- 
to más so dtu»íurrvílU la inteligencia humana tanto más ae acerca á su origen 



APÉNDICE 247 



divino; cómo los rayos de luz en tanto son mas brillantes en cuanto las vi- 
braciones que los producen están mas cercanas al foco vibratorio; cómo la 
revelación hecha al hombre de los secretos de las leyes naturales por el de- 
positario infínitamente sabio de aquellos secretos y eterno pronmlgador de 
esas leyes, antes de despertar en el hombre un orgullo protervo, antes de 
reproducir en el mundo el non serviam del insensato arcángel, debe hacer 
levantar en el fondo de la voluntad humana las notas acordes del himno de 
gratitud de la criatura al Creador. 

Y tanto fué mas oportuna la palabra de nuestro primer poeta nacional y 
respetado pensador, cuanto que en el mismo sentido que él nos habiamos 
propuesto tratar el asunto, con motivo de un artículo publicado en La De- 
mocracia 

Juan Zorrilla de San Martin, 
1882. 

Kl artículo nuestro de la referencia lleva por título Un párrafo de filo- 
sofia y otras digresiones á propósito de un folleto sobre el uso y utilidad de 
los a^mratos de proyección como medio de enseñanza,, — Tomamos de él este 
fragmento. 



Cualquiera que pueda ser á veces la divergencia, y aun la oposición radi- 
cal de mis opiniones con los que no participen de ellas, á ninguno do los que 
forman en las filas de la nueva generación, le es permitido dudar que veo 
siempre con placer los esfuerzos hechos por las jóvenes inteligencias de mi 
país, en las que se acentúa más y más cada dia la tendencia á los estudios 
serios, al labor científico, á la propaganda y vulgarización de las doctrinas y 
métodos que generalmente se consideran mas adelantados, y que mejor res- 
ponden á los progresos del siglo en que vivimos y á las necesidades de 
nuestra patria. 

No importa que alguna vez ruines semillas se mezclen al buen grano. 
¿ Dónde se encuentra la tierra do bendición que dé trigo únicamente, sin que 
al mismo tiempo no broten entre los surcos yerbas nocivas ó piírásitas ? .... 

Si hay partidarios do las escuelas que no admiten sino lo que cae bajo el 
dominio de los sentidos, y sustituyen el misterio impenetrable pero lógico, 
de un ser eterno, perfecto y absoluto, es decir, incondicional, por el concepto 
contradictorio y absurdo de una naturaleza contingente y fenomenal, y por 
tanto imperfecta y limitada, que se engendra á sí misma, condensa incons- 



248 MIS CREENCIAS 



cienteinente los átomos en mundos, y llega con la primera célula al infuso- 
rio, y sube desde el infusorio al hombre, único ser que se reconoce en la 
creación, y llega á decir: Yo; si hay quien se extasía ante el poder omnímo- 
do de la FUERZA (concepción que bien examinada no viene á ser otra cosa en 
último resultado que el espíritu con otro nombre), y por una petición de 
principio, que resuelve orgullosamente á su favor y da por probado lo mis- 
mo que está en tela de juicio, afirma la perpetua evolución de la materia sin 
principio ni fin, sin el niens agitat molem de que hablaba ya Virgilio, vale 
decir, sin el soplo Onmipotente (elfiat) que la haya evocado á la existencia, 
sin el brazo (la voluntad) que la impele, la traza su órbita y la encierra en 
límites insalvables, y por último, sin la idea que la ilumina y la diríje al 
cumplimiento de su destino, lo mismo en la molécula que en el astro, en el 
insecto microscópico que en la mas bella y acabada criatura, el hombre te- 
rrestre ó el ángel de otras esferas; están en mayona entre nosotros los que 
creemos y demostramos, oponiendo doctrinas á doctrinas y hechos á hechos, 
que la causa primera, llámese como se quiera, por lo que vemos y palpamos; 
por lo que el espíritu columbra, cuando sin punto de apoyo en la tierra, des- 
pliega sus alas invisibles y se cierne en las regiones donde el genio arranca 
á la naturaleza sus secretos; por las sabias y previsoras leyes que en el orden 
físico como en el intelectual y moral, ligan los medios á los fines y los efec- 
tos á sus causas, tiene forzosamente que estar revestida del Poder, de la In- 
teligencia y de la Snbiduria infinitos. D109 es personal ó no existe, ha dicho 
vencido por la fuerza incontrastable de la lógica el ateo Proudhon. 

Comprender y mucho menos explicar, cómo está constituida esa perso- 
nalidad, es problema que se halla fuera del alcance de nuestra flaca razón, 
{)or más que nos contesten con una sonrisa de desden los que candorosamen- 
te se imaginan haber descifrado el insondable arcano con alguna fórmula 
tan impía como presuntuosa. 

Bástenos sabor que por los atributos del Ser, presente en el mundo por 
el ideal; atributos que al través del manto oscuro de las cosas nos revelan la 
existencia de Dios, como detrás de la nube la radiación del sol hace patente 
su disco: la ni/.on se vé compelída á admitir, como un postulado que se im- 
|H>nc oon lógica irresistible, á un Ser necesario y perfecto, fuente y raíz de 
quien procc<lo totlo, en el que talo empieza y todo acaba, al que todo se or- 
dena, y única hi|>ótosÍ8 ante la ciencia — como es ana verdad indiscutible en 
tmlas las tcogt^nías — que pueile explicar lo que si se proñmdizan las cues- 
tiones, ha de verse que de otra manera no admite explicación racional ni 
|>os¡ble. 



APÉNDICE 249 



Suprímid con el pensamiento por un instante al Ser con todos los atribu- 
tos de la personalidad divina, y ved si podéis concebir luego la aparición de 
los fenómenos, que no tienen ni pueden tener en si mismos la razón <le su 
existencia. 

Llegad hasta la nebulosa en via de formación, y explicad por qué en un 
momento dado se pone á vibrar el éter, y los gérmenes depositados en su se- 
no realizan por su propia virtud, en el caos, y en medio de las convulsiones y 
cataclismos de los elementos desencadenados, los prodigios que constata la 
ciencia en las capas sucesivas de nuestro planeta. 

¿ Qué habremos adelantado, pues, con sustituir cualquier palabra ó fór- 
mula más ó menos ingeniosa al nombre reverenciado do Dios, si en realidad 
quedan en el fondo sus atributos ? . . . . 

Si los materialistas son lógicos, si escluyen de sus concepciones todo ele- 
mento trascendental, es decir, toda causa que no sea inmanente á la materia, 
atributo de esta, y luego nos salen otorgándole todas las facultades que los 
espiritualistas sólo concedemos al Ser perfecto y absoluto, no hacen en pu- 
ridad otra cosa — comaya lo he dicho hace años — que escamotear la palabra, 
y aplicar su significado á la materia — Dios es el universo y el universo es 
Dios : he ahí la sintesis de los primeros atletas de la escuela que en esta parte 
combatimos. 

Esta aberración, inevitable desde que el hombre reniega de su Creador y 
aparta con airada soberbia los ojos del cielo para fijarlos únicamente en la 
tierra, no nos sorprende. La tesis es vieja, tan vieja como el panteísmo índi- 
co, rejuvenecido en nuestros dias con nombres nuevos. 

Desgraciadamente, con la eliminación del recto y genuino concepto de 
Dios, por más que crean con sinceridad, ó aparenten otra cosa sus oposito- 
res, se vienen al suelo las creencias, las ideas y sentimientos, que han sido 
hasta ahora el lábaro santo, la gran fuerza moral, la columna mas firme del 
derecho y la justicia, y en suma, el ideal purísimo de la humanidad. 

Primer motor, primera 
Causa de todo cnanto 
La Creación entera 
Como corona fúlgida 
Hace brillar así : 
Idealidad, severa 
Kazon, moral instinto, 
Deber, conciencia austera, 
¿ De quién brotar, oh Espíritu, 
Pueden sino de tí ? 
1882. (Pág. 14) 



250 EL DOLOR EN LA. POESÍA 



(E) 



EL DOLOR COMO ELEMENTO ESTÉTICO EN LA POESÍA 



La hamana criatura sólo es grande 
Por la luchn, el dolor, el sentimiento.... 

Pág, 45. 



£1 poeta no canta para los que no han sentido alguna vez las mortales 
congojas de este penoso destierro que se llama la vida : para aquellos qne 
ocupan una zona inferior á la en que la zoología y la moral colocan al hom- 
bre; para aquellos que parecen haber hallado en la tierra el cielo cuya lejanía 
es el martirio constante de las almas nobles. Ellos viven en las delicias de 
un optimismo candido y grosero, que un espíritu distinguido no cambiaría 
jamás por sus esperanzas insatisfechas y sus amargas penas; ellos han reci- 
bido ese necio contentamiento de la vida, como una compensación del grado 
inf eríor de desarrollo á que sus facultades y sentimientos pueden llegar. Vi- 
ven, mueren; y sobre su tumba puede grabarse el antiguo epitafio: he comi- 
do, he bebido, he gozado. Para ellos no hay mas poesía que la estrofa insulsa 
de las canciones de sobre-mesa, y las chispas efímeras de una especie de 
pirotécnica rimada cuyo brillo los alegra y escita, como alegran y escitan á 
los niños los fuegos de artificio en una fiesta de plaza pública. 

La región de la poesía es otra; el alma del poeta y las armonías que hace 
en ella brotar la inspiración^ quedarán siempre inaccesibles para aquellos sa- 
ürfechos que dicen, con mas verdad que el estoico: dolor! eres una palabra 
vana. Si leyeran La peregrinación de Childe-IIarold, d^ lord Byron, La 
fibra salvage ó el Lázaro, de Gutiérrez, penetrarían en un mundo completa- 
mente estraflo paní ellos; y negarían lo que no sienten ni han sentido jamás. 
Pero el poeta, cuya alma es la urna que encierra los dolores de su siglo, el 
cielo en que se proyecüm las sombras que envuelven á la humanidad, el nen- 
sorio conmovido por todos los sacudimientos que la estremecen — podría 
esclamar como Petrarca hablando de su Laura : tío es una mentira! no es 



APÉNDIGX 251 



una vana creación de la mente esa pena devoradora que seca la sangre y la 
epidermis, lento martirio, inevitable desde el dia en que los reflejos del ideal 
lejano alumbraron las miserias de la vida I Allí donde está el deseo insacia- 
do, la congoja, el dolor, allí está la poesía; este infierno es la gloria del poe- 
ta; sin pasar por él y sufrir, no brotará jamás la estrofa divina de sus labios; 
y necesitará siempre, como los santos del cristianismo, llevar sobre su fren- 
te los signos del martirio, para entrar en el coro de los escogidos. 

Todos los hombres dan testimonio del sufrimiento; y los espíritus privi- 
legiados más elocuentemente que los demás. £1 dolor, en su mas alta acep- 
ción, es el sentimiento que nace inevitablemente en el alma, por la despro- 
porción enorme entre sus aspiraciones y los objetos que el mundo le ofrece 
para satisfacerlas. Ni el oro, ni la voluptuosidad, ni la ciencia colman ese 
angustioso vacío que se hace tanto mas grande cuanto mas se arroja en él 
para llenarle. £1 hombre es un viajero que recorre el mundo en busca del 
ideal ; escitado, combatido^ nuevamente estimulado, luego desfallecido, pero 
andando siempre, siempre, siemprel £n todos los tiempos y en todos los 
climas, la vida es una aspiración, es decir, un deseo, satisfecho de un modo 
imperfecto y pasajero, pero anhelante hasta la consumación de los siglos. 
£1 deseo es una pena, la satisfacción es un goce; pero el deseo es vivo, pro- 
fundo, enérgico, sin cesar renovado, sin cesar creciente; y la satisfacción es 
efímera, transitoria, incompleta: el deseo es la herida abierta siempre y siem- 
pre sangrando; la satisfacciones el bálsamo siempre escaso y nunca eficaz; 
el deseo es el dolor, nube oscura que nos eftvuelve y dentro de la cual un in- 
visible monstruo nos clava implacable; la satisfacción es la luz de una aurora 
que promete un bello dia, y se estingue rápidamente, dejando* en pos de sí 
tinieblas, cada vez más sombrías, pobladas de monstruos cada vez más crueles. 

Tal es la vida! £1 artista la siente mas intensamente que todos los demás ; 
la comprende mejor que todos los otros, y la espresa, la traduce, la simboli- 
za con el mármol ó los colores, con la nota ó la palabra; la refleja bajo eata 
faz ó bajo aquella, en tal ó cual situación; y el valor de la obra artística cre- 
ce á medida que es mas viva y adecuada la espresion, á medida que el as- 
pecto reflejado es sias importante y trascendental. Y lo mas importante, lo 
mas trascendental que la vida humana presenta es lo que en ella se liga mas 
íntimamente con la vida futura que la completa, con el destino superior á 
que tiende; es la aspiración, el anhelo, el dolor, en fin. Por eso, desde las 
primeras revelaciones de la musa, por pueriles y candorosas que fuesen, las 
obras del arte reprodujeron siempre la sombra inevitable del dolor; por eso, 
desde los tiempos que se pierden en los mas lejanos horizontes, hasta la hora 

p. Y O. 35 



252 EL DOLOR EN LA POESÍA 



que agita en estos momentos sus alas sobre la humanidad — ^la escaltura^ la pin- 
tura, la música, la poesía, brotaron del dolor y le espresaron, perpetuándole 
en tipos inteligibles paralas generaciones que pasan unas en pos de otras, le- 
yendo la eterna cifra, y hallando siempre formulada allí la vida en lo qne tie- 
ne de íntimo y sublime. No hay creación duradera del genio artístico que no 
represente una pena ó una lucha, que importa siempre un esfuerzo, y, por lo 
mismo, un dolor. Aun aquellas obras de arte que la mirada vulgar encuentra 
rísuefias y grotescas, para el ojo escudrifiador del que observa profundamen- 
te, rasgos son con la huella del dolor, y luces pálidas que no se confunden, 
por cierto, con los fulgores fosforescentes de la alegría. La humanidad lee, 
hace siglos, el Quijote; y la inmensa mayoría de los lectores le tiene sólo por 
un libro divertido, no faltando quien le arroje con desden, entre los cuentos 
y fábulas que sirven para entretener á los nifios. Entretanto, quien quiera 
que habiendo sondeado las profundidades del alma, tenga educado el senti- 
miento del arte, se asombrará al estudiar el significado múltiple y serio de 
aquel libro maravilloso, prisma de innumerables facetas donde los tipos hu- 
manos se reflejan en la mas lujosa variedad de formas y situaciones. — Pedro 
Goyena. 



APÉNDICE 253 



(F) 



JUICIOS SOBRE LA ORIGINALIDAD, CARÁCTER y MISIÓN 

DE LOS INGENIOS AMERICANOS 



La Europa electrizada se despertó á tu acento, 
Y un nuevo mundo en todo se reveló vivaz. 

Pág.52 
Para que no se diga que abogan pro domo wua, no citaremos en este pará- 
grafo escritores americanos. — Dejamos la palabra á los europeos. 



Uno de los literatos extranjeros que con mas conocimiento de causa se 
ha ocupado de las letras hispano-amerícanas ; combatiendo el prurito de 
amenguar á unos escritores comparándolos con otros, y muy especialmente á 
los del Nuevo Mundo con los del viejo, y encontrar imitación donde sólo hay 
identidad de genio, en mayor ó menor grado, dice: 

€ Por lo demás, nada mas añejo y ridículo que la manía de estrujar á 
un escritor para compararle á otro ; el campo del arte es inmenso, cada uno 
puede sembrar y cosechar en él sin mengua suya ó perjuicio del vecino; in- 
menso es el cénit del arte y los grandes ingenios pueden reflejar en él, como 
las estrellas del empíreo, el brillo de su luz, sin recelo de que nada ni nadie 
pueda ofuscarle. >— Z. D, Desteffanis, 
1866 



Es una absurda pretensión, dice otro distinguido escritor espafiol, autor 
de La Argentina, ensayos literarios sobre los vates contemporáneos de an^ 
bas márgenes del Plata, de la Historia de Entrerigs etc., — el suponer 
que los poetas americanos no son originales;— que no han creado nada. — 



i 



254 JUICIOS SOBRE LOS INGENIOS AMERICANOS 



¿ Acaso la tan celebrada oda A la figricultura de la zona tórrida del admi- 
rable Bello, no es esencialmente americana ? Y las no menos admirables des- 
cripciones de la Pampa argentina, de Echeverría, El Ombú de Domingaez, 
de J. M. Gutiérrez y Mitre; las producciones de Ascasnbi y Delcampo, y los 
raros versos de Balcarce en su especie de canción del género Beranger, que 
no tiene rival en castellano ? ¿ Y el Yanduhayú y Liropeya de Berro, y el 
Urutaú de Guido ? ¿ Y esas Britas del Plata de Magarifios, que cada ona 
es un poema americano ? — (Y. pág. 17, § 2.^) — Benigno T, Martínez, 
1877 



Frise dans son ensemble, la littérature des répnbliques espagnoles n*en 
existe pas moins depuis quelquee années comme littérature distincte remplis- 
sant un rdle spécial dans Tbistoire de Tbomanité et ne poayant étre rempla- 
cée par aucune antre. Un des poetes et des critiques les mieux connus de 
Buenos- Ayres, Juan María Gutiérrez, TafiOrme avec un certain emportement. 
€ II en est, s'écríe-t-il, qui nient encoré Texistence d'une poésie particuliére 
á TAméríque. A la fin il faodra bien pourtant réconnaitre notre indépendan- 
ceen littérature, comme on Ta rooonnue en politique; Tune et Tautre ne 

sont pas en question, ce sont des faits. Nos poetes sentent Tbistoire de la 

patrie et la nature amérícaine avec des coeurs pasdonnés americainemenL » 
En eíFet, si toute poésie vraiment origínale doit avoir poor résultat d'évo- 
quer les bommes et les cboses dans un monde ideal sans perdre de vne la 
realité, «i elle doit k la f oís peindre avec exactitude et transfígurer par le 
sentiment du beau les événements de Tbistoire, la société environnante et la 
nature elle^méme, il est incontestable que lee écrívains de TAmérique espa- 
gnole ont dejácommencé leur oeuvre. Dftt la Colombie (1) disparaltre sou- 
dain, elle ne pérírait pas tout entiére, on la retrouverait en partie daña les 
cbants de ses poetes. — ElUée Rectme, 
18d4 



No menos explícitos, y bajo otra ñ», de mas alcance aún, recomocen la 
intluenoia que ya ejercen los eecritoree americanoe, y la cansideracion qae ae 



il> VéMtliatiA4«lipái.SM. 



APÉNDICE 255 



lea dispensa en el viejo mundo por literatos y pensadores de la talla de Gas- 
telar y Lauziéres, al ocuparse del Tomo III de los Ensayos Bioqrívioos y 
DE Crítica Literaria aohre los principales publicistas, historiadores, poetas 
y literatos de la América Latina, destinado en su mayor parte á los hombres 
del Plata. 

€ En medio de esta parálisis del espíritu español vienen los libros del se- 
ñor Torres Caicedo á traerle muy oportunamente la electricidad que hay en 
las tempestades americanas, la exhuberancia que hny en la vida del Nuevo 
Mundo. Estos poetas de América se distinguen esencialmente por cualidades 
opuestas á las cualidades de los poetas españoles. Son por regla general in- 
correctos en su forma, descuidados en su lenguaje; pero en cambio tienen un 
hervor de inspiración, una grandeza de ideas, un acento de libertad, unas tan 
sublimes aspiraciones á lo porvenir, que acusan bien á primera vista como 
han sido educados en la República y como son hijos de su siglo. Unir á las 
ideas de los americanos, al arrebato de sus gigantescas inspiraciones, la per- 
fecta forma de los españoles sería casi una revolución estética. Á esta grande 
idea puede contríbuir el señor Torres Caicedo con el profundo estudio de la 
literatura amerícana que hay en sus obras y los fragmentos que nos ofrece 
con tan elevado críterío. 

El libro que hoy impríme es para mi especialmente de un valor excepcio- 
nal. Baste decir que se refiere, en gran parte, á las orillas del Plata, para mí 
tan sagradas como una segunda pátría, y que hay en él nombres tan queri- 
dos de mi corazón como el nombre ilustre de Florencio Várela, que sus hijos 
. llevan con tanta gloría, sus hijos á quienes he querído siempre como herma- 
nos. Los escritores del Plata forman, en gran parte, el asunto del presente 
volumen. Estos escrítores del Plata son todos al mismo tiempo que escríto- 
res, héroes, y al mismo tiempo que héroes, mártires, y al mismo tiempo que 
mártires, vencedores. Han visto lo que vieron San Pablo y los prímitivos 
cristianos, han visto la crueldad de Tiberio, la locura dcGalígula, y los vicios 
de Nerón reunidos en un César que habia levantado entre la majestad del 
Plata y la majestad de la Pampa no sé que especie de trono abominable, no 
sé que género de Cesarismo híbrido, mengua del mundo, desafío á Dios. Y 
todos ellos han luchado, y todos ellos hablan con el acento de los que han 
combatido y han triunfado. El Cesarismo de Rozas no pudo arraigarse. Amé- 
rica lo escupió de su noble seno que sólo puede abrigar la libertad. Cuanto 
han contribuido esos escritores del Plata con sus sonoros versos, con sus 
elocuentes artículos, con sus fuerzas invencibles, á esta obra, es casi incal- 
culable. Al reunirlos el señor Torres Caicedo en una admirable legión, ofrece 



256 JUICIOS SOBRE LOS INGENIOS AMERICANOS 



un grande ejemplo moral que seguir á la decaída Europa. Poooii libros, 
pues, son más interesantes por su materia, ninguno quizá de los últimamente 
publicados tan trascendental á grandes obras, tan lleno de promesas para 
grandes fines. Á esto se reúne la fidelidad del historiador, la erudición del 
literato, el juicio maduro del crítico, la rectitud del hombre probo, y la ente- 
reza del patriota que lo ha escrito. Reciba el parabién de un amigo, qne al 
menos tiene ásu amistad el título de amaráEspafia j amar á América; y 
haber trabajado en la medida de sus fuerzas por la más noble de las cansas: 
por la ruina de los tiranos y por la reconciliación de los pueblos.» — EfoMo 
Ctutelar. 

1867 



Cette littérature, que Tinvestigation paresseuse de TEurope en a rare- 
ment explorée, nous ouvre des mondes inconnus, de larges horizons, nne 
poésie saisissante. C'est une seconde découverte de TAmérique. Comme le 
sol auz riches mines de ce paya, si généreusement partagé par la providence, 
comme ses foréts gigantesques, comme ses fleuves qui semblent apporter la 
guerre plutdt que leur tríbut á la mer, conmie ses montagnes dont les som- 
mets eussent épargné le travail de Tescalade titanique aux rébelles de la 
mythologie grecque, tout est vaste, nouveau, ríche, grandioso, majestneux 
dans les conceptions intelectuelles des fíls de l'Améríque latine. 

Ce qui nous a le plus agréablement surpris dans ce panorama d'illustra- 
tions, que la plume, nous allions diré la bagnette enchantée de M. Torres 
Gaicedo, laisse défiler sous nos yeux éblouis, c'est la versatilité intellectuelle 
des écrívains. Un des caracteres des intelligences meridionales, c'est la muí- 
tiplicité des branches qu'elles embrasseot L'Espagne et Tltalie, sans rémon- 
ter au Latium et.á la Gréce, sont lá pour Tattester. Nous avons vu des pein- 
tres qui etaient tout á la f ois scnlptenrs et architectes, d'autres qui étaient 
poetes, écrívains et musiciens, temoin Salvator Rosa, temoin Léonard de 
Vinci, Benvenuto Cellini, temoin surtout Michel Ange, qu'on nomma Thom- 
me aux quatre ames. Tout demiérement encoré, Tltalie a eu á la tete de son 
cabinet un homme qui est k la fois un excellent paysagiste, un romancier 
célebre, un compositeur distingué, un virtuose de mente, et par-dessus tout 
un profond politique. Nous avoos nommé le marquis Massimo d'Azeglio. 

II en est de méme pour l'Améríque latine. Sans compter Tauteur méme 
de l'ouvrage dont nous nous occupons, M. Torres Caicedo, qui, jeune encoré 



APÉNDICE 257 



a occupé une place eminente dans la diplomatíe, et qni nous a donné an vo- 
lume de vera, et de jforts beaux vera ! intitulé : Patrie, religión, amour, cette 
trílog^e de nobles sentiments, sana le compter lui-méme, disons-nous, la plu- 
part des notabilitcs dont il esquiase la vie et dont il examine les oeuvres, ont 
brillé comme kommes d^Etat, et comme profonds économiates, et comme 
poetes. Ce double titre de politiques et de rímeurs, d'écomistes et de fantai- 
sistes, nous fait souríre, nous autres apecialistea européens. II suffit cepen- 
dant de connaitre les oeuvres sérieuses de ees hommes d'Etat, qui, comme 
Martinez de la Rosa, comme tant d'autres espagnols, ont signé de si belles 
pages poétiques, pour écartertoute espéce de doute. II en est de ees belles 
et múltiples intelligencea, comme du palmier de ce rícbe sol intertropical, 
du palmier qui donne tout á la fois du pain, du lait, de rhuile, des fruits, de 
la cire, du bois, des cordes, des vétements, etc. — A» De Lauziéres, 
1863 



Con mas entusiasmo aun se expresan Julio de Vilhena y Francisco Gomes 
de Amorim, lusitanos, reputado escritor el primero, miembro del Parlamento 
y ex-ministro de Estado; y el segundo, notable poeta y literato, amante de la 
América, que ka estudiado y conoce como pocos ( vino al Brasil de diez 
afios ) autor de Os eelvagenSj Ephemeros, Cantos matutinos^ Os incógnitos do 
mundo, O cedro vermelhoy drama dedicado al emperador D. Pedro II , O re- 
morso vivo, y de otros libros justamente apreciados en su país y fuera de él. 



Yo no conocía, en verdad, y creo que no muchos conocerán en Europa, la 
poesía hispano-americana. La revelación de tan divina concepción, es en mi 
sentir, la inspiración admirable, sublime y llena de los esplendores del genio, 
que robusto y valiente como la idea de la independencia de la patria, espar- 
ce destellos de prodigio, cobijando bajo los pliegues de una misma bandera á 
tantos inspirados cantores. 

La poesía lírica en las sociedades latinas de Europa está en completa de- 
cadencia. Carece de la inspiración patriótica que con el sacro fuego del en- 
tusiasmo anima á los poetas de América. Es poesía aquella en la que predo- 
mina un sentimiento frío, glacial, á la par de los artífícios de que está llena. 



258 JUICIOS SOBRE LOS INQENIOS AMERICANOS 



Elévase inspirado por la santa idea de concluir nn moHiumento que ates- 
tigüe á las generaciones venideras los titánicos esfuerzos de un gran pueblo 
para sacar incólume la conquista de su independencia, el viejo sacerdote de 
la poesía uruguaya que llama á la realización de un noble pensamiento á los 
preclaros hijos de la divina poesía: 

€ Hijos del numen, inspirados vates, 

€ Que ardiendo en entusiasmo y patrio fuego, 

€ Moduláis á la vez en vuestra lira 

€ £1 canto varonil y el tierno ruego. 



« De pié y erguidos, al combate prontos, 
c Que nos sorprenda el toque de diana, 
« Y al gigante clamor que en tomo suene, 
€ Que despierte la lira americana ! 

c Y tú, invisible cariñoso padre, 

€ Escucha al coro que inspirado ruega, 

« Deja que suba á tu morada y robe 

« La voz del rayo que á tu trono llega ! 

« Y al cruzar el confín americano, 
c Raudal de eterna inspiración desate, 
€ Y llenando los ámbitos del mundo, 
c Como un inmenso trueno se dilate! (1) 

Y la lira americana despertó. Y dilatándose como inmenso trueno, reco- 
rrió los ámbitos del mundo, mostrando que en el firmamento del Uruguay 
existe una brillante constelación de inspirados vates. 

c América desploma sus ríos como mares, 
c Las cumbres de sus montes se ocultan al mortal, 
c Sus bosques están llenos de místicos cantares, 
€ Que acaso son los ecos del coro celestial. 



(1) A. líagftrlfkM Ctnnuitcfl. 



APÉNDICE 259 



€ América es sin dada la tierra prometida, 

€ América la virgen del universo es 

€ ¡Oh libertad quién sabe si para darte vida 

€ La mano de Dios mismo no la formó después! (1) 

Excelente y profundamente verdadero! De la joven América es de donde 
le ha de venir la libertad al viejo mundo. La Europa envejecida por el des- 
potismo romano y por la teocracia, no pudiendo desatarse de las tradiciones 
que la ciñen como vínculos de hierro, con sus razas degeneradas, con su es- 
píritu pervertido en los sofismas de las escuelas, no tiene elementos propios 
de regeneración, ni posee la vitalidad peculiar á las grandes misiones socia- 
les. Los Estados-Unidos han escrito en un siglo, páginas mas brillantes en la 
historia de la civilización que la Europa desde que surgió en el mapa histó- 
rico del mundo. El nuevo continente que durante siglos permaneció bajo la 
tutela del viejo, está escribiendo todos los dias al calor de su emancipación 
los artículos del Código que todavía servirán para regir á la Europa. Para la 
civilización no hay distancias; con la electricidad traspone ella los océanos.... 
— Jti/to de Vilhena, 
1879 



Conceptúo el Álbum de poesías uruguayas un verdadero servicio, acree- 
dor á la gratitud no sólo de sus compatriotas, sino también de los inteligen- 
tes y estudiosos de todos los países. ¡Honra á los insignes poetas que con- 
tribuyeron con las perlas de su bello talento á formar esta joya patriótica! 
Loor al genio del benemérito coleccionista que tan ingeniosamente esmaltó 
(constellou) de estrellas fulgurantes las fajas azules y blancas en que res- 
plandece el sol glorioso del Uruguay! 

Dos grandes hechos consagra este Álbum de un modo perdurable: con- 
curre con el producto material de la venta para la conclusión de un Monu- 
mento levantado á la Independencia de su país; y al mismo tiempo es el mas 
glorioso padrón que podia erigirse á la poesía nacional. 

Desde la primera hasta la última de sus hojas corre eñ él, como en un rio 
sagrado, el fuego del entusiasmo, del amor á la patria y de la virtud, la llama 



(1) Joan Curios Oomes. 

P. Y O. 36 



26Ó JUICIOS SOBRE LOS INGENIOS AMERICANOS 



que levanta los espíritus y que tornó inmortales á Grecia y Boma en los 
tiempos de su vivir austero. 

En las naciones de la vieja Europa, donde desfallece y decae, vacilante y 
decrépita, la raza de los pigmeos, olvidados ya que fueron gigantes, difícil- 
mente se comprenderá cómo en una pequeña República *de quinientos mil 
habitantes, víctima de continuas conmociones, muchas veces entregada á los 
horrores de la guerra, ora civil, ora extranjera, se puede crear una literatura, 
ya relativamente rica, y enarbolar al par de la bandera de la libertad victo- 
riosa, la bandera triunfante de la poesía. Se concibe que los soldados portu- 
gueses pudieran cantar los versos de Camoes [en los asaltos de las plazas 
enemigas; que los gondoleros venecianos cautivos de los austríacos, recitaran 
á las ondas del Adriático las estancias del Tasso; pero costará creer que 
exista un país donde en medio de sus disensiones políticas y de las violen- 
cias y abermcioncs de los partidos, se formase tan brillante pléyade de 
poetas. 

La admiración ha de cesar, no obstante, cuando se sepa que ese pequeño 
Estado pertenece á la América, la parte mas juvenil del globo terrestre, 
donde todo es grandeza y prodigio. 

En América la poesía, como la Minerva antigua, nace armada y perfecta, 
ora para entrar en las luchas de la Independencia, ya para las no menos re- 
ñidas pero incruentas del pensamiento moderno. Surge del seno de las aguas 
y de las selvas, coronada con las palmas de la gloría ó las del martirío; siem- 
pre robusta por que es creyente; siempre guerrera por que es joven; siem- 
pre bella por que es verdadera. La vida potente de esa región de maravillas, 
revélase tanto en los hombres como en las cosas, en la palabra como en la 
acción; la savia revienta allí de los árboles y de los corazones con la misma 
impetuosidad con que sus grandes ríos se precipitan en los mares; y por eso 
niu(;ha8 veces las pasiones se anuncian allí con el pavoroso horror de sus 
volcanes, con la f una de sus pamperos, como reales y tremendos cataclismos 
de la naturaleza primitiva. 

Que admirables estrofas se encuentran en las quinientas páginas de este 
libro ! Siéntese que pasó por ellas el soplo abrasador, que descendiendo de 
la cordillera de los Andes, se lanza á través de las Pampas en las campiñas 
que baña el Plata ! Es el viento de la libertad quien las agita ; palpita en 
ellas el alma de un pueblo heroico, siempre pronto á dar su sangre generosa 
por la causa de la Patria libre, y siempre esclavo de la fatalidad I . . . . Ah ! 
pueda él penetrarse de los nobles sentimientos que animan los corazones de 
sus bríosos poetas ; comprender que este libro de versos es la bandera de su 



APÉNDICE 261 



fé, la fuerza y la luz de su esperanza, el lábaro santo de su patriotismo ; y 
unido en tomo de él, retemplarse con su lectura para tomar á la vez impo- 
tente la tiranía, imposible la guerra civil, y fácil el camino que conduce á la 
prosperidad y al progreso. 

o Hijos del numen, inspirados vates, i» 

Proclamad siempre en vuestros armoniosos versos la paz y la concordia 
entre todos los pueblos de la joven América ; protestad enérgicamente con- 
tra las esterilizadoras ideas anárquicas, que os impiden completar vuestros 
gloriosos destinos. Que no vuelva á verse más como esos nobles hijos del 
Uruguay : 

c uncidos á su cadena odiosa, 

Verdugos son ó mártires en cruel y eterna lidia. 

c Opresos ú opresores, mas nunca ciudadanos 

De su deber esclavos, modelo de civismo, 

Q[ie el sacrificio hagan de sus rencores vanos, 

Y hasta de sus agravios con noble patriotismo. 

Antes que armar el brazo de hermanos contra hermanos ! » (1) 

Entonces, nobles poetas uraguayos, si lo consiguieseis, todos los hombres 
de corazón del viejo y del nuevo continente, pedirán conmigo que para vues- 
tras frentes gloriosas : 

c Quimaldas teja de laurel fragante 
El ángel de la virgen poesía . (2) > 

1879 . Francisco Gomes de Amorim, 



(1) Lo que HnHÓ mi akna al dMtar las costeu uruguaya» volviendo de Europa, 
(S) LUBud*: 



262 EL VERBO CASTELLANO 



(G) 



EL VERBO CASTELLANO EN LA AMÉRICA LATINA: 



CENTRO, UNIDAD DE ACCIÓN, VÍNCULOS QUE CREA Y NECESIDADES 
QUE ESTA LLAMADO Á SATISFACER EL LIBRO POR MEDIO DE LA 
FORMACIÓN DE BIBLIOTECAS AMERICANAS. 



Sus nobles cualidades, su religión é idioma^ 
Con la vertida sangre brotaron por do quier, 

Y América fué el árbol que berído dá su goma, 

Y en viva luz trocada la vé resplandecer. 

Pág. 52 

Menos por lo que personalmente nos concierne que por la íntima rela- 
ción que tienen con el grandioso destino reservado á nuestro idioma, y la 
importancia de las empresas literarias del carácter de la del sefior Barreiro 
y Ramos, juzgamos verán con placer nuestros lectores la transcripción de 
algunos párrafos de los artículos publicados en Buenos Aires en 1858 por el 
ilustre demócrata chileno, redactor en esa época de El Orden, 

c El Sr. Magarifios Cervantes es quizás el escritor más conocido y qoe 
más ha contribuido en Europa, á hacer volver las miradas del viejo mundo 
á la contemplación del genio americano. Patriota como el que más, reúne á 
juicio nuestro, una condición desgraciadamente poco común, y que le hoce 
digno de la gran ciudadanía americana : es su alma, su corazón, su instinto 
americanos. No se entienda por eso, el apego á los costumbres familiares y 
atrasadas que puedan caracterizar nuestros países, la esplotacion del localis- 
mo, de las pasiones anti-civilizadoras, ó las pretensiones del caudillaje ameri- 
cano, trasportado á la mansión serena y cosmopolita de las letras. No, muy 
lejos de eso. 

Tiene la dicha la América hispana de poseer un solo idioma. 

Después de la pérdida del latin, no se habrá visto en la historia mayor 
estension de territorio, animada por el verbo mas bello de la humanidad mo- 



APÉNDICE 263 



derna. La lengua española, que nos recuerda, transmite y conserva el esplen- 
dor de la frase de Cicerón, los gritos solemnes de la energía de los hijos del 
desierto, instrumento sublime y sin igual para reproducir el alma del medio- 
día de la Europa, los ímpetus del amor divino con santa Teresa, la tranqui- 
lidad de los cielos con fray Luis de León, la majestad del destino de la li- 
bertad y del progreso con Quintana, los tumultos de las pasiones políticas y 
la lógica de la hidalguía con López el orador, tiene necesidad de envolver 
entre sus ondas crecientes los acentos de la república, repetidos por los 
hijos de América, y elaborar en la fragua de un nuevo mundo la palabra de 
la democracia matizada por el genio de trece repúblicas, de trece Estados de 
la futura federación sud -americana. 

La elaboración de ese verbo de un mundo nuevo, es una obra inmensa. 
Hasta hoy el diarismo, es el único obrero popular que vemos empeñado en la 
tarea. El diarismo puede decirse es la única tribuna, la literatura particular, el 
campo de todos los ensayos y el instrumento de todas las reformas. Tal es- 
clusivismo supone la precipitación que nos impulsa en todo lo que emprende- 
mos. Queremos lo de hoy, para hoy. Tal triunfo del diarismo supone que los 
pueblos no pueden recibir una fuerte dosis de materia inteligente. Si tal es- 
tado literario puede ser justificado por las necesidades apremiantes del mo- 
mento, no debe ser en adelante el poder único y estraordinario del pensa- 
miento, 80 pena de condenamos á la esterilidad, á la corrupción del idioma, á 
la infecundidad literaria, y á no presentar ante el mundo ningún libro, nin- 
gún poema, ninguna obra que resista á la mirada de los siglos. 

Es necesario pues, pensar para obras de mas aliento. Es necesario arrojar 
al océano de la discusión trabajos meditados que abran un campo mas esten- 
so, que penetren mas profundamente en los problemas, que abran horizontes 
nuevos, que nos arranquen en lo posible del fango que pisamos, con las alas 
de la meditación, de la poesía, y del estudio. 

Tales consideraciones nos han sido originadas por el proyecto del Sr. Ma- 
garíños. 

Su empresa tiene títulos á la protección del pueblo Americano, porque ha 
trabajado por la América en Europa: — y particularmente á la protección del 
público de ambas orillas del Plata, por su cooperación literaria á la obra de 
la civilización, su guerra á la tiranía pasada influyendo en el público Euro- 
peo, en España y Francia, para no desamparar á la ciudad asediada por los 
bárbaros, que se habia constituido en refugio de los libres. 

El autor es conocido. Su nombre brilla en el Parnaso de la España con- 
temporánea. El ha hablado á la América desde la altura de las prensas Euro- 



264 EL VERBO CASTELLANO 



peas. Sus ensayos históricos revelan profundos estadios y un corazón magná- 
nimo. También él ha querido comprender el enigma fatal que parece pesar 
sobre las regiones del Plata, y. ha presentado también su solución. Aunque no 
conformes con sos ideas religiosas, nos encontramos en el campo del dolor, 
y sintiendo del mismo modo, creemos que un dia llegaremos á la unidad del 
dogma, que debe cobijar á la libertad bajo los cielos de la América. 

Hace tiempo que simpatizábamos ardientemente con el joven escritor. El 
dolor, el fuego de su poesía, sus deseos impetuosos, nos atraían hacia él; — ^y 
si creemos que á veces el gemido es permitido se exhale del harpa del poeta, 
pues revela la presión de los hechos, la esclavitud que tanto hacia llorar á 
los profetas á las orillas de los ríos de Babilonia, creemos también que jamás 
la desesperación es permitida, cuando podemos asimos bien ó mal del taber- 
náculo sagrado, que es para siempre la República victoriosa. 

Biblioteca americana. El título y los materiales recogidos, la llamada que 
se hace, nos indican que esta tentativa es un vínculo moral arrojado sobre 
las Repúblicas del Sur. La fraternidad de origen, de idioma, de tradición, de 
revolución, de organización, de dolores y alegrías, de ensayos, reveses y vic- 
torías ; la identidad de destino, de ideas políticas y forma de gobierno, to- 
do nos indica que es necesarío disciplinar los elementos y darles una voz de 
mando, para acercamos á lo que puede llegar á ser una era nueva en el mun- 
do : La Federación de la América del Sur, 

El pensamiento iniciador es la literatura. Los Americanos del Sur tene- 
mos una palabra, que se llama República. Tengamos un verbo que se llame 
alianza. Tengamos un órgano que se llame por hoy literatura y sea ese órga- 
no la Biblioteca Amerícana. Hé ahí bajo que punto de vista nosotros consi- 
deramos el proyecto del Dr. Magaríftos Cervantes. 

Olvidemos algún tanto las geremiadas del amor juvenil, pálidos reflejos 
de Espronceda que nos hostigan en las prensas de la Améríca del Sur. In- 
menso campo, colosales asuntos nos provocan. 

El Sr. Magariños es poeta del dolor . — Así debia ser como hijo de la 
más desgraciada quizás de las Repúblicas del Sur . — El libro que empieza 
la séríe de las publicaciones, contiene lágrímas de la juventud en el desierto 
de la vida, y roncos acentos del patríotismo que combate á la anarquía y á 
los tiranos. 

Cante el poeta, que su canto remontando la escala sublime de Jacob en- 
contrará la verdadera fuente. No es Safo la imagen de la poesía americana. 



APÉNDICE 265 



Hasta hoy con algunas excepciones, empecinada en el dolor de las pasiones, 

se le puede decir : 

c Es fuerza que de tumba 

Le sirva el ancho mar . i> (1) 

La juventud, la belleza, la idea del mundo nuevo, no pueden terminar en 
la tumba del ancho mar. 

La contemplación del nuevo destino de la América en la Humanidad, es- 
tá destinada á producir una revolución en la poesía Americana. Esta poesía 
puede decirse cuenta dos épocas : la de la Independencia que no recibió su 
desarrollo y murió en el desencanto de la anarquía ; y la poesía de un mun- 
do intermediario entre las dudas y angustias del presente y las esperanzas 
del porvenir. El Sr. Magariños pertenece á esta última, y su obra nos con- 
duce á las puertas de marfil que dan salida al reino de los vivos, después de 
haber recorrido las mansiones Elíseas de los suefios. 

Oh! si hubiera una institución americana, que á semejanza de los juegos 
olímpicos de Grecia, abriese un palenque á todas las glorías y á todas las 
cuerdas de la lira ! 

Sociabilizar la poesía es salvarla! 9 — Francisco Bilbao. 
1868 

Hablando de la Gramática de Bello un reputado literato colombiano, emi- 
te el siguiente juicio, que complementa lo que dejamos transcripto de Bilbao. 

c Esta obra es, además, de un alto significado humano, porque es vínculo 
entro pueblos apartados por la suerte pero unidos por naturaleza. Mientras 
que los acentos que resuenan en las faldas de los Andes sean los mismos 
que se pronuncian en los valles cantábricos y héticos; mientras que aquende 
el Atlántico esté vivo aquel verbo en que se reflejaron el ingenio de Garci- 
laso y de Cervantes y el valor de los que, d vestidos con alas de audacia, 9 
avasallaron el mundo; mientras que la lengua de América sea la lengua de 
Castilla, habrá sobre el Orbe, apesar de las olas de las pasiones humanas, una 
gran liga de pueblos que jamás podrán olvidar sus glorías ni renunciar á sus 
altos destinos. 

¡ Y qué honor el de aquel que, nacido en Améríca, logró apretar tan 
excelso vínculo, puliendo la lengua, exhibiendo sus riquezas y tesoros, anali- 
zando sus filosóficas leyes y señalándolo rumbos nuevos y mejores ! » — Mt- 
ffuel Antonio Caro, 
1881 



(1) lloras de JfelancoUa, 



266 UN AMIGO DE LAS LETRAS URUGUAYAS 



(H) 

UN AMIGO DE LAS LETRAS URUGUAYAS 

REFERENCIA DE LA NOTA 2 - Pág. 56 

En la letra C decimos algo sobre los motivos de aprecio ó gratitud qae 
han dado mérito á nuestras dedicatorias. 

Los que tiene especialmente el Sr. Martinez están consignados en un ar- 
tículo sobre La Argentina en que lamentando el olvido en que á menudo 
se ha dejado á distinguidos compatriotas nuestros, en compilaciones poéticas 
y diccionarios biográficos, publicados en América y Europa, decíamos : 

c Vemos con placer que el Sr. Martinez se muestra, en lo que á nuestro 
país atafie, más imparcial y generoso que los que le han precedido . — 
En lo que va publicado de la Argentina figuran ya algunos de nuestros com- 
patriotas ; y nos consta que el inteligente escritor hace laudables esfuerzos 
para reunir los materiales necesarios, á fin de enriquecer su galería con el 
mayor número posible de poetas uruguayos. 

Su plan es sencillo, y nos parece el mas adecuado para el objeto que so 
propone. 

Escojo aquellas producciones que á su juicio conceptúa las mejores, ó que 
dan mas cabal idea del talento ó de las cualidades de cada autor ; trascribe 
los juicios que sobro ellas se han formulado por otros escritores, nacionales 
ó extranjeros, y en seguida emite el suyo con franqueza, sin mostrarse de- 
masiado severo; pero sin que deje por eso de apuntar los defectos que nota y 
de hacer discretamente las observaciones que cree justas.— Jamás emplea ese 
tono dogmático y pretencioso que subleva al lector ilustrado, y más que al 
lector álos autores á quienes se pretende convencer á palmetazos de sus es- 
travíos, en vez de traerlos al buen camino por medio de una crítica inteligen- 
te, razonada y hasta caritativa, según el consejo de San Pablo. 

No pertenece el Sr. Martinez al número de esos espírítus atrabiliaríos y 
deseen tentudizos, que á trueque de lucir su improvisada erudición y ser te- 
nidos por inteligencias superiores, sólo se inclinan á ver en una obra sus de- 
fectos, é incapaces de comprender sus bellezas, sólo tienen palabras de des- 
den y menosprecio para lo que no lleva el sello de la perfección, exigencia 
tan racional como la cuadratura del círculo, y que entre paréntesis, dá ya la 
me<lida de la portentosa capacidad de tales Zoilos. » 
1879 



APÉNDICE 267 



(I) 

LA GRAN CUESTIÓN EN EL NUEVO 
Y VIEJO MUNDO 



En los humildes bancos de la escuela 
Do la regeneración está el secreto. 

Pág. 64. 



El pensamiento de la educación popular es la preocupación del siglo, y 
se siente dentro de ella removerse como la incubación de destinos descono- 
cidos. Es la humanidad que recojo sus fuerzas hasta hoy latentes, extravia- 
das ó perdidas, para que tomen su parte en el sefiorío del mundo. Es el 
hombre que quiere levantarse con la plenitud de su ser. Son la inteligencia 
y la libertad que se buscan, para espandirse la una, para ilustrarse la otra — 
sosteniéndose ambas con recíproco apoyo, al mismo tiempo que bajo la in- 
fluencia de su consorcio las sociedades se transforman. Toda alma de hom- 
bre reclama su rayo de sol, su parte de luz ó de verdad, y los gobiernos y los 
pueblos se vuelven solícitos, reconociendo el deber de dársela. — ¿Cómo dár- 
sela? — La cuestión se halla planteada en todas partes, en América y en Eu- 
ropa; y los pueblos nuevos, sin tradiciones de retroceso que los compriman, 
están llamados mas que cualesquiera otros á aprovechar de esta labor uni- 
versal. 

Necesitamos incorporamos al movimiento. 

Hemos adoptado instituciones que no solamente reposan sobre el voto 
directo del pueblo, sino que tienden á entregarle la dirección de los negocios 
comunes en la Nación, en la Provincia, en el Municipio, en la Parroquia : y 
no conseguiremos jamás encamarlas en la vida real, sino desenvolviendo la 
aptitud necesaria en el ájente que debe aplicarlas. De lo contrario, nada ha- 
bremos hecho sino girar de nuevo al rededor del etemo círculo que constituye 
la política sud-americana, ensayando siempre constituciones nominales ó efí- 
meras, para caer en la realidad de pavorosos desastres.— iVtcoíáí Avellaneda, 
1867 

p. Y O. 37 



268 LA GRAN CUESTIÓN 



En los momentos de entrar en prensa este pliego aparece un bello libro 
consagrado á Jo8¿ P. Vabela, al que hubiéramos dedicado como un acto 
de extricta justicia la composición (Educar es redimir) que motiva este §, 
si mucho antes de su muerte (véase Álbum de poesías uruguagas pág. 517) 
no la hubiésemos dedicado á nuestro amigo Eduardo Flores, uno de los mas 
entusiastas é inteligentes obreros de la educación popular, en la prensa y 
fuera de ella. Plácenos arrancar al libro citado una página, digno corolario 
de las elocuentes palabras del doctor Avellaneda. 

« Después de medio siglo de vida independiente, cuando debiéramos ha- 
ber asegurado, al menos, los principios del gobierno propio en sus formas 
más elementales como la sucesión regular del Ejecutivo, la organización de 
los partidos respondiendo á ideales definidos, etc., luchamos aún en medio 
del occéano sin llegar á divisar la costa que señala el puerto en lontananza. 
La sombra de la dictadura, como la espada de Damocles, se cierne constan- 
temente sobre nuestras cabezas, y vivimos esperando el nuevo dia sin alcan- 
zar á comprender cuál será la solución de los acontecimientos. 

» En esta situación ¿ dónde está el criterio patriótico, dónde la clarovi- 
dencia penetrante del hombre superior que prepara los dias del porvenir, 
menos aflijentes que los del presente ? 

:d Cada vez que hemos visto desfilar por nuestro frente un grupo de ni- 
ños, acompañados del humilde y oscuro jefe, que los inicia en los primeros 
fulgores de la luz intelectual, que les dá los elementos para poder ser ma- 
ñana independientes, nos hemos dicho con íntimo regocijo : ahí va la patria 
del futuro, redimida por la educación ; y nuestra mente ha ascendido hasta 
la fuente, origen de la gran revolución, para encontrar la grave figura de 
Várela, marcando el rumbo de los nuevos caminos á tomarse. 

El autor describe el espectáculo imponente y conmovedor que ofrecía el 
entierro de aquel benemérito educacionista, c cuyo recuerdo, agrega, queda 
como modelo á las generaciones futuras; cumplió su deber en todos los ca- 
sos sin temores pueriles, sin débiles vacilaciones : — fué su ideal la felici- 
dad de su país, y para conseguirla apeló á los medios que le ofrecían las cir- 
cunstancias del momento. La voz del patriotismo resonó en su alma, mas 
alta que la voz del partidario; — como él lo expresa, abandonó el campo de 
la política lleno sin duda de atractivos, pero también de contratiempos, para 



APÉNDICE 269 



encontrar en la ciencia y en la instrucción un refugio consolador para su es- 
píritu y una gran esperanza para el porvenir nacional. 

j Fué digno como hombre, — fué recto como ciudadano, — fué apóstol, 
— fué mártir I 

D Cuando los sucesos de aquellos tiempos aparezcan despojados del ca- 
rácter contemporáneo que todavía guardan; cuando el historiador severo, 
imparcial, dé á cada uno el puesto que le corresponde en las públicas res- 
ponsabilidades, la figura de Várela ha de levantarse llena de luz para reivin- 
dicar el puesto que le corresponde en la patriótica labor á la que dedicó 
todos sus afanes.]» — Manuel Herrero y E^nosa, 
1885 



270 LOS ALIADOS DEL DESPOTISMO 



(J) 



LOS ALIADOS DEL DESPOTISMO 



No imprimas tu librejo, es nauseabundo, 
Y tu positivismo el de un Ilota 
Hambriento, ó desalmado y vil pirata. 

Pág. 70, 



Ante el grosero naturalismo, los desvarios y el peligro de ciertas doctri- 
nas pseudo-científícas, es decir, falsamente científicas, hoy en boga, y cuyos 
funestos resultados se tocan en la política, en la literatura y en la sociedad, 
fuerza es combatirlas en todas las esferas donde ejercen su deplorable in- 
fluencia, llamando la atención de los hombres de buena fé que no han pro- 
fundizado estas graves cuestiones, ó no han meditado bastante sobre el se- 
dimento que tales doctrinas dejan en el corazón y en el alma, y en particular 
de los que — como el joven Ostrogodo, — las creen en su inexperiencia el 
Evangelio, vale decir, la última palabra de la ciencia, de la filosofía y del 
arte, y amoldan á ellas su conducta. 



« Las doctrinas pseudo-dentificcLS de la filosofía moderna, — decia en mo- 
mentos solemnes el valiente redactor de El Heraldo — franca ó encubierta- 
mente materialistas, al paso que repugnan á nuestra razón, producen en 
nuestro espíritu al verlas transportadas á nuestro país, honda y patriótica 
tristeza. 

Los tiempos que atravesamos de prepotencia y de lucha, son poco pro- 
picios para el desarrollo y propagación de esas teorías desalentadoras y ener- 
vantes que empiezan por una duda y concluyen en una negación ; que em- 
piezan en el excepticismo y concluyen en el ateísmo. 

Nunca es mas necesario robustecer la fibra de los caracteres por la pro- 



APÉNDICE 271 



fesion (le altos y rígidos principios de filosofía y de moral que en épocas 
como la nuestra, en (jue los intereses materiales ocupan tan gran lugar y 
ejercen tan gran influencia en los destinos humanos. 

Cuanta mayor riqueza adquieren las sociedades, dice Emilio Laveleyc, 
más necesario es inocular en los espíritus las nociones del bien y de lo justo 
que deben regular su empleo . 

Es un grande y hermoso espectáculo ver al hombre armado de la cien- 
cia, vencer todas las resistencias de la naturaleza y obligarla á satisfacer sus 
necesidades. Pero sería tríste y deplorable que la adquisición de todas esas 
nuevas fuerzas sólo hubieran servido para dar á todas sus pasiones groseras 
un impulso más violento y una dominación más absoluta. 

Y esto es lo que sucederá si para hacer equilibrio á las preocupaciones 
crecientes y desbordantes de la vida sensual, se debilitan en vez de fortificar- 
se esas creencias profundas, esas ideas, esos sentimientos generosos, que 
tienen su fuente en las ideas absolutas de bien, de derecho, de justicia que 
traen su origen del espiritualismo, y que el materialismo pugna por borrar de 
la conciencia y proscribir de la ciencia humana. 

Localicemos la cuestión y miremos á nuestro rededor. ¿ Cuál es el hecho 
que predomina, que nos oprime, con el que luchamos y contra el cual van á 
estrellarse todos nuestros esfuerzos ? 

El despotismo armado de la fuerza material que oprime y de los hala- 
gos de las tentaciones de los beneficios materiales que corrompen; he ahí el 
mal que nos amenaza y el peligro con que luchamos. 

¿Y es en estos momentos y en esta situación que se viene á sembrar en 
los espíritus esas semillas fecundas de humillación y servidumbre qne se 
llaman las doctrinas materialistas? 

¿Se ignora acaso que el materialismo ha sido, es y será siempre por una 
consecuencia forzosa de sus doctrinas, el más poderoso auxiliar del despo- 
tismo? 

Y en efecto, casi todos los republicanos muterialistas, aun los que mas se 
habian distinguido en la Convención y en el Directorio por su exaltación in- 
transigente, concluyeron por plegarse y servir al Imperio. 

Y no puede ser de otro modo. Esa filosofía que no vé en el Universo 
sino formas transitorias, evoluciones incesantes, trasformaciones progresivas, 
que se operan bajo la influencia irresistible de fuerzas físicas incontrasta- 
bles, adaptándole y respondiendo á las necesidades del momento, no ve ni 



272 LOS ALIADOS DEL DESPOTISMO 



pnede ver en el desarrollo lógico de los acontecimientos, otra cosa que la 
resultante fatal de todas las fuerzas físicas y morales que actúan en el man- 
do y ante la cual la voluntad del hombre es impotente para cambiar su di- 
rección. 

El hombre mismo sometido á esas fuerzas ciegas no es un artífice, sino on 
instrumento inconsciente que por una ilusión óptica de su vanidad, cree ser 
libre cuando es esclavo, y director cuando es arrastrado. 

Los principios absolutos de bien, de justicia, de moral, que suponen una 
finalidad en todas las cosas y un destino en el hombre, no tienen sentido ni 
encuentran cabida en esa filosofía. 

Sustituido lo accidental y transitorio á lo permanente y eterno, sustitui- 
do el fatalismo á la libertad, la noción de derecho desaparece, el sentimiento 
de la responsabilidad se apaga, y la consecuencia en la práctica tiene que ser 
y es, que el interés sustituya al deber, la utilidad al derecho, la habilidad á 
la honradez, el egoismo á la abnegación. El culto de la fuerza; la teoría del 
éxito. He ahí la política del materialismo. 

Darwin lo ha dicho, la derrota es signo y prueba de inferioridad y de 
ineptitud. La ley del progreso condena á los débiles á desaparecer para de- 
jar su lugar á los mas fuertes. 

¿Y quién es el mas fuerte? El que triunfa. 

En la batalla de la vida como en los antiguos Juicios de Dios, la victoria 
decide inapelablemente de parte de quien está la verdad y la razón. 

No la verdad eterna y la razón permanente, porque aquí no hay nada 
absoluto, todo es relativo y contingente, sino la razón y la verdad del mo- 
mento. 

Para juzgar los acontecimientos y los hombres, el criterio histórico debe 
cambiar y ajustarse á las condiciones y necesidades de la época en que vi- 
vieron los hombres y los hechos se produjeron. 

Lo que hoy consideramos y es un bien y una necesidad, es un mal trans- 
portado á otro tiempo y á otro país, y vice- versa. 

Bajo el influjo de estas ideas filosóficas se llega en la práctica necesaria- 
mente en moral y en política, al sensualismo egoista de los Epicúreos ó á la 
resignación desesperada de los Estoicos ; pero jamás á la libertad que es f é, 
entusiasmo, actividad, lucha incesante, antagonismo implacable, de lo que 
debe ser con lo que es; del derecho con el hecho; de la ¡dea con la fuerza; 
de la ley con lo arbitrario; del hombre con las cosas y los hombres. 

La causa remota pero visible de todos nuestros males políticos y socia- 
les, está en la falta de creencias morales y religiosas arraigadas, está en la 



APÉNDICE 273 



falta de convicciones profundas, en la falta de fé en el poder de las ideas 
y en el triunfo inevitable de la justicia y del derecho. 

El espectáculo de la fuerza y del atentado triunfante, ha concluido por 
relajar la fibra del patriotismo y destemplar los caracteres en los que no ven 
de los sucesos sino la superficie, y no abarcan del tiempo sino la hora pre- 
sente. 

En esta situación, lo que el país necesita y reclama como remedio á sus 
males, no es por cierto esas ingeniosas y falaces doctrinas positivistas y 
materialistas que, al consagrar en forma de ley científica y de doctrina filo- 
sófica la legitimidad del hecho y de la fuerza imperante, vienen á agravar 
las causas de los males con que luchamos, que no encontrai'án para resistir- 
les sino la sumisión del abatimiento desesperado de la impotencia.»— JiuZto 
Herrera y Obes, 
1881 



274 ATAQUE T DEFENSA 



(K) 



ATAQUE Y DEFENSA 

REFERENCIA DE LA PAG. 73, NOTA 1 

I 

El Dr. D. Demetrio Amador de los Ríos pertenece á una familia en la qae 
el talento, la honradez y nobleza de sentimientos se trasmiten por herencia 
de padres á hijos. Le conocí y traté en mi primer viaje á Sevilla. 

En la resefia biográfica puesta al frente de mi novela No hay mal qüb 
POR BIEN NO VENGA, reimpresa en Buenos Aires en 1858, he referido la polé- 
mica que sostuve con un escritor de Madrid, encontrándome en Cádiz. 

Otro neurótico me endilgó, tomando por pretesto la cuestión con sn cole- 
ga, una supuesta correspondencia de Madrid, impresa en un ruin foUetillo, 
en que me enrostraba los graves delitos de escribir más que el Tostado ; 
pervertir el idioma castellano con locuciones y palabras que no se encucntnin 
en el Diccionario de la lengua ; ser un gaucho pendenciero, agreste é inso- 
siable ; un guitarrista de la misma cancha y tierra de monos y mulatos á que 
también pertenecían el zambo Tirabeque de Tirso de Molina y Moratin, en la 
escena ( Gorostiza ; ) el pájaro-nifio hiperbóreo ( Del Monte ; ) el caimán 
Alifanfaron DeUrium (García de Quevedo;) el voraz anélido Vara-alta 
(Banilt ;) los cínifes cubanos (Orgaz y Orihuela;) y el ilustre Mesopitheco 
sietemesino Venturilla (Vega ; ) judío errante de la literatura, y otros car- 
gos no menos originales, pero que traicionaban honda safia y estúpida 
malevolencia contra los americanos que él llamaba advenedizos. 

Encontréuie con esta novedad á mi regreso de Cádiz á Sevilla á donde 
fui para asistir al estreno del juguete cómico-satírico El cólera, representa- 
do allí con aplauso por primera vez en el Teatro de San Fernando la noche 
del 25 de Febrero de 1855, cuyo título cambié después por el de El rey de 
LOS AZOTES, al imprimirlo, por parecerme mas adecuado . 

Aunque con repugnancia por tratarse de un anónimo á quien no conocia, 
me prei>araba á darle en moneda de buena ley el vuelto de sus insolencias, 
cuando n)e sorprendió agradablemente D. Demetrio Amador de los Ríos 
con la letrilla que más abajo transcribo, publicada en el semanario El Bétis, 
enciclopedia literaria ilo la que era colaborador, en el número correspondiente 
al 20) de Febrero de 1855. 



APÉNDICE 275 



Ofrenda de amistad la titula él, y como tal la recibí, descartando lo que 
sólo le sugería el afecto que profesaba al escritor y al amigo, vilmente in- 
juriados. 

Conocidos los antecedentes que la motivaron, ella revela, á despecho de 
anónimos detractores, las fraternales simpatías con que me honraron duran- 
te mi permanencia en Sevilla (la última vez fué de algunos meses) Amador 
de los Ríos y otros dignos hijos de la Madre Patria, oscritores que en aque- 
lla época figuraban con honor en las letras y en la prensa de la capital de 
Andalucía, como el presbítero Zapata, tan sabio como modesto ; don Teodomi- 
ro Fernandez, periodista dotado del ingenio y donaire de nuestro Dermidio 
De-María ; don José Benavides, redactor en jefe del principal diario po- 
lítico El Porvenir, etc. 

Es sabido que el éxito ó la notoriedad, si tienen incontestables ventajas, 
amenudo se expían cruelmente. En cambio, no faltan en medio de indignos 
ataques, nobles y varoniles corazones, que sin otro impulso que su hidalguía, 
se interponen entre los agraviados y los difamadores, y obligan a estos últi- 
mos á enmudecer avergonzados. 

Dejando, pues, á un lado la parte encomiástica, que rebajo á su justo va- 
lor como ofrenda de amistad, y nada más, queda la expontánea y generosa 
acción del Sr. Ríos, que confortó mi corazón y levantó mi espíritu en dias 
de prueba : me encontraba enfermo de cuerpo y alma ; (V. la reseña cit.) y 
por eso le doy cabida en estas notas. 



V 3f S le íí Jt A itS A M í » T A $)• 

Á ALEJANDRO MAGARINOS CERVANTES 

Dichosas, Cervantes, 
Mil veces las playas 
Que aportar te vieron 
A mi ilustre patria, 
Y donde primero 
Pusiste las plantas. 
Dejando en la arena 
Su huella estampada, 
Broten siempre- vivas, 
Mirto y laurel nazcan ! 

P, Y O. 38 



276 ATAQUE T DEFENSA 



El soplo maligno 
De fatal desgracia 
Te arrojara aún niño 
En brazos de España, 

Y aquí entre los vates 
De mas brillo y fama, 
Honrando tu nombre 
Lograste la palma, 

Y á tu sien ceñiste 
Perpetua guirnalda. 

El Bétis undoso 
Que un dia escuchara 
De Rioja y Herrera 
Las sonoras harpas, 
El Bétis que ha poco 
A Lista admirara, 
¡Oh célebre bardo 
Del Rio de la Plata! 
Hoy por saludarte 
Sus linderos salva. (1) 

«Bien vengas, Cervantes», 
Sevilla hoy esclama, 

Y espera impaciente 
Batir huecas palmas. 
Coronas rindiendo 
De flores galanas. 

Que hasta el ancho foro 
Rueden á tus plantas, 
Cuando á la palestra 
El Cólera (2) salga. 



(1) Altüdon á la grande avenida de estos días. 

(2) Producción dramática del Sr. Magarifioi, que está anonciada al público para repieaentarse 
por primera res en el teatro de S. Finando. 



APÉNDICE 277 



¡El Cólera...!! al nombre 
De esta horrible plaga 
Sevilla á sus lares 
Volvió las espaldas, 

Y sus teatros llenos 
Mirará mañana 

Al anuncio de esa 
Terrible palabra. 
¿Quién sino el talento 
Tal prodigio alcanza? 

Y habrá quién moteje 
Tus breves estancias 
En París, en Londres, 
En Madríd.... en Praga? 
Empero, no sabe 

Que mientras se arrastra 
La torpe tortuga 
En corta distancia, 
De esfera en esfera 
Cruzando va el águila? 

¿No sabe que el genio 
La sed nunca sacia 
De ver nuevos mundos, 
Que impresiones varías 
Anhela y placeres 
Que halaguen el alma? 
¿No sabe que es lumbre. 
Metéoro que pasa, 
La tierra ilumina 

Y al Cielo se lanza? 



Hay quien á despecho 
Mira la abundancia 
De tu ríca vena. 



278 ATAQUE Y DEFENSA 



También de la llama 
Los buhos se esconden: (1) 
Mas ay! ¿quién las alas 
AI genio encadena, 
Porque audaz levanta 
Su vuelo á la cumbre 
Donde el sol abrasa? 



Sigue tu carrera, 

Y ojalá anulara 
Cual tú los espacios, 
Tiempos y distancias; 

Y cuando opulento 
De gloria y de fama, 
Alejandro amigo, 

A América vayas. 
Serás el Cervantes 
Del Rio do la Plata. 

Demetrio A. de los Ríos. 
Sevilla, 22 de Febrero de 1855. 



(1) Gusanos que en larva congeló la nieve, 

Bnhoi que ei^rtes la ¡¡ama del Sol! 

Horas db Mblá.vcolía, p¿g. 33. 



APÉNDICE 279 



(l_) 



UN EUSKARO URUGUAYO 



REFERENCIA DE LA PÁGINA 86, N OTA j 



CARTA QDE PUEDE SERVIR DE PROLOGO AL ROMANCE « SIN PIEDRA NI PALO » 



Sr. Dr. D. Domingo Ordofiana. 

Montevideo, Mayo 15 de 1884. 
Distinguido amigo : 

El hecho que sirve de fundamento al Romance uruguayo que le dedico, 
titulado Sin piedra ni palo, hecho ocurrido hace largos afios, me fué referido 
por Vd. en breves palabras, departiendo amigablemente en la Exposidan 
floral, mientras saboreábamos un delicioso mate de legítima yerba paraguaya. 

Durante el punto, buscando alivio para el cuerpo y expansión para el es- 
píritu, me embarqué en el Silex con ánimo de recorrer algunos pueblos de la 
costa y tomar algunos baños en el Uruguay, por ordenanza médica. 

Voy á manifestar á Vd. con toda franqueza los graves motivos que me 
impidieron en mi último viaje acuático, hacer escala en Nueva Palmira, y de 
allí pasar á su Estancia por algunos días, como le habia prometido. 

El hombre propone, y el diablo á veces dispone. Al detenerse el vapor 
frente á Martin García para dejar algunos pasajeros, contemplando las costas 
oriental y argentina, el relato de Vd. se me vino á la memoria. 

Tenia en ese momento en la mano y leia, lápiz en ristre, el precioso libro 
que, con el modesto título de Conferencias sociales y económicas de la Repúr 
hlica Oriental del Uruguay, habia publicado Vd. y tenido la bondad de en- 
viarme, dias antes, con algunas líneas afectuosas que mucho le agradezco. 

Recostado sobre la borda, indiferente á cuanto me rodeaba, fijos los ojos 
en la isla hasta que se perdió de vista en el horizonte, dibujóse en mi imagi- 



280 ÜN EÜSKARO URUGUAYO 



nación, clara y luminosa la dramática escena, empezada allí entre las sombras 
de la noche, y terminada trágicamente en medio del Plata al resplandor 
del dia. 

Casi maquinalmente empezó á funcionar el lápiz, y borronee algunos oc- 
tosílabos en la segunda página en blanco de su libro. 

¡ Perdón por la libertad grande ó licencia poética ! Fray Bernardo de 
Guzman, fundador de la sociabilidad del Uruguay, me miraba con su fisono- 
mía austera y virilmente acentuada, y en verdad que no era nada tranquili- 
zadora BU catadura. (1) 

( Suprimo en obsequio á la brevedad, los párrafos en que le refiero cómo 
fui á parar al Salto y luego á Paysandú, y regresé por fin á Montevideo, sin 
haber podido terminar el romance comenzado á bordo del Silex,) 

A la lectura de la carta en que se hace donación á la República del mo- 
numento alzado en la playa del Arenal Grande por la noble iniciativa de Vd. 
y el concurso de patriotas ciudadanos, en el sitio en que desembarcaron los 
legendarios Treinta y Tres, me asaltó el deseo de escribirle. Luego reflexio- 
né que seria mejor darle público testimonio de mi aprecio, dedicándole en el 
libro que preparo, alguna producción del género que tan benévolos conceptos 
le ha merecido, y que con justicia llama Vd. nacional. 

Pasaron dias, y nos llegaron tristes nuevas de las márgenes del Rio Negro. 

La Comisión Delegada de Mercedes y la prensa excitaron la caridad do 
los habitantes de la capital en favor de los inundados. 

¿ Cómo podrían desoir el clamor de sus hermanos, los que, escritores ó 
ciudadanos, sin vacilar, han prestado siempre su concurso, en favor de los 
extraños ? 

Dispuesto á no negar mi óbolo literario, resolví y pude terminar ayer la 
composición de la referencia. 

Habiendo sido Vd., tan experto en materias de cultivo, quien arrojó en 
mi cerebro inconscientemente la semilla generatriz de ese Romance^ sírvase 
admitir, ún piedra nipalo^ su dedicatoria, como sentida ofrenda que hace un 
oriental amante de las glorias de su patria, al digno hijo de los valientes Es- 
cualdunac: al que, extranjero, ha pagado una deuda nacional que aun no ha- 
biamos satisfecho los descendientes de aquellos héroes; al eminente rural 
que tanto ha trabajado en pro de nuestra campaña, y al distinguido escritor 
que ha traido el valioso contingente de su experiencia y de sus luces al ra- 



(1) En la tercera página del libro se encuentra una lámina sacada por D. Juan M. Blanes de 
una aguada Tiejlsima, y litografiada en la Escuela <U Arte» y QjfaEoi. 



APÉNDICE 281 



zonado y severo estudio de nuestra historia indico-ibera, que es la de su na- 
tal región en el Plata, como ha descrito en parte con singular acierto nuestra 
fauna y nuestra flora. 

He procurado modelar con el barro del Camalote, fundido en el crisol de 
la fantasía, un pequeño boceto. ¡ Ojalá roe fuera dado brindárselo vaciado 
en oro ! 

Como usted no se encuentra en Montevideo, y tal vez ande, vagabundo 
incorregible, en exploración por las islas, admirando el magnifico panorama 
de las grandes crecientes del Uruguay y Paraná, ó de embajada (sin sueldo 
ni viático) en beneficio del Departamento ó de la benemérita Asociación Ru- 
ral : y más tarde no tendría la publicación de esta carta-prólogo, artículo- 
epistolar ó lo que sea, en el mencionado libro, la oportunidad que hoy tiene, 
aunque allí apareciera entre triunfadoras Palmas reservadas para todo lo 
que merece ser ensalzado en la tierra, y majestuosos Ombúes de copa som- 
bría y rítmico murmullo, que convidan á la meditación y al recogimiento : 
me ha parecido que Vd. no tendría inconveniente en obsequiar con ella á al- 
gún periódico, por ejemplo á la Revista de la Sociedad Universitaria, á la 
que so la envío en testimonio de buena voluntad y aprecio á sus directores 
y correspondiendo así á su amistosa deferencia. 

En cambio de mis garabatos, que á veces yo mÍ6mo no entiendo, manda- 
ré á Vd. una prueba corregida, y saldrá ganancioso. 

A Vd., escritor de conciencia, obrero infatigable y abnegado, encanecido 
prematuramente en las nobles lides del trabajo y de la inteligencia, no nece- 
sito decirle que, al dar satisfacción por mi parte á impulsos hijos de levanta- 
dos sentimientos, y al verter mis ideas en la forma que mejor me place, hago 
siempre lo posible por ser en algo útil á la sociedad á que pertenezco, y á los 
que por cualquier motivo me considero obligado, ofreciéndoles el limitado 
contingente de trabajo intelectual de que puedo disponer, cuando puedo .... 

En conclusión, y para terminar esta charla literaria, que asumiría propor- 
ciones mcgatérícas si dejase correr libremente la pluma, permítame, mi buen 
amigo, recordarle un terceto del viejo bardo gibelino — (Inferno, canto IX, 
Terz. 63), enderezado á los que como Vd. no se detienen en la superficie y 
saben penetrar hasta el fondo de las cosas : 

<r O voi ch'avete grintelleti sani, 
Mírate la dottrína che s'asconde, 
Sottol veíame dei versi straní ! » 

Quiérame siempre con el sincero afecto que le profesa su leal amigo — 
A, M a 



282 UN EÜSKARO URUGUAYO 



Señor Dr. D. A. Magarifios Cervantes. 

Casa Blanca — Agraciada, Mayo 25 de 1884. 

Mi distinguido amigo y señor : 

He leido la cariñosa carta que se sirvió usted dirigirme, dedicándome 
un precioso romance, y he leido también este. 

¡ Dichoso usted que puede revestir con las galas de la poesía estos episo- 
dios palpitantes de interés y de originalidad ! y dichoso yo que tuve la for- 
tuna de referírselos en los bancos de la Exposición Floral al sabor de un 
mate que usted creyó de legítima yerba paraguaya, siendo genuinamente 
uruguaya, criolla, de laLorenzita, Departamento de Minas, y regalada por 
el Excmo. Ministro de Hacienda Dr. D. José L. Terra. 

La escena, en efecto, se desarrolló sobre una gramínea llamada Camalotey 
que discurre lo mismo por las corrientes del Orinoco, del üyacali, del gran- 
de Amazonas, como por las anchurosas del gran (Gvlozú) Paraná, — donde el 
lugre alemán Luberk encontró en el viril Norte del banco Ortiz, al desertor 
de Martin García, protagonista de su leyenda, asfixiado por una serpiente 
que le envolvía el cuerpo en la forma descrita. 

En todo el trabajo de V. campea el respeto á la verdad, y aunque soy 
poco conocedor de los secretos de la alta poesía, estoy sin embargo bastante 
versado en el conocimiento de los recursos que el arte y la inspiración tienen 
para expresar fielmente la realidad, sin dejar por eso de ser fantásticos é 
idealizadores, siempre que el asunto lo requiera. 

En la poesía nacional, — de que es V. iniciador en su país y que sigue 
caracterizando con sello propio como maestro, — hay abundante material 
para describir cuadros de historia, de costumbres, de accidentes naturales y 
de tipos, que van rápidamente desapareciendo, fundidos en la masa de po- 
blación creciente y en las imposiciones de nueva civilización. Sus descrip- 
ciones y sus modismos criollos, imprimen á sus trabajos el colorido local 
que tanto los recomiendan. 

Esos camalotes que constantemente circulan por el Uruguay y el Paraná, 
son vehículos ó pelotas como el malhechor dice, de inesperado refugio y 
transporte, para los jaguares, las serpientes, los ciervos, y multitud de alima- 



APÉNDICE 283 



fias menores; ó enriquecen nuestra fauna y flora, siendo como son desprendi- 
mientos de corrientes superiores y productos de las numerosas cuencas y de 
las soledades de aguas muertas que forman la dilatadísima hoya superior del 
Plata. 

Su criminal escapado de Martin García, no debe sorprender á los que es- 
tamos en la dirección de todos los sucesos, pues hace muy poco tiempo que 
con el mismo batelaje se salvaron de ella una porción de indios, que desem- 
barcaron en la costa de las Vacas. 

Mucho me ha honrado V. con dedicarme su romance — verdad^ que por 
ser verdad, y caracterizar un episodio realmente poético, por el trágico suce- 
so que narra, recomendable por la intención del tema moral que entraña, y 
original como descripción exacta de uno de los fenómenos notables de los 
grandes rios citados, — vivirá eternamente en las letras uruguayas; y si por 
ventura merece alguna recompensa lo poco que yo he hecho en obsequio de 
su país, al que llegué cuando apenas contaba trece afios^ y en el que en 
campamentos y estancias ha trascurrido mi existencia, yo me doy por satis- 
fecho, por pagado con usura, quedándole todavía obligadísimo. 

No necesito repetirle, mi estimado amigo, que no tengo hacia usted mas 
que motivos del mas sincero agradecimiento, porque sus estudios históricos, 
sus BRISAS DEL PLATA, SU CELiÁR, SU CARAMARÓ, etc^ despertaron en mi espí- 
ritu desde los mas tiernos años y en la vida de los campamentos, como he 
dicho, esas aficiones que usted reconoce en mi hacia todo lo que constituye 
la vida práctica y la esencia histórica del Uruguay orienta], que es para mí el 
superior estudio de todos los estudios, y que no lo cambio por lo mucho 
mas que pudiera saber de Ninive, de Babilonia, de Abderraman el I, y del 
caido D. Rodrigo, el de la Caba. 

Con tal motivo, me es grato saludarle carífiosamente, repitiéndome su 
amigo y S. S. — Domingo Ordoñana. 



F. Y o. 39 



284 VENCER MURIENDO 



(M) 



VENCER MURIENDO 



REFERENCIA DE LA PÁGINA 142. NOTA 5 



El uruguayo Arminio — ignoto Prometeo — 
Clavado allá en un rancho del ígneo Paraguay. 

Fág. 140, 



Narrando la postrera y terrible lucha que el famoso caudillo sostuvo con- 
tra Ramirez, el autor de los Rasgos biográficos de hombres notables de la 
República Oriental del Uruguay, dice : 

« Al fin, reducido á la iuipotencia, perseguido por la fatalidad del desti- 
no, amargado por la ingratitud y las defecciones, y entristecido por la suerte 
de su patria, uncida al yugo de la dominación extranjera, se resolvió á bus- 
car un asilo en el Paraguay: antes que someterse á sus implacables enemi- 
gos, prefiere el ostracismo voluntario. » — Isidoro De-Mar ia, 
1879. 



El valeroso periodista que se mantuvo firme en la brecha hasta caer he- 
rido de muerte, consumido por la enfermedad contraida en la redacción de 
El Nacional, ariete poderoso contra el despotismo del Nerón argentino du- 
rante el asedio de Montevideo, al pedir que se llamara al seno de la patria al 
General Artigas, decia : 

« Cuando era preciso voltear la tiranía de España, fué su brazo el pri- 
mero que la hirió. Cuando era necesario resistir á las injustas pretensiones 
de Buenos Aires, fué su voz la primera que clamó contra ellas. Cuando era 
preciso combatir ú la invasión portuguesa, fué su lanza la que brilló á van- 
guardia de nuestras hileras.... Suyo fué el pensamiento de la Nación Orien- 
tal, no suyas las desgracias que autos de realizarlo hemos sufrido; no suyos 
los males y excesos ([ue marcaron el azaroso tiempo de su protectorado. El 



APÉNDICE 285 



Gobierno intérprete de la voluntad nacional, debe llamar al General Artigas 
al seno de la Patria, y llamarlo con la magnificencia que á él corresponde. » 
— José Rivera Iiidarte. 

1841. 

Vencer muriendo se titula una balada nuestra en que un jefe revolucio- 
nario cae acribillado de balazos, al clavar su bandera en el baluarte enemigo. 

Pero tras él sus valientes 
Que han trepado hasta el almena, 
Avanzan con faz serena 

Y dueños del fuerte son. 

¡ Adelante ! el héroe grita, 

Y en medio del ronco estruendo, 
Los mira vencer, muriendo 

Al pié de su pabellón. (1) 

Ha evocado este recuerdo en nuestro espíritu una página del autor del 
Juicio Crítico del bosquejo histórico del Dr. Berra; página notable, que es 
como la síntesis del más importante libro que se ha publicado hasta ahora 
en vindicación de Artigas, dado á luz recientemente, y que forma parte de 
la serie de la Biblioteca de Autores Uruguayos. El Dr. Ramírez, escritor y 
polemista de primer orden, ha reunido en él los diversos artículos de un in- 
teresantísimo debate histórico á través del Plata, sobre la época, la \nda y 
los hechos del vencedor de las Piedras, publicados en las columnas de La 
Razón de Montevideo y de El Sud- América de Buenos Aires. 

« El régimen federal, consignado en el Tratado del Pilar, y el Proceso 
de Alta Traición, en seguida instaurado, eran la victoria moral de la causa 
representada por Artigas, que en aquellos mismos momentos se desangraba 
impotente en los últimos esfuerzos contra la conquista extranjera, y debia 
desaparecer en breve de la escena del Rio do la Plata, vencido por sus mis- 
mos aliados, cuyas ambiciones habían llegado á representar con mas vivaci- 
dad y prestigio el principio instintivo ú orgánico de la federación argentina. 
Esas anomalías estrailas hay en nuestra historia. Artigas triunfa sucumbien- 
do; y el patriciado de 1810 sucumbe miserablemente mientras su bandera y 
su programa llegan, con la espada de San Martin, hasta los volcanes ardien- 
tes del Ecuador. » — Carlos M, Ramírez. 
1882. 



(1) HOKAS DI llBLAKCOLÍik, pág. 191. 



286 OFRENDA AL MAESTRO T AL AMIGO 



(N) 



OFRENDA AL MAESTRO Y AL AMIGO 



REFERENCIA DE LA PÁG. 150, NOTA 2 



Sr. Dr. D. Valentín Alsina. 

Buenos Aires, Agosto 12 de 1857. 
Mi distinguido amigo : 

Muy joven era y empezaba la carrera del derecho, cuando la invasión de 
Rosas en 1843, obligó al Gobierno de mi país á cerrar los establecimientos 
de instrucción pública, llamando á todos los orientales á las armas. En esa 
época aciaga, sin esquivar el servicio en la hora del peligro, pedí y obtuve, 
gracias á mis pocos años, continuar mis estudios al lado de Vd., y Vd. con el 
interés y la benevolencia de un padre, gratuitamente, cerca de tres años, has- 
ta el momento de mi partida para Europa, me prodigó su ciencia, sus con- 
sejos, y el alto ejemplo do sus virtudes cívicas y privadas. 

Hoy ocupa Vd. el puesto más elevado á que puede llegar el hombre en 
nuestro sistema democrático, y yo, en esfera más humilde, tengo el honor 
de representar al Pueblo Oriental en Buenos Aires ; ¿ pero será ese, motivo 
bastante para que el discípulo y el amigo no aprovechen con gusto la opor- 
tuna y tul vez única ocasión que so les ofrece de pagar la antigua deuda de 
gratitud y afecto que su corazón abriga ? . . . . 

En un momento de entusiasmo recordé que sabia dar á las ideas la armo- 
nía del ritmo, y he escrito estos versos á la memoria del más grande hom- 
bre del Rio de la Plata, del que cooperó á la libertad de mi Patria, sostenien- 
do vigorosamente la guerra con el Brasil, y contribuyendo de la manera más 
eficaz á todos los triunfos de aquella campaña memorable. Si Vd., heredero y 
continuador de su gloria, los encuentra dignos de aceptarlos, me habrá pro- 
porcionado una do las más dulces satisfacciones que. haya tenido en mi vida. 

Así pues, dígnese Vd. admitir, mi buen amigo, con su acostumbrada bon- 
dad, esta pequeña ofrenda. Vd. me conoce mucho para dudar un instante, 
que ella es sincera y desinteresada como la estimación, el respecto y cariño 
que siempre le profesó su agradecido amigo — A. M. C, 



APÉNDICE 287 



Mi querido amigo : 

Ha vuelto Vd. á lograr conmoverme. Sus estrofas en mi pobre juicio, 
son magníficas, tanto por la dicción cuanto por rebosar en sentimiento. 

En las composiciones que be visto de Vd. desde que nos separamos en 
Montevideo en 1B46 para volver á abrazamos en Buenos Aires diez años 
después, he notado siempre como una de las cualidades que caracterizan su 
numen, la índole americana y la importancia de los temas elegidos por Vd. 

Buscando las aguas puras de nuestras nativas fuentes, que tanta novedad 
ofrecen á la imaginación y al raciocinio, y bebiendo en las que de mayor al- 
tura desprenden sus raudales, la inspiración ha surgido expontánea; su Musa 
ha remontado su vuelo hasta donde sólo llegan los que como Vd. han conse- 
guido imprimir un sello original á su poesía ; — poesía que no puede con- 
fundirse con ninguna otra, por que es fiel reflejo de la naturaleza, de la so- 
ciedad y del ideal americanos. 

Cada estrofa de su canto á Rivadavia podria dar materia para escribir un 
largo capítulo en prosa, sobre cualquiera de los hechos culminantes de nues- 
tro gran estiidista. 

Me estenderia demasiado si entrara á analizar todas sus bellezas. Báste- 
me decirle que me he sentido profundamente conmovido, y como si en rea- 
lidad me azotara el rostro el hálito de muerte que, al renegar al Justo, hirió 
la frente de Buenos Aires ; como he sentido dilatarse mi pecho al recuerdo 
de las conquistas del genio de D. Bemardino Rivadavia, semilla bendita, 
origen de nuestros triunfos y progresos ulteriores : 

<r Que oculta bajo el ye lo, fecunda germinaba 
Bajo la planta misma del déspota infernal, ]d 

¡ Cuánta verdad y profunda enseñanza encierra 

<r La lágrima expiatoria de la posteridad, » 

que caerá eternamente sobre la historia del eminente ciudadano y mártir 
glorioso de la unidad y de la grandeza argentinas ! y cuan elocuente y con- 



288 OFRENDA AL MAESTRO T AL AMIGO 



solador el apóstrofo á la impotencia de los malvados, que si al fin consiguie- 
ron derribar al grande hombre, calumniarle, emponzoñar su existencia, no 
pudieron matar sus ideas ni su obra ! 

c ¿ Qué importa que los buitres del odio y de la envidia, 
Su corazón royesen sin tregua ni solaz ? . . . . 
Si el cuerpo aniquilaban en pavorosa lidia. 
Matar no podian ellos el pensamiento audaz I 9 

Desearía yo mismo leer sus versos, mi querido amigo, descartando la pri- 
mera parte ó exordio, en que Vd. exagera mis merecimientos ; pero estoy 
seguro que, ó los leería mal, ó me faltaría la voz antes de terminarlos . . . 

Valentin AUina. 
Agosto 12. 



APÉNDICE 289 



(Ñ) 



¡GLORIA VICTIS! 



Sola estás, Francia, en la mortal palestra! 

La flor de tus valientes cubre el suelo: 
La antes invicta diestra 
De tus bravos, famosos capitanes, 
Crispada de la muerte por el hielo, 
En vano oprime aun su rota espada, 
En los cráneos teutónicos mellada .... 

Pág. 154. 

Así decíamos en la oda A Francia en la Derrota, publicada tres dias 
después que llegó á Montevideo la noticia del inmenso desastre á que se 
refiere la nota 1 página 158: y en Diciembre de 1884 nos fué dado admirar 
la obra del eximio artista autor del grupo Gloria victis, que todavía, parece 
mentira, no ha encontrado compradores en las dos orillas del Plata. 

Por una feliz coincidencia destácase en ese grupo la espada rota que la 
noble vencida oprime en su diestra 

« Crinpada de la muerte por el hielo, » 

Con verdadero placer, por los levantados sentimientos que despierta y la 
valentía de sus conceptos, cedemos la palabra al inspirado cantor de L\Pa- 
ragüaya, que aun escribiendo en prosa se revela poeta en el cuadro conmo- 
dor, contenido en los siguientes párrafos de un artículo titulado: Al pasar 
junto á un bronce. 



a El estremecimiento más sublime del alma no es el que vibra en las em- 
briagueces de la felicidad, — no está en el amor que ha vencido los obstácu- 
los, que ha unido^os corazones y liba la dicha en la copa de los dioses, — ni 
en las ufanías del éxito que hacen arrodillar á Colon sobre la tierra aparecida 



290 ¡ GLORIA VICTI8 ! 



á los conjuros de su genio, — ni en la diana de la victoria que inflama de or- 
gullo el pecho del soldado y hoce agitar esplendoroso el estandarte de la 
patria disipando la humareda de la batalla. 

La emoción suprema es hija del infortunio. — Está en el seno desgarrado 
de la madre al pié de la Cruz del Gólgota, — está en el abrazo del esclavo que 
estrecha el cuerpo de Cayo Qraco y muere de las heridas y de la muerte del 
tribuno en el bosque de las Furias, — está en el grito último del amor deses- 
perado de Macías, — y en la abnegación soberbia de Grau levantando el pa- 
bellón peruano y haciendo frente, sobre el abismo, hasta la muerte, al ene- 
migo incontrastable, que se apoderará del cadáver, pero que no habrá humi- 
llado el valor ni el patriotismo del héroe. 

Puede la sublimidad tocarse en la palpitación estrema de todas las pasio- 
nes humanas ; — el estremecimiento más sublime del alma será siempre el 
privilegio de una inmensa desventura. 

¿ No es este, acaso, el concepto del poeta florentino?: 

.Quien sabe de dolor todo lo sabe/ 

Afluyen á la mente estas reflexiones al contemplar siquiera sea un instan- 
te la alegoría Gloria victis, grupo en bronce de Barbedienne, que se encuen- 
tra actualmente en el Bazar de Piria. 

Es el ángel, personificación del genio de la gloría, que levanta de entre el 
polvo de la derrota el cuerpo exánime de la Francia, que lo toma sobre sus 
hombroH, y lo sustrae á los escarnios del destino implacable en su adver- 
sidad. 

No ha podido el arte realizar con tal motivo una obra más bella y conmo- 
vedora. — El bronce vive y comunica las impresiones fijadas en el modelo por 
el cincel de Morcié, uno de los primeros escultores franceses de esta época. 

No se recoje de otro modo, con otro desolado enternecimiento, el cadáver 
del hijo preiiílecto« — no se lanza en otro gesto de desdefiosa altivez el re- 
proche proviKado por la ferocidad del enemigo vencedor, — no se afirma con 
otra indignada espresion la fidelidad á la causa del vencido, y el juramento 
del desagravio en el por\*enir. 

¡ Cuánta tribulación, cuánto horror, cuánta mina y cuánta sangre, no 
pasan por la iniagin.ioion del espectador en tomo de! espacio hendido por 
las ála^ do aquol gvnio do la gloria, — y sobre el suelo de donde acaba de ser 
aliado ol guom^ro agx^nicanto. que extiende todavía al cielo un brazo fatiga- 
di\ mientras guanta on ol otr\^ oi^n crispada mano el acero roto en los golpes 
del combato funerario ! » » . » — Jt%$f Siemru Girrwjua. 
1884 



APÉNDICE 291 



(O) 



FUSIÓN DE RAZAS — CARTA AL PROFESOR 
DESTEFFANIS CON MOTIVO DE LA INAU- 
GURACIÓN DEL «CÍRCULO DE LECTURAS 
PUBLICAS». 



La estatua Iininana por fundirse acaba 
En un molde ideal, cosmopolita. 

Pág. 163. 



Véase ahí el aspecto que presenta la sociedad americana : grandioso con- 
junto de pueblos emprendedores llamados al Imnquete de la vida para ro- 
bustecer en la fraternidad sus anhelos insaciables y sus conquistas gloriosas, 
fundiendo en molde ciclópeo el tipo selecto que resumirá á su vez mañana, 
en uno solo, todos los fines sociales; en una sola, todas las creencias; en una 
sola, todas las aspiraciones supremas de las nacionalidades viriles : la paz, la 
verdad, la justicia, el derecho, — soberbias visiones de la humanidad en la 
historia, — en sus formas mas correctas y en sus sanciones mas soberanas. 

Véase ahí también el teatro vasto é imponente que la grandeza america- 
na ofrece a los ideales de la poesía moderna : junto á las obras admirables de 
la industria, del arte y de la ciencia, los encantados reinos de una naturaleza 
exhuberante y maravillosa, cordilleras de titanes que guardan el fuego eter- 
no, ríos sin igual en el mundo que brotan de sus laderas inaccesibles, flores- 
tas que han crecido con los siglos sin perder sus galas de juventud; y sobre 
todo ello, como un ejemplo de la superioridad del hombre en lucha con el es- 
pacio y con el tiempo, sutiles mensajeros eléctricos que difunden á millones 
los átomos de luz, y hacen sentir de unp á otro hemisferio las palpitaciones 
ardientes de los pueblos, rieles aéreos por donde vuela el hipógrifo domeña- 
do, perforaciones profundas en las montañas que dan paso de una á otra re- 

P. Y O. 40 



292 CARTA AL PROFESOR DE8TEFFANI8 



gion á los fuertes alientos del progreso : síntesis de los antiguos ideales, en 
acción, que derraman por doquiera misteriosas promesas de una perfectibi- 
lidad indefinida ! — Eduardo Acevedo Díclz. 
1884. 



Sr. D. Luis D. Dcsteffanis. 

Montevideo, Diciembre 4 de 1884. 

Estimado amigo : Vd. que me conoce hace largo tiempo, no ignora que 
mi 8alud nunca ha sido muy firme ; con los años poco basta para alterarla. 
La alta {)resion de la temperatura por el calor ó el frió, sobre todo de noche, 
es una de las contrariedades que mas me molestan. 

Por ese motivo no tuve el honor y el placer de acompañar á Vd. en la 
inauguración del Circulo de Lecturas Públicas verificada en el salón de la 
SiH iEi>AD PE Socorros Múreos de Operarios Italianos, para la que fui 
g:vlantomente invitado [vor su Directorio. 

Aunque pt>r el pronto no es probable que me sea dado asistir, por la ra. 
zon expuesta, ú sus interesantes conferencias, — lo que haré en cuanto me 
encuentre mejor, — amigo particular de Vd. y su colega durante muchos años 
en 1:4 rniversidad, quiero hacer acto de presencia inscribiéndome desde lue- 
go como stK'io del Círculo, y le envío para que Vd. la utilice, cuando y como 
mejor le j^rezca, la adjunta composición inédita, escrita en Agosto <lel año 
Ivvs;ulo jvinv una fiesta artístico-litararia en favor de las víctimas de Ischia, 
como [Hxlrán informarle nut-stros distinguidos auiigos el Dr. D. Juan C. Blan- 
co y D. .ÍOíiquiü CVlioini y Sagra, á quienes la leí en mi estudio en esos dia», 

Kn ol Ubn^ que he emjvzado á imprimir ya se la habia dedicado ú Vd 
en tost¡iut>nio do apnvio por los honn>sos conceptos con que antes de cono- 
cerme y jH»>toriormonie, se íia s<Tvido favoncerme mas de una vez. al ocu- 
|Xirso de la hicratura do 1 Plata. 

Lo aovMiqvaño icualmonte la lH»lh'sima traducción de la misma, hecha por 
ol inspirado ^hh ta y n jnitado Dinvt*>r dol Colegio Internacional, profesor 
P. losuo K. Honloni» dicno hij > jvr su o ra.:on. su talento y su ciencia, de 
.iquv lia ín.iravíllv»<,i 

* Patria víol ce:.iv\ Itaii.; ! encantadora 

K cion di í Ar:v\ aa. »r y j\>s; > 



APÉNDICE 293 



Deseo y'espero que hi patriótica y generosa idea llevada'á^cabo por »us 
ilustrados amigos loa iniciadores, al fundar el Circulo de Lecturas Públicas, 
alcance bajo su inteligente dirección el éxito más completo, y n»e repito 
su affmo. amigo y S. S. — \A, M. C. 



La circostimza d'esserci dedicatu qucsta compoRÍzione,}¡c'impedÍ8ce di 
rilevarnc le bellezze ed applaudirla in iscritto, come a vocc e colle mani lo 
fecero tutti i presentí alia lettura. — Luis D, Desteffams, 



I 



294 EL DOCTOR DON JUAN CARLOS BLANCO 



(P) 



EL DR. D. JUAN C. BLANCO, COMO ORADOR 



En prosa ó verso es una la potencia 
Que arrebata las palmas del combate. 



Y á pié ó sobre el Pegaso, lleva cetro 

El que incendia los pechos en su hoguera. 

Pág. 17S. 



Aquí donde tiHU>s nos conocemos, ocioso seria empeñarse en justificar el 
título do c<rreirio orador que tiene conquistado el Dr. Blanco, hasta el punto 
tjuo la gi^nonilidad de sus compatriotas cree, con justicia, que en cualquier 
rarlanicnio del mundo brillarla entn^ los primeros adalides de la palabra ; 
jH^n"» los librvv«í van á otros jiaíses donde, con harta frecuencia, tratándose es- 
jHvialmonte do la América latina, so ¡írnonin los antecedentes que sirven de 
Iviso á las rx^putaoionos más losritimas y mejor fundadas. 

Para los quo so onouontren en esto caso, tmnscrilK» algunas líneas de un 
articulo sobr\> la última confoníncia literaria celebrada en Solis. (V. pág. 220 
nota I § si\cundo ) . 

* TvhIos vvnvvonvv? U indisputablo elocuencia del Dr. Juan Carlos Blanco. 
Kmpior.n inqxniiondv^ sim^vitía a\ audiiv^rio. Elsto so siente atraído por la fas- 
oinAoiv>n do ^quolla ^viLibra íáoil y ov-krrwtwi, quo expresa iiieas nobles y que 
da »^ oada vvnsidor.iv*ív>n ol Ir.cir v^uo lo oorrvsp^^^ndo. Después se echa de ver 
ol prv^í'unvlo o>f,:aio q;:o h^ h^vh.^cí v^ridv^r do! .tsunio que trata. ¿Quién no 
hu^.^ura vfi^ivKv ;;1 v>ir .iUvxho a .^lí.^n Cürl.^s Blm». que ha recorrido aquellos 
oar!tív':u s v a.;'.íc*.Us yoc*'' »'*o lírÁr..; :á. cr.vo r^.vtkv encanto tan bien des- 
xr.i^í.; "'^ — IV< í;r..n.',os s<^r.:::r.u:::.> ,;-:-Ñtr.v vy:.> Bliaco en su discurso : el 
M ííV.v.w-iv* v*.- !a v,;r:.v;.; v* <;':^::vAr:.^ >:•: a!v..r á la antigua Metrópoli, 

ís ^^^l^^^s^ ,j\ío xlor.r.UAttiv^ \ irrtií.^xs* * os5rsíaio^>s aplausos á un pú- 



APÉNDICE 295 



blíco tan selecto como es entre nosotros el que concurre á esas fiestas, el 
mismo Dr. Blanco es la mejor demostración de la tesis que sostengo en 
Almas hkrmanas ; y en cuanto á la supremacía del verso respecto de la 
prosa ó vice-versa, recordaré por conclusión lo que declara un juez de incon- 
testable autoridad en estas materias. 

« Tal es la poesía, dice ; y el poeta, su inspirado intérprete, cuando de 
pié sobre la trípode del genio fatídico repite las palabras misteriosas que 
susurran en su alma, se asemeja á la Sibila de la antigüedad que solo entona- 
ba el canto profetice en medio de dolorosas convulsiones. 

D En vista de todo esto, podremos decir, que tanto la prosa como la poe- 
sía, son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que so re- 
viste el pensamiento, y que si la una es el fruto la otra es la flor, y que sin 
la flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse más en esta cues- 
tión, será lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia la base que 
la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero : el huevo ó la gallina. » — 
Bartolomé Mitre. 
1854. 



296 TORPES VOCES 



(Q) 



TORPES VOCES 



REFERENCIA DE LA PÁG. 221 NOTA 4 



No más en cruda lid á las atroces 
Pasadas represalias tomaremos ; 
No más ¡ oh insensatez ! con torpes voces 
Los lazos de Emilia romperemos. 

Pág. 212, 



S<>n conocidas las terribles escenas, las espantosas carnicerías perpetra- 
das |H^r los ivalistíis en la Paz. en Cocliabamba, etc., y las no menos atroces 
repivsálias do los patriotas en el alto y bajo Perú, Venezuela, etc.. Las tor- 
¡tes i'íHY^í con que Inijo la impresión de tales horrores, rompíamos nuestros 
]azt>s de familia, están consignadas en numerosos documentos de aquella 
é^HX^a, como la celebre pnx^lama de Bolívar (1826) cuando vencedor pre- 
guntaba : « Faltan \~a^nemigos á Colombia ? Xo ha¡f mas españoles en el 
m^mlof Y> 

IV nuestrv^ estudio sobn^ el Sistema ov"»u>xijll, inserto en la Revista Es- 
|viftola do Aminas Mundivi^. tomos u y 111, tomamos los siguientes rasgos ver- 
dadorsimonto camctoristicv^s : 

« Mas do una voí K^sü omuK^oii y enomigv^ pen<^nales de Monteagudo pro- 
|\^larv>n» y Torrxmto as^^gura on K>s tenuinc^ más violenioe^ que este fogoso 
tribunas «no do Kvi |v^>lu>mbni^ do la Tvvolucion. notable por su energría y sus 
talentos, as^i'^sinado on lim^ |vr r.n noirrv\ oreí,i y decía sin rebozo, que era 
l»rí\*#A^ uV.N íVar «) íi^kvs «V^ \^%4 k%(Wfics sotStjV ^jn £>^aa.H(i .* y que si supiera 
x|«o jv^rA lloNí^rí* ot\vto tul uuslida }xvi:.i s^^rvir vio obstáculo la circunstan- 
cia do h,ilU!>v í». UHÍ'Y vViv.prondivio on la citada clase, él mismo se consti- 
tuiíia on su vv^^l^ví^^ , v > . o v\>m\^ Gjtnuo^adkk que si el podien averiguar por 



APÉNDICE 297 



donde corría la sangre española, se la extraería á puñaladas. (1) Así nos 
explicamos como el bárbaro Arizmendi tuviese la vileza de condenar á muer- 
te el H de Febrero de 1814 á ochocientos inermes prisioneros señalando el 
lugar de su origen por su único delito ; (2) y el no menos bárbaro Briseño 
en un documento oficial datado en Cartagena el 16 de Enero de 1813, dig- 
na expresión del espíritu sanguinario de venganza de que hizo alarde con 
harta frecuencia, declarase que la guerra se dirigia en su primer y principal 
fin á destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles europeos .... 
puesto que no debía quedar ni uno solo vivo, considerándose un mérito sufi- 
ciente para ser premiado y obtener grados en el ejército, presentar cierto nú- 
mero de cabezas españolas .... 

Por atroz que sea la expresión atribuida á Garmendia, parece no debia ha- 
ber escandalizado tanto al Sr. Torrente, pues es muy vieja. En una obra 
inédita de la colección del Sr. Muñoz existente en la Biblioteca de la Aca- 
demia de la Uistoria, en Madrid, que se halla al fin del tomo xxxv, escrita 
on 1735, según la respetable opinión de este laborioso cronista, se lee : c Es 
regular costumbre entre ellos (los criollos) decir que si supieran dónde tienen 
la sangre de España, se la sacarian del cuerpo.... (Descripción del estado po- 
lítico de la Nueva España;) y en las Noticias secretas, página 420 : « es 
cosa muy común el oir repetir á algunos que si pudiesen sacarse de las ve- 
nas la sangre española que tienen por sus padres, lo harían, porque no estu- 
viese mezclada con la que adquiríeron de sus madres : ]> añadiendo- los au- 
tores con mucha oportunidad : « necia y más que necia proposición, pues 
si fuera dable que les sacasen toda la sangre española, no correría por sus 
venas otra que laMe los negros ó indios d . 
1853. 



(1) Ilüttoria de la Rerolucion Hi»p. Ámer., tomo I pág. 63. 

(2) I^monitjet Célebre» del Rigió XIX, tomo II — Biografía de Morillo — Madrid 1843. 



298 ANOTACIONES, COMENTARIOS Y GLOSAS 



(R) 



ANOTACIONES, COMENTARIOS Y GLOSAS DEL 
TEXTO EN VERSO Y DEL APÉNDICE 



En la página xi he referido como nació en mí la idea de adicionar este 
libro con notas relativas á las composiciones, ó relacionadas con sus temas. 
Al efecto, puse á disposición del Editor los libros, revistas, periódicos é 
impresos donde se encontraban, o que podian servir para escribirlas. 

El Editor creyó plausible y aceptable la idea; pero so declaró incompe- 
tente, (pág. vil) manifestándome sin rodeos que á su juicio nadie mejor que 
el mismo autor del libro se Iiallaba en aptitud de llenar cumplidamente esa 
tarea, que no seria tan fácil para otros; y preferí lisa y llanamente aceptarla 
con todos sus inconvenientes, antes que emplear cualquiera de los subterfu- 
gios usuales en estos casos. 

A razones para mí de un orden superior, se ligaba una de suprema im- 
portancia para el Editor extranjero, que, con sus propios y limitados recur- 
sos, ha acometido la generosa empresa de sacar á luz las producciones de 
los ingenios uniguayos. 

En presencia de la multitud de publicaciones que afluyen de todas partes 
y se dispiftan dia á dia la atención pública ¿ qué autor, por más favorecido 
que se le suponga, no ha recordado alguna vez la desconsoladora observa- 
ción del viejo piloto, el ilustre redactor del Comercio del Plata? 

« El éxito de un libro no depende muchas veces de su mérito, sino de 
que consiga hacerse leer, venciendo dificultades de oportunidad. La edición 
francesa de los viajes de Azara en la América Meridional, está casi toda sin 
vender en los estantes del librero Dentu, desde 1809, y es el mejor libro que 
existe sobre las regiones que describe. Cervantes tuvo que publicar él mis- 
mo hi crítica de D. Quijote, para conseguir que sus compatriotas leyesen el 
libro en <iuo, por niuchos años, estuvo compendiada toda la literatura espa- 
ñola. ¿ Tendrá Mármol que tocar algún arbitrio para que el breve volumen 




APÉNDICE 299 



que tenemos por delante, se abra camino entre un pueblo cuya atención 
absorben hoy las mas graves cuestiones políticas y sociales, para conseguir 
que espíritus agitados profundamente, en presencia de realidades lúgubres ó 
espantosas, busquen solaz en lo que llamarán las aéreas creaciones de la 
fantasía ? 3> — Florencio Várela. 
1846 

Obrero de buena voluntad, nadie que haga justicia á mis esfuerzos por 
honrar las letras americanas, ha de creer que pretendo justificar con lo que 
dice Várela todos los medios con tal de llegar al éxito por fas ó por nefas. 

Si no mediaran razones de un orden superior, como dejo espuesto, do se- 
guro que no habría agregado una hoja mas al libro, aunque hubiera naufra- 
gado. 

La poesía debe bastarse y se basta á sí misma, cuando el que implora sus 
favores es verdaderamente poeta, sabe pulsar el divino instrumento, y arran- 
car á sus cuerdas todas sus maravillosas revelaciones y harmonías. Las no- 
tas, por consiguiente, cuando no exista otro propósito al que se subordina el 
plan de una obra, han de limitarse, por regla general, á explicar los hechos, 
palabras ó locuciones ininteligibles fuera del radio donde han ocurrido los 
primeros ó se estilan las segundas . 

En este concepto — me anticipo á los que podrían hacerme el cargo — las 
notas que no pertenecen á esa categoría, no son necesarías para la inteh'gen- 
cia de los versos á que sirven de comentario. 

¿ Qué objeto tienen entonces ? 

Aisladas, en rigor, ninguno ; en el conjunto, responden al fin literario 
que he tenido en vista, agrupando al rededor de los temas poéticos, conside- 
raciones, rasgos, datos, ideas, primores de concepto, de estilo y de forma, 
pertenecientes á escritores americanos, salvo contadas escepciones ; que 
muestran bajo nuevas fases la infinita variedad del pensamiento, especial- 
mente cuando versa ó se desarrolla sobre un mismo tópico, y entre otras 
ventajas ofrecen, coordinados con los demás materiales de orden idéntico, 
vasto campo de estudio y meditación á nuestros jóvenes ingenios. 

Cinco son las series de notas que figuran en este libro, y se clasifican de 
este modo : 

1.*^ Notas concernientes al orígen de algunas poesías, circunstancias 
que intervinieron en su composición ó lectura pública, y juicios emitidos so- 
bre ellas. 

Desde que se inventó la imprenta, y mucho más desde que existieron pe- 
riódicos, suponiendo que un tercero estaría en mejores condiciones que el au- 

P. Y O. 41 



300 



ANOTACIONES, COMENTARIOS Y GLOSAS 



tor para juzgar su obra, ha sido práctica corriente precederla de algún discur- 
so ó introducción ; ó en su defecto, intercalar al principio por via de prólogo 
ó reproducir al final como resumen del valor científico ó literario del libro, 
los artículos de la prensa y las cartas dirigidas al autor con motivo de su pu- 
blicación. 

En otra forma, me he limitado casi siempre á utilizar en las notas breves 
párrafos ó líneas de aquella procedencia con la concisión indicada en la pá- 
gina 85. 

Parece inútil agregar que las notas de esta serie responden á otro fin que 
el de la inteligencia del texto. Valgan lo que valieren, evidentemente tienen 
su importancia relativa en el conjunto. Son el testimonio del juicio formado 
y del efecto producido entre los contemporáneos por las composiciones á 
que se refieren ; y bajo este punto de vista, esos detalles evocando en el lec- 
tor nacional impresiones y recuerdos vinculados á ellos, constituyen el mar- 
co mas ó menos lujoso con que se exhiben aquellas, al aparecer por primera 
vez reunidas en un libro. 

2.^ Notas de palabras indígenas, ó españolizadas, ó castellanas ; pero de 
distinto ó especial significado en América. 

Estas notas las considero indispensables para los lectores del antiguo he- 
misferio mientras no exista un Diccionario de voces y locuciones criollas. 
( Pág. 86 nota 3 ) . 

3.* Notas descriptivas de fenómenos, localidades, usos, objetos, etc., 
poco ó imperfectamente conocidos, aún de muchos americanos ; notas que 
sirven para formarse una idea clara de la exactitud de lo que dice el texto, 
y pueden contribuir á desvanecer los errores en que incurren amenudo has- 
ta escritores de renombre en Europa. 

<¡c Días pasados — observa con su habitual buen sentido y acierto el deca- 
no de los cronistas montevideanos — nuestro compatriota D. Pedro S. Lamas, 
residente en París y redactor de La Révue Sud-Aniericaine , hizo notar en 
un sensato artículo los disparates que respecto al Plata contiene una obra geo- 
gráfica que sirve de texto en Francia y de la cual es autor M. Lavassenr 
miembro del Instituto. 

Segnn ella, las Pampas se extienden desde el Amazonas hasta el estre- 
cho de Magallanes, y (citamos confiando en la memoria) los habitantes 
del Uruguay se dividen en colorados y blancos, cuyas denominaciones res- 
ponden al hecho de residir en la ciudad ó en la can^paña. 

En el mismo orden de ideas, la ilustrada literata argentina doña Eduarda 
Mansilla acaba de relatar un diálogo que tuvo con Coppóe, el mas joven 




APÉNDICE 301 



de los académicos franceses, del cual resulta que confundia la República 
Argentina con el Brasil y Montevideo. 

Por otra parte, la novela no supera en exactitud á los libros geográficos 
ni á la poesía, en lo que concierne á estos países. 

Paul de Gastyne ha dado á luz una novela que se titula el Millar. En ella 
figura un gaucho, € bailando con su traje nacional y sus zapatones ]» en un 
circo de los Estados-Unidos ; — y para pintar el tipo dice el novelista que : 
c el gaucho es un indio nacido en las Pampas del Uruguay, al servicio de 
los estancieros, que no tienen nombre y se les llama tan solo por el número 
de sus ganados . i (!!!!! ) — Dermidio De-Maria, 
1885 

« En Madrid — habla ahora el afamado novelista Pérez Galdós,— no cono- 
cemos el mate, esa infusión paraguayana, que dicen es el regalo y el vicio de 
los países del Plata. Por cierto que no tengo nociones ciertas de lo que es el 
tal mate ó yerba y en que forma lo toman. He oido hablar de ello varías 
veces, pero no lo he comprendido bien nunca. Sé que hay una calabacita, un 
tubo como el de las pipas de fumar, pero aún sé si es cosa que se bebe, 
ó se chupa, ó simplemente se aspira. » 

Hace apenas dos ó tres años, Víctor Hugo, del que se asegura había he- 
cho algunos estudios sobre los nuevos Estados do la Améríca Hispana, do- 
cia al doctor Gané, Ministro de la República Argentina en Viena : Dites á 
votre PETiTE République queje Vaime de méme que les plus grands pays. 

c Lo de la petite République, observa el joven diplomático y espiritual 
escritor, hat)ía estado á punto de hacerme sonreir. » 

Y en verdad que no era para menos, si se considera que dentro del te- 
rrítorío de la petite République caben seis naciones como la gran patría del 
gran poeta, antes que los prusianos le amputasen la Alsacia y la Lorcna; — 
y sin hablar de otros progresos, el aumento extraordinario do la población 
de la Argentina, el sorprendente desarrollo de su producción, de su riqueza 
y de sus rentas, superan proporcionalmente á los de Francia. (V. pág. 223, 
nota 11.) 

4.*— Notas históricas: conviene tener presente que, tratándose de his- 
toria moderna americana, sin excluir la de la época de la independencia, pue- 
de decirse que apenas empieza á estudiarse en Europa, gracias á los libros 
de Mitre, Sarmiento, López (D. Vicente F.), Vicufia-Makenna, Amunategui, 
Barros Arana, Alaman, etc., y en lo que respecta á la República Oriental, los 
de Lamas, De-Maria, Ramírez (D. Garlos M.), Lazota, Bauza, Maeso,etc.y que 
es reducidísimo el número de los que conocen medianamente algo de la de los 



302 ANOTACIONES, COMENTARIOS Y GLOSAS 



últimos cincuenta años, de cualquiera de estos países. Además, la mayor par- 
te de los que leen versos, allí y aquí, poco amigos generalmente de largas 
lecturas, pueden formarse así fácilmente ¡dea de los antecedentes, conden- 
sados en breves líneas, como por ejemplo en las glosas de Querer es poder, 
La bandera tricolor. El blasón del legionario, relativas á los prohom- 
bres, al carácter cosmopolita y humanitario de la lucha, á los documentos 
oficiales y sucesos notables de la Defensa de Montevideo, 

6.' — Notas puramente literarias, políticas y filosóficas: son propia- 
mente glosas del texto, no porque este, que es bien claro y explícito, nece- 
site explicación alguna: responden al plan general ya indicado, y en parte al 
propósito manifestado en las páginas 246, 270 y otras. 

En el juicio crítico de Los Amores de Marta, he dicho recientemente: 

<i Los principios que dejo expuestos han sido en las dos riberas del Plata, 
el faro y norte de la generación viril áque pertenezco; famosos y acatados, 
ú oscuros y humildes, luchando con la pobreza y el dolor en tierra cstraña, 
nunca hemos apartado los ojos de ese faro y de ese / norte durante nuestra 
escursion, ya larga, por el campo do las letras; y es gran satisfacción para 
mí cuando veo á alguno de los jóvenes escritores uruguayos mostrarse fiel á 
las honrosas tradiciones del pasado, sin dejar de asimilarse los progresos 
sustanciales de su época; hoy, que en política, en filosofía, en literatura , se 
preconizan, bullen en las cabezas, suenan en los labios y andan en las ma- 
nos de todos, libros tan edificantes como La Cherie de Goncourt, la Nana 
de Zola, La houche de Madame X,,., de Belot, La Moral de Guyot, etc., etc. 3 

Páginas de reputados escritores como son en general los que las firman, 
han de leerse siempre con interés y provecho. 

Algunas de las notas, por su ostensión, debian haber ido en el Apéndice; 
confieso que cedí al temor de que relegadas al fin del libro, las pasaran por 
alto la mayor parte de los lectores (pág. XII ) 

La fecha puesta al pié marca el orden cronológico de lo que pertenece á 
cada uno. 

No se me oculta que asimismo expongo mis versos á una ruda prueba. 
Los inteligentes saben que la traducción en prosa es la piedra de toque de 
la poesía. Despojados de la balumba del lenguaje poético y de la música 
del ritmo, de temple toledano, decía Figueroa, han de ser las estrofas que 
resistan á esa desarticulación ó cepo colombiano (1) intelectual. 



(1) V. pég. 88. nota 6. 



APÉNDICE 303 



El que habla en prosa marcha libre, y el que canta en verso lleva grillos ; 
y 8i el asunto es abstruso, camina engrillado sobre la cuerda, según la inge- 
niosa imagen de Ortega Munilla. 

La desventaja que para el autor resulta de no aparecer íntegro su libro, 
no obsta á que pueda desde ahora, conocidos el fondo y la forma, apreciarse 
éstos. Toca á la crítica ilustrada, que en vez de encarnizarse y plegar las alas 
del murciélago sobre microscópicos detalles, sabe remontar su vuelo hasta 
las alturas desde donde domina el conjunto con su mirada de águila, decidir 
si hay en las diversas composiciones que encierra el volumen y en los co- 
mentarios, mérito bastante para no ser relegados al olvido ; si hay en unas y 
otros conexión de ideas, unidad de propósitos é identidad de fines. 

Séame permitido antes de poner término á estas notas, dar las gracias á 
los que por su contingente han venido á ser mis colaboradores en ellas, y 
dejar consignado aquí el homenaje de veneración y amor que profesé siem- 
pre á los poetas, escritores, oradores y artistas, bendecidos por Dios, la Hu- 
manidad y la Patria, de cuyas obras, con todos sus vacíos c imperfecciones, 
80 exhala un soplo vivificante que abre é ilumina los horizontes cerrados con 
pavorosa oscuridad ; purifica el ambiente deletéreo que se respira ; imanta la 
inteligencia atrofiada y sin rumbos ; sacude los corazones.con el choque eléc- 
trico de lo bueno, lo bello, lo grande, lo eterno ; hace levantar las frentes 
abatidas al cielo ; retempla al hombi-e para las luchas formidables de la vida, 
para la abnegación y el sacrificio ; y baña en luz, conmueve, hiere, conforta 
y magnifica el alma ! . . . 

Ese debe ser, y es para mí el fin supremo del arte, y ante sus resultados se 
convierten en secundarías todas las demás cuestiones. 
Julio — 1885. 



904 OMISIONES T ERRATAS 



(S) 



OMISIONES Y ERRATAS 



Por inmdvcrtencia ó descuido nuestro se han cometido las siguientes: 

En la pág. reverso del título del libro, falta la lista de las obras nuestras 
á que se hace referencia en las notas: publicadas hasta la fecha. 

LITERATURA 

Estudios históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata, 1 tomo 

La Iglesia y el Estado 1 » 

Las plagas de Egipto en Madrid 1 > 

Veladas de Invierno 1 » 

Violetas y Ortigas 1 » 

La conspiración do Catilina (trad. de Salustio) . . . 1 > 

POESÍA 

Cruzada argentina (Romances históricos) . . . 1 » 

Horas de Melancolía 1 » 

Celiar 1 » 

Brisas del Plata 1 » 

Palmas y Ombóes 2 » 

ÁLBUM DE poesías URUGUAYAS 1 » 

NOVELAS 

La Estrella del Sud 2 » 

Caramurú 1 ]l 

XO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA 1 » 

Farsa y contrafarsa 1 ■ » 

TEATRO 

Pkroaxoks matrimoniales, comoiiía en tres actos, en verso . 1 > 

Suicidios y desafíivs comeiiia en tres actos en prosa . . 1 » 

El rey dk UkJ AtOTEs, juguete cómico-satírico en un acto,en prosa 1 » 



APÉNDICE 305 



Amor y Patria, drama en cinco actos en verso . . . 1 » 
Un mártir de la conquista, (Vasco Nufiez de Balboa) drama 
histórico, en verso, en cinco actos (inédito) . . . . 1 » 



Además de estos trabajos, publicados ó reimpresos en forma de libro, 
escepto el último, han salido á luz en periódicos políticos y literarios, y en 
algunos tomos de la Biblioteca Americana, estudios críticos y biográficos 
que formarían un volumen de Crítica literaria, con este título anunciado 
en el prospecto de aquella, al reimprimirse en Buenos Aires en 1858. 

En el mismo caso se encuentran los Opúsculos publicados en la Revista 
Española de Ambos Mundos; los Apuntes sobre algunos poetas america- 
nos (V. pág. 91) y finalmente diversos Estudios políticos sobre tópicos de 
interés general y permanente, entresacados de las correspondencias dirigidas 
desde Madrid, París y Londres, al Mercurio de Valparaíso, á la Constitu- 
ción DE Montevideo, redactada por el Dr. D. Eduardo Acevedo, y á otros 
periódicos. 



En la pág. 17 á continuación de la cita del señor Martínez, falta la si- 
guiente: 

c En la poesía titulada Palmas y Omhúes, que es el proemio á un libro 
((uc todavía no ha visto la luz pública, se hallan condensad as las principales 
ideas filosóficas acercado la creación y de la inmortalidad del alma, con una 
nv.iestría y magnificencia de imágenos, que nos vemos irresistiblemente im- 
pulsados á trascribir aquí las siguientes estrofas como demostración inequí- 
voca del estro poético del autor: 

¿ Quién es Dios... ? ¿ Qué es el hombre... ? ¿ Qué es la humana 
Existencia... ? ¿ Qué es el universo... ? 
¿Qué es el ahna... ? ¿ Vasalla ó soberana... ? 
¿ Es un destino al corporal diverso ? » 

Matías Alonso Criado. 
1879 



306 



ERRATAS 






En la pág. 55, entre las estrofas tercera y cuarta, se ha omitido otra que 
corté hace años del periódico donde se encontraba la composición, para un 
artículo que puede verse en Violetas y Ortigas pág. 308. Me apercibí de 
la falta cuando ya estaba tirado el pliego. 

Tus ojos centellean, hincha el dolor tus venas. 
Un mundo en tus entrañas se agita colosal: 
Levántate del cieno, desgarra tus cadenas, 
Y rompe audaz con ellas su cetro al Dios del mal ! 



ERRATAS 



Phgina 



Linea 



Dice 



Léase 



45 


23 


á las 


á los 


64 


2 


in entis 


intus 


91 


35 


Nemisis 


Nemesis 


92 


23 


Divinutus 


Divinitus 


105 


20 


gracias 


gracia 


131 


17 


penas 


prendas 



índice 



Pág. 

El Editor V 

Carta-prólogo del Autor IX 

Nuestro Lábaro XIV 

I. A la madre de mis hijos 1 

III. Palmas y Ombúes 6 

IV. Aroma 19 

V. Áspid 22 

VI. Á la inauguración del primer Ferro-Carril en la República. 24 

VII . La fleur de Tair et le voyageur 34 

VIII. La flor del aire y el viajero (trad. libro) .... 39 

IX. La sombra de la luz 43 

X . Colon y el Nuevo Mundo 46 

XI . Fibras vitales (A un caido) 60 

XII . Educar es redimir 64 

XIII. Humo— A un doncel naturalista 70 

XIV. Silencio 72 

XV . ¿ Cuándo, dónde, cómo ? 73 

XVI. Sin piedra ni palo . . , 75 

XVII. Un cuadro de Blancs 94 

XVIII. El rayo de la nube 96 

XIX. Una hoja para la guirnalda de Genoveva E. Charmy . 102 

XX. Querer es poder 106 

I. Invocación > 

II. Kosas 109 

III. Cagancha 110 

IV. Arroyo grande 111 

P. Y O. 42 



308 ÍNDICB 



V. 16 de Febrero de 1843 114 

VI. Intímacion 115 

VII. Desaliento — ^Reaccion 116 

VIII. i Al arma ! 118 

IX. La Defensa 120 

X. Apoteosis . . i 123 

XXI. ¿ Quién se atreve ? 128 

XXII. Saudades . . . 129 

XXIII . La bendición de la bandera tricolor .... 139 

XXIV . El blasón del legionario 143 

XXV . La urna de Rivadavia 146 

XXVI. Á Francia (en la derrota) 152 

XXVII. Ola viva 162 

• 

XXVIII . Onda viva — verzione del prof . 6. Bordoni . . . 169 

XXIX. Las dos orillas 173 

XXX. Almas hermanas 178 

XXXr. Á un eunnco 183 

XXXII. Á Adelaida. 184 

XXXIII . En la Cumbre 189 

XXXIV. Al ángel de mi guarda 209 

XXXV . La madre Patria y su prole americana .... 212 

XXXVI . La palma del sacrificio 225 



ÍNDICE 309 



APÉNDICE 



Pág. 



( A ) Advertencia á los suscrítores 229 

( B ) Propósitos y coincidencias . . . . . .231 

( G ) Las dedicatorias — ^Tres estrofas del primer poeta que las en- 
cabeza 241 

( D ) Mis creencias 246 

( E ) £1 dolor como elemento estético en la poesía . . . 250 
( F ) Juicios sobre la originalidad, carácter y misión de los ingenios 

americanos 253 

( G ) El verbo castellano en la América Latina: centro, unidad de 
acción, vínculos que crea y necesidades que está llamado á 
satisfacer el libro por medio de la formación de bibliotecas 

americanas 262 

( H ) Un amigo de las letras uruguayas 266 

( I ) La gran cuestión en el nuevo y viejo mundo . . . 267 

( J ) Los aliados del despotismo 270 

( K ) Ataque y defensa 274 

( L ) Un euskaro uruguayo 279 

( M ) Vencer muriendo 284 

( N ) Ofrenda al maestro y al amigo 286 

( Ñ ) ¡ Gloria victis I 289 

( O ) Fusión de razas — Carta al profesor Desteffanis con motivo de 

la inauguración del Círculo de lecturas pusucas . . 291 

( P ) El Dr. D. Juan C. Blanco como orador 294 

( Q ) Torpes voces . 296 

( R ) Anotaciones, comentarios y glosas del texto en verso y del 

Apéndice 298 

( S ) Omisiones y erratas 304 

índice do las poesías 307 

Apéndice 309